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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2019

Las masas, insoportable enemigo histrico para la oligarqua terrateniente

Carlos A. Larriera
Rebelin


De acuerdo al Diccionario de la lengua espaola, en su avance de la 23 edicin, la oligarqua tiene dos definiciones: forma de gobierno en la cual el poder poltico es ejercido por un grupo minoritario; y grupo reducido de personas que tiene poder e influencia en un determinado sector social, econmico y poltico. [1]  

A lo largo de la historia, las oligarquas han sido a menudo tirnicas, confiando en la obediencia pblica o la opresin para existir. Aristteles fue pionero en el uso del trmino como sinnimo de dominio por los ricos, para el cual otro trmino comnmente utilizado hoy en da es la plutocracia.  [2] [3]

En base a estas definiciones, si bien el trmino oligarqua, en el sentido que le dio Aristteles, es el que abarca mejor su significado, es necesario subrayar que las masas como enemigo histrico es un sentimiento particularmente arraigado en la oligarqua terrateniente argentina

En su libro El paraso terrateniente, Milcades Pea proporciona ya desde el ttulo una definicin adecuada de la clase terrateniente.

El territorio de la Amrica Espaola primero, despus el Virreinato del Ro de la Plata, finalmente la Repblica Argentina, perteneci desde el principio, de una manera u otra, a un reducido nmero de terratenientes.

Si se compara este inmenso territorio (limitmonos al de nuestro pas) con la escasa poblacin relativa, la denominacin Paraso terrateniente salta a primera vista.

Propietarios de una inmensa renta agraria [4], lo cual implicaba el acceso a una enorme cantidad de divisas, primero libras esterlinas y luego dlares, fundamentalmente, explotando a una poblacin comparativamente escasa que no poda ofrecer mucha resistencia, y con la posibilidad de adquirir en Europa todo lo necesario para construir sus grandes cascos de estancia, y todos los productos necesarios en su poca, evidentemente estaban en un paraso.

El paulatino crecimiento de la poblacin, debido no slo a causas biolgicas, sino a la inmigracin, a la necesidad de mano de obra, entre otras causas, trajo consigo reclamos de derechos sociales con una fuerza creciente a medida que la poblacin aumentaba.

La oligarqua no poda evitar este crecimiento, por ms represin que ejerciera, porque de una manera u otra, para el campo, para la industria (por ms pequea que sta fuera), para la administracin del Estado, para las obras de infraestructura, para las guerras, etc., el trabajo humano era imprescindible, y aumentaba permanentemente.

La posicin original de la oligarqua terrateniente, propietaria de inmensos territorios y obteniendo abultada cantidad de divisas en base a su renta agraria, prcticamente sin trabajar, ese paraso siempre fue considerado su derecho y su propiedad, y fue permanentemente aorado a travs del tiempo, reclamando en todos los tonos contra el despojo de sus derechos por la creciente poblacin.

Se refleja adecuadamente esta ideologa en el final de la famosa pelcula Lo que el viento se llev, ultrarreaccionaria y defensora de la produccin terrateniente esclavista en EEUU, que cierra con la exclamacin de la protagonista: Tara! Tara!, el nombre de la desaparecida mansin de su familia esclavista, prometindose a s misma reconstruirla con todo su poder y todo el paraso de vida que para ella significaba.

En el conflicto del campo en 2008, a raz de la implantacin de las retenciones mviles, era usual escuchar en las movilizaciones del campo declaraciones en TV de miembros de las familias terratenientes tradicionales protestando airadamente: nos estn quitando lo que ES NUESTRO!!, cmo si la renta agraria fuera fruto de su trabajo. [5]

Para poder disfrutar de la renta agraria hay que ser dueo de la tierra. Aqu nos encontramos con algunos aspectos fundamentales que tienen que ver con la propiedad de sta.

En un sentido general la tierra slo puede ser propiedad del conjunto de la humanidad. Si se lo piensa bien, no puede haber otro sentido. De lo contrario la generacin anterior podra decirle a la siguiente: esta tierra es ma, no hay para vos. Es evidente el absurdo de esta posicin. El nico derecho alegado es haber comprado (los grandes latifundios son ms producto de alguna forma de robo que de compra) antes la tierra. O sea que los que vienen despus han perdido todo derecho. Y como siempre se producen nuevas generaciones, por una cuestin biolgica, poco a poco la inmensa mayora de la humanidad no tendra derecho a la tierra. Que es, digamos de paso, lo que est pasando.

Lo que s hay derecho es al usufructo de la tierra, pero ste bajo determinadas condiciones, reduciendo el usufructo individual a medida que existen ms personas en el mundo, y que se le extraiga a la tierra la potencialidad productiva que tiene, etc.

A largo plazo no podr existir el derecho al usufructo individual tampoco, porque no habra tierra suficiente para repartir en una humanidad creciente. Deberan formarse cooperativas u otras organizaciones similares para explotacin agropecuaria.

Hay una falsa ideologa que dice que solamente se puede disfrutar del campo, tanto de sus paisajes, de sus bellezas naturales, como de su explotacin, si se es propietario de ellos. Poco a poco debera salir a la luz que el disfrute no depende de la propiedad individual de la tierra.

El crecimiento colectivo de la humanidad exigir cada vez ms el aprovechamiento colectivo de la tierra.

