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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2019

Sentido de la responsabilidad

Julio Anguita
El Economista.es


La izquierda ha sufrido en las dos ltimas consultas electorales una derrota sin paliativos. Este hecho, con ser grave, no lo es tanto como lo que est empezando a desatarse en el seno de las dos principales fuerzas coaligadas: la impoltica sed de venganza, ligada a una suicida e incipiente dispora. Qu hacer?

A mi juicio, y con la contencin y serenidad debidas al momento, se impone una reflexin organizada y lo ms amplia posible para fijar la respuesta colectiva a tres preguntas:

Qu queremos? El proyecto concreto que nos une. Con quin y cmo? Con qu tipo de organizacin para todo el territorio nacional?

Despus de haber llegado a una conclusin comn, o al menos muy mayoritaria, habr llegado la hora de relevar o mantener parcial o totalmente a los equipos de direccin. Pero no antes.

La primera seal de que se abre un perodo de reflexin colectiva, que estimule y galvanice a la muy desmoralizada militancia, sera la convocatoria de una consulta interna vinculante sobre el apoyo a la investidura y, adems, sobre la insistente peticin de entrar en el Gobierno de Snchez. Y la razn de la propuesta no es tanto el saneamiento y revitalizacin de la confluencia y de las fuerzas polticas que la componen como la de evitar que se autodinamite la nica organizacin que claramente se ha puesto del lado de los damnificados por las polticas econmicas y sociales del bipartito reformador del artculo 135 de la Constitucin. Cuando terminen las idas y venidas mediticas y polticas sobre la conformacin de los gobiernos -central, autonmicos, municipales, diputaciones, juntas y cabildos-, volvern a cobrar protagonismo los desahucios, el precio de la luz elctrica, las pensiones, la precariedad, la vivienda, la fagotizacin de lo pblico por parte de lo privado, la fiscalidad regresiva, el poder omnmodo de la banca, etc. etc. etc. Y entonces quin o quines mnimamente organizados en poltica se opondrn a ello, tanto en las instituciones como en la calle con los afectados? La izquierda que se autodenomina transformadora no tiene derecho a permitirse juegos mediticos, escisiones precipitadas, infantilismos de terruo y campanario o nuevos diseos para un espectro electoral de supermercado.

La izquierda que quiera ejercer de ello tiene ante s una travesa del desierto, que ser fructfera si asume que para ella los procesos electorales no son otra cosa que el examen al que se somete para ser evaluada sobre su trabajo de hormiguita en la sociedad y en las instituciones.

Y todo ello con un discurso y una prctica claros y de alternativa programtica, poltica, tica y de valores.

Artculo publicado en El Economista.es


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