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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2019

Malos tiempos para la democracia

Yassel A. Padrn Kunakbaeva
La Joven Cuba


Desde hace muchos aos, existe un reclamo democratizador entre los intelectuales de izquierda cubanos. Basta con leer los diversos nmeros de la revista Temas, para comprobarlo. Entre otras causas que han beneficiado esa tendencia, est la mayor apertura que se dio a partir del Periodo Especial con respecto a tendencias del marxismo heterodoxas, dentro de ciertos mbitos de la academia cubana. Tambin jugaron un papel importante los vnculos, ms o menos cercanos, de esa intelectualidad con las experiencias latinoamericanas de los movimientos sociales y gobiernos progresistas. No obstante, a pesar del desarrollo que ha alcanzado esa corriente, cabe preguntarse si existe un terreno frtil para que su reclamo sea escuchado.

Ocurre con frecuencia que los intelectuales que nos damos a la tarea de criticar la realidad cubana descuidamos los contextos internacionales. Esto puede ser una reaccin positiva frente a la hiperbolizacin de lo externo que se hace en los medios oficiales, con ese catalejo proverbial del que habl Buena Fe. Sin embargo, debemos tener cuidado de no caer en el extremo opuesto del aldeano vanidoso que solo se fija en los problemas de su comarca. Porque tal vez no podamos ni empezar a resolver los problemas de nuestra comarca.

No se puede olvidar que la narrativa de los medios oficiales, con su cantaleta sobre los problemas en Venezuela, Irn, China, Espaa, etc., nos estn diciendo algo sobre la burocracia que rige nuestros destinos. Los medios nos hablan sobre qu es relevante para la alta burocracia cubana, cmo esta se concibe a s misma en el mundo y en sus relaciones con los dems. Mi tesis es que la manera en que los dirigentes cubanos ven el futuro y conciben su papel en la sociedad tiene mucho que ver con las relaciones internacionales, con los ejemplos que ven en otras latitudes en gobernabilidad e ingeniera social.

Los medios hablan sobre lo qu es relevante para la alta burocracia

Y ah es donde surge mi apreciacin de que estos son malos tiempos para esperar una voluntad que venga a democratizar radicalmente el socialismo cubano. En estos momentos, a nivel mundial, los ideales y prcticas democrticas se encuentran en franco retroceso. No se trata solo de que la completa democracia nunca ha existido, sino de que son ahora muy pocos los que estn luchando en serio para implantarla, mientras que, por el contrario, son visibles los ingentes esfuerzos que se hacen, por parte de grandes poderes, para desactivar los mecanismos democrticos heredados del pasado.

Es preciso observar lo que ha pasado sobre la faz del planeta, cul ha sido el resultado final de una modernidad que en los ltimos siglos estuvo marcada por revoluciones, reivindicaciones, guerras de liberacin, movimientos sociales, etc. Excepto algunas monarquas absolutas, casi todos los estados tienen en su pasado una revolucin o un mito nacional modernizador. Y prcticamente todos se declaran a s mismo democrticos. Pero: cmo entienden en realidad la democracia los diferentes actores?

De un lado, est el bloque euroatlntico, con EEUU a la cabeza, que se consideran a s mismos el mundo libre. Las burguesas de los pases desarrollados, con la ventaja que les da su prolongada historia, la acumulacin de riqueza obtenida gracias al colonialismo y el neocolonialismo, se dan el lujo de sostener ciertas garantas y derechos que son una herencia de los procesos de las revoluciones modernas y del Estado de Bienestar que se construy en Europa para frenar el avance del comunismo.

Los pases europeos ms avanzados, gracias al lugar que ocupan en las cadenas globales de valor, han construido sociedades de invernadero, donde se combina democracia multipartidista, libertades pblicas, desarrollo econmico y garantas sociales. Lo tienen todo. Las burguesas de esos pases, que han dejado de ser actores imperialistas principales, se han dedicado a construir verdaderos jardines de bienestar. Pero uno no puede dejar de sentir que se trata de algo parecido a lo que se vive en Mxico, donde los lderes de los carteles se encargan de mantener la paz en las ciudades del sur, porque es el sitio donde viven sus familias.

Una plyade de estados del tercer mundo trata continuamente de subirse al carro del mundo libre. Sin embargo, el sitio para ellos est escrito de antemano: no tienen ms remedio que ser repblicas bananeras. Sus burguesas y clases medias repiten como un mantra que, si hacen lo mismo que los pases desarrollados, con instituciones semejantes, democracia y estado de derecho, van a salir adelante. Lo repiten de tal modo que uno se pregunta si de verdad se lo creen. La verdad es que, por el lugar que les ha reservado el mercado mundial, y el apartheid tecnolgico que, de facto, los ha dejado fuera de la lnea, no pueden salir del subdesarrollo.

Por lo general, la nica forma en que un estado del tercer mundo puede salir del subdesarrollo, es aplicando fuertes reformas en su esquema de produccin y distribucin. Y es ah donde, justamente, la democracia liberal es un obstculo para la conformacin de un proyecto nacional de gran calado, porque esa democracia es un instrumento fcilmente manipulable para las oligarquas que se benefician del status quo.

