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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2019

Entrevista a Henry Mora Jimnez
"Socialismo con mercados": subordinar el mercado a un proyecto social de reproduccin ampliada de la vida

Dayron Roque Lazo y Wilder Prez Varona
La Tizza


Un proyecto socialista que sea crtico del mercado, pero que no se proponga abolirlo pues el siglo XX ha mostrado el precio histrico de ese utopismo abolicionista; una descripcin del capitalismo como un sistema de explotacin del trabajo y de depredacin de la naturaleza y de pauperizacin de la dignidad de las personas, en especial de las mujeres; la necesidad de una teora crtica de regulacin socialista de los mercados y el papel de las utopas en el pensamiento de izquierda contemporneo fueron algunos de los temas abordados por el profesor costarricense Henry Mora en conversacin con La Tizza.

Socialismo con mercados o socialismo de mercado?

La Tizza (LT): Vamos a partir del ttulo mismo del curso que acaba de impartir, Socialismo con mercados: el socialismo es un trmino polismico, debido a su propia historia, a lo que se ha identificado como socialista. Su uso ha abarcado a una amplia diversidad de movimientos, instituciones, partidos polticos, revoluciones y revolucionarios En ese sentido, nos interesara que nos explique cmo entiende un proyecto socialista de sociedad y la manera en que asume la definicin de Franz Hinkelammert del socialismo como un modo de produccin moderno.

Henry Mora (HM): En nuestro libro conjunto, Hacia una Economa para la vida, Franz y yo proponemos que lo que en realidad define el carcter socialista de las relaciones de produccin es la libertad efectiva de actuar en contra de la lgica de las relaciones mercantiles y de orientar su accin hacia la racionalidad econmica reproductiva. La lgica totalizante de las relaciones mercantiles conduce hacia la irracionalidad econmica, y solo el carcter socialista de las relaciones de produccin es capaz de lograr una orientacin racional. Ms aun, el socialismo es la sociedad que, de manera consciente, reconoce y lucha contra los efectos enajenantes de la institucionalizacin de las relaciones humanas, no solo la producida por el mercado. Para entender esto, hay que partir de la idea de que no puede haber no-institucionalizacin; ya que nicamente bajo un concepto trascendental de orden espontneo habra no institucionalizacin, lo que habra sera espontaneidad pura, relaciones humanas subjetivas puras sin ningn tipo de objetivacin pero eso es un mundo trascendental que llamamos orden espontneo; sin embargo, en la realidad a lo que nos enfrentamos es al desorden espontneo. Y es de esta dialctica entre orden espontaneo concepto trascendental y desorden espontneo abstraccin real de donde se produce, se tiene que producir, la institucionalizacin de las relaciones humanas. Por eso las instituciones tienen un lado positivo, al permitir sin estar garantizado un equilibrio entre el orden y el desorden.

Ah! Lo que sucede es que ese ordenamiento o intento de poner orden en las relaciones inter humanas para evitar el caos tiene consecuencias, a veces consecuencias irremediables: tiene que ver con la constante enajenacin y fetichizacin de esas instituciones en la subjetividad humana. Esas son las razones que nos llevan a definir una sociedad socialista como una sociedad que; en primer lugar, tiene consciencia de que, en efecto, tal proceso de fetichizacin y enajenacin existe y es consustancial a la dialctica de la historia, y que se trata, incluso de una dialctica trascendental; y que, adems, tiene que luchar, de manera permanente contra esos efectos de enajenacin y fetichizacin. Es una dialctica obviamente contradictoria porque no podemos vivir sin institucionalizacin, pero tampoco sin estar, de manera constante, criticando y rebelndonos contra los efectos enajenantes de la institucionalizacin. De modo particular en el socialismo, hay un tipo especfico de institucionalizacin, que lo defini en su origen: la lucha contra la institucionalizacin de los efectos del mercado. Desde esa perspectiva, una sociedad socialista es una sociedad que busca, de modo consciente, trascender las limitaciones al desarrollo humano provocado por la fetichizacinde las relaciones mercantiles, de los efectos del mercado; y, al intentar esta trascendencia (que es una trascendencia en la inmanencia, no en el ms all), no puede caer en la tentacin o en la ilusin trascendental de que esas relaciones mercantiles y el mercado, por extensin pueden ser simplemente abolidas por un mero acto de voluntad.

Es en ese sentido que la crtica del mercado y del capitalismo que aparece en Hacia una economa para la vida, es una crtica radical, porque no nos andamos con cortapisas en relacin con los efectos entrpicos del mercado aunque a veces se confunden con efectos que son ms generales, como es el caso en el uso fragmentario de la tecnologa, que es propio de todos los sistemas de divisin social del trabajo con coordinacin coactiva y ex post, no solo de las relaciones mercantiles; a la vez que reconocemos el papel que han desempeado en la historia las relaciones mercantiles y que ubicamos su inicio tal como de manera muy temprana lo afirm Franz Hinkelammert, en la creciente complejidad de las sociedades y los problemas asociados a la resolucin de un problema de falta de informacin; de ah que resulte paradjico estudiar los mercados a partir del concepto de mercados perfectos, lo que supone conocimiento perfecto, cuando los mercados surgen precisamente para lidiar con problemas de falta de informacin en las relaciones inter humanas. Por tampoco se trata de una crtica abolicionista: el mercado o las relaciones mercantiles tienen que desempear un papel muy diferente en el socialismo en relacin con el capitalismo; y eso con las diferenciaciones muy claras que expusimos en el curso: por ejemplo, la diferencia entre propiedad privada y propiedad privativa. No estamos hablando, desde esta concepcin del papel de los mercados en el socialismo, de un rgimen de propiedad privativa, es decir, un rgimen de propiedad con monopolio de los medios de produccin y de los medios de vida. Una sociedad, un proyecto socialista que acepte ya que, en efecto, en la prctica real no ha habido posibilidad de no hacerlo la existencia de relaciones mercantiles, pero que no acepte que la propiedad que ordene las relaciones sociales o la economa, sea una de propiedad privativa, tal como s ocurre en el capitalismo. El ordenamiento de los mercados es un asunto esencial; tanto, que la incapacidad para ordenar los mercados fue una de las razones una, reitero que llev al colapso del socialismo en la URSS. Por qu? Porque si bien en la prctica se aceptaba la coexistencia de las relaciones mercantiles con la planificacin no haba de otra, en la teora haba una tendencia a negarlas, a pensar que esa existencia era un residuo, una reminiscencia del pasado, un mal necesario, que en algn momento ms pronto que tarde tendra que terminar: esa era la tesis de la abolicin de las relaciones mercantiles y, por extensin del mercado tambin, en el mismo supuesto, del Estado. Esta era una tesis que Carlos Marx comparta con el anarquismo, y que, es justo decirlo, est presente en el marxismo clsico, aunque en el tomo III de El Capital surge la duda de si el reino de la libertad implicara la superacin definitiva del reino de la necesidad.

Y sobre el concepto de modo de produccin moderno En sus primeros escritos Franz Hinkelammert usa ese trmino modo de produccin moderno para referirse tanto al capitalismo como al socialismo; y para indicar que ambos, aunque de manera muy distinta, se basan en la produccin de mercancas. Esta idea fue transformada con el paso de las dcadas en otra idea que hoy en da est muy generalizada: que tanto el socialismo como el capitalismo son parte de un proyecto de sociedad que llamamos Modernidad, que inicia hace unos 500 aos y que tiene la pretensin de constituir la sociedad a partir de los intereses egostas de los individuos o lo que Franz llama, el clculo propio de utilidad. Quizs, en este sentido, el concepto de modo de produccin moderno debera reformularse, porque, en esa perspectiva no estaramos de acuerdo con la idea de que el socialismo tambin se constituye a partir de los intereses individuales, pero sigue siendo un modo de produccin moderno si reconocemos que tambin se asienta en la produccin de mercancas.

La Tizza: Sobre la base de lo que acabas de decir, en particular de la necesidad de las relaciones mercantiles en el socialismo; cmo fundamenta la distincin entre socialismo de mercado y socialismo con mercado?

Henry Mora: Esa es una distincin muy importante; no es un asunto menor, ni de nomenclatura. El socialismo de mercado fue una respuesta, ya vieja, que surgi de la discusin que hubo en los aos treinta del siglo xx sobre si era factible o no una sociedad socialista. Los ultraliberales estilo Hayek y von Misses decan que una economa socialista no era factible porque no era capaz de resolver el problema del clculo econmico, que, desde su perspectiva, solo tena solucin a travs del mecanismo de los precios. Hubo economistas como Oskar Lange polaco, muy reconocido, quien tuvo una slida formacin en economa neoclsica que llegaron a la conclusin de que, en definitiva, la formulacin matemtica de un sistema de mercados y un sistema de planificacin socialista son muy similares; ya que hay ciertos indicadores en el sistema socialista que pueden desempear el papel que cumplen los precios en el capitalismo, y esos indicadores seran los costos de oportunidad, un concepto que incluso la teora econmica neoclsica luego adopta. Hay indicadores productivos que se llaman costos de oportunidad, que salen de los anlisis matemticos de programacin lineal precios sombra, y que da a entender que son equivalentes a los precios de equilibrio de mercado, en un caso se pueden obtener va planificacin, y en el otro caso se obtienen va competencia de mercados. Desde esta perspectiva, precios de equilibrio y costos de oportunidad son, en realidad, similares. Eso fundamenta en Lange la idea de una economa socialista de mercado. El problema que tiene esa propuesta es que, en ltima instancia, el libre juego de los mercados sigue prevaleciendo, aunque esas empresas tengan ahora otra naturaleza estatal, pblica, socialista lo cual no es una distincin fundamental. El problema es que el libre juego de las fuerzas del mercado sigue prevaleciendo con independencia del nombre que tengan las empresas, pblicas o socialistas. Las tendencias deshumanizantes que el mercado genera se van a desplegar ah tambin; en lugar de hacer un esfuerzo de ordenar los mercados bajo una lgica de acumulacin socialista con mercados y no socialismo de mercados. Esa diferencia es importante, por qu?, porque cuando prevalecen condiciones muy precarias de reproduccin de la vida hay una tentacin muy grande para liberar las fuerzas del mercado y con esa liberacin alcanzar algn desarrollo o rpido crecimiento que le permita a la poblacin rebasar los umbrales de la mera sobrevivencia. En fin, socialismo con mercados es, si se quiere, una verdad de Perogrullo, pero obliga a tener una teora y una praxis de la intervencin sistemtica del mercado de la que carecieron los socialismos del siglo xx, y me temo que seguimos sin desarrollarla.

