Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2019

Portugal, una socialdemocracia con futuro?

Renato Miguel do Carmo / Andr Barata
nuso.org


La izquierda portuguesa ha logrado establecer un acuerdo poltico por el cual se pudo conformar un gobierno socialista con apoyo del Partido Comunista y el Bloque de Izquierda. Se trata de una experiencia novedosa, centrada en el programa y no en el reparto de cargos (los aliados no forman parte del gobierno), que ha logrado revertir la crisis y las polticas de austeridad y poner en marcha un proyecto econmico heterodoxo.

Gnesis y balance de la experiencia gubernamental de la izquierda en Portugal

La actual experiencia de gobierno en Portugal, surgida tras las elecciones legislativas de octubre de 2015 y liderada por el primer ministro Antnio Costa, fue el resultado del entendimiento entre tres fuerzas polticas de izquierda: el Partido Socialista (PS), el Partido Comunista Portugus (PCP) y el Bloque de Izquierda1, que permiti la conformacin de un gobierno minoritario liderado por los socialistas2. El apoyo parlamentario al PS por parte de esos otros dos partidos situados en el espectro ms radical de la izquierda se materializ a partir de un acuerdo inicial para la implementacin de un conjunto de polticas sociales y econmicas enfocadas en la restitucin de los derechos y el poder adquisitivo de los portugueses. Se trataba de medidas dirigidas a revertir un largo periodo de austeridad durante el cual el pas padeci los infortunios del programa de ajuste impuesto por la troika integrada por la Comisin Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE), en el marco del cual buena parte de los portugueses sufrieron significativos recortes en sus salarios y pensiones y en el acceso a diferentes beneficios sociales.

Como qued demostrado en estudios recientes3, fueron justamente los sectores ms pobres y vulnerables los que ms padecieron aquellas medidas de austeridad, principalmente a raz de las modificaciones en los criterios para el acceso a las polticas y los programas sociales. Fue un periodo signado por un notorio incremento del desempleo y por la agudizacin de la desigualdad y los niveles de pobreza monetaria y privacin material. En trminos oficiales, la tasa de desempleo orill el 17% en 2013, aunque algunos estudios revelan que ese ao la cifra real pudo haber superado ampliamente el 25%4, lo que en el contexto de la historia portuguesa contempornea resulta una cifra excepcional, con repercusiones e impacto directo en el incremento del flujo migratorio, que retorn a sus niveles de la dcada de 19605. Pero hubo otras reas en las que se verific un marcado retroceso social: el mercado de trabajo, con la desregulacin de las leyes laborales que provocaron un aumento general del empleo precario lo que tuvo una incidencia particularmente notoria entre los jvenes, y los sistemas de salud, educacin y previsin social, afectados por una significativa reduccin en la calidad de los servicios para estudiantes, jubilados y pacientes de hospitales pblicos.

Ante esta tendencia de retroceso social, econmico y demogrfico, la configuracin gubernamental bautizada con el nombre jerigonza6 se propuso lanzar un programa alternativo que bsicamente implicara un freno decisivo a todas aquellas dinmicas regresivas. Esto llev al nuevo gobierno a correr ciertos riesgos iniciales que luego ira superando, especialmente a raz de la enorme presin externa por parte de las instituciones de la Unin Europea, que miraban con extrema desconfianza el nuevo escenario poltico portugus. Sin embargo, y en contra de lo que muchos vaticinaban, el ascenso de la izquierda al poder no solo no condujo al colapso nacional, sino que hizo que el pas se acercara cada vez ms a un panorama sustentable en el terreno econmico y financiero, hasta acabar descartando definitivamente las hiptesis de un nuevo rescate o un retorno a las polticas de austeridad. La revista The Economist llam a la experiencia portuguesa un pequeo milagro en el Atlntico7.

El programa de recomposicin de los ingresos y valorizacin de las necesidades de la poblacin, las empresas y las instituciones pblicas represent un cambio decisivo respecto del modelo anterior. Sus frutos no se hicieron notar de inmediato, pero ya a dos aos de la asuncin del nuevo gobierno se perciban mejoras significativas. Pudo verificarse una progresiva recuperacin del poder adquisitivo, la tasa de desempleo se ubic por debajo de 10% (por primera vez en ocho aos), el dficit pblico descendi a niveles que ni los ms optimistas habran imaginado (2% del PIB), el crecimiento anual super el 2%, las exportaciones no menguaron. Solo la deuda externa mostr durante ese periodo inicial niveles insustentables. Hoy, pasados casi cuatro aos desde el inicio del gobierno, la tendencia se acentu marcadamente: el desempleo, segn mediciones oficiales, ronda el 6,5%; el dficit se redujo a 0,5% del PIB en 2018 (y se prev que en 2019 el pas podra acercarse al dficit cero); en cuanto a la deuda externa, esta tambin inici un trayecto descendente, aunque el nivel de crecimiento econmico estara atenundose ligeramente segn la ltima previsin anual.

No se trata de un gobierno de coalicin, sino de acuerdos programticos especficos, sin que el Bloque de Izquierda ni el PCP ocupen cargos en el gobierno. Los acuerdos que establecieron las bases para la construccin de la actual mayora gubernamental se dieron en el marco de un proceso efectivo de convergencia poltica que, en lo esencial, se implement por la va de la aprobacin consecutiva de cuatro presupuestos nacionales, el ltimo de ellos para el ao actualmente en curso. Por otro lado, la sucesin de acuerdos a lo largo de este periodo revela algo que, pese a que hoy pueda parecer obvio, no fue en absoluto una constante en la historia de la democracia portuguesa: la verificacin de que existen ms puntos de encuentro que puntos de desencuentro entre los programas de los distintos partidos de izquierda. Y adems se pudo ver algo an ms determinante: esos ejes de desencuentro pueden ser importantes y necesarios, de manera de dejar en evidencia que sobre distintos asuntos existen alternativas muy diferentes, pero ninguno de ellos hace que sea imposible la convergencia. En definitiva, como lo demostraron los acuerdos iniciales del gobierno, la izquierda logr ser pragmtica sin comprometer los principios ideolgicos de cada uno de los partidos, y estos mantuvieron su autonoma poltico-identitaria plasmada en posicionamientos divergentes respecto de un amplio conjunto de temas propuestos y aprobados o rechazados durante el curso del gobierno. Tom cuerpo as una suerte de geometra variable que otorg autonoma de postura y de propuesta a los distintos partidos, pero que de cara a algunos temas neurlgicos (como la aprobacin de los presupuestos nacionales anuales) adopt una configuracin slida e invariable, como corolario de intensos procesos de negociacin y defensa de polticas y objetivos comunes.

Habiendo superado una profunda crisis, y quedando an por resolverse distintos aspectos relativos a la superacin de las desigualdades y el logro de una mayor cohesin social, Portugal vive hoy una situacin de estabilidad poltica y social que es verdaderamente singular dentro del contexto europeo, y que representa un posible modelo a seguir para distintos pases de Europa y del mundo. Esta experiencia demuestra que el camino de la socialdemocracia no est cerrado; muy por el contrario, tiene por delante un futuro abierto a la posibilidad de que se tiendan nuevos puentes y alianzas polticas en torno de una agenda progresista. De cualquier modo, hay que decir que no todo sali bien en Portugal en estos ltimos cuatro aos.

Independientemente del xito que manifiestan los distintos indicadores sociales y econmicos (y que aun as traslucen cierto enfriamiento de la economa en los ltimos meses), el gobierno no fue capaz de implementar polticas pblicas que mejoraran significativamente la calidad de los servicios pblicos. Respecto de esto, es notorio que el Servicio Nacional de Salud contina actuando bajo una fuerte presin y muestra grandes problemas para responder debidamente y en forma equitativa, tanto en trminos sociales como territoriales, a las mltiples necesidades y exigencias de la poblacin. Lo mismo cabe decir de las medidas adoptadas para revertir la precariedad en los contratos de trabajo: pese a algunos programas de insercin y vinculacin de los trabajadores (por ejemplo, en el sector de la administracin pblica), los resultados se quedaron bastante cortos frente a las expectativas inicialmente generadas. En rigor, la precariedad sigue aumentando y afecta a cada vez ms trabajadores de distintas generaciones. Ambas reas mencionadas (salud, trabajo) son determinantes para el logro de una cohesin social y la mejora en la calidad de vida de los portugueses, y como tal deben constituirse en pilares fundamentales para un futuro gobierno que pueda emerger del campo de la izquierda. El ncleo identitario de la socialdemocracia pasa necesariamente por esos dos ejes, y ninguno de ellos puede estar ausente en una agenda progresista que, en simultneo, ha de avanzar en otras reas de intervencin poltica.

La transicin hacia un segundo periodo parlamentario: un programa socialdemcrata ms radical

En octubre de 2019 Portugal celebrar elecciones legislativas. Pese a que el resultado electoral es todo un enigma, existen buenas razones para creer y desear que los partidos de izquierda sern capaces de aunarse en una suerte de jerigonza 2.0. De cualquier modo, los presupuestos que acaben guiando ese posible entendimiento renovado debern extenderse mucho ms all de un programa de recuperacin del poder adquisitivo y mejora en las prestaciones pblicas. Visto as, si el primer ciclo poltico logr instalar polticas de redistribucin de ingresos y superacin de la austeridad, el segundo ciclo deber incorporar una agenda emancipatoria de inversin social y econmica atenta a las premisas de la sustentabilidad, a los problemas derivados del cambio climtico y a la profundizacin, crucial en un contexto de crisis de las democracias, de la calidad misma de la experiencia democrtica que la coalicin gubernamental en cuestin es capaz de proporcionar. La posibilidad de una socialdemocracia ms radical se apoya en buena medida en la capacidad de lograr una evolucin concertada de lo que ella misma representa, todo esto sobre la base de esas dos anclas que son el contenido socioeconmico programtico y la experiencia desarrolladora de una mayor capacitacin democrtica. A punto de cerrarse el ciclo 2015-2019, podemos afirmar que la reversin del programa de austeridad impuesto en Portugal durante la etapa 2011-2015 est prcticamente completa. No faltaron en un primer momento los que pensaban que tal reversin no ira ms all del plano meramente presupuestario, o que acabara generando consecuencias dramticas, lo que echara a perder todos los sacrificios que se le haban exigido anteriormente a la poblacin. Nuevos sacrificios, an ms violentos, acabaran imponindose en un prximo horizonte a fin de evitar opinaban muchos que el pas se volviera inviable. Pero estaban equivocados. Ya que en efecto la economa se revitaliz y el dficit toc pisos histricos, cosas que bien puede sostenerse ocurrieron en virtud del fin de la austeridad y la recomposicin de los ingresos familiares, como tambin de una poltica redistributiva ms justa. La alta carga fiscal, que suscit protestas desde la derecha, fue un factor que ayud fuertemente a tal fin. Por otro lado, tanto el aumento sostenido del salario mnimo como la poltica de abaratamiento del transporte pblico en las reas metropolitanas beneficiaron a un porcentaje muy significativo de la poblacin. Eran medidas que, en cierto sentido, iban en contra de la raz misma de la austeridad: en vez de reducir la esfera de accin del gobierno, la amplificaban.

La poltica de confianza que permite avanzar hacia un estadio ms radical de socialdemocracia pasa justamente por lograr que la poblacin est dispuesta a pagar ms impuestos, ello bajo un principio de progresividad racional, con la certeza de que ese tributo ser utilizado en favor del bienestar social. Pero un programa socialdemcrata ms radical no puede restringirse al robustecimiento de las polticas de distribucin de la renta. Requiere tambin una poltica de inversin, hasta hoy francamente modesta, en vistas a la construccin de una sociedad ms prspera. Los criterios para una poltica de inversin satisfactoria no se limitan sin embargo a su dimensin cuantitativa, esto es, a un forzoso crecimiento de la recaudacin fiscal, sino que implican la eleccin cualitativa de una perspectiva sobre el tipo de inversin a promover. En lugar de una perspectiva mayormente centrada en la exploracin de las distintas oportunidades de retorno pero esencialmente neutra en cuanto a su impacto, hace falta una perspectiva de inversin social sustentable, con una proyeccin de las necesidades y posibilidades econmicas a mediano y largo plazo. Modificar la perspectiva en ese sentido, privilegiando la sustentabilidad duradera antes que la oportunidad momentnea, debe ser el criterio a la hora de disear, por ejemplo, un plan energtico nacional de cara a la consolidacin de fuentes energticas renovables, aun cuando haya inversiones extractivistas que generen un retorno ms amplio e inmediato. Lo mismo vale para la bsqueda de condiciones efectivas de combate a la desigualdad territorial, ya sea en lo tocante al diseo concreto, infraestructural, como a la creacin de instrumentos de capacitacin local en una economa que busca ser cada vez ms autnoma. El cambio hacia un paradigma de sustentabilidad no puede, asimismo, dar la espalda a los problemas sociales ms urgentes que hoy afectan a la poblacin. La pedagoga de la sustentabilidad debe iniciarse desmontando ese antagonismo entre la gravedad de los riesgos futuros y los riesgos actuales. Llevada a sus ltimas consecuencias, una poltica de sustentabilidad es ambiental, de recursos, ecolgica, pero debe manifestar tambin un significado social y econmico. Comprender la economa y la sociedad a la luz de un paradigma de sustentabilidad consiste, muy especialmente, en viabilizar polticas de creacin de empleo y proteccin social que desmantelen la permisividad para con el empleo precario y la consecuente vulnerabilidad social. Los empleos sustentables, as como las polticas de movilidad y de vivienda sustentables, deben pensarse dentro de un conjunto de condiciones que pongan una barrera al extractivismo en el mbito del trabajo, la vivienda y las distintas dimensiones sociales, atendiendo a los recursos naturales y al equilibrio ecolgico. Es decir, hace falta encuadrar dentro de los objetivos estratgicos ms amplios de la sustentabilidad ambiental y ecolgica un conjunto de polticas que apunten a reducir de manera urgente y efectiva las desigualdades socioeconmicas y territoriales. Las polticas de justicia social deben articularse con polticas de justicia espacial y ambiental en las diversas escalas temporales e institucionales de actuacin y gobierno.

Reforzar tales presiones desde la preocupacin por asegurar un horizonte programtico amplio incluye, a su vez, la necesidad de detectar y desarticular los distintos riesgos asociados al ejercicio de la poltica, al frente de los cuales cuenta el problema que la izquierda debe combatir sin demora de los discursos y las prcticas contaminadas por un enfoque tecnocrtico excesivamente anclado en las preocupaciones de la agenda diaria y en la generacin de propuestas formales desligadas de una perspectiva sistmica a largo plazo. Por eso, un segundo ciclo de gobierno protagonizado por la izquierda debe apuntar a un horizonte temporal que rompa decisivamente con la pequea poltica dominada por lo inmediato o lo cuasi instantneo. La mejor manera de oponer resistencia a la tecnocracia es tener como horizonte para la accin poltica un proyecto delineado pensando en el futuro del pas y la sociedad.

El riesgo de tecnocratizacin de la poltica8 surge tambin de la adhesin cuasi acrtica a los rgidos esquemas que guan la poltica econmica y monetaria de la ue y de distintos organismos internacionales ( fmi , Banco Mundial). A modo de ejemplo, obstinarse en la bsqueda de un dficit cero como objetivo econmico primordial representa no solo la adhesin a un dogma de corte neoliberal, sino la eventual puesta en riesgo de la necesidad de implementar una verdadera poltica estructural basada en la inversin social y econmica. Respecto de esto, es importante que los partidos situados en la centroizquierda (partidos de tipo socialdemcrata o laborista) reflexionen sobre las consecuencias polticas y sociales que surgen de mantener como requisito para su desempeo legislativo una serie de nociones preelaboradas importadas del campo de la derecha liberal. Hace falta desmantelar de una buena vez esa colonizacin perversa de ideas que buscan peligrosamente modelizar y uniformizar el discurso y la prctica poltica. La socialdemocracia debe ser capaz de construir un programa de accin poltica y una narrativa que compitan abierta y frontalmente con la retrica de la inevitabilidad de la economa de mercado y sus leyes supuestamente intrnsecas e incuestionables9.

Una socialdemocracia avanzada

Como hemos dicho, el primer ciclo de gobierno de la llamada jerigonza se caracteriz por su superacin del programa de austeridad; el siguiente ciclo, en cambio, deber signarse por la implementacin de una socialdemocracia avanzada en un contexto de pluralismo, preservando e incluso naturalizando esa solucin aparentemente inestable que es la jerigonza en s, aunque no en el sentido de una perpetuacin en los trminos de una fuerza o una alianza de fuerzas partidarias, sino de un proceso renovable y hasta refundable sobre la base de una nueva generacin de acuerdos, entendimientos y compromisos. Cristalizarse en los lazos ya logrados al dar apoyo a la formacin del gobierno minoritario significara, adems de poner en riesgo la personalidad poltica de cada una de las partes, el riesgo de que se disperse y hasta se disuelva la objetividad programtica sobre la que se funda, como su justificacin, todo acuerdo en funcin de determinados compromisos a alcanzar. Una cristalizacin de ese tipo tendera, asimismo, a eliminar la fragilidad intrnseca de esta clase de solucin gubernamental, una fragilidad que, lejos de ser un defecto, es ms bien una virtud, en la medida en que, si alcanza a desplegar un funcionamiento estable, hace que se incremente el nivel de respuesta y de rendicin de cuentas por parte del gobierno. Dos aspectos son valiosos en un contexto a menudo denominado de posdemocracia10. El primero de ellos tiene que ver con que el acuerdo pluripartidario se funde en objetivos y metas concretas, con un programa que interseque los distintos programas puntuales e invierta la sensacin de que los partidos polticos se sienten poco o nada obligados a adecuarse al programa electoral en virtud del cual fueron elegidos. En acuerdos como el de la jerigonza portuguesa, la presin que ejercen los partidos no mandantes dentro de la coalicin es ms firme y exigente que si viniese de la oposicin al gobierno. El eventual fracaso del programa es tambin responsabilidad de ellos, por lo que exigen y disponen sus facultades y condiciones polticas para que tal cosa no ocurra. El segundo aspecto, que se traduce en una mejor rendicin de cuentas y capacidad de respuesta, le garantiza al gobierno una vida democrtica ms prolija y con menos motivos de insatisfaccin. La voz de los ciudadanos es tenida en cuenta no solo de cara a las elecciones; las promesas electorales se cumplen. Tal es la respuesta ante una crisis de la democracia indisociable de la creciente percepcin de que el espacio de eleccin poltica es cada vez ms reducido, o ante la sensacin cada vez ms fuerte de que no hay alternativa.

Subrayar estas cuestiones gana una mayor relevancia en la medida en que una respuesta de este tipo a la crisis de la democracia abre el camino a una solucin claramente distinta de esa otra que suele hacerse sentir en la actualidad: la de los movimientos populistas. Estos tambin ofrecen su respuesta a la crisis democrtica y a la impotencia de la voluntad popular, y lo hacen planteando escenarios inevitables, confiando en liderazgos carismticos antisistema y avanzando en el diseo de programas polticos nacionalistas de fronteras cerradas y de exclusin, cuando no de persecucin. Tal tendencia populista debe ser leda dentro de una tendencia ms amplia a la ruptura del nexo solidario entre democracia y liberalismo que desde la dcada de 1990 viene ahondndose a escala global11. El populismo parece lograr, en cierto modo, que estas converjan con la tendencia global a las denominadas democracias iliberales. Obviamente, existe otro populismo, de carcter emancipatorio, que a la vez responde a la crisis de la democracia y a la reaccin populista dominante por medio de una semntica diametralmente opuesta a la de esta ltima. En vez de exclusin y de particularismo nacional, ese otro populismo promueve la inclusin sobre la base de los valores del universalismo12. Pese a ello, una sintaxis comn comunica a esos liderazgos exageradamente carismticos: la progresiva conformacin al sistema o la degeneracin autoritaria de lderes que se eternizan en el poder. Si lo primero acaba no produciendo ruptura alguna con la crisis de la democracia siendo ms un simulacro que una transformacin real, lo segundo acaba volvindose disruptivo, sobre todo para el pueblo que lo apoy, y de ese modo se vuelve tambin antidemocrtico. El modelo poltico-partidario de la jerigonza, fuertemente anclado en la objetividad de un compromiso programtico comn, es, por el contrario, un modelo escasamente apoyado en la construccin de liderazgos carismticos. Ninguno de los tres lderes partidarios de la coalicin se caracteriza por su carisma. Ninguno de ellos fuerza una identificacin entre su persona y su funcin y se muestran ms bien como personas al servicio de ella. Un cuadro como este propone una distancia frente a los riesgos ms conocidos del populismo de izquierda, aunque aade otros, como el de la transformacin del sujeto poltico en centro y poder administrativo, con todos los problemas ligados al control poltico democrtico de la administracin de tal poder, a los distintos modos de distribucin y a la justa oportunidad de que en ese poder participen las ciudadanas y los ciudadanos ms all de sus fidelidades partidarias.

A la luz de este escenario, un nuevo ciclo debe significar la continuidad del robustecimiento de la democracia. Si en 2015 se logr un avance en trminos de democracia representativa, en tanto el arco de gobierno se extendi a todo el campo de la izquierda (ms all de los partidos tradicionales), en 2019 debe darse un avance en trminos de democracia participativa en el sentido de una ampliacin de los espacios de negociacin poltica y programtica en la esfera pblica y de los diversos movimientos sociales y actores colectivos implicados (sean ms o menos tradicionales, o ms o menos orgnicos).

Robustecer la democracia significa, por ejemplo, acondicionar la pluralidad de ideas y de debate sobre la base de alternativas y propuestas divergentes. Es decir, la convergencia partidaria de izquierda debe crear las condiciones para que la divergencia poltica dentro del campo progresista se exprese en un espacio ms amplio, capaz de involucrar a personas y grupos externos a esos mismos partidos. Sin la inclusin de la sociedad civil, los partidos que conforman la jerigonza corrern el serio riesgo de enquistarse en s mismos, en una trama de relaciones de poder meramente institucionales, ritualizadas y separadas del mundo, la vida y la polis. En el fondo, es la misma democracia interna de esos partidos la que requiere ms profundidad y dinamismo. En definitiva, una jerigonza 2.0 capaz de superar la geometra del acuerdo estrictamente pluripartidario y que, por va de convenciones abiertas u otros procedimientos afines, logre incluir en su compromiso, de igual a igual, la voz de distintas asociaciones y cooperativas cvicas formalizadas, de distintos grupos no formalizados de ciudadanos reunidos en torno de objetivos polticos, como tambin de ciudadanos expresndose a ttulo individual, contribuira a un mejor equilibrio entre las dimensiones participativas y representativas y apuntalara el sentido democrtico de la socialdemocracia. Una respuesta as, capaz de integrar en la lgica del acuerdo pluripartidario una dimensin participativa ms cercana a la agenda del populismo emancipatorio, puede acabar garantizando, por lo dems, el punto de equilibrio que mantenga a raya los riesgos caractersticos de cada una de esas dos lgicas polticas por separado.

La jerigonza y las mltiples escalas de accin poltica

Si se considera el cuadro general, la experiencia de gobierno que se populariz con el apodo de jerigonza cobra una relevancia adicional en el marco del delicado debate sobre el destino de la ue . La sorpresa del xito del actual gobierno portugus signific un alivio en el continente en tanto se encaram como el ejemplo de que es viable una alternativa frente a las polticas de austeridad. En cierto modo, Portugal logr alejarse del precipicio rearticulando valores de cohesin social que estaban en el origen del proyecto europeo. Tal vez sea esto lo que explica, al menos parcialmente, la designacin de un ministro de Economa y Finanzas portugus, Mrio Centeno, al frente del Eurogrupo. De cualquier modo, y aunque se logr ese alivio luego de la presin que amenazaba la integridad de la ue , para pasar del alivio al cambio de paradigma an falta recorrer un trecho enorme.

El futuro de las democracias liberales europeas depende en buena medida de la continuidad del proyecto de la ue y de la capacidad de este bloque de Estados de romper con el ciclo de resentimiento poltico que crece y se nutre de los efectos socialmente devastadores de las polticas neoliberales amparadas por la Unin. En un mundo cada vez ms conectado, el desmembramiento del proyecto europeo en nacionalismos y populismos significara la capitulacin global ante el orden de las democracias iliberales, que no son sino una etapa intermedia hacia la cancelacin de la vida democrtica y de las garantas que hacen posible la democracia, comenzando por los derechos humanos. Pero a su vez, y ms que depender de las decisiones conjuntas dentro del bloque, el futuro de la ue se juega en cada una de las democracias nacionales que la conforman. La construccin de una socialdemocracia radical deber cimentarse en la lucha y en el intenso debate poltico emanado de las esferas pblicas nacionales y forjar as races slidas para la congregacin de dinmicas y movimientos sociales y colectivos ms amplios e influyentes en el mbito internacional.


Notas

1 Se trata de un frente entre la Unin Democrtica Popular (UDP), de origen proalbans pero luego embarcada en un marxismo ms abierto, el Partido Socialista Revolucionario (PSR, trotskista) y Poltica XXI, un desprendimiento del PCP. A escala europea, el Bloque de Izquierda forma parte del grupo Izquierda Unitaria.

2. Este artculo retoma el anlisis realizado en R.M. do Carmo y A. Barata: The Contraption and the Future of Social Democracy: The Government Experiment in Portugal en Open Democracy, 1/5/2017.

3. Carlos Farinha Rodrigues (coord.), Rita Figueiras y Vtor Junqueiras: Desigualdade do rendimento e pobreza em Portugal, FFMS, Lisboa, 2016.

4. Jorge Caleiras y Jos Castro Caldas: Emprego e desemprego: o que mostram e o que escondem as estatsticas? en Manuel Carvalho da Silva, Pedro Hespanha y Jos Castro Caldas (coords.): Trabalho e polticas de emprego: um retrocesso evitvel, Actual, Coimbra, 2017; Frederico Cantante y R.M. do Carmo: Emprego e desemprego em Portugal: tendncias recentes e perfis en R.M. do Carmo, Joo Sebastio, Joana Azevedo, Susana da Cruz Martins y Antnio Firmino da Costa (eds.): Desigualdades sociais: Portugal e a Europa, Mundos Sociais, Lisboa, 2018.

5. Rui Pena Pires, Ins Vidigal, Cludia Pereira, Joana Azevedo y Carlota Moura Veiga: Portuguese Emigration Factbook 2015, Observatrio da Emigrao / CIES-IUL / ISCTE-IUL, Lisboa, 2015.

6. Trmino inicialmente peyorativo utilizado para definir a la alianza como un engendro, pero luego apropiado por el gobierno [n. del e.].

7. Social Democracy is Floundering Everywhere in Europe, Except Portugal en The Economist, 14/4/2018.

8. Sheri Berman: Against the Technocrats en Dissent, invierno de 2018.

9. Karl Polanyi: La gran transformacin. Los orgenes polticos y econmicos de nuestro tiempo [1944], FCE, Ciudad de Mxico, 2017.

10. Colin Crouch: Posdemocracia, Taurus, Madrid, 2004.

11. Fareed Zakaria: The Rise of Illiberal Democracy en Foreign Affairs vol. 76 No 6, 11-12/1997.

12. Ernesto Laclau: La razn populista, FCE, Buenos Aires, 2005.


Nota: traduccin del portugus de Cristian De Napoli.

Fuente original: https://nuso.org/articulo/portugal-una-socialdemocracia-con-futuro/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter