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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2019

Crisis del partido socialista: un nalisis del pasado presente y futuro

Rodrigo Muoz Baeza
Revista Rosa


Mientras unos estn arriba y otros estn abajo, sucesivamente, pero nadie se la juegue por romper la rueda, la decadencia va a continuar su camino. La frmula refinada de despolitizacin de los espacios, apoyada en el clientelismo y en el faccionalismo, est afectando significativamente la confianza en s misma del Partido, tomando en cuenta la relevancia de esta herramienta para la democracia y la izquierda chilena.

Hasta antes de mayo, todo haca presagiar que las elecciones internas del Partido Socialista (PS) seran un mero trmite. La reeleccin de lvaro Elizalde a la cabeza de la directiva, antes que por aclamacin popular, se vea descontada por ausencia de contrincante desde la disidencia.

Si bien no haba tenido una gestin destacada, bajo su direccin el PS logr salvar los muebles de la ltima presidencial con una buena eleccin parlamentaria, alcanzando a navegar en medio de los vientos identitarios de la oposicin y concretando encuentros con otras formaciones a nivel parlamentario -luego del paso en falso de Convergencia Progresista-.

An con la sorpresiva asuncin de Maya Fernndez como rival, las semanas de campaa no se caracterizaron por un enfrentamiento mayor, en el que el debate de ideas o proyectos pudieran justificar una diferencia sustancial con el senador del Maule. Todo lo contrario, las discrepancias se centraron en discutir si el Partido Socialista era o no irrelevante, o quien se aproximaba ms al exitoso tipo de liderazgo que ha ejercido Pedro Snchez en el PSOE.

No fue una disputa entre clivajes de nuevo y lo viejo, entre la radicalidad y la moderacin, entre lo tico y lo no tico, entre pro-Concertacin o pro-Frente Amplio, incluso el espurio militante-ficha o militante-real, bsicamente porque ambas propuestas tenan repartidos en su interior todas estas expresiones.

Sin embargo, luego del da de la eleccin, nos encontramos de golpe con el bochorno de la demora en el conteo, una andanada de declaraciones cruzadas y una dosis de indolencia de la burocracia partidaria. Y como cada da puede ser peor, creci exponencialmente el dao con el reportaje sobre San Ramn y los presuntos vnculos narco-polticos.

Esto desata una de las peores crisis del Partido Socialista desde la vuelta a la democracia y, con ello, la posibilidad de apuntar sus dardos: la Mesa Directiva, el Tribunal Supremo, el Servel, la ley de partidos polticos, el sistema de elecciones paritario, incluso al leninismo le lleg un manotazo.

Esta debacle politica y moral es la expresin de algo larvado que, de alguna manera, se vea venir y pocos le pusieron atajo, como reconoci hidalgamente Gonzalo Martner. Cmo llegamos a esto? Son variados los factores que pueden explicar la situacin, pero todos ellos pueden condensarse en una continua despolitizacin del Partido Socialista, producto de la ausencia de un proyecto poltico propio, y una organizacin capturada por el clientelismo y el faccionalismo. Ideologa y praxis en bancarrota.

PASADO

Una vez de vuelta en democracia, el socialismo retom -con la reunificacin- su caracterstica vida de tendencias. Ello se dio a partir de un consenso que situ a la renovacin socialista como triunfadora en lo doctrinario, pero no as en las valoraciones orgnicas leninistas reivindicadas por la tradicin almeydista.

A la par de esto, se fue dando un cambio desde un partido de cuadros -en la clandestinidad- hacia uno de masas, ms democrtico y abierto a la sociedad. Eso conllev cambios, donde no existieron lmites para poner condiciones a la militancia, y se termin facilitando un sistema en favor de dirigentes locales, que en principio trabajaban para liderazgos nacionales.

Hay un punto, hacia el final de la poca concertacionista, donde se cruzan la descomposicin progresiva de una parte de la lite socialista y la rebelin de los operadores que mantenan el control de los territorios electorales. Estos ltimos buscaron subvertir el orden, valindose de diversos medios bajo la tesis de que las clases populares se deban tomar el poder partidario, desbancando al baronaje.

Como producto de la maquinaria politica -sin ideologa y sin militancia-, se fueron construyendo redes y circuitos que pertenecieron a ellos, muchas veces aprovechando la vulnerabilidad social. As aparece la inscripcin masiva para controlar las elecciones internas y, una vez en cargos, un uso intensivo del clientelismo, valindose de oficinas estatales, parlamentarias y municipales de distinto nivel, con la consiguiente distorsin de las reglas democrticas[1].