Por otro lado, volviendo a la clase terrateniente, y en relacin a su queja nos roban lo que es nuestro, ni siquiera sus campos se han originado en la compra de ellos. Son producto del saqueo, por lo general a costa de sangre, uno de cuyos captulos ms sangrientos y genocidas es el reparto de la tierra, despus de la eufemsticamente llamada Campaa del Desierto de Roca, entre los miembros de la Sociedad Rural presidida en aquellos tiempos por un Martnez de Hoz. [6]

Nos robaron lo que es nuestro no se verifica, ni por la compra de las tierras, ni por el trabajo que se realiza en ellas, ya que la mayor parte de las ganancias es renta agraria.

El poder de la clase terrateniente ha condicionado todas las posibilidades de desarrollo industrial e inclusin social del pas desde que ramos colonia de Espaa.

Hoy en da, no solamente la produccin agropecuaria es una combinacin de la clase terrateniente tradicional con grandes capitales nacionales y extranjeros, sino que la exportacin est en manos de empresas privadas extranjeras. A esto se suma la utilizacin de la subfacturacin de exportaciones, que permite que la mayor parte de los dlares recibidos por ventas al exterior permanezcan en cuentas corrientes en bancos de los exportadores y terratenientes-grandes capitalistas en el extranjero. Como mnimo, los bancos y el Estado miran para el costado en esta subfacturacin de exportaciones. Tambin hay que tener en cuenta que gran parte de las divisas que ingresan, los grandes propietarios del campo y las empresas exportadoras extranjeras vuelven a enviarlas al exterior, para lo cual los bancos operan como autopista de la fuga de divisas. [7]

En la discusin poltica y econmica el problema de la clase terrateniente ha desparecido. No figura en ningn programa la reforma agraria. Han sabido pasar desapercibidos para gran parte de la poblacin, a travs del ltimo siglo, lo cual es una gran victoria para ellos. [8]

A pesar de este enorme poder econmico y financiero, sienten como una maldicin y una injusticia, como una restriccin a su viejo paraso terrateniente, el paulatino aumento de la poblacin, que no han podido ni pueden parar, y que trae aparejada la lucha por los derechos democrticos, sociales y econmicos de la ciudadana. El ocultamiento de su rol determinante en la economa y la poltica del pas ha sido una de las formas elegidas para preservar sus privilegios.

En gran medida el originario paraso terrateniente sigue existiendo, ocultado a la opinin pblica con eufemismos como el campo durante el conflicto del 2008, ya que bajo esa denominacin se incluyen terratenientes, propietarios medianos y pequeos productores cuyos intereses son muy diferentes.

La oligarqua terrateniente siempre luch contra la invasin del pueblo a su paraso. Los golpes militares contaban habitualmente con su participacin, pero tarde o temprano la poblacin volva a recuperarse y aumentar su crecimiento demogrfico. La actual ofensiva contra el pueblo tiene muchas coincidencias con esa poltica histrica de la clase terrateniente. Hasta dnde podr llegar y cun eficaz ser la resistencia del pueblo tiene un diagnstico incierto.

A pesar de toda su resistencia, el paraso terrateniente con su enorme poder, ya no est solo. Hasta ahora, y al menos hasta cierto punto, se ha visto obligado a soportar los derechos econmicos y polticos de una creciente poblacin, con nostalgia por los tiempos pasados en los que disfrutaban de la propiedad de sus campos en un pas en buena medida desierto si se relaciona la cantidad de poblacin con la extensin de nuestro territorio.

Notas:

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Oligarqu%C3%ADa, Oligarqua.

[2] dem

[3] Lo que diferencia la democracia y la oligarqua entre s es la pobreza y la riqueza. Y necesariamente cuando ejercen el poder en virtud de la riqueza ya sean pocos o muchos, es una oligarqua, y cuando lo ejercen los pobres, es una democracia. Aristteles, Poltica, pgs. 173/174, Editorial Gredos, 1988.

[4] Qu es la renta agraria? Es un ingreso que proviene del trabajo de la tierra y no del trabajo humano. Y el concepto de ganancia se refiere a un producto del trabajo humano , Carlos A. Larriera, Renta Agraria y retenciones, suplemento CASH, Pgina 12, domingo 8.8.2010.

[5] dem.

[6] https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-19250-2010-09-12.html

Domingo 12 de septiembre de 2010, Cine, Awka Liwen, Un notable documental dirigido por Mariano Aiello y Kristina Hille, Voces para una historia de exterminio, La voz de Osvaldo Bayer es el apropiado hilo conductor en un film que no se limita a las cabezas parlantes para analizar el plan que elimin a los indgenas para quedarse con sus tierras, Por Oscar Ranzani

[7] Ver Informe Final Comisin Especial de la Cmara de Diputados, Fuga de Divisas en la Argentina, Ediciones FLACSO y Siglo XXI editores Argentina, en especial pg. 44.

[8] Este ha sido un gran triunfo cultural de la oligarqua, que logr ocultar el tamao desmesurado de sus latifundios, mimetizndose con los pequeos productores. As, todava hoy se ve a grandes terratenientes simulando ser humildes labriegos que transpiran la gota gorda del trabajo rural cotidiano. Pedro Peretti, Mempo Giardinelli, La Argentina Agropecuaria, Propuestas para una agricultura nacional y popular de rostro humano, prlogo de Adrin Paenza. Ediciones Contexto, agosto 2018. Pgs. 13/14.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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