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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2019

La izquierda ausente

Domenico Losurdo
El Viejo Topo


Nota de edicin: Hoy [28 de junio] hace un ao falleca en Bari el insigne filsofo marxista italiano Domenico Losurdo. Comunista militante, crtico radical del liberalismo, el capitalismo y el colonialismo e infatigable investigador de cuestiones polticas contemporneas.

 No se podran encontrar detalles estremecedores sobre episodios de crueldad? (Otto von Bismarck)

Nadie miente tanto como el indignado (Friedrich Nietzsche)

El historiador futuro no dejar de asombrarse ante un fenmeno que caracteriza a nuestra sociedad y nuestro tiempo. Por un lado no es difcil leer en libros, revistas y peridicos anlisis realistas y crudos de la condicin actual de Occidente, de los problemas y dramas de nuestro presente. A la crisis econmica se suma una crisis poltica: segn prestigiosos autores, se est produciendo un vaciamiento de la democracia, que retrocede ante las grandes fortunas y la plutocracia. Pero hay en Occidente una izquierda capaz de hacer este anlisis y esta denuncia, y a partir de ah articular un proyecto de lucha y transformacin poltica de lo existente? En lo que respecta a la poltica internacional, incluso a algunos rganos de prensa que no suelen destacar por su valenta se les escapa la admisin del carcter neocolonial que han tenido las guerras ms recientes desencadenadas por Estados Unidos y la OTAN en Oriente Prximo. A la vista de todos estn el horror de Gaza y la tragedia que infligen al pueblo palestino el dominio y el expansionismo colonial de Israel. Y no tenemos ms remedio que preguntarnos, de nuevo: hay en Occidente una izquierda capaz de oponerse a esta espantosa deriva que ya hoy siembra muerte y destruccin, pero incuba los grmenes de una conflagracin en una escala mucho mayor?

En marzo de 2014 Seymour M. Hersh, un periodista estadounidense galardonado con el prestigioso premio Pulitzer, haca importantes revelaciones sobre el uso de armas qumicas el 21 de agosto del ao anterior: no, los responsables de esa infamia no haban sido los dirigentes del pas, sino los rebeldes apoyados por las monarquas reaccionarias del Golfo Prsico, aliadas de Occidente, y por Turqua, un pas miembro de la OTAN y principal protagonista de la provocacin y la escenificacin, destinadas a levantar una ola de indignacin mundial contra los dirigentes sirios y justificar la accin devastadora de los bombarderos con los motores ya encendidos y listos para entrar en accin. En agosto de 2013 hombres de estado, periodistas, divos y divas de la sociedad del espectculo rivalizaron en pintar del modo ms siniestro al enemigo por abatir. Huelga decir que el desenmascaramiento de la mentira tuvo en los distintos rganos de informacin un eco mucho ms reducido que la propagacin de esa misma mentira; ms vala no dar mucha publicidad al escndalo para que no desacreditara ni comprometiera a la industria de la mentira, pues esta siempre ser til para la preparacin de las guerras futuras. Y de nuevo la izquierda brillaba por su ausencia.

No haba tenido el valor de hacer preguntas y plantear dudas en el momento en que la manipulacin era ms intensa, y no ha considerado necesario llamar la atencin de la opinin pblica sobre el desenmascaramiento de la manipulacin y, en general, sobre la industria blica de la mentira que pese a todo sigue floreciendo. De hecho, la izquierda se encoge justo cuando debera reaccionar con ms energa ante los procesos de polarizacin social y redistribucin masiva de la renta a favor de las grandes fortunas (a menudo parasitarias), ante la reaparicin de guerras coloniales o neocoloniales y la amenaza de guerras a gran escala, ante la restriccin y distorsin de la esfera pblica provocada por la plutocracia y por una industria de la mentira ms floreciente, poderosa e invasiva que nunca.

