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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2019

Las contradicciones irresolubles del sistema econmico
El capitalismo crea un apartheid climtico

Carlos Rafael Rodrguez
Canarias semanal


Varias agencias de noticias internacionales se hacan eco, el martes pasado, del informe presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de la Organizacin de Naciones Unidas por su ponente especial sobre la extrema pobreza en el mundo, Philip Alston.

Segn sus previsiones, el mundo va camino de un apartheid climtico, en el que los ricos comprarn su va de escape de los peores efectos del calentamiento global, mientras los pobres segurin siendo los ms perjudicados.

El jurista australiano cit como ejemplo de ello a los neoyorquinos vulnerables que quedaron atrapados sin electricidad ni atencin sanitaria cuando el huracn Sandy azot la ciudad en 2012, al tiempo que la sede de Goldman Sachs estaba protegida por decenas de miles de sacos de arena y contaba con electricidad de su generador.

En este sentido, cuestion la confianza exclusiva en el sector privado para protegerse de las condiciones meteorolgicas extremas y de la subida del nivel del mar, pues en su opinin, ello traera inevitables violaciones masivas de los derechos humanos, con los ricos atendidos y los ms pobres abandonados.

Para el experto, cualquier solucin pasa porque la economa mundial d un giro fundamental y se distancie de los combustibles fsiles, a los que responsabiliza de gran parte de las emisiones de efecto invernadero provocados por el hombre.

Al respecto, su informe critica a los gobiernos por hacer poco ms que enviar funcionarios a conferencias para hacer discursos, a pesar de que los cientficos y los activistas del clima han estado dando la voz de alarma desde la dcada de 1970

Para hacer ms dramtico el informe, si cabe, su difusin se produce cuando Europa , especialmente en el oeste del continente, sufre una fuerte ola de calor con temperaturas inditas para un mes de junio que podran intensificarse en los prximos das.

Segn refieren varios organismos de previsin meteorolgica europeos, como Mto France , esta racha de calor no tiene precedente, para un mes de junio, desde 1947 por su intensidad.

En este mismo sentido, se pronuncio, Stefan Rahmstorf, investigador del Potsdam Institute for Climate Impact Research , quien seal que este aumento extremo de calor se est produciendo tal y como la ciencia lo haba previsto, por efecto directo de un calentamiento inducido por los gases de efecto invernadero

No obstante, ms all de la importancia de tales revelaciones que ms que contribuir a la solucin del problema en trminos de conciencia social, confunden a la opinin pblica pues terminan reforzando la percepcin -ya bastante generalizada- de que el mundo se ha comprometido en la lucha contra el cambio climtico. Todo transcurre en el nivel discursivo, con mucha propaganda y profusa estrategia de comunicacin sobre energa verde y renovable, pero nada de enfoques de fondo que den lugar a acciones substanciales.

Lo que sucede, por una parte, es que no se cuestiona el modelo de produccin, distribucin y consumo capitalista regido por lgicas ajenas a las leyes de la fsica, de la dinmica de los seres vivos y que termina colisionando frontalmente contra los lmites biofsicos de la vida en el planeta. Por qu seguir intentando la lucha contra el sntoma (cambio climtico) interviniendo sobre el consumo y dejando intacta la voraz cultura productivista que encierra el capitalismo?

Pensemos por un momento en el modelo de vida en el que nos desenvolvemos los espaoles, por ejemplo, y tomemos la herramienta de la huella ecolgica como indicador del impacto ambiental. Lo que nos encontramos es que estamos consumiendo recursos que no existen. Con nuestro ritmo de consumo, en Espaa necesitaramos tener los recursos de 3 planetas Tierra solo para nosotros.

Ms o menos todos comprendemos perfectamente lo que est pasando con el clima pero no sabemos que hacer ante tantas soluciones buenistas del tipo economa verde. Por que el problema es mucho ms grave todava cuando el obstculo est tambin en todos y cada uno de los que hemos nacido en este sistema no solo productor de mercancas sino de subjetividades afines, adecuadas a sus necesidades.

Para entender la magnitud del cambio a realizar objetiva y sobre todo subjetivamente - tomemos el ejemplo del reino de Espaa y su parque mvil de unos 15 millones de coches. El reto es -segn los clculos realizados por investigadores canadienses- que el nmero de ellos que resultaran necesarios para respetar los lmites biofsicos de la Tierra seran 180.000 vehculos con motor de combustin. Podemos imaginarnos tamao cambio si sacamos de nuestras vidas al 98,8 % de los coches que hoy circulan en nuestro pas para frenar de verdad el efecto nocivos de los gases de efecto invernadero producido por los motores de tantos coches?

Esta disyuntiva nos recuerda el tema del amianto en Alemania abordado desde el punto de vista de la subjetividad de los trabajadores afectados abordado por el militante comunista y filsofo Manuel Sacristn Luzn en el coloquio de una conferencia suya en 1983 sobre Tradicin marxista y nuevos problemas", en el ao del centenario de Marx.

Har unos cinco o seis aos - reflexionaba Sacristn entonces- el anterior gobierno alemn reconoci finalmente, ante la presin del movimiento ecologista, que el amianto es una de las industrias ms cancergenas que existen (la silicosis de amianto es ms frecuente y ms cancergena que la de un minero del carbn). Prepararon entonces un proyecto de ley por el que esa industria sera abolida en cuatro aos, durante los cuales daran un subsidio, equivalente aproximadamente al salario mnimo, a los obreros de la industria y se dotaba de un premio para inventores, para ingenieros, que desarrollaran sucedneos del amianto como aislante trmino .

Sin embargo, el obstculo a la ley que por lgica elemental se orientaba en el sentido correcto de solucin del problema, surgi de donde menos se esperara en trminos de intereses. Recordaba Sacristn que hubo un movimiento en contra que derrib la ley en el que se encontraban, adems de la patronal por su puesto- el sindicato y un sector de clase obrera cogido entre la espada y la pared, entre la espada de los nuevos problemas y la pared de la conservacin del puesto de trabajo tradicional.

[] ese grupo -conclua su breve reflexin Manuel Sacristn- ese sector de la clase obrera es claro que prefiri su alto salario, su coche y su nevera a su salud, fenmeno que en otras pocas no se produca as .

No se trata de la clsica alienacin, esa parte proscrita de nosotros mismo. El advenimiento de las sociedades de consumo trajo consigo el acceso masivo de bienes que antes eran inimaginables. Por lo tanto, la satisfaccin de las necesidades no solo se realiza por la va de la mercanca misma, sino a travs de la modelacin que ese consumo genera en la manera en la que soamos una sociedad mejor.

Fuente: http://canarias-semanal.org/art/25519/el-capitalismo-crea-un-apartheid-climatico



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