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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2019

Niveles de implicacin en la gran ciudad

Ibon Cabo Itoiz
Rebelin


Los modelos de gestin de las grandes ciudades se han reorientado en el lenguaje poltico hasta parecer similares en los objetivos. Ms all de la continua reordenacin de espacios y la construccin de grandes iconos arquitectnicos, el lenguaje poltico sienta unas bases que parecen comunes pero que esconden modelos diferentes. Los modelos se fundamentan en etapas separadas que tienen lenguajes diferentes pero que al final se utilizan para deshumanizar los barrios y hacer de la imagen el modus viventis de determinados grupos de presin. Toca replantearse el modelo y generar un nuevo lenguaje.

El primer modelo de ciudad ha sido el basado en las grandes reformas urbansticas. En la reforma de grandes espacios perifricos normalmente cercanos a ros o desembocaduras o antiguos espacios industriales en desuso. Estas grandes reformas de la primera dcada del ao dos mil o la ltima del siglo anterior, se vendan desde el lenguaje de la reforma y se vinculaban al cambio de lo industrial a lo terciario. Lenguaje constructivo para la modernizacin de ciudades pero tambin para la precarizacin de sus habitantes.

Todos no podemos ser camareros deca Xabier Arzallus en unas declaraciones a medios. Para sustituir este miedo laboral se utilizaba la imagen de lo moderno. AL respecto iconos fundamentales fueron las reformas de Bilbao o Zaragoza. Si se poda se inclua tambin eventos internacionales que va turismo fijaban la vista en el ms all olvidando lo que se quedaba ms ac. As actualmente se habla de la importancia de celebrar la Eurocopa en Bilbao como se haca en la primera parte del siglo XX para hablar de la importancia de que la mujer fumara con un simple objeto: fomentar el consumo privado. Esta era la primera fase de esta nueva realidad urbana. As se creaba el etno ciudadano que se senta profundamente orgulloso de vivir en su ciudad. Lo que algunos hubiramos definido como el bilbainismo universal adaptado a lo local.

Posteriormente, cuando el modelo constructivo empez a declinar por falta de recursos pblicos, comenz el desarrollo del modelo de la difusin de la ciudadana fundamentada en la libertad individual. Ser promotor de cualquier pequeo negocio era un valor lo suficientemente importante como para olvidar que estuviramos inmersos en una crisis. Adems se puso en marcha un modelo de lenguaje urbano universalista que trataba de imponer una tica racional nica. Para ello se incluan incluso en el lenguaje algunas cuestiones que empezaban a ser comunes a ambos mrgenes polticos (desarrollo sostenible, feminismo, en algn momento el no a la guerra.). La poltica pasaba a ser un simple objeto de consumo en esta fase. Hoy en da en algunos lugares siguen en ese momento histrico cuando tratan de ocultar la violencia real que sufren las mujeres con la violencia disfrazada (intrafamiliar).

As la izquierda ante este desdibujamiento de su discurso trat de imponer un modelo atacando de da y de noche a los grandes alcaldes. Situando el objeto de disputa en los barrios que observaban atnicos el desarrollo del centro. Esta enmienda a la totalidad a la sociedad post grandes alcaldes, se olvid de algo fundamental: la necesidad de generar alianzas polticas entre las clases medias que impulsaran cambios en las distribuciones electorales. As cuando lleg a trabajar a las grandes ciudades, el malestar ya no estaba en las calles, sino que haba vuelto a los hogares y no supo interpretar el ciclo comunicativo con leyes que frenaban la inversin social como la de equilibrio presupuestario o la de endeudamiento. Ante los muros de la derecha, la poltica comunicativa de esta fue implacable: la izquierda frena el crecimiento y solo la derecha puede atraer la inversin y el empleo. La izquierda cay en la trampa y volvi al discurso del empleo, de la construccin y el turismo. Las ciudades volvieron a girar a la abstencin.

Pero la pregunta que nos dejaron en el aire era si se puede hacer discurso poltico alternativo y socavar a la vez las bases del modelo neo liberal y post modernista. Asumiendo que la derecha siempre va a tender a reformar y asimilar el lenguaje de la izquierda para dejarle despus sin recursos, se debe formar desde el discurso pero con datos en la mano que asuman las demandas ciudadanas y que conviertan en universales algunos dogmas. No es malo que la derecha asuma la necesidad de determinados cambios, pues esto ayuda a las clases medias a superar el miedo al vaco poltico, pero debe estar orientado a una transformacin real.

As la ciudad verde, ser llenada de bicicletas desde la derecha pero deber ser vaciada de vehculos desde la izquierda para fomentar un transporte accesible para todos y a la vez reducir el cambio climtico de una manera real. La reduccin del carbono y la electrificacin del transporte son oportunidades de cambio real e impone otra mirada en la distribucin de los suelos urbanos. Sin olvidarnos de la gestin de residuos el cual es un caballo de batallas ya que produce un cambio en los hbitos personales no solo de reciclaje sino tambin en la reduccin de los consumos.

Adems la derecha hablar de la importancia del barrio y la izquierda deber hablar a favor pero limitando el nmero de habitantes por cada prestacin social, dividindose el barrio en unidades de convivencia reales, pasando del barrio a la plaza en cada decisin presupuestaria. La seguridad con la que la derecha tratar de dejar a la gente en casa deber ser compensada por polica de barrio y por plazas donde la frase de Serrat nio deja de joder con la pelota est prohibido y sea sustituida por otra en direccin contraria. La seguridad real y percibida son valores en ocasiones contrapuestos que deben ser orientados a recuperar el espacio pblico como lugar de convivencia activa.

Por todo ello se debe buscar un modelo de ciudades con un alto nivel de implicacin personal y colectiva. Los espacios urbanos no pueden adoptar formas sub contratadas de la convivencia sino que deben estar elaboradas a partir de la militancia activa de los habitantes de cada barrio en la definicin de su propia convivencia. Y se debe aprovechar que algunos valores son comunes para llegar a acuerdos que mejoren los objetivos a largo plazo aunque no sean las transformaciones totales a las que aspiramos. Cada persona decidir cul es su nivel de implicacin pero en esta nuevo modelo cabemos todos para formarnos ante un lenguaje postmoderno que trata de frenar este progreso. No existen ciudadanos ejemplares sino personas de distintas clases y orgenes dispuestas a determinados cambios y militancias.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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