Ordenar e intervenir de manera sistemtica los mercados desde el criterio de la reproduccin de la vida, no desde la lgica misma del mercado es crucial tambin para evitar o minimizar los riesgos de un resurgimiento en el socialismo de estructuras e intereses de clase asociados a la coordinacin coactiva y ex post y a la necesidad de impedir una nueva propiedad privativa. La posibilidad de atajar esas tendencias del mercado a la creacin de desequilibrios socioeconmicos es mayor cuando hay una planificacin del conjunto de la economa mas no una planificacin de toda la economa, algo por lo dems imposible en trminos prcticos. Por eso tambin es importante deshacernos de la idea de que es posible planificar toda la economa, pretensin que necesitara de seres omniscientes, porque la cantidad de informacin que se necesita es tan descomunal que solo un dios la puede conocer. Es por ello que la planificacin perfecta no puede existir, tiene ese pequeo problema: no es factible. Los problemas de informacin, de conocimiento y de adaptacin de las decisiones se pueden resolver, de manera parcial se pueden mitigar, no resolver del todo si tenemos una verdadera planificacin del conjunto de la economa, que no intente planificarlo todo, pero tampoco puede ser una simple planificacin indicativa al estilo socialdemcrata o al estilo de la planificacin que hicieron los pases capitalistas despus la Segunda Guerra Mundial. Si es una planificacin indicativa volvemos a lo mismo que criticbamos, es una planificacin voluntaria sin capacidad real de orientar el curso general de la economa. Por eso tiene que ser una planificacin donde, en efecto, haya un plan social nacional, estatal, pero desde abajo, que permita la existencia de las relaciones mercantiles y de los mercados, siempre subordinados a las metas del proyecto socialista. Esta idea es fundamental: mercados subordinados a los objetivos del proyecto socialista. Esto es lo que deca Polanyi: el mercado ha tenido la pretensin y la realizacin inaudita de que la sociedad entera puede comportarse de acuerdo con los intereses del clculo egosta, a partir de relaciones de oferta-precio-demanda; por eso l deca que tenemos que lograr que el mercado sea reincrustado dentro de la sociedad y dentro de la poltica. Eso qu significa? Que el mercado debe estar subordinado a la sociedad y a la poltica democrtica. Ahora bien, esa subordinacin no puede ahogar los aspectos positivos que el mercado tiene, no tiene sentido: para qu vamos a permitir la existencia de relaciones mercantiles si vamos a impedir que los aspectos ms favorables del mercado como pueden ser la innovacin, la creatividad, la diversificacin productiva sean reprimidos? A lo que hay que poner coto es a los aspectos que, en primer lugar, el mismo liberalismo seal como problemas de los mercados cuando estos funcionan mal: hay que evitar monopolios, corrupcin, privilegios, evitar desde luego fraudes en especial el fraude fiscal, el control fiscal sobre estas empresas debe ser muy estricto eso es vlido para cualquier economa, no solo las socialistas.

Hay que poner coto, y esto es fundamental al surgimiento, al crecimiento, a la expansin inevitable, pero controlable, de estratos socioeconmicos diferenciados y a las desigualdades que necesariamente el mercado crea. El surgimiento de esas desigualdades socioeconmicas creo que es inevitable; lo que s es evitable es que esas desigualdades se transformen en una estructura de clases sociales, en nuevas formas de propiedad privativa, con sus respectivos intereses de clases que solo ocasionalmente coinciden con el bien comn. Hay que poner a raya, poner lmites al crecimiento de esas desigualdades, y eso lo intentaron los pases socialistas. All se dieron cuenta que esas tendencias hacia las desigualdades son inherentes en cualquier sociedad donde haya un espacio importante, aunque subordinado a las relaciones mercantiles. Por ejemplo, en China hay polticas muy claras contra la corrupcin al grado de la pena de muerte; y tambin hay polticas muy explcitas por lo menos escritas, otra cosa es lo que suceda en la prctica contra el crecimiento excesivo de las desigualdades: as era en los primeros treinta aos antes de 1980, con polticas muy claras para que la desigualdad no pasara de ciertos umbrales. Cmo se lograba? Poniendo coto a los ingresos provenientes de la acumulacin, va impuestos; a la propiedad, va limitacin a la extensin de la tierra; poniendo restricciones a la salida de capital al extranjero, va impuestos o con controles ms suaves Hay muchas formas de evitar que esa creacin de estratos socioeconmicos explote; pero ello est en relacin no ya con la voluntad, sino con la capacidad poltica del gobierno y del pueblo de hacer frente a esa realidad.

