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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2019

La condena para las manadas, imprescindible, pero no suficiente

Mary C. Bolaos Espinosa
Rebelin


El pasado 21 de junio el Tribunal Supremo revis el caso de la manada, en