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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2019

Perplejidades y temores a propsito de los nacionalismos
Es ser desagradable un atributo esencial del ser espaol?

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Una nacin (...) es un grupo de personas unidas por un error compartido sobre su ascendencia y un desagrado compartido hacia sus vecinos.

(Karl Deutsch, citado por Javier Lpez Facal en Breve historia cultural de los nacionalismos europeos, p. 132)

 

Elisenda Paluzie Hernndez es la presidenta de la Asamblea Nacional Catalana. Segn la Wikipedia es una economista y profesora espaola nacida hace casi cincuenta aos en Barcelona. Yo desconoca que existiese hasta que hace unos das o en la radio una grabacin sonora tomada de un impertinente micrfono que ella crea apagado a travs del cual quedaron registradas para la posteridad estas palabras suyas: qu desagradable aquella periodista... La morena, la espaola esta... Qu pesada... No te dar el titular que quieres, borde. La borde periodista espaola no hizo otra cosa que ejercer su oficio, mediante el cual se hace efectivo el derecho ciudadano a la informacin recogido en el artculo veinte de nuestra Constitucin. Fue pesada, porque indagaba mediante sus preguntas sobre la intencin que inspiraba al sector independentista cataln representado por la seora Paluzie a activar un buscador de empresas comprometidas con la autodeterminacin, despus de haber llevado a cabo una campaa en toda Catalua para animar a los catalanes a dar de lado a los que llaman oligopolios estatales.

A juzgar por las palabras grabadas a esta adalid del derecho de autodeterminacin de la nacin catalana, que la Wikipedia la presente como una economista y profesora espaola palabra esta ltima en azul que cuando se pincha sale una rutilante bandera constitucional le tiene que producir a la interfecta el mismo efecto que a la nia de la pelcula de El exorcista los rituales y persistentes rezos del Padre Damien Karras. No es exagerada la analoga, ya que cuando hablamos de nacionalismos estamos hablando ms de teologa que de poltica. Dado que la profesora Paluzie es parte de ese ente metafsico-teolgico que es la nacin catalana, ella no es espaola. Los espaoles, como esa borde reportera, somos manifestacin de una sustancia totalmente distinta. Entonces, podra deducirse dejndonos llevar por este irresistible divertimento metafsico que el ser borde es atributo esencial del espaol, como ser una vctima pacifista del antidemocrtico Reino de Espaa lo es del heroico cataln separatista.

Me causa perplejidad constatar que esta seora tiene el suficiente nivel acadmico como para haber sido decana de la Universidad de Barcelona, que la respalda una formacin intelectual en instituciones tan prestigiosas como la London School of Economics, y que sin embargo parezca incapaz de discernir entre lo convencional y lo natural, esos dos mbitos entre los que se traz frontera categorial hace ya dos mil quinientos aos, cuando aquellos outsiders de la filosofa, los llamados sofistas, tan denostados por Scrates y Platn (geniales guardianes de las esencias metafsicas), dejaron claro que la ley natural no es la ley social, en cualquiera de sus versiones, esttica, moral o poltica. Que tras las esencias se disimula en realidad un brumoso mundo de palabras (o al revs). Y, segn los retazos que nos quedan de sus pensamientos, fue uno de los ms conspicuos sofistas, Gorgias de Leontinos, quien nos advirti en aquella poca dorada de Atenas, la primera democracia, del inmenso poder de la palabra, a la cual con respecto al alma pona en parangn con los efectos de los medicamentos sobre los cuerpos.