El control sobre la burocracia, en el socialismo, debe provenir de la soberana popular.

La Tizza: Sin embargo, en el caso de estos socialismos histricos, esa capacidad poltica descansaba en un estrato social que era el funcionariado, encargado de regir la economa, que se eriga en un grupo social privilegiado: la burocracia. Muchas veces se ha impugnado que la burocracia posea un estatus de clase social porque no aparece como propietaria de los medios de produccin, sino que solo los gestiona, entre otras razones. Cmo argumenta la naturaleza clasista de la burocracia?

Henry Mora: Se supone que la burocracia controla el aparato del Estado y la operacin de las relaciones mercantiles; pero quin controla a la burocracia? Nadie la controlaba, se autocontrolaba, es decir, nadie. La corrupcin era generalizada. Recuerdo un hecho que me sucedi mientras estudiaba hace muchos aos en Holanda: un compaero chileno haca intentos para que su esposa, que haba obtenido un ttulo en una universidad polaca finalmente se lo dieran, y no haba forma; qu hizo?, muy fcil!, se fue para Polonia, se llev en la maleta cigarros, azcar, caf, bebidas, un montn de cosas, algo de dinero; fue por toda la cadena de quienes tenan que dar autorizaciones y todo el mundo le peda algo y as, de manera increble, logr que le entregaran el ttulo. Esto te pone de manifiesto lo que he dicho: qu control haba sobre la burocracia? Ninguno, esta se autocontrolaba! Y eso genera los problemas seriecsimos del burocratismo, la ineficiencia desbordada y la corrupcin, incluso obscena que existan en esos socialismos. Por eso insisto en que el control debe provenir de la soberana popular, porque, de lo contrario quin va a controlar a la burocracia? Si la burocracia controla los medios de produccin, si controla la coordinacin de las relaciones econmicas; entonces es una clase social, aunque no tenga la propiedad de los medios, es una clase porque al controlar los medios de produccin y de vida ostenta poderes de apropiacin y poderes de coordinacin, los mismos que en cualquier sociedad dan origen a las clases sociales con intereses particulares. En sentido amplio, es una clase, aunque le llamemos burocracia, burguesa roja o como se quiera. Esas ideas no hay que hurgar mucho en Marx para encontrarlas aunque ni l ni Engels hayan podido referirse mucho al tema dado que, como materialistas histricos ellos hicieron la crtica a la sociedad de su tiempo, el capitalismo, al tiempo que avizoraban la necesidad histrica de su superacin. Este problema del autocontrol de la burocracia del partido y del funcionariado, solo tiene solucin, me parece, desde el control que puede ejercer la soberana popular y la democracia socialista que tiene, por dems, otras condiciones, otras particularidades que son otros problemas.

La Tizza: Entonces su propuesta de un socialismo con mercados, que subordine las relaciones mercantiles a un proyecto de sociedad, a la necesidad de un plan, de un proyecto estratgico que no descansara en una capa dirigente supone pensar la planificacin de manera distinta.

Henry Mora: S, as es algunos le llaman planificacin desde abajo, como tambin existe la democracia desde abajo. Para Mao Zedong y durante la poca de Mao en China haba claridad en esto se reconoca la existencia de una contradiccin entre pueblo y burocracia, y se deca adems, que esta contradiccin puede devenir en contradiccin antagnica. Por eso haba que hacer un esfuerzo constante para luchar contra esa contradiccin, para evitar que se volviera una contradiccin antagnica; y aunque Mao no hablaba de clases sociales en el socialismo esa es una visin que se aproxima a lo que hemos planteado Franz Hinkelammert y yo. Pues s, en efecto, la planificacin en todos los pases que hicieron revoluciones socialistas o se adhirieron al sistema luego de la fundacin de la URSS, fue copiada de la Unin Sovitica, con ms o menos algunas adaptaciones. Y esa planificacin tena un problema fundamental: era una planificacin desde arriba, estaba inserta en un esquema de planificacin centralizada desde arriba, y eso fue parte del problema. Cuba adopt esa estructura de planificacin, a pesar de la discusin de mediados de los aos sesentas sobre el humanismo del hombre nuevo, aunque esa discusin nunca se termin. Hay que repensar la planificacin y ya no puede ser esa planificacin centralizada y burocratizada que heredamos de la Unin Sovitica. Y no fue eso lo nico que heredamos: tambin la concepcin sobre las empresas pblicas y la supuesta sujecin a las leyes objetivas del socialismo. Con esa concepcin queda anulada la iniciativa personal e individual; aquella que Marx y Engels dejaron claramente plasmada en el Manifiesto Comunista: En sustitucin de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgir una asociacin en que el libre desenvolvimiento de cada uno ser la condicin del libre desenvolvimiento de todos.

Quizs podamos inventar nuevas formas de liberar esas innovaciones y esa creatividad sin recurrir al mercado, tal como lo suger en el curso cuando me refer a la coordinacin voluntaria y ex ante del trabajo social, pero repito, sin pretender abolir por simple decreto las relaciones mercantiles.

Por eso yo no recomiendo ninguna apertura hacia el mercado que no parta de tener absoluta claridad de que los mercados, en efecto, por su naturaleza intrnseca, por su inercia, generan constantes desequilibrios intensos sobre las relaciones humanas y sobre las relaciones sociales. En tal sentido, la crtica al mercado es un prerrequisito para poder hacer una liberacin de las relaciones mercantiles y que logre minimizar el peligro del surgimiento de nuevas estructuras socioeconmicas y clases sociales. La teora econmica no tiene mucho para ello. La teora econmica neoclsica parte de la idea que existen mercados perfectos y mercados imperfectos, pero eso no ayuda mucho. Tiene algunas ideas bsicas: por ejemplo, para que los mercados funcionen tiene que haber la mayor cantidad posible de informacin, que esta sea lo ms simtrica posible, que fluya, que no haya monopolios, entre otras ideas. Pero ms all de eso, es poco lo que aporta la teora econmica. Hay que hacer una crtica al mercado desde una posicin emancipadora, si no corremos el riesgo altsimo de que los mercados liberados terminen reconstruyendo el capitalismo.

Una teora crtica de regulacin de los mercados para el socialismo.

La Tizza: Sin embargo, usted dijo que no tenemos, desde la teora crtica, una teora de la regulacin de los mercados. Eso pudo haber estado en la base de lo que pas en la URSS. Ahora bien, reconociendo esa realidad, le pregunto qu elementos pudiera apuntar para esa teora de la regulacin de los mercados.

Henry Mora: La teora econmica ortodoxa por lo general reniega de la necesidad de regular los mercados, porque sigue confiando en el mito de la mano invisible. Existen puntos de vista heterodoxos sobre la regulacin de los mercados keynesianos, postkeynesianos, neoinstitucionalistas, etc., pero la intervencin de los mercados que proponen es una intervencin desde la lgica misma de los mercados.

Una teora crtica de la intervencin de los mercados debe situarse a partir de otro punto de vista: el de la reproduccin de la vida humana y, por ende, de la naturaleza tambin.

En primer lugar, hay que decir, de manera tajante, que hay reas de la economa y la sociedad que no son, bajo ningn concepto, mercantilizables. El principio bsico a tener en cuenta es, repito, la reproduccin de la vida humana. Siempre que las relaciones mercantiles pongan en riesgo la vida humana y la reproduccin de las condiciones de la vida lo que incluye la sustentabilidad de la naturaleza, de la biosfera es una seal clarsima de que se ha llevado la mercantilizacin ms all de lo racional. Por esa razn, hay reas que deben ser excluidas de las relaciones mercantiles. Yo he mencionado, al parafrasear a Polanyi, el caso de los mal llamados mercados de trabajo que no es por casualidad que sea de los mercados ms regulados en los pases capitalistas, no solo por el salario mnimo, sino tambin por las condiciones y los derechos laborales. Otra rea es la propia naturaleza: la mercantilizacin de la naturaleza capital natural! conduce a su progresiva destruccin, por qu?, porque la lgica econmica del mercantilismo y del mercado en general es depredatoria de la naturaleza; no tiende a tomar en cuenta los costos de reproduccin, sino los costos de extraccin y eso implica depredacin y destruccin de la naturaleza hay otros argumentos relacionados con los distintos tiempos de reproduccin de los recursos y los ecosistemas vs la rotacin del capital.

Hasta hace unos aos, era una idea aceptada, keynesiana por cierto, que los Estados deban tener el monopolio de la creacin del dinero, as fue hasta hace unos treinta o cuarenta aos. Sin embargo, luego vino el ascenso del neoliberalismo y la eclosin financiera, se desregularon los mercados, en especial los financieros y hoy son los bancos privados los que regulan la creacin del dinero; los bancos centrales no tienen mayor papel en este proceso ms que tratar de incidir va la tasa de inters. Polanyi insista en que la desregulacin o la pretendida autorregulacin del dinero y de las finanzas es un proceso que tambin genera destruccin, en este caso, del aparato productivo, lo que se asemeja a la tesis marxista de los vnculos entre el capital productivo y el capital financiero. Y lo hemos visto, de manera reciente, en las crisis en Estados Unidos y en Europa.

