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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2019

El Gobierno de cooperacin

Antonio Antn
Rebelin


Tras las pasadas elecciones generales, con la victoria relativa del Partido Socialista, reafirmada en las recientes elecciones municipales, regionales y europeas, se refuerza el cambio hacia un nuevo ciclo poltico en Espaa, cuyos perfiles y equilibrios estn por definir. Sus inicios se produjeron hace un ao con el desalojo del Partido Popular del Gobierno y el triunfo de la mocin de censura progresista que hizo a Pedro Snchez presidente del Ejecutivo. Este ltimo ao ha constituido una fase transitoria.

Para clarificar el nuevo proceso, en particular, la gobernabilidad y su sentido poltico hay que precisar el carcter del sanchismo, su especificidad en el actual contexto y su pugna por la hegemona en las izquierdas y frente a las derechas, as como sus equilibrios con Unidas Podemos por situarlo en una posicin subordinada mientras necesita su colaboracin de forma instrumental para gobernar. Es el marco para definir la orientacin y la composicin del llamado gobierno de cooperacin, todava impreciso, y el alcance y contenido de las negociaciones, quiz, hasta la segunda investidura en septiembre.

La propuesta del llamado Gobierno de cooperacin sin coalicin ni presencia expresa de los dirigentes de Unidas Podemos, en las condiciones actuales, genera la lgica desconfianza sobre un aspecto central que planea continuamente: sacar ventaja partidista por el control desproporcionado de recursos, poder y legitimidad pblica. Afecta tambin al riesgo de un programa de reformas sociales y democrticas ms diluido, sin las prioridades adecuadas, as como de una menor capacidad para su implementacin y seguimiento.

El reconocimiento de la legitimidad y la necesidad de un Gobierno compartido, con el liderazgo de Pedro Snchez y la participacin directa y expresa de la representacin de Unidas Podemos, mostrara el acuerdo programtico conjunto de mejoras sustantivas para la gente y el beneficio comn en la consolidacin y reproduccin ampliada de ambas fuerzas polticas.

La exigencia de Unidas Podemos de su participacin en el Consejo de Ministros, adems de un acuerdo programtico razonable y una corresponsabilidad institucional equilibrada, no respondera a intereses personalistas de sus lderes, en particular de Pablo Iglesias, siempre en el punto de mira por su supuesto hiperliderazgo. Obedecera a la exigencia colectiva de garantas de un proyecto que se desea compartido, beneficioso en trminos sociales y democrticos y que permita, legtimamente, la consolidacin de ambos espacios, tambin el de las fuerzas del cambio.

El empecinamiento de la direccin socialista para oponerse tendra que ver con su no aceptacin de estos dos puntos clave: garanta de un giro democrtico y social y compromiso solidario por el fortalecimiento de ambas fuerzas polticas y sus liderazgos respectivos. As, la ltima propuesta socialista (gobierno de cooperacin, socio preferente de UP, programa social intermedio, colaboracin institucional y parlamentaria y responsabilidades ejecutivas de segundo nivel) va siendo ms razonable, pero es insuficiente respecto de ese ncleo indefinido y sospechoso del proyecto gubernamental.

Para Unidas Podemos, en una situacin ms frgil, su participacin expresa es vital; no puede renunciar, ni puede quedar en una posicin subordinada, real, simblica y mediticamente, que perjudicara su sentido poltico, su implantacin y su liderazgo. Para el Partido Socialista, sera un ejercicio de reconocimiento positivo de su debilidad relativa para su exclusiva gobernabilidad sin la colaboracin de Unidas Podemos -y otros partidos como el PNV-, y sin posibilidad a medio plazo de acuerdo con Ciudadanos; e, igualmente, significara su renuncia a sacar ventaja desproporcionada en su pugna competitiva por la hegemona institucional y electoral en detrimento de Unidas Podemos. O sea, seran cualidades democrticas bsicas frente al inters corporativo inmediatista. Adems, tiene poca credibilidad su amenaza de repetir elecciones sin garanta de incrementar su prevalencia gubernativa frente a unas derechas ms unidas y envalentonadas, y aunque extreme su chantaje y su culpabilizacin a UP y CS y aumentase su ventaja relativa respecto de ellos.

En definitiva, la direccin socialista necesita a Unidas Podemos para asentar su gobernabilidad, y stos necesitan el acuerdo con el PSOE para hacer valer su representatividad e influencia institucional y reforzar la legitimidad interna y externa de su liderazgo. Estn condenados a entenderse, pero los intereses y la relacin son asimtricos. La participacin en el Consejo de ministros de los representantes de Unidas Podemos es mucho ms imperiosa para ellos, en comparacin con su exclusin para la direccin socialista (aun con la presencia de independientes afines y sus contradictorios efectos de asimilacin o instrumentalizacin).