Espaol y cataln son etiquetas para aludir a realidades diversas, complejas, mutables y hasta contradictorias. Con ellas nos referimos a individuos concretos a los que agrupamos dotndoles de una identidad construida en gran medida a partir de elementos ficticios y de narraciones con un alto porcentaje de mito. Por esto la historia es un caballo de batalla de primer orden en la conformacin de identidades nacionales. A este respecto me viene a la memoria una magnfica vieta de El Roto donde la imagen de un hombre tocado de la tpica barretina catalana en su cabeza emula la figura icnica del To Sam, acompaada del texto siguiente: historiador, tu patria te necesita. En el caso cataln, precisamente, es muy ilustrativa la conmemoracin nacional del once de septiembre con su ofrenda floral al monumento de Rafael Casanova al que se considera iniciador de la lucha por la independencia de la nacin, pero que en verdad comand ejrcitos de distintas partes de Espaa, no slo de Catalua, en una guerra de disputa por la corona del reino hispano, no por la independencia frente a l, y que confesaba luchar per la llibertat de tota Espanya. No nos esforcemos tanto para explicar la complejidad del pasado. A casi nadie le importa. Lo rentable polticamente son los mitos. Los mitos hacen votar. Y enfrentan tambin a la gente, la llevan a matarse entre s, adverta el historiador Jos lvarez Junco a principios de ao en un artculo que titul La Reconquista. En l denuncia el falseamiento de la historia como elemento comn del adoctrinamiento del que se nutren todos los nacionalismos sin excepcin.

Como los mitos son eso, mitos, para que tales vaporosas etiquetas tribales adquieran cierto peso de realidad objetiva ms all de la pura sentimentalidad es decir, del yo me siento slo cataln, o cataln y espaol, o slo espaol est la materializacin de la convencin mediante la institucionalizacin, es decir, la creacin de una realidad social objetiva en forma de instituciones reconocidas universalmente. De manera que por mucho que la profesora Paluzie se sienta catalana y se perciba como un ente parte de la res o sustancia catalana, objetivamente es espaola mal que le pese, porque tiene DNI y pasaporte espaol (a este respecto, resulta patticamente ejemplar la historia del nclito President Puigdemont y su pseudocarn cataln).

Los Estados son reales en ese sentido institucional, que es el que verdaderamente les otorga realidad objetiva y que se funda en el reconocimiento universal de su existencia; igual que el dinero, una ficcin desde un punto de vista estrictamente material, pero capaz de causar efectos materiales por su realidad institucional. La nacin, sin embargo, carece de tal realidad institucional. Esta carencia ontolgica trata de suplirse por parte de los nacionalistas, con una absoluta falta de respeto por la verdad, mediante la identificacin de algn elemento objetivable, ya sea de carcter natural (rasgos genticos o fisonmicos singulares), cultural (la lengua distintiva) o histrico (algn acontecimiento sealado que marca el pasado idiosincrsico y unificador de un pueblo con identidad propia como el ya sealado por la fecha del once de septiembre o la Reconquista). Todos estos son rasgos que pueden otorgar un cierto sentido de identidad, eso s, tribal; pero no valen por s mismos para armar un Estado. Por eso la verdad es que la repblica catalana no existe y el Reino de Espaa, s.

S que estos argumentos y otros que se le pudieran ofrecer en el mismo sentido no cambiaran la postura de la seora Paluzie ni la de los dems de su misma cuerda (todos inmersos en el delirio nacionalista al que ya me he referido en otras ocasiones, como en mi artculo Esbozo del delirio nacionalista, en Claves de razn prctica, n 257). Mucho me temo que nos encontramos ante lo que el filsofo Jos Antonio Marina llama fracaso cognitivo en su libro La inteligencia fracasada, que no es sino un tratado sobre la estupidez humana. No hay que confundir el fracaso cognitivo con el error, que es intrnseco al dinamismo de la inteligencia. Ese dicho de que quien tiene boca se equivoca podra muy bien ser que quien ejercita su inteligencia est expuesto al error. Pero la inteligencia de uno no fracasa si reconoce el error y es consecuente con ese reconocimiento; fracasa cuando se torna ciega al error, es decir como explica Marina en su libro, cuando alguien se empea en negar una evidencia, cuando nada puede apearle del burro, cuando una creencia resulta invulnerable a la crtica o a los hechos que la contradicen, cuando no se aprende de la experiencia, cuando se convierte en un mdulo encapsulado (p. 34). Los nacionalismos conforman mdulos encapsulados que para segn qu asuntos predisponen a quienes los profesan al fracaso cognitivo. Tipos de fracaso cognitivo son el prejuicio, la supersticin, el dogmatismo y el que por ser condensacin de los anteriores es el peor de todos, el fanatismo.

Aqu es donde pasamos de la perplejidad al temor, porque el fanatismo es pura violencia en potencia que nicamente requiere de un cebador para desencadenarse, ya que al blindaje contra las evidencias adversas se aade una defensa de la verdad absoluta y una llamada a la accin. El fanatismo es un peligro frecuente en los mbitos poltico y religioso, porque estos ltimos comparten una raz comn de naturaleza teolgica que conecta las creencias de esas clases con verdades absolutas y trascendentes, tales como Dios, la salvacin eterna, la nacin, la patria... Todas a salvo del examen racional y la duda metdica en su mundo sutil, ingrvido y gentil, al margen de las evidencia materiales. Uno encontrar as, tanto en el pasado como en el presente, a fanticos que han matado por creencias polticas y/o religiosas, pero no por teoras filosficas y/o cientficas.

El fantico ve un enemigo en el no creyente en sus doctrinas, lo que le conduce ineluctablemente al sectarismo, porque su mente secciona el mundo en dos: los que creen en la misma verdad que yo y los que no. As pues, fanatismo y sectarismo van de la mano. Segn el psiquiatra Fernando Garca Delgado, autor de El secuestro de la mente, nuestra psique comparte con la de otras especies animales el instinto de territorialidad. Para los animales territoriales, como nosotros, existe el territorio propio, distinguible del resto del espacio. A decir del doctor Garca Delgado, tal instinto es un programa innato fuertemente establecido que nos hace percibir el territorio propio como un espacio de confianza; lo que queda fuera de l es causa de temor y agresividad, pues es objeto indefectiblemente de desconfianza.

La frontera poltica que exige el nacionalista en busca de un Estado de su propiedad es trasunto de ese esquema mental que desconfa del espacio que queda fuera del territorio propio, el cual muta en fetiche que encarna la esencia de la nacin, el pas, los Pasos Catalans en el caso de la versin ms fantica del separatismo cataln. Cuando el territorio propio no coincide con el espacio mental en el que se encuentran los diversos habitantes de ese territorio, se impone una tarea sistemtica de adoctrinamiento y de purga que se halla moralmente justificada sin discusin ninguna, pues es deber ineludible de quien est en posesin de la verdad absoluta implantarla velis nolis; y no puede parar hasta que el pas slo lo constituyan autnticos catalanes, con lo que se habr alcanzado en la prctica la suprema identidad metafsica entre pueblo y territorio.

En esas estamos en Catalua, y dentro de estos parmetros hay que valorar episodios como el reciente del linchamiento verbal dirigido contra la alcaldesa Ada Colau cuando no pacta con los independentistas. O el de la campaa pregonada por la profesora y economista espaola Elisenda Paluzie Hernndez a la que nos hemos referido al inicio de este artculo, y que incluye la elaboracin de una lista negra de empresas a las que hay que hacerles la vida imposible por anticatalanas (en realidad, supuestamente no favorables a la independencia). Ambas son manifestaciones de ese sectarismo fantico que ha decidido seccionar a la comunidad de quienes conviven en Catalua (qu lejos queda aquella definicin de Jordi Pujol: es cataln todo aquel que vive y trabaja en Catalua) e identifica al cataln autntico con el separatista, quintaesencia de la nacin (lase a este respecto el conmovedor artculo de Javier Cercas titulado La gran traicin).

Pero, cuidado, porque en este eterno proceso cataln de independencia (esta vez no hemos podido, pero os vais a enterar, porque volveremos a intentarlo hasta la victoria final) se podra muy bien evocar estas palabras atribuidas al ya mencionado Gorgias de Leontinos: Las victorias sobre enemigos merecen himnos, las de sobre hermanos y amigos, cantos fnebres.

REFERENCIAS BIBLIOGRFICAS:

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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