En la cima del mundo libre se encuentra la supuesta democracia por excelencia: EEUU. Ciertamente, all no tienen cuidado en la construccin de jardines como en Europa; han construido el bienestar que tienen, y sostienen su Constitucin liberal, sobre la base de la ms desenfrenada y descarnada concentracin de la riqueza, y su contraparte, la explotacin de la mano de obra barata all donde la haya. La burguesa norteamericana, que ve el mundo como si fuera un Oeste y todos los dems fueran indios, no cree en la democracia, pero sabe que le resulta muy lucrativo mostrarse como una defensora fantica de la Constitucin.

Ni los buenos ni los malos, ni los regulares, se preocupan por la democracia en realidad.

En nombre de la democracia asaltan pases, imponen bloqueos, construyen bases militares, pero en la prctica le pasan gato por liebre a sus ciudadanos todo el tiempo, hacen todo lo posible por neutralizar su poder real.

Del otro lado estn los contrapoderes globales: China, Rusia e Irn podran ser casos paradigmticos, pero tambin habra que hablar, hasta cierto punto, de la India, el Lbano, Bielorrusia, Argelia, y otros pases pequeos. Son pases con historias muy diversas, pero que en la coyuntura actual han llegado a una conclusin similar: no les sirve la democracia del embudo que EEUU les quiere vender como modelo.

Es muy interesante ver como los impulsos soberanistas y anticoloniales, y por tanto democratizadores, en esos pases del Tercer Mundo (el caso de Rusia es particular, aunque parecido en el fondo), los llev al camino en el que se encuentran ahora, el de la construccin de estados fuertes muy poco preocupados por las garantas y los derechos democrticos. Frente al poder de las transnacionales capitalistas pro-Occidentales, esos pueblos han permitido y favorecido el empoderamiento del Estado, como si fuera el nico contrapoder efectivo. En China todava se recuerda la Guerra del Opio y el siglo de la humillacin, un pasado colonial que ha sido barrido gracias al poder, ahora absoluto, del Partido Comunista Chino.

Eso se llama transdominacin, un fenmeno que parece el ms extendido a nivel global: se trata del proceso a travs del cual un poder inicialmente liberador comienza a ser instrumentalizado con fines de dominacin. No caben dudas de que hoy por hoy, los gobiernos chino, ruso o iran, al mismo tiempo que son efectivos en el cumplimiento de mandatos nacionales de soberana y desarrollo econmico, estn compuestos por burocracias que manifiestan un respeto muy limitado por los derechos de los ciudadanos.

El caso de China es sorprendente: los chinos se jactan de la superioridad de su modelo autoritario. Mientras Occidente no sabe qu rumbo tomar maana, China hace planes para ciento cincuenta aos, se lanza a construir la nueva Ruta de la Seda, y desarrolla primero la infraestructura 5G. Con la seguridad de que ningn cambio de gobierno echar a perder su planificacin.

El cinismo parece ser la marca de esta poca, y de muchas maneras se va infiltrando en la mente de quienes supuestamente se enfrentan al imperialismo. En unos tiempos en los que los occidentales posmodernos son los primeros que han dejado de creer en el valor de la democracia, y la tratan como un meta-relato ms, los dirigentes de pases del tercer mundo se preguntan por qu deberan creer ellos en la superioridad de la democracia. Sobre todo, a la vista de los magros resultados que exhiben los pases democrticos del Tercer Mundo. Al final todo parece ser un problema de autodeterminacin nacional, poder y eficiencia econmica.

Los contrapoderes globales, que casualmente son los principales aliados de Cuba, estn gobernados por burocracias pragmticas, que ejercen modelos de dominacin hbridos, donde se combinan estado fuerte y mecanismos de mercado. Comparten la filosofa de que el fin justifica los medios, aunque estos impliquen secuestrar y vulnerar el poder soberano de los ciudadanos, con sus derechos y libertades individuales.

Para la burocracia cubana, es tentadora la imagen de estabilidad y eficacia econmica que muestran sus aliados del viejo mundo.

En fin, son malos tiempos para la democracia, en los que ni los buenos ni los malos, ni los regulares, se preocupan por ella en realidad. Los que estn dirigiendo los hilos del mundo, estn imbricados en una descarnada lucha por el poder. Eso afecta a Cuba, porque tambin los dirigentes cubanos son susceptibles a esa manera de pensar.

Para la burocracia cubana, es muy tentadora la imagen de estabilidad y de eficacia econmica, con uso controlado de los mercados, que muestran sus aliados del viejo mundo. Y me parece que ese es el paradigma que est primando, aunque an no hayan sido capaces de implementarlo. Ms aun en un contexto en que los proyectos realmente democratizadores de Amrica Latina se encuentran de capa cada.

Es cierto que en las condiciones de Cuba hay muchas fuerzas e influencias actuantes, muchos obstculos. No es tan fcil implementar en Cuba el modelo chino. Sin embargo, es un peligro que est primando como paradigma. Para algunos ese es el nico paradigma viable, pues la alternativa es la restauracin capitalista y el modelo guatemalteco. Pero corresponde a intelectuales los ciudadanos, encender la lmpara y oponerse al cinismo antidemocrtico.

Todava podemos seguir diciendo que existe la alternativa de un socialismo verdaderamente democrtico, que combine independencia nacional, derechos polticos y sociales, desarrollo econmico, desarrollo cultural, en fin, lo que hasta ahora nunca ha existido en ninguna parte, pero que es lo nico sensato.

Fuente: http://jovencuba.com/2019/06/27/malos-tiempos-democracia/



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