Efectivamente, esa ltima y decisiva condicin es una incomodidad para la direccin socialista, como demuestra su resistencia a esa ltima concesin; pero sus motivos son partidistas e inconfesables: incrementar su prepotencia institucional y meditica, limitar el alcance operativo de sus acuerdos programticos, explorar los pactos con las derechas y los poderosos, debilitar a su socio preferente sacando ventajas comparativas.

As, dados los proyectos estratgicos dispares, va a primar el inters instrumental e inmediato de cada parte y el juego poltico y meditico por reforzar la legitimidad pblica respecto del conjunto de actores y el reequilibrio entre ellos. Si estoy en lo cierto, todo indica un camino difcil, controvertido y lento hacia un acuerdo definitivo para la segunda investidura, en septiembre, con un programa de mnimos y una composicin gubernamental compartida, ambos aspectos algo rebajados respecto de las exigencias iniciales de Unidas Podemos, pero con su presencia directa en el Consejo de ministros.

Es decir, quin pierde menos con esa condicin, arriesga ms con el no acuerdo y gana ms con un acuerdo razonable y satisfactorio es el Partido Socialista. Si ambas partes juegan bien sus cartas, cosa no asegurada, habr final feliz. Es posible un incremento de la confianza mutua, una experiencia de colaboracin leal y un reparto equitativo de la gestin pblica y, sobre ello, una profundizacin democrtica y de progreso (que las derechas y el poder establecido no van a dejar pasar sin una fuerte oposicin).

No obstante, y compatible con lo anterior, aventuro cierta inestabilidad al estar sometido este acuerdo forzado y de conveniencia a la disparidad de intereses partidistas, con la probable aparicin de distintas grietas: el desequilibrio o el choque en la gestin comunicativa y la legitimidad social respectiva, las distintas presiones corporativas Pero, sobre todo, a los embates de la legislatura y las nuevas circunstancias polticas y del poder: el giro de Ciudadanos para hacer de bisagra con el PSOE, que le hara ms factible a ste el cambio de alianzas y polticas, la gestin dura ante la prolongacin de la crisis social y econmica, condicionada por los poderosos, incluido las instituciones europeas, el continuismo en materias de Estado o el inmovilismo ante el conflicto cataln...

Y otra asimetra, el Partido Socialista debe persuadir a los poderes fcticos, econmicos, institucionales y europeos, de la bondad de esta dinmica. Pero Unidas Podemos y sus aliados deben conectar con los sectores populares y activar la participacin cvica. Para ellos un buen acuerdo gubernamental es solo el principio o una pata para iniciar en mejores condiciones la imprescindible tarea de refundacin unitaria del conjunto del espacio del cambio, en los dos planos de estrategia poltica y gestin institucional y de vertebracin orgnica y arraigo social; y ello, bajo el liderazgo compartido de Pablo Iglesias, Alberto Garzn y Ada Colau y otros dirigentes relevantes, en un nuevo clima renovador e integrador.

El desafo alternativo a medio plazo, su proyecto para esta legislatura es consolidar una dinmica real de cambio de progreso. Los grandes objetivos debieran estar claros; el problema deviene en la aplicacin del conjunto de polticas concretas, momento en el que se articulan a travs de los intereses de los grandes poderes econmicos e institucionales y se corre el riesgo de relegar las demandas y necesidades de las mayoras sociales. Una corresponsabilidad con la inercia o inaccin que consolide los graves problemas de la ciudadana sera una fuente de pasividad y desafeccin de capas populares a esas fuerzas del cambio.

Por tanto, la dificultad principal est en el carcter del proyecto poltico y de reforma social e institucional, a veces relleno de retrica vaca. Por ello es importante bajar al detalle de las medidas concretas de los dos ejes fundamentales, el social y el democrtico: combatir la precariedad y la desigualdad social, con reversin de los recortes sociales y de derechos y abordaje sistemtico de las consecuencias de la crisis socioeconmica y ambiental; modernizar y democratizar la economa y las instituciones, incluida la reforma fiscal y la constitucional y federal del Estado. El resultado: ampliar el espacio progresista compartido en perjuicio comparativo respecto de las fuerzas de la derecha, respetar su pluralidad (incluida la nacional) y afianzar una senda democrtica y de progreso a largo plazo.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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