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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2019

Espaa
Lo secundario no puede ser lo primero: que discutan qu hacer y luego con qu ministros hacerlo

Juan Torres Lpez
Ganas de escribir


Cuando en diciembre de 2015 se celebraron elecciones generales en nuestro pas, los dos grandes partidos sobre los que haba descansado la gobernabilidad del Estado desde los aos 80, PP y PSOE, estaban mucho ms que tocados del ala. Hicieron frente a la crisis con decisiones claramente impopulares sin apenas tomarse la molestia de justificarlas seriamente ante la poblacin y ambos, aunque sobre todo el PP, aparecan claramente como los responsables de la corrupcin generalizada y vergonzosa que se extenda por todos los rincones de Espaa. Gritando no hay pan para tanto chorizo o no nos representan, quiz la expresin ms penosa y clara de la degeneracin de una democracia, millones de espaoles proclamaban su indignacin y su firme deseo de que las cosas cambiaran.

Como se esperaba, en aquellas elecciones se produjo una debacle de esos dos grandes partidos y emergieron con fuerza otros dos (Podemos que ya haba tenido una exitosa irrupcin en las europeas de 2014 y Ciudadanos), implcitamente llamados por el electorado para liderar la regeneracin de nuestra vida poltica.

Podemos haba nacido con la pretensin de llevar a las instituciones el espritu del 15-M, una aspiracin que haba generado un autntico pavor en los entramados del poder y que provoc, desde el primer momento, un ataque brutal, sin ningn tipo de escrpulos y sin igual en esta etapa democrtica de Espaa, contra ese partido y sus dirigentes. Ciudadanos, por el contrario, era un producto ambivalente. Por un lado, el resultado de ir ms all de sus orgenes para satisfacer el deseo sincero de regeneracin proveniente de buena parte del centro derecha espaol, e incluso de algunas franjas de la izquierda ms moderada (de hecho, lleg a declararse como una organizacin de inspiracin socialdemcrata). Pero, por otro, y siguiendo el deseo que haba expresado el presidente del Banco de Sabadell (necesitamos un Podemos de derechas), pronto se redise para que sobre todo fuese un contrapeso teledirigido ante el peligroso avance de Podemos.

Los dos partidos (aunque, por entonces, ms Podemos que Ciudadanos) eran la esperanza de quienes deseaban un cambio en Espaa que acabara con la corrupcin y que abriese un horizonte ms limpio, diferente y dialogante. Sobre todo, cuando el problema cataln se empezaba a enconar peligrosamente por la poltica tan irresponsable que haba mantenido y mantena el Partido Popular.

Aunque ambos tuvieron un magnfico resultado viniendo de la nada ninguno de los dos estuvo en condiciones de imponer su hegemona en 2015 y, en lugar de jugar inteligentemente sus bazas para crear mejores condiciones presentes y futuras para la regeneracin, los dos se condujeron con una torpeza casi perfectamente paralela que termin dando aliento a los partidos a los que supuestamente pretendan sorpasar. En lugar de reconocerse mutuamente como los polos emergentes de la regeneracin, mostraron una incompetencia y una inmadurez atroz, se dedicaron a reproducir los vicios de la poltica que tanto haban criticado y se centraron en negar uno a otro el espacio que cada uno ocupaba, sin darse cuenta de que as slo se iba a conseguir que implosionara el de los dos, el de la regeneracin en el que supuestamente ambos venan a ubicarse.

En lugar de generar un discurso y ofrecer propuestas de mayoras, ambos se han radicalizado. Podemos, alejndose de sus planteamientos fundacionales y adoptando una estrategia completamente contraria al sentido comn: asumiendo formas y comportamientos tribales de extrema izquierda para defender propuestas cada vez ms moderadas, es decir, con guante de hierro y puo de seda. Y Ciudadanos acompaando a la extrema derecha y emulando su nacionalismo ms rancio y excluyente. Ninguno de ellos ha sido capaz de aprovechar estos aos para consolidar la suficiente implantacin territorial que necesita un autntico partido de Estado. Los dos han ido perdiendo tambin a buen nmero de sus dirigentes fundadores, y uno y otro han terminado siendo la fuente de alimentacin que ha permitido que el PP y el PSOE no slo no se hundan sino que comiencen a levantar cabeza. Tanto Podemos como Ciudadanos, que nacieron con un empuje inusitado y en una coyuntura en la que sus adversarios estaban en crisis terminal, han resultado ser, al final, una especie de brazo torpe de la poltica espaola. Nunca se haba visto dilapidar en tan poco tiempo y con tanta incompetencia un capital poltico tan grande. Aunque tambin es justo reconocer que hay una diferencia sustancial en ambos casos: mientras que los errores de Podemos se han producido en un contexto de ataque continuado y muchas veces deshonesto del poder real, Ciudadanos los ha ido cometiendo a pesar de tener toda la ayuda posible, en los medios y desde el poder econmico.