Desde luego, adems de las anteriores el trabajo, la biosfera, la creacin y regulacin del dinero es fcil darse cuenta de otras reas donde la reproduccin de la vida est en peligro si se permite su mercantilizacin y su privatizacin. Es el caso del agua, es el caso de la electricidad y la energa, el caso de la ingeniera gentica que pone en juego la manipulacin del propio genoma humano orientado por la sed de ganancias. Y quin sabe qu puede salir de eso? Entonces hay reas en que hay que prohibir la mercantilizacin y la privatizacin. No obstante, en algunos casos de los que he mencionado ya existe mercantilizacin, o ha habido proyectos que han tenido que retroceder: por ejemplo la privatizacin del agua como se intent en Bolivia, o se quiere hacer, de manera velada, en El Salvador. Hay reas en las que, de manera definitiva, el mercado tiene que ser prohibido, y la produccin y el suministro e tales bienes tiene que ser por la va pblica o comunal.

Hay, por otra parte, otros sectores de actividad econmica en que la regulacin debe ser por escalas de gradacin, y ese es el caso para la mayora de los bienes. Por ejemplo, usted entra en un supermercado de un pas capitalista y ve en los estantes veinte mil, veinticinco mil bienes. La gran mayora de esos bienes lo que requieren para su produccin y suministro son regulaciones menores de carcter laboral y de carcter ambiental: las mnimas que se requieran para no expoliar la naturaleza y para no mutilar la dignidad de la persona. Pero hay otros casos, sobre todo las que tienen que ver con el uso de la tierra, en las que se requiere o se necesita una intervencin ms activa del Estado, del sector pblico, de la sociedad o de la comunidad porque no todas las regulaciones tienen que ser estatales, de hecho, un nmero importante de prcticas sociales que se generan en las comunidades son intervenciones al mercado, que no se generan desde el Estado; en este caso estoy hablando de la extensin de los latifundios, de la extensin de la siembra de ciertos productos muy nocivos para la reproduccin de la fertilidad de la tierra como se conocen algunos ya en Amrica Latina y el Caribe, como la pia en Costa Rica, una vivencia muy propia porque la gran cantidad de herbicidas, pesticidas que se necesitan terminan convirtiendo la tierra en un desierto, tras la cosecha y terminan contaminando los acuferos. Eso no se puede permitir! Si se permite es porque el poder de las grandes corporaciones capitalistas se impone sobre las necesarias regulaciones del Estado y, de manera lastimosa, tambin muchas veces sobre la capacidad de movilizacin y resistencia de las comunidades. De manera que hay distintos grados de regulacin de los mercados, que van desde regulaciones generales de carcter laboral y ecolgica hasta la suspensin misma. Pero carecemos de una teora que nos permita tener un ordenamiento de los mercados coherente con la reproduccin de la vida humana y con el rol de abastecimiento de los bienes y servicios que el mercado puede ofrecer.

El capitalismo no explota trabajadores, explota trabajo y lo hace bajo cualquier forma que le sea posible.

La Tizza: Adems de esos niveles de regulacin de que hablabas, en el curso mencion otras medidas para revertir los desequilibrios que crean los mercados: se refiri a socializar los mercados, feminizar los mercados, ecologizar los mercados. Qu significa eso?

Henry Mora: Marx estudi una forma de discriminacin muy clara que el capitalismo crea sobre las relaciones humanas: la discriminacin social debida a la relacin entre el capital y el trabajo asalariado. Esa discriminacin o desigualdad, como Marx la estudia, surge de un proceso en el que, en apariencia, se intercambia fuerza de trabajo por un salario en condiciones de igualdad, pero que oculta en un proceso de explotacin, de extraccin y apropiacin de trabajo impago. Hay que generalizar esa tesis de Marx, porque no solo existe esa discriminacin entre el capital y el trabajo asalariado, tambin hay otras formas de discriminacin, como las que la mercantilizacin y la fragmentacin tecnolgica provoca sobre la naturaleza. El uso fragmentario de la tecnologa es consustancial a cualquier sistema de divisin social del trabajo, pero bajo el capitalismo es un proceso compulsivo, por qu es compulsivo?, porque ocurre bajo la presin de la competencia entre empresas si no lo hago yo, lo hace el otro y me va a sacar del mercado, porque va a ser ms competitivo que yo, va a vender a mejores precios que yo. La presin que provoca el uso fragmentario de la tecnologa sobre la naturaleza es compulsiva bajo el capitalismo, al grado que en Hacia una economa para la vida, Franz Hinkelammert y yo decimos que el clculo econmico capitalista es un clculo de pirata. Se necesita un cambio significativo en el orden mundial para poder cambiar ese sistema. Ha habido avances, pero muy parciales, pequeos en el empeo de imponer lmites a ese tipo de actuacin sobre la naturaleza. Por tanto, no solo hay que socializar los mercados, sino que hay que ecologizar los mercados. Y cuando digo ecologizar los mercados me refiero, en efecto, a los necesarios controles determinantes sobre la forma en que el capital interviene en la naturaleza, la tierra, los distintos ecosistemas, entre otros; adems, desde luego, sobre las relaciones humanas.