Ya se ve con suficiente claridad cul es la paradoja que requiere una explicacin. No podemos dejarle la tarea al historiador futuro, porque los dramas y peligros del presente exigen una toma de conciencia y de responsabilidad aqu y ahora. Este libro procura facilitarla.

Ante todo habr que hacer un reconocimiento del terreno. Es el asunto que se aborda en el primer captulo. La crisis devastadora que estamos padeciendo, aunque tiene un alcance planetario, tampoco afecta a todo el planeta. Los pases que en el siglo xx se sacudieron el dominio colonial y neocolonial bregan hoy por alcanzar un desarrollo autnomo en el campo econmico y tecnolgico, y en el transcurso de esta lucha cosechan xitos importantes. Lo vemos, sobre todo, en el caso de China y los dems pases emergentes. No se entendera nada del actual panorama internacional si no se tuvieran en cuenta dos procesos contradictorios: la gran divergencia que durante siglos coloc a Occidente en una posicin de superioridad absoluta sobre el resto del mundo tiende a reducirse hasta anularse; al mismo tiempo, en los pases capitalistas avanzados se abre un abismo, la gran divergencia que separa a una minora opulenta cada vez ms selecta del resto de la poblacin. Se comprende entonces que el Occidente capitalista reaccione ante esta situacin desmantelando el estado social y aplicando medidas de austeridad antipopulares, pero tratando de salvar, al mismo tiempo, su preponderancia internacional. Por eso desencadena unas guerras cuyo carcter neocolonial es cada vez ms patente y se refleja incluso en los medios informativos. En estas guerras neocoloniales la Unin Europea y Estados Unidos no dudan en aliarse con fuerzas reaccionarias de Oriente Prximo que esclavizan a los inmigrantes, oprimen a las mujeres, reintroducen la poligamia, etc.

Todo esto tendra que haber provocado la reaccin de la izquierda. Pero, como se observa en el segundo captulo, el mundo capitalista-imperialista todava consigue acreditarse como el mundo libre. Es una pretensin que desde hace siglos forma parte de la autoconciencia y falsa conciencia de Occidente. Aunque hoy, ms que nunca, debera haber perdido toda credibilidad. Desde la ofensiva neoliberal, los derechos sociales y econmicos sancionados por la ONU no solo no se han puesto en prctica, sino que se deslegitiman tambin en el plano terico. En cuanto a los derechos polticos, la plutocracia que poco a poco se impone en Occidente los vaca de contenido. Es como si se hubiera reintroducido solapadamente y de forma indirecta la discriminacin censitaria que durante siglos excluy a las clases subordinadas de la participacin en la vida poltica. Quedan en pie, al menos, los derechos civiles y el estado de derecho? Todos los martes cuenta el New York Times el presidente de Estados Unidos se rene con sus colaboradores para confeccionar la lista de la muerte (kill list), la lista de sospechosos de terrorismo que deben ser eliminados, como se dice en el anodino lenguaje burocrtico, desde la altura de los drones. En esta lista puede haber incluso ciudadanos estadounidenses: adnde ha ido a parar la rule of law? Y sobre todo: es compatible la profesin de fe democrtica de Occidente con su pretensin de ejercer una dictadura a escala planetaria, reservndose el derecho soberano a desencadenar guerras y embargos devastadores con o sin la autorizacin del Consejo de Seguridad de la ONU?
La prosopopeya de Occidente a veces es grotesca. Pero sigue ejerciendo una influencia ideolgica tan fuerte que a menudo es capaz de ofuscar a la izquierda en Estados Unidos y Europa. No le faltaba razn a Marx cuando en su tiempo observaba que el monopolio de la produccin material es tambin el monopolio de la produccin intelectual. Pero hoy la gran burguesa basa su podero en el monopolio de la produccin de las ideas, desde luego, pero tambin, y sobre todo, en el monopolio de las emociones: este es el tema central del tercer captulo de libro. Cmo se programa y se prepara la guerra en nuestros das? Se busca, manipula o inventa del todo una imagen que pueda demostrar la crueldad, la ferocidad, la falta de humanidad del enemigo a derribar o a matar; a travs de la prensa, la radio, la televisin, internet y las redes sociales, esta imagen se difunde, se repite obsesivamente y se bombardea, por as decirlo, en todos los rincones del planeta. A los que no se alinean incondicionalmente con Occidente en la guerra que est a punto de desencadenar se les tacha de hacer odos sordos a las razones de la moral y de ser cmplices del Mal. Es el terrorismo de la indignacin, una indignacin que pretende ser moral pero en realidad es maquiavlica en el mal sentido de la palabra. Es as como la sociedad del espectculo pasa a ser una mortfera tcnica de guerra.