Esto fue funcional para algunos caudillos, a pesar de existir transgresiones a la tica. La multiplicacin de corruptelas variadas, y en algunos casos extremos, la connivencia con lo delictual, esto se fue aceptando como forma de acumulacin de poder en la interna partidaria. As se lleg a un padrn de ms de 120 mil militantes, siendo el Partido ms grande de Chile junto con la Democracia Cristiana.

Ya en 2015, con la crisis del financiamiento irregular de campaas, se convoca a la comisin Engel y, dentro de las medidas para una mejor politica, se propone limpiar los abultados padrones de los partidos. Ante la sospecha, se propone un refichaje total para refrescar los partidos -con la consecuencia secundaria de reducir el poder de los operadores- y acceder, de esa manera, al nuevo financiamiento pblico.

El problema es que este proceso no implic una depuracin de los padrones a militantes puros y sinceros. En el Partido Socialista solo una mnima fraccin de lo requerido correspondieron a antiguos militantes. Ante la falta de una poltica desde PS para volver al Partido a fichar, para llegar a la cifra algunos sectores internos echaron mano a sus operadores y las practicas antes descritas. Resultado: hoy representan quienes adhirieron previo al 2016 cerca de un 20% de los 40 mil militantes del PS. Por ende, en una muestra de gatopardismo, cambi todo para que nada haya cambiado en realidad.

El caso de San Ramn -no el nico, por cierto- es justamente expresin de los fenmenos que hemos descrito: un alcalde, de una comuna relativamente pequea en Santiago, que maneja un caudal de votos, hasta el punto de armar su propio lote interno luego de rebelarse. No bastando eso, extiende su mano a otras zonas populares del sur y norte de la regin, y as se constituye en un dirimente de elecciones.

PRESENTE

En esta historia tienen mucho que ver la forma en la cual informalmente se ha organizado el Partido Socialista desde la vuelta a la democracia, a travs de los llamados lotes internos. Si bien desde su creacin el PS ha tendido a reunirse en colectivos de diversa identidad doctrinaria o social, su constante degradacin, desde las tendencias o corrientes[2], a meros grupos de inters, fueron produciendo una concentracin en la maquinaria necesaria para ganar ms puestos en el comit central y un consecuente abandono del protagonismo intelectual, as como cierta aversin a la revisin crtica de su actuar.

Algunos achacan esto a que las transformaciones sociales influyeron en la subjetividad militante. Sin embargo, ya en 2009 se adverta[3] sobre un cambio importante en los elementos que definan las diferencias entre los grupos internos del PS. Subsumiendo la importancia de los aspectos ideolgicos y programticos, se anteponan contrastes sobre cuestiones estratgicas o tcticas, tales como la relacin con el gobierno de turno, o la forma de articular al Partido con el resto del oficialismo.

A la par, se desarroll una dinmica electoral en que los lotes internos organizaban sus alianzas segn las circunstancias, por lo que, en la disputa por la conduccin socialista, era posible cualquier tipo de alianza instrumental entre estos grupos.

No obstante esto, la mantencin del PS sobre la lnea de flotacin durante la ltima dcada estuvo anclada en la capacidad de la dirigencia de equilibrar las fuerzas. Sin embargo, con una mayor difuminacin de las fronteras entre estos sectores internos de cara al ltimo torneo electoral, se dio un paso, transversalmente, a que se vieran enfrentados personalismos, y se generaran nuevos quiebres, que fragmentaron una estructura acostumbrada a cinco familias.

Esto tiene un smil con el pentecostalismo chileno[4], en cuanto a la generacin de una serie de acontecimientos cismticos que van dando una apariencia de diversidad que no es real. Las coyunturas de nacimiento de una faccin, ya sea por quiebres con las viejas corrientes o por la emergencia de nuevos colectivos, se hacen dando un nfasis en las distinciones con las facciones ya consolidadas, pero a medida que la nueva faccin se va acomodando a las estructuras de poder partidario, la distincin va perdiendo la relevancia de un principio.

Una vez tenida como norma entre los lotes internos que los aspectos ideolgicos y programticos compartidos son los derivados de los postulados de la renovacin socialista, pareciera que el ncleo terico que logr hegemonizar parte importante del Partido Socialista durante sus ltimos 40 aos se encuentra agotado, o ms bien, estancado[5].

