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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2019

Comprender el Chile actual

Felipe Portales
Rebelin


La oposicin a la dictadura plante claramente un total cuestionamiento, no solo de las atroces violaciones de de- chos humanos cometidas por la dictadura, sino tambin del conjunto de su obra poltica, econmico-social y cul- tural. De este modo, postul la creacin de una Constitucin democrtica, a travs de una Asamblea Constituyen- te; y la sustitucin del conjunto de las estructuras y polticas econmicas y sociales que le impuso a la sociedad chilena: Plan Laboral; AFP; Isapres; Decreto Ley 600 que permitira desnacionalizar crecientemente la gran mine- ra del cobre; gigantesca concentracin del poder econmico y de la distribucin del ingreso; minimizacin del po- der de los sindicatos, juntas de vecinos, cooperativas y colegios de profesionales y tcnicos; insercin solitaria y conformista de Chile al mercado mundial y renuncia a buscar la integracin latinoamericana; etc., etc.

Todo esto lo abandon subrepticiamente el liderazgo de la Concertacin a fines de la dcada de los 80, como lo reconocera crudamente en 1997 Edgardo Boeninger en su libro: Democracia en Chile. Lecciones para la Gober- nabilidad (Edit. Andrs Bello). Y es lo que comenz a aplicar desde 1990 en adelante. Y para esto, dicho liderazgo utiliz arteramente -en lnea con lo que dijo Boeninger de que el liderazgo de la Concertacin polticamente no estaba en condiciones de reconocer su convergencia con la derecha (p. 369)- dos mecanismos inslitos a nivel de la historia de la humanidad (no slo chilena). Una fue el regalo de la inminente mayora parlamentaria que le aguardaba a Aylwin y la Concertacin de haber permanecido igual la Constitucin del 80! Y el otro, las polticas de autodestruccin de todos los medios de comunicacin escritos afines a la Concertacin durante los 90.

En efecto, como Pinochet pensaba ganar el plebiscito de 1988 y gobernara luego con un congreso en que iba a ser prcticamente imposible -dado los antecedentes histricos- que los partidos de derecha ganaran la mayora parla- mentaria; se dise la Constitucin del 80 de modo tal que el futuro presidente lograse la aprobacin de la legisla- cin ordinaria con la mayora parlamentaria en una cmara y slo un tercio en la otra. Evidentemente, con los sena- dores designados, Pinochet transformara su minora senatorial en mayora; y obtendra con seguridad -gracias al sis- tema binominal- ms de un tercio de los diputados.

Pero la imprevista derrota plebiscitaria de Pinochet el 88; gener el prospecto contrario. La Concertacin -adems de elegir con toda probabilidad al futuro presidente- tendra tambin con seguridad la mayora parlamentaria. Esto por- que obtendra lgicamente -a diferencia de un Pinochet gobernando- la mayora en la Cmara de Diputados; y alcan- zara de todos modos a obtener un tercio del Senado! El Senado original se compona por dos senadores por regin (26) ms los 9 designados. Y como la Concertacin obtendra evidentemente al menos uno en todas las regiones (13) supe- rara el tercio de 35, esto es, 12.

Sin embargo, el liderazgo concertacionista concord con Pinochet a mediados de 1989 un acuerdo de Reforma de la Constitucin del 80 (sin que hasta el da de hoy haya existido transparencia sobre aquel) en que junto con algunos cam- bios liberalizadores se aprob una reforma que subi los qurums de aprobacin de la legislacin ordinaria a la mayo- ra absoluta en ambas cmaras! Y como se mantuvieron los senadores designados, aquello signific en la prctica entre- gar por adelantado la inminente mayora parlamentaria que le esperaba a la Concertacin. Era virtualmente imposible que la Concertacin doblara en cinco circunscripciones senatoriales a la derecha, que era lo necesario para compensar a los nueve senadores designados y obtener as mayora en el Senado.

Tal acuerdo no fue obviamente producto de la estupidez de los lderes concertacionistas, ni tampoco del temor. Es ob- vio que Pinochet, si no haba tenido la fuerza poltica para dar un nuevo golpe en octubre del 88, luego de su derrota plebiscitaria, menos la tendra a mediados de 1989 arguyendo que la Concertacin se negaba a concordar una reforma a la propia Constitucin impuesta en 1980! La explicacin -muy lgica- es que el liderazgo de la Concertacin no quiso tener la mayora parlamentaria para no quedar desnudo ante sus bases en cuanto a su falta de voluntad poltica para sustituir el modelo ecnomico-social neoliberal que haba impuesto la dictadura. Ahora poda echarle la culpa de todo a que no tena mayora parlamentaria para hacer los cambios prometidos. Lo que iba a ser cierto, pero ocultando el he- cho crucial de que ello era as porque lo haba querido el propio liderazgo concertacionista