El terrorismo de la indignacin tambin desempea un papel fundamental en los golpes de estado, hbilmente camuflados de revoluciones de colores, que promueven la expansin de la OTAN y de Occidente en general. Tambin en estos casos los disturbios se basan en una mentira, una manipulacin o una provocacin capaces de provocar la ola de indignacin moral necesaria para derrocar un rgimen odiado o considerado un obstculo por los aspirantes a amos del mundo. El cuarto captulo del libro traza un balance histrico de los golpes de estado consumados o fallidos a lo largo del siglo xx y a comienzos del xxi: la primera oleada abarca ms o menos los aos de la guerra fra y la segunda empieza cuando se perfila el final de la guerra fra; entre las dos no faltan los elementos de discontinuidad, pero es comn a ambas la arrogancia imperial, que no deja de manifestarse.
Tanto si desencadena guerras como golpes de estado, Occidente los sanciona constantemente enarbolando la bandera del universalismo de los valores y el libre mercado, un universalismo que no conoce ni tolera fronteras estatales y nacionales. El quinto captulo del libro llama la atencin sobre los cambios colosales producidos con respecto al pasado. El que hoy es el pas gua de Occidente, en la segunda mitad del siglo xix era el campen mundial del proteccionismo aduanero. Y el proteccionismo tambin afectaba a las ideas: todava en los aos de la guerra fra los comunistas sufran persecucin en Estados Unidos por difundir una visin del mundo que haca un llamamiento universalista a los proletarios y los pueblos oprimidos de todo el mundo. A pesar de su extraordinaria capacidad de atraccin en todos los rincones del planeta, las autoridades estadounidenses la proscribieron tachndola de ajena al autntico espritu americano y al americanismo. Ya esto debera hacernos desconfiar de la ideologa que hoy se impone en Occidente. En realidad, cuando una cultura o una civilizacin determinada pretende ser la encarnacin permanente de los valores universales, no est haciendo gala de universalismo sino, por el contrario, de un etnocentrismo exaltado. Y el etnocentrismo exaltado siempre ha servido para desencadenar guerras coloniales o neocoloniales en nombre de la Civilizacin, nocin monopolizada por el agresor.

Pero se pueden considerar realmente neocoloniales las guerras que entre el final del siglo xx y el principio del xxi han devastado Panam, Yugoslavia, Irak y Libia, y siguen devastando Siria? A esta pregunta responde el sexto captulo del libro, que reflexiona sobre la historia secular de la lucha entre el colonialismo y el anticolonialismo y sobre los elementos de continuidad entre colonialismo viejo y nuevo. A mediados del siglo xix las caoneras britnicas sojuzgaban a China, que no tena la posibilidad de responder al fuego enemigo; esta situacin se ha repetido recientemente (a favor de Estados Unidos y la OTAN) en Panam, los Balcanes u Oriente Prximo. Los vencidos, aunque ocupen el cargo de jefe del estado, son entregados a la Corte Penal Internacional, que en cambio no puede indagar ni siquiera sobre el ltimo soldado o contratista estadounidense: la doble jurisdiccin es un elemento esencial de la tradicin colonial.