Aqu entramos a cuestionar la falta de posiciones internas en el PS y la despolitizacin que se origina, a partir del clientelismo intenso y el faccionalismo invertebrado. No sera justo decir que el Partido deriv en lo que es hoy responsabilizando a una teora y accin politica como la renovacin socialista, pero s es parte de los derroteros de la organizacin el triunfo de este discurso sin ningn cuestionamiento.

Ello no deja de estar imbricado con los aprietos de las izquierdas internacionales, despus de la cada del muro de Berln -que afecta a la izquierda comunista- y la crisis financiera de 2009 -que daa profundamente a la socialdemocracia europea-, sumado al fin de la dcada dorada del progresismo latinoamericano.

Si bien en su minuto la renovacin fue un momento de recuperacin del pensamiento, revisando las alianzas hacia una mirada ms abierta y un PS en lnea con los movimientos contemporneos, la incapacidad de plantearle una anttesis y generar una dialctica, limita la posibilidad de un desarrollo para echar a andar un PS que sobreviva como instrumento.

Lo anterior tiene expresin en los ltimos eventos partidarios, que no se destacaron por el choque de posiciones ni debates profundos sobre lo que implicaban las posiciones adoptadas, sino por la unanimidad y el consenso en los puntos ms lgidos.

El feminismo, el desarrollo sustentable, la politica de alianzas, la crisis de la izquierda, nada de eso ha sido materia de alguna clase de reflexin conflictiva, a pesar de haber tenido una Conferencia de Programa y un Congreso Ordinario durante el ltimo ao, instancias que histricamente han sido de choque para la definicin de las lneas polticas.

Esto se suma a un funcionamiento defectuoso de las instancias del Partido en el ltimo bienio, donde las comisiones polticas slo toman vida cuando se acercan las definiciones de candidaturas, y en particular en los plenos del comit central, que han tenido como puntos ms altos cuestiones de burocracia interna y transparencia pblica. En suma, no hay en propiedad decisiones polticas, sino reacciones ante la contingencia o gestos vacos que carecen de una definicin ideolgica o programtica que marque el rumbo del Partido. En eso, oficialistas y disidentes pueden acordar tablas en el marcador.

FUTURO

Hacia dnde debera ir el PS luego de esta eleccin? La esperanza debe estar puesta en que el socialismo histricamente ha sido una fuerza de caractersticas schumpeterianas: su motor est en el desarrollo de una destruccin creativa de su status quo. Eso ha permitido al Partido avanzar frente a situaciones que le han exigido adoptar nuevas tesis, con los costos polticos que ello implique para quienes lideran estos procesos.

Hasta ahora, el socialismo chileno ha sorteado sus dificultades gracias a la fuerza en el imaginario popular de Michelle Bachelet, asunto que se logr prolongar en la izquierda con Isabel Allende y su presidencia en el PS. De esa forma, no slo pudimos ganar tiempo, sino que tambin marcaron un ltimo influjo energtico potente. Pero ya es hora de enfrentar seriamente la dificultad de carecer un proyecto poltico y soportes ideolgicos adecuados, y una prctica que desvirta cualquier proceso democrtico.

Con los problemas en que convive hoy el Partido, debera avanzar hacia una reconfiguracin de los lotes y de las dinmicas personalistas, incluso propendiendo a un esfuerzo de fusin. Esto con la idea de recuperar la diferenciacin y las corrientes de pensamiento en base a puntos en comn en ciertas temticas, ideas o proyectos. Las fuerzas centrifugas de los caudillajes deben ser quebradas, para lograr cierta unidad al interior del socialismo, en los mrgenes de la informalidad partidaria.

En la lnea con lo anterior, el alejamiento y rechazo al pensamiento y la intelectualidad son elementos que deben ser tomados en serio. La politica no es tan slo un mero juego de fichas, sino que se debe reafirmar a las mentes que permiten una visin ms all. Ocurre lo mismo con los movimientos sociales, donde el PS est presente en el mundo feminista, sindicalista, estudiantil, medioambiental, indgena, pero yacen subterrneos a la formalidad partidaria y, por tanto, fuera de la construccin de cualquier proyecto. La apertura se hace necesaria para mantener la vitalidad de pensar en Chile y el mundo.