De igual forma decimos feminizar los mercados porque otra discriminacin que crean las relaciones mercantiles, y en particular el capitalismo, y que Marx no estudi aunque estudi muy bien la del trabajo asalariado-capital; es la discriminacin contra las mujeres. Hay un proceso de expoliacin de las mujeres que las obliga a trabajar doble o triple sin ningn tipo de reconocimiento: en primer lugar, porque en efecto realizan un trabajo imprescindible para la reproduccin social; y en segundo lugar, de que ese trabajo debe obtener alguna remuneracin. Eso ni es reconocido ni es visibilizado hasta ahora que se est incorporando en las contabilidades nacionales de algunos pases y en encuestas sobre el uso del tiempo en los hogares, en las cuales sale lo que todos sabemos que va a salir: que en promedio el 70 % del trabajo en los hogares lo hacen las mujeres. Esa discriminacin de gnero y de sexo, si bien es cierto que est emparentada con el patriarcado no es un asunto exclusivo del patriarcado, es producto de la propia naturaleza del capital. El capitalismo necesita hacer descansar la reproduccin del trabajo asalariado en el ncleo del hogar y, por tanto, en otra clase de trabajo no retribuido, y as como hace descansar la explotacin del trabajo asalariado en trabajo no retribuido, lo mismo pasa con el trabajo no retribuido de la mujer en el hogar. Es por tanto otra forma de explotacin. El capitalismo lo hace porque necesita que el ncleo familiar funcione y se reproduzca y para eso necesita a las mujeres trabajando y sin paga, y sin conocimiento siquiera de esta condicin.

Y es que el capitalismo no explota trabajadores, explota trabajo y lo hace bajo cualquier forma: trabajo obrero, trabajo campesino, trabajo infantil, trabajo femenino, trabajo bajo servidumbre. La forma corporal es casi indiferente, aunque en trminos histricos ha predominado la forma asalariada. Esa es la savia del capitalismo, sin explotacin de trabajo no hay posibilidades de acumulacin. Sin plusvalor no hay posibilidad de explotacin y eso descansa en el poder creativo y productivo del trabajo humano. No solo en el trabajador de la fbrica, incluye a las mujeres, al campesino, a los nios que trabajan en la calle y se relaciona con aquello que mencionbamos antes: los costos de extraccin como base del clculo econmico capitalista. Esas tres formas de intervencin sistemtica sobre el mercado: va socializacin, va feminizacin, va ecologizacin son fundamentales si queremos que los mercados tengan o cumplan ciertas funciones provechosas a los efectos de hacer crecer la base productiva de la sociedad y el abastecimiento de bienes, pero limitando al mximo los efectos perniciosos que genera.

La acumulacin socialista implica revertir el subdesarrollo y el desequilibrio del espacio.

La Tizza: Qu distingue al proceso de acumulacin socialista como parte de un proyecto de socialismo con mercados?

Henry Mora: En las charlas yo defina el proceso de acumulacin socialista como un perodo que se puede identificar en las distintas experiencias de los socialismos en el siglo XX. Acumulacin no en el sentido de acumulacin originaria aunque la experiencia de la colectivizacin forzosa impulsada por Stalin tuvo algunos rasgos similares a la acumulacin originaria ocurrida en Inglaterra, y que Marx estudia en el captulo XXIV de El Capital; sino en el sentido de una estrategia de revertir el subdesarrollo categora que solo tienen sentido en el marco de la expansin del capitalismo mundial creado a partir de una relacin desequilibrada en el espacio econmico entre pases de distintas caractersticas tecnolgicas y econmicas en el mercado mundial desarrollo desigual.