Hoy la agresin se perpetra en nombre de los valores y los intereses occidentales. Es la misma ideologa que sustentaba las guerras coloniales clsicas. De su preparacin ideolgica se encargaban en el pasado los misioneros cristianos, que hoy han pasado el testigo a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), con frecuencia controladas desde Washington y desde Bruselas. La continuidad entre el colonialismo y el neocolonialismo, bien mirada, es impresionante, aunque no por ello hay que subestimar la envergadura de los cambios producidos, algo que ha bastado para desorientar y acallar a la izquierda occidental.

Estados Unidos, mientras se apoya en sus aliados europeos para consolidar las posiciones de Occidente en Oriente Prximo o en otras partes del mundo, est llevando a cabo el pivote, el desplazamiento a Asia y el Pacfico del grueso de su gigantesco aparato militar. Ha empezado la contencin y el cerco de China. Se perfila una nueva guerra fra, que por definicin siempre est a un paso de convertirse en guerra caliente o incluso en holocausto nuclear? Hoy ms que nunca es urgente la lucha por la paz, pero la izquierda que debera promoverla calla, porque entre otras cosas no entiende que se trata de una nueva fase del choque entre colonialismo y anticolonialismo. El pas que encarna la causa del anticolonialismo solo puede ser la Repblica Popular China, que naci de la mayor revolucin anticolonial de la historia e hizo y sigue haciendo una contribucin esencial al movimiento anticolonial: con la teora de la guerra del pueblo de Mao Zedong explic cmo puede un pueblo oprimido desafiar y derrotar a una gran potencia; con Deng Xiaoping explic que la lucha de liberacin nacional no es completa si la independencia econmica no sucede a la independencia poltica.

Despus de analizar los problemas y las contradicciones del tiempo presente y dar constancia de la debilidad y la ausencia de la izquierda, hay que proceder a una reflexin ms sistemtica sobre los motivos de esta debilidad y esta ausencia. A esta tarea se consagran el captulo final del libro (el octavo) y la Conclusin. Es evidente que unos cambios tan radicales como los producidos a escala mundial entre 1989 y 1991 no podan dejar de provocar un efecto de desorientacin y confusin. S, en Occidente la izquierda, ya sea moderada o radical, no pocas veces ha ido a remolque de la ideologa dominante. El terrorismo de la indignacin que prepara el estallido de las guerras neocoloniales ha intimidado sobre todo a la izquierda. La funcin desempeada en el siglo xix por el cristianismo imperial que, con sus misioneros bienintencionados, allanaba el camino a la expansin colonial, le corresponde hoy a la izquierda imperial. En lo que respecta a la lucha socioeconmica dentro de cada pas, sucede que la izquierda, aunque sale en defensa del estado social, al mismo tiempo promueve la difusin de filosofas e ideologas sumamente tiles al neoliberalismo.

La crisis econmica y poltica y el deterioro de la situacin internacional exigen que la izquierda salga de este estado de desorientacin y confusin. A ello pretende contribuir este libro, esta historia y crtica de la decadencia de la izquierda y de las situaciones objetivas en el plano interno e internacional que han favorecido dicha decadencia.

Los anlisis desplegados en las pginas siguientes encuentran una trgica confirmacin mientras el volumen est en prensa: en el Oriente Prximo balcanizado y devastado por las guerras cobran fuerza los despiadados grupos islamistas, utilizados por Occidente para atacar a los regmenes de inspiracin anticolonialista y laica; el golpe de estado en Ucrania y el avance amenazador de la OTAN en Europa Oriental han provocado la reaccin rusa; y el pivote de Estados Unidos est convirtiendo Asia en un polvorn. Se agravan los peligros de guerra sobre los que insiste este libro. Sabr la izquierda dar seales de vida?

Prefacio del libro de Domenico Losurdo La izquierda ausente. Crisis, sociedad del espectculo, guerra

 

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-izquierda-ausente/

 



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