En ese sentido, parece claro que, para la reconstruccin de un proyecto en el Partido Socialista, es necesario un anlisis crtico del proceso cultural y poltico de la renovacin socialista, asumiendo que ya es historia, como sealo Arrate[6]. Fue un soporte que signific mucho para el termino de la dictadura y los albores de la democracia, pero tal vez ya no para un mundo que enfrenta otras contradicciones. Qu requerimos para un post-neoliberalismo?, Eugenio, Lorca, Almeyda, Altamirano, Lenin, Berstein, Gramsci, Keynes, China, Nueva Zelanda, utopa, ciencia, nrdicos, populistas?

En eso, la reflexin con el espectro socialista del Frente Amplio -influenciado por tendencias libertarias y autonomistas- debe ser ms cercana, en especial porque en importantes franjas de los nuevos partidos (CS, RD y Comunes) se comparte este tronco. A su vez, tampoco han estado inmunes de los problemas de la divisin constante y, con el mayor acceso a cargos populares y el crecimiento de su densidad, es probable que enfrenten a fenmenos como el clientelismo y los operadores.

Ahora, volviendo al PS, mientras unos estn arriba y otros estn abajo, sucesivamente, pero nadie se la juegue por romper la rueda, la decadencia va a continuar su camino. La frmula refinada de despolitizacin de los espacios, apoyada en el clientelismo y en el faccionalismo, est afectando significativamente la confianza en s misma del Partido, tomando en cuenta la relevancia de esta herramienta para la democracia y la izquierda chilena.

Se ha hablado de variadas propuestas, desde el mbito legislativo (reformar la ley de partidos o la gestin municipal) a lo disciplinario (expulsiones de involucrados o auditorias de padrn), pasando por lo estatutario (cambios al Tribunal Supremo o volver a la pre-militancia). Sin embargo, lo ms preocupante es que nadie le pone coto, en la ideologa y en la praxis, erigiendo muros con aquello que hoy nos parece condenable. Es la voluntad y la decisin lo que hay que traer de vuelta.

Por lo dems, quienes hemos participado en los movimientos sociales de los ltimos aos sabemos que el socialismo no est encerrado en calle Paris. Es la principal casa, la de Allende, sin embargo, hay un ideario socialista que se mueve en diferentes espacios, que fluye en distintos mbitos y que tiene un sentido en la sociedad chilena. En eso, es a la Juventud quien le cabe una responsabilidad de ser la mosca en el odo y de internalizar algunos de los temas aqu descritos, sino poco Partido le cabera construir a partir de la actual y futura situacin.

Un conocido dirigente deca en estos das que el Partido Socialista no se destruye, el socialismo no se destruye. Esperemos que se salve de s mismo y sus lgicas.

[1] Fredy Cancino. Patrones y clientes. El Mostrador. http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2019/06/28/patrones-y-clientes/.

[2] Vctor Muoz Tamayo. El Partido Socialista de Chule y la presente cultura de facciones. Un enfoque histrico generacional (1973-2015). Revista Izquierdas vol. 26 (2016); Vctor Muoz Tamayo. Militancia, facciones y juventud en el Partido Socialista Almeyda. Revista Izquierdas vol. N37 (2017).

[3] Ricardo Gamboa, Rodrigo Salcedo. El faccionalismo en el Partido Socialista de Chile (1990-2006). Revista de Ciencia Poltica, vol. N29, N3 (2009).

[4] Miguel Angel Mancilla y Luis Orella. Itinerarios del pentecostalismo chileno (1909-2017). Revista Nueva Sociedad, vol. 280. (2019)

[5] Francisco Melo. A 40 aos de la ruptura: un examen de la renovacin del socialismo chileno. El Desconcierto. https://www.eldesconcierto.cl/2019/04/09/a-40-anos-de-la-ruptura-un-examen-de-la-renovacion-del-socialismo-chileno/

[6] Jorge Arrate. Socialistas (5): Despus de la renovacin. El Mostrador https://m.elmostrador.cl/noticias/opinion/2006/02/28/socialistas-5-despues-de-la-renovacion/

Rodrigo Muoz Baeza es licenciado en Ciencias jurdicas y Sociales de la Universidad de Chile, y actual Vicepresidente de la Juventud Socialista de Chile (JS) y de la Unin Internacional de Juventudes Socialistas (IUSY).

http://www.revistarosa.cl/2019/07/01/crisis-del-partido-socialista-un-analisis-del-pasado-presente-y-futuro/


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