Revertir el subdesarrollo es, en primera instancia, introducir a los pases socialistas en un proceso de industrializacin que termine con el crculo perverso en el que los pases de menor desarrollo, pobres, dependientes, subdesarrollados, se limitan a exportar materias primas con un mnimo de elaboracin; mientras que los pases ricos nos exportan bienes manufacturados. Cul es el problema con esto que no capta la teora de la ventaja comparativa? Por qu es un problema exportar materias primas sin valor agregado o, en general productos de menos intensidad e innovacin tecnolgica? Porque si usted no elabora la materia prima, no crea el empleo que se creara al elaborar esa materia prima; y esos empleos se transfieren, a dnde?, a los centros econmicos, donde s se elaboran esas materias primas. Eso explica parte del desempleo estructural que ostentan los pases de Amrica Latina y el Caribe, cuyo vnculo con el comercio internacional se ha concentrado en exportar materias primas sin mayor grado de elaboracin. Por otra parte, si no hay elaboracin de materias primas, tampoco hay necesidad de disear, innovar y aplicar las tecnologas para la elaboracin de esas materias primas; por lo que los pases que solo exportan materias primas (y en general, repito, productos de baja intensidad e innovacin tecnolgica)no tienen ninguna capacidad de desarrollo tecnolgico autctono, como no sea transformar materia bruta en materia prima; y eso es un problema bastante serio para la dinmica econmica en un orden internacional dominado en su casi totalidad por relaciones capitalistas de produccin y de clase.

Lo anterior implica reconocer que necesitamos una teora del desequilibrio en el espacio, pues son estos desequilibrios los que hacen surgir zonas perifricas desequilibradas y, como en Amrica Latina, zonas perifricas subdesarrolladas. De manera que el problema fundamental del subdesarrollo no es la dependencia, sino el desequilibrio en el espacio, el cual fue creado por el capitalismo mundial durante su proceso de industrializacin. Son estos desequilibrios los que explican la divisin del espacio econmico mundial en zonas centrales y zonas perifricas subdesarrolladas. Por razones diversas, Inglaterra fue el centro inicial, pero luego surgieron otros centros como negativa a convertirse en periferias de la industrializacin inglesa, pero ese no fue el caso de Amrica Latina. Cuando a mediados del siglo 19 Amrica Latina crea estar dando el paso hacia el desarrollo, en realidad estaba dando el primer paso hacia el subdesarrollo.

Por este motivo yo insista en que, hoy en da, la estrategia para pases pequeos como Cuba, la estrategia de acumulacin no puede consistir en concentrarse en el sector de medios de produccin, sino en el sector de medios de reproduccin, es decir, en una estructura de las inversiones que otorgue prioridad al sector donde se genera la investigacin, la innovacin y la tecnologa de punta, con ciertos atenuantes propios para un pas pequeo, como garantizar la soberana alimentaria, hdrica y energtica. Solo por ese camino podramos construir un curso de accin autnomo en nuestro desarrollo.

Las utopas sern siempre necesarias: la utopa de Marx de una convivencia perfecta sigue siendo pertinente.

La Tizza: Hemos ledo de usted una crtica aguda a los intentos de implantar en la realidad conceptos de orden espontneo, trascendentales, que no pertenecen a las coordenadas espacio temporales reales, o de aproximarse de manera asinttica a ellos, a conceptos como pueden ser la planificacin perfecta, la regulacin comunista perfecta. Aunque pueda parecer una crtica a las utopas, y al papel de las utopas en los procesos de transformacin revolucionaria de la sociedad, yo creo que no, que no es eso lo quiere decir, pero quisiera indagar entonces, qu papel tienen las utopas en la manera que usted y Hinkelammert conciben la economa para la vida?

Henry Mora: Los conceptos lmites, de orden trascendental no son conceptos que la ciencia social crtica deba desechar. Lo que ha sido peligroso, contraproducente e incluso terrible, ha sido la pretensin, en algunos casos histricos, de su instauracin directa por clculos aproximados, pero para nada son conceptos desechables, menos cuando se relacionan con ideas humanistas como el comunismo de Marx o la idea de la convivencia perfecta o el buen vivir. Hay que diferenciar entre los utopismos y las utopas. Los primeros se refieren a esas propuestas que intentan acercarse como decas t, de manera asinttica, o por aproximacin instrumentalmente calculada a la realizacin de esos fines. Eso casi siempre termina en proyectos totalitarios, por ejemplo, en la Unin Sovitica con la transformacin del socialismo en un socialismo de Estado autocrtico y burocrtico; o lo podemos ver con el intento nazi de constituir una raza pura la aria, supuestamente, aunque raza humana solo hay una. Son utopismos criticables en toda su pretensin desde esta perspectiva.

Al contrario, las utopas son estrictamente necesarias, aunque no se puedan alcanzar, porque son, en efecto, las ideas regulativas como deca Kant que permiten marcar un horizonte para hacer camino al andar. Sin utopas nos anclaramos en el presente, y en este sentido la utopa de Marx de una convivencia perfecta sigue siendo absolutamente pertinente, sin lugar a duda. Es, como dice Hinkelammert, la ausencia presente que nos gua hacia lo imposible, aunque ese imposible no se pueda lograr. Una frase parecida le gustaba repetir al Che Guevara: Seamos realistas, soemos lo imposible.

 
 Fuente: http://medium.com/la-tiza/socialismo-con-mercados-subordinar-el-mercado-a-un-proyecto-social-de-reproducci%C3%B3n-ampliada-de-93e5ed8f50f8


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