Parece como si Podemos y Ciudadanos se hubieran empeado en mostrar al electorado que son fuerzas intiles, que ni comen ni dejan comer. Y a buen seguro que lo han conseguido. Podemos lo demostr claramente en 2015 y Ciudadanos en Catalua, cuando no fue capaz de hacer absolutamente nada despus de haber ganado las elecciones.

Los resultados de las ultimas generales (y de las municipales, autonmicas y europeas) son la consecuencia de esa incompetencia. En la ciudadana no ha desaparecido el deseo regenerador que impide que los grandes partidos tengan el apoyo electoral que hasta 2015 haban tenido. Pero ni Ciudadanos ni Podemos son ya quienes puedan presentarse como referentes o piezas clave para regenerar nuestra vida poltica. No han aprendido la leccin y sus dirigentes reproducen una estrategia que no slo les produjo un dao poltico enorme a sus organizaciones sino que tuvo un coste muy grande para la inmensa mayora de los espaoles. No hay mejor prueba de ello que la vergenza para Espaa de tener un gobierno que acababa sus funciones censurado por corrupto mientras su presidente hua del hemiciclo para irse a comer y a beber whisky.

La estrategia actual de Ciudadanos es sencillamente incomprensible. Si Rivera simplemente se hubiera callado la boca cuando dijo que nunca pactara con el PSOE, ahora casi con seguridad que estara negociando un gobierno bastante estable (no digo que lo mejor o lo que ms me guste) en el que podra ser si lo quisiera su vicepresidente. Su empeo en irse hacia la extrema derecha lo va a hundir electoral y quiz personalmente y, como en Barcelona, va a provocar que en Espaa ocurra lo que que su partido dice que quiere evitar que ocurra. Un desatino, se mire por donde se mire.

El caso de Podemos es algo ms complicado, pero igualmente desquiciado. Si su empeo es realmente el de lograr que el nuevo gobierno del PSOE avance socialmente y adopte medidas transformadoras lo que debera preocuparle no es entrar en l con ms o menos ministros (y mucho menos que concretamente Pablo Iglesias lo sea), que es lo secundario. Lo primero debera ser acordar y afianzar con el PSOE un pacto de legislatura que contenga las medidas que puedan permitir mejorar las condiciones de vida, nuestras cuentas econmicas (estamos sentados en una bomba de deuda que estallar a poco que suban los tipos de inters), reorientar en lo posible nuestro modelo productivo y aprovechar la coyuntura internacional y sobre todo europea para lograr ms capacidad de maniobra y reglas de juego ms favorables Con un pacto previo de esa naturaleza se podra dilucidar con realismo (y no a priori) si interesa o no entrar en un gobierno en donde no se puede ser un electrn libre sino una pieza ms y disciplinada de la estrategia general que marca (como no puede ser de otro modo) el presidente del PSOE. Y as, adems, si se decidiera que Podemos debiera tener algn ministerio, sera mucho ms fcil que la opinin pblica y los grupos de poder entiendan que eso es lo que mejor conviene a los intereses de la mayora de los espaoles. Tal y como se est haciendo, lo que ms bien se provoca es vergenza ajena viendo a sus dirigentes implorar un ministerio para Iglesias, como ya ocurri en 2015.

Los dirigentes de Ciudadanos y de Podemos se equivocan de nuevo y vuelven a pasar la factura de sus errores al resto de los espaoles. Pero el hecho que ambos hayan cado en la trampa del PSOE no quiere decir que ste ltimo lo est haciendo completamente bien. Va buscando gobernar con las menores ataduras posibles, y est en su derecho, pero no debera olvidar que eso tambin tiene un coste para Espaa porque significa estar dispuesto a entrar en una legislatura loca, de geometra mucho peor que variable, y en la que apenas se podrn llevar a cabo los cambios de envergadura que son necesarios. Pedro Snchez tiene la obligacin de poner por delante sus pretensiones y a lo que est dispuesto a llegar. Es inevitable que lo haga al someterse a su posible investidura y slo entonces se podr evaluar si conviene que haya o no ministros de uno u otro partido.

 

Fuente: http://www.juantorreslopez.com/lo-secundario-no-puede-ser-lo-primero/


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