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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2019

Sin derechos de la naturaleza no hay plenos derechos humanos

Alberto Acosta
Amnesty International


Romper las tradiciones puede ser ms complejo que saltar sobre la sombra de uno. Aceptar a la naturaleza como sujeto de derechos recae en tales complejidades. Se tolera reconocer derechos casi humanos a personas jurdicas, pero no a la vida no humana.

A lo largo de la historia, cada ampliacin de derechos fue antes impensable. La emancipacin de los esclavos o la extensin de los derechos a los afroamericanos, a las mujeres y a los nios y nias fueron rechazadas por considerarse absurdas. Incluso la aceptacin de los derechos humanos ha demandado y demanda an una permanente lucha. En suma, el reconocimiento del derecho a tener derechos se ha conseguido siempre con luchas polticas para cambiar aquellas visiones, costumbres y leyes que negaban esos derechos; luchas que devienen en fuente pedaggica potente que exigen claridad conceptual y voluntad de cambio.

As emerge, con fuerza, el desafo transformador de reconocer los derechos de la naturaleza, pasando de un mero enfoque antropocntrico a uno socio-biocntrico que reconozca la indivisibilidad e interdependencia de todas las formas de vida y que, adems, mantenga la fuerza de las obligaciones y normas propias de los derechos humanos. El fin es fortalecer y ampliar el rgimen de los derechos humanos, complementndolos y profundizndolos con nuevas generaciones de derechos, en este caso los derechos de la naturaleza, como parte de la permanente emancipacin de los pueblos.

El disfrute de los derechos humanos no puede separarse de un medio ambiente sano. La degradacin ambiental induce a graves violaciones de los derechos humanos, del derecho a la salud, comida, agua, vivienda, trabajo. Por ejemplo, la expansin de la frontera extractivista atropella a personas y comunidades que defienden la tierra y el medio ambiente, afectando cuerpos, subjetividades y territorios. Los ms afectados son los guardianes de la Madre Tierra, sobre todo los pueblos indgenas que viven en una interdependencia indisoluble con la naturaleza y reconocen en su vida el valor intrnseco de la Madre Tierra.

Una importante opinin de la Corte Interamericana de Derechos Humanos confirma explcitamente la relacin intrnseca entre el disfrute de los derechos humanos y un medio ambiente sano y va ms all al especificar que el derecho a un medio ambiente sano como derecho autnomo, a diferencia de otros derechos, protege componentes del medio ambiente, como bosques, ros, mares y otros, como intereses legales en s mismos, incluso en la falta de certeza o evidencia sobre el riesgo para las personas individuales. Se trata de proteger la naturaleza y el medio ambiente no solo por su conexin con una utilidad para el ser humano o por los efectos que su degradacin podra causar sobre los derechos de otras personas, como la salud, la vida o la integridad personal, sino por su importancia para los otros organismos vivos con quienes se comparte el planeta, que tambin merecen proteccin en s mismo

Esto demanda fortalecer el principio de responsabilidad de los seres humanos para preservar los ciclos naturales de la naturaleza y reconocer su relevancia. Pero hay que ir ms all. Debemos entender y aceptar, en la prctica, que los seres humanos somos naturaleza. No podemos seguir explotndola y destruyndola. La naturaleza pueda existir sin seres humanos, pero nosotros no podemos vivir sin nuestra Madre Tierra. Al respecto es clara la Encclica Laudato Si: Nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo est constituido por los elementos del planeta Y va ms all el Papa Francisco, cuando afirma que Estamos incluidos en la naturaleza, somos parte de ella y estamos interpenetrados.

A los derechos de la naturaleza se los considera como derechos ecolgicos, a diferencia de los derechos ambientales, que surgen desde los derechos humanos. Estos derechos ecolgicos buscan proteger ciclos vitales y procesos evolutivos, no slo las especies amenazadas o las reas naturales. Se fijan en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. La justicia ecolgica pretende asegurar la persistencia y sobrevivencia de las especies y sus ecosistemas, como conjuntos, como redes de vida. Ms all de indemnizar a los humanos por el dao ambiental, busca restaurar los ecosistemas afectados. En realidad, se deben aplicar simultneamente las dos justicias: la ambiental para las personas, y la ecolgica para la naturaleza; son justicias estructural y estratgicamente vinculadas.

El trnsito de la naturaleza objeto a la naturaleza sujeto ha empezado. Nocin que vive en las percepciones de los pueblos indgenas desde hace mucho tiempo. Incluso podemos hablar de un derecho salvaje, propio de la Madre Tierra. Eso s, tenemos que destacar el gran impulso dado en la Asamblea Constituyente de Montecristi en Ecuador, cuando se constitucionalizaron por primera vez los derechos de la naturaleza.

Entendiendo que el colapso ambiental es una cuestin global, es hora de impulsar la Declaracin Universal de los Derechos de la Naturaleza, desde la propuesta formulada en la Cumbre de la Tierra de Tikipaya, en Bolivia, en 2010. Igualmente urge establecer un tribunal internacional para sancionar los delitos ambientales, contra las personas y la naturaleza como se propuso en la misma cumbre. En sntesis, los derechos de la naturaleza no se oponen para nada a los Derechos Humanos. Es ms, sin duda que ambos grupos de derechos se complementan y potencian. Pronto llegar el da para construir una declaracin conjunta de derechos para la humanidad y la naturaleza, en tanto ambos son derechos para la vida.

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Exministro de Energa y Minas. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Autor de varios libros.

Fuente: https://nextstrategy.amnesty.org/2019/06/20/sin-derechos-de-la-naturaleza/



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