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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2019

Un museo como ejercicio del olvido
La memoria del Terrorismo del Estado peruano contada desde los vencedores (y los vencidos ms de dos veces)

Jose Schulman
Rebelin


Con documentos verdaderos se escribe la historia falsa,

solo la ficcin puede contar la verdad

Augusto Roa Bastos. Bitcora del Almirante

 

Para Vctor, aunque todava no lo conozco

 

Aquello que Daniel Feierstein llama la consumacin simblica del genocidio aparece con toda su furia (que es una de las formas de la belleza) en el llamado Lugar de la memoria, la tolerancia y la inclusin social en el barrio de Miraflores en Lima, asomada al Pacfico, el mismo lado por el que nuestro San Martn se acerc con sus barcos para enfrentar la canalla colonialista espaola y criolla a ellos asociada.

Digamos de entrada que hay que superar el mito de que los colonizadores enfrentan pueblos y culturas enteras, unidos en la resistencia al extranjero como si no hubiera habido caciques y pueblos que se aliaron a Pizarro para derrotar al Cuzco, a los incas. Como si no hubiera Macri en Argentina, Duque en Colombia, Bolsonaro en Brasil, Abdo Bentez en Paraguay o Piera en Chile.

El Terrorismo de Estado en Per es imposible de comprender fuera de tres sistemas de relaciones sociales histricamente conformadas: la Operacin Continental de Dominacin Imperialista que gobierno y empresas de los EE.UU. lanzaron desde fines de la segunda guerra mundial hasta imponer un nico modelo de dominacin capitalista conocido como neoliberal, para lo cual gest e impuso golpes de Estado y todo tipo de guerras integrales contra todo aquel que pretendiera enfrentarlo o condicionarlo; la dinmica de la lucha de clases en el Per desde que el espaol invadi militarmente y someti culturalmente a los pueblos del Per, dinmica que se integra a los ciclo de luchas sociales de Amrica Latina y que se potencia con el triunfo de la Revolucin Cubana, el desafo estratgico del Che en Bolivia y el propio ciclo golpista de los setenta en adelante; y tercero, la experiencia debates y correlacin de fuerzas en el propio movimiento social peruano, desde Maritegui hasta el fin de los ochenta, con la degradacin extrema del modelo de democracia representativa y subordinacin colonial explcita del ahora suicidado Alan Garca.

No pretendo aqu hacer su historia (porque en primer lugar no se lo mnimo para intentarlo); pero se bastante sobre el ciclo de genocidios, terrorismo de estado, resistencias populares y experiencias de lucha armada en Amrica Latina para decir con toda la furia (recuerden que para m es una forma de la belleza) que jams voy a aceptar un panel en un museo sobre nuestros muertos del Per que diga: ttulo: Orgenes de la Violencia; subttulo: Los desencadenantes de la violencia: Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tpac Amaru (MRTA) para luego volcar un repugnante resumen policial de qu fueron estas organizaciones poltico militares, sin reconocer las profundas diferencias entre ellas y fuera de todo contexto internacional, histrico y del movimiento social peruano. A partir de ah, todo es mentira. La empata que muestran hacia las vctimas (como si fueran vctimas de un no conflicto y del accionar de un grupo de locos) es un modo de legitimar el genocidio real: el del Estado Peruano, sus agencias y las consecuencias que dispar en un conflicto cuyo ltimo origen est a la vista de todos en la Plaza de Armas de Lima: en la casa de Pizarro construida sobre la antigua casa del caudillo de Lima y de la Catedral construida sobre el sitio espiritual de los incas, demolido y all arriba construida la cruz que puso la espada.

Hay una forma de memoria que es el olvido, y en este museo de la memoria de Lima (aunque no se llame as, funciona as) est expuesto como no lo haba visto nunca antes ni en Chile, ni en Uruguay y mucho menos en Argentina. Acaso, y no tan brutal, en el del Holocausto de Jerusaln, Palestina Ocupada.

Habr que asumir el reto y as como los compaeros pensaron la lucha en su dimensin continental (Guevara, Santucho, Sendic, Polay, etc.) y as como nosotros pensamos el Genocidio Americano como un nico acto de exterminio colonizador, ahora, que necesitamos recuperar la bandera de Unidad Americana, aquella con la que Felipe Varela convocaba a enfrentar a Mitre en la guerra de la Triple Alianza para destruir el Paraguay insumiso; ahora necesitamos una nica memoria de todas nuestras luchas, de todos nuestros muertos, de todos nuestros hroes y annimos luchadores. Esos que salvaron el sueo eterno de la revolucin en los aos duros que precedieron a la dcada ganada que ahora volvimos a perder y que nos preparamos para otra vez reconstruir para la lucha.

Nadie lo dijo como nuestro Andrs Rivera en La revolucin es un sueo eterno () el intransferible y perpetuo aprendizaje de los revolucionarios: perder, resistir. Perder, resistir. Y resistir. Y no confundir lo real con la verdad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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