Y todo aquello fue complementado por una poltica consistente, destinada a destruir los propios medios de comunica- cin escritos afines a la Concertacin. Como los directores y periodistas de estos medios no haban experimentado la convergencia con el pensamiento econmico de la derecha que haban tenido los lderes concertacionistas; a la lar- ga se daran cuenta del giro copernicano de stos y se habran convertido en los reales opositores de los gobiernos concertacionistas neoliberales. Para evitar esto fue muy lgico (aunque, por supuesto, haba que hacerlo subrepticia- mente) que dicho liderazgo adoptara las polticas necesarias para destruir esos medios. Ello explica porqu continu con la discriminacin que les hizo Pinochet de la publicidad estatal (y con los acuerdos de la dictadura que la concen- traban en el duopolio Mercurio-Copesa); porqu se bloquearon sustanciales fondos que el gobierno holands haba acordado entregarles en 1990 a Hoy, Anlisis y Apsi (de acuerdo a denuncias efectuadas insistentemente -y nunca desmentidas- del Premio Nacional de Periodismo, Juan Pablo Crdenas); y porqu se compraron algunos de estos me- dios por personeros concertacionistas para luego cerrarlos, como fue el caso, finalmente, de la propia revista Anlisis. Y tambin explica porqu dicha poltica continu posteriormente, afectando -entre otros en los 2000 a la revista Roci- nante, de acuerdo a lo denunciado por su fundadora y directora Faride Zern (ver Rocinante; N 84, Octubre de 2005); e impidiendo por todos los medios la reactivacin del diario centro-izquierdista Clarn, como lo denunci especialmen- te la Premio Nacional de Periodismo, Patricia Verdugo (ver Rocinante; N 47, Septiembre de 2002). As, se puede con- cluir que -como dijera Juan Pablo Crdenas- hubo una poltica de los gobiernos de la Concertacin de exterminio a los medios de comunicacin contrarios a la dictadura (Boletn Libertad de Expresin, Instituto de la Comunicacin e Ima- gen de la Universidad de Chile; N9, Marzo de 2008).

Adems, los gobiernos de la Concertacin terminaron con los dos canales de televisin cuyo control pudo haber ayu- dado a contribuir a una efectiva democratizacin del pas: Chilevisin, que fue privatizado por la Universidad de Chile a grandes grupos econmicos; y Televisin Nacional, que fue neutralizado por una ley que le dio virtual poder de veto a la derecha opositora en su directorio. De este modo, en TVN -y hasta el da de hoy!- se impidi que se debatiera plu- ralmente respecto de las herencias de la dictadura. Incluso, se lleg al extremo de que decenas de documentales sobre derechos humanos, medio ambiente y pueblos indgenas, muchos de ellos financiados por los propios gobiernos a tra- vs de la CORFO, fuesen luego autocensurados por TVN! (Ver Boletn de Libertad de Expresin; ibid.; 2007-8).

Estas polticas de la Concertacin se complementaron en el mbito de los derechos humanos con la bsqueda de la la impunidad de las graves violaciones de derechos humanos cometidas por la dictadura. Particularmente, por los reite- rados intentos de aprobar leyes de virtual confirmacin del decreto-ley de autoamnista de 1978; o que significaran una gran disminucin de penas para los agentes violadores de tales derechos; todas los cuales fracasaron gracias a las fuertes reacciones en su contra manifestadas especialmente por las agrupaciones de familiares de detenidos-desaparecidos y de ejecutados polticos. Fueron los casos del Acuerdo-Marco de 1990; del proyecto de ley Aylwin de 1993; del proyecto de ley Frei de 1995; del Acuerdo Figueroa-Otero, del mismo ao; de un proyecto de ley de la Comisin de Derechos Humanos del Senado de 1998; del proyecto de ley de inmunidad de Lagos de 2003; de otro proyecto de senadores Concertacionistas y aliancistas de 2005; y de su intento de reflotamiento por Bachelet en 2007.

Adems, estos intentos se vieron agravados por inslitas declaraciones de altos dirigentes de la Concertacin, no solo en favor de la impunidad, sino tambin en contra de la bsqueda de la verdad. En particular, del entonces presidente del Se- nado, Gabriel Valds, quien, en agosto de 1990, respecto de la bsqueda del paradero de las personas detenidas-desapa- recidas, y cuando an ni siquiera terminaban los trabajos de la Comisin Rettig!, declar: Pondra un plazo corto. Uno o dos meses ms, mximo, y que hagamos un acto realmente generoso, donde todos contribuyan a dar informacin. No podemos seguir indefinidamente en la bsqueda de muertos. Este pas no puede seguir en esas condiciones psicolgicas, porque nos va a hacer dao a todos. Yo siempre pienso que la responsabilidad de los mayores es construir un pas para los jvenes: limpio, transparente (sic), decente y sin traumas. Sin odiosidades (Paula; Agosto, 1990). Y del entonces pre- sidente del PDC, Alejandro Foxley, quien para apurar los proyectos de ley y los acuerdos en favor de la impunidad plan- teados por el gobierno de Frei Ruiz-Tagle en 1995, seal que no sacamos nada con estar contando muertos indefinida- mente (Las Ultimas Noticias; 3-11-1995).

Y estos intentos culminaron con la vergonzosa defensa de Pinochet que hizo el gobierno de Frei Ruiz-Tagle frente al mun- do, para liberarlo de su detencin en Londres. Y la posterior presin del gobierno de Lagos a los tribunales de justicia para lograr su impunidad por razones de salud mental, lo que finalmente obtuvo. En dicha defensa -y virtual apologa!- re- salt nuevamente el entonces senador Foxley, quien en una entrevista expres que Pinochet realiz una transformacin, sobre todo en la economa chilena, la ms importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mrito de anticiparse al proceso de globalizacin que ocurri una dcada despus, al cual estn tratando de encaramarse todos los pases del mundo. Hay que reconocer su capacidad visionaria y la del equipo de economistas que entr en ese gobierno el ao 73, con Sergio de Castro a la cabeza, en forma modesta y en cargos secundarios, pero que fueron capaces de persuadir a un gobierno militar -que crea en la planificacin, en el control estatal y en la verticalidad de las decisiones- de que haba que abrir la econo- ma al mundo, descentralizar, desregular, etc. Esa es una contribucin histrica que va perdurar por muchas dcadas en Chile y que, quienes fuimos crticos de algunos aspectos de ese proceso en su momento, hoy lo reconocemos como un proceso de importancia histrica para Chile, que ha terminado siendo aceptado prcticamente por todos los sectores. A- dems, ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues termin cambiando el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo, y eso sita a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar. Su drama per- sonal (sic) es que, por las crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos en ese perodo, esa contribucin a la historia ha estado permanentemente ensombrecida (Cosas; 5-5-2000).

Asimismo, en el mundo PPD-PS tambin se expres -en un tono ciertamente menos impdico- la defensa de Pinochet y de su obra. As, el connotado dirigente Eugenio Tironi public un libro en 1999 -mientras el liderazgo de la Concertacin bus- caba afanosamente la liberacin de Pinochet de Londres- donde sostuvo que la sociedad de individuos, donde las perso- nas entienden que el inters colectivo no es ms que la resultante de la maximizacin de los intereses individuales, ya ha tomado cuerpo en las conductas cotidianas de los chilenos de todas las clases sociales y de todas las ideologas. Nada de esto lo va a revertir en el corto plazo ningn gobierno, lder o partido () Las transformaciones que han tenido lugar en la sociedad chilena de los 90 no podran explicarse sin las reformas de corte liberalizador de los aos 70 y 80 () Chile apren- di hace pocas dcadas que no poda seguir intentando remedar un modelo econmico que lo dejaba al margen de las tendencias mundiales. El cambio fue doloroso, pero era inevitable. Quienes lo disearon y emprendieron mostraron visin y liderazgo (La irrupcin de las masas y el malestar de las elites. Chile en el cambio de siglo; Edit. Grijalbo, 1999; pp. 36, 60 y 162).

A su vez, los avances que en materia de justicia se produjeron luego de la detencin de Pinochet en Londres se debie- ron a una bsqueda de reivindicacin histrica del Poder Judicial, dada su vergonzosa actitud durante la dictadura. En ningn caso, se debieron a un cambio positivo de actitud de los gobiernos concertacionistas en la materia; los que, entre otras cosas, continuaron con su renuencia a impulsar la derogacin del decreto ley de autoamnista de 1978, a que tan claramente se haba comprometido la Concertacin en sus compromisos programticos de 1989 y 1993.

Por otro lado, la derecha nacional e internacional ha efectuado, a su vez, un reconocimiento apologtico de la obra de la Concertacin. De este modo, el cientista poltico y ex embajador de Piera, Oscar Godoy, ha declarado, al ser consul- tado en 2006 si observaba un desconcierto en la derecha por la capacidad que tuvo la Concertacin de apropiarse del modelo econmico, que: S. Y creo que eso debera ser un motivo de gran alegra, porque es la satisfaccin que le pro- duce a un creyente la conversin del otro. Por eso tengo tantos amigos en la Concertacin; en mi tiempo ramos antago- nistas y verlos ahora pensar como liberales, comprometidos en un proyecto de desarrollo de una construccin econmi- ca liberal, a m me satisface mucho (La Nacin; 16-4-2006).

A su vez, el entonces presidente de la Confederacin de la Produccin y del Comercio, Hernn Somerville, seal a fines de 2005 que a Ricardo Lagos mis empresarios lo aman, tanto en APEC (el Foro de Cooperacin Econmica de Asia Pac- fico) como ac (en Chile) porque realmente le tienen una tremenda admiracin por su nivel intelectual superior y por- que adems se ve ampliamente favorecido por un pas al que todo el mundo percibe como modelo (La Segunda; 14-10- 2005). Tambin, el connotado economista y empresario, Csar Barros, seal que Lagos con su obra presidencial, con- venci a los empresarios de que estaba siendo el mejor Presidente de derecha de todos los tiempos (La Tercera; 11-3- 2006). Por su parte, el destacado dirigente UDI, Herman Chadwick, seal que el gobierno de Lagos fue muy bueno y que el expresidente tiene una importancia a nivel mundial que no podemos desaprovechar (El Mercurio; 21-3-2006).

Igualmente, el destacado empresario pinochetista, Ricardo Claro, declar que Lagos es el nico poltico en Chile con vi- sin internacional, y est muy al da. No encuentro ningn otro en la derecha ni en la DC (El Mercurio; 12-10-2008). In- cluso, el ultraderechista Hermgenes Prez de Arce plante, luego del fin del gobierno de Lagos, que la derecha ha visto como el modelo de desarrollo econmico-social que ponen en prctica los sucesivos gobiernos concertacionistas se parece mucho ms al que ella siempre prohij que a los proyectos propios y originales de la izquierda (socialismo mar- xista-leninista) y de la DC (socialismo comunitario) (El Mercurio; 19-3-2006).

Pero quiz el ms notable reconocimiento se lo hizo uno de los principales artfices de la escuela de Economa de la Uni- versidad de Chicago, Arnold Harberger, quien en 2007, declar que estuve en Colombia el verano pasado participando en una conferencia, y quien habl inmediatamente antes de m fue el ex presidente Ricardo Lagos. Su discurso podra haber sido presentado por un profesor de economa del gran perodo de la Universidad de Chicago. El es economista y explic las cosas con nuestras mismas palabras. El hecho de que partidos polticos de izquierda finalmente hayan abra- zado las lecciones de la buena ciencia econmica es una bendicin para el mundo (El Pas, Espaa; 14-3-2007).

Por ltimo, los gobiernos de la Concertacin no quisieron hacer uso de las mayoras parlamentarias que finalmente ob- tuvieron a partir de los aos 2000. As, el gobierno de Lagos obtuvo finalmente dicha mayora entre agosto de 2000 y marzo de 2002, debido a los desafueros combinados de los senadores Pinochet y Francisco Javier Errzuriz. Sin embargo, no hizo nada con ella para cumplir con los antiguos compromisos de transformacin del modelo efectuados histrica- mente por la Concertacin. Luego, el primer gobierno de Bachelet, pese a obtener mayora parlamentaria desde el primer momento -gracias a la desaparicin de los senadores designados, obtenida a cambio de las reformas constitu- cionales de 2005 que convirtieron la Constitucin del 80 en una obra concertacionista al ser suscrita por Lagos y to- dos sus ministros!- tampoco hizo nada por impulsar los cambios prometidos histricamente. Es ms, consolid las AFP, al consensuar con la derecha pequeos cambios en su sistema y legitimarlas como propias!

Y posteriormente, pese a que la Nueva Mayora tuvo que readecuar su discurso, en correspondencia con la dinmi- ca generada por el movimiento estudiantil de 2011; el segundo gobierno de Bachelet mantuvo esencialmente las mis- mas estructuras sociales y el mismo modelo econmico que nos leg Pinochet y que cambi el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal Incluso, y pese al clamor mayoritario por terminar con el aberrante sistema de las AFP (y que constituye el eje fundamental de financiamiento de los grandes grupos econmicos chilenos), el candida- to presidencial de los principales partidos de la Nueva Mayora (y del PC) en la ltima eleccin presidencial, Alejandro Guillier, ni siquiera se atrevi a plantear por demagogia aquella demanda profundamente sentida por las grandes ma- yoras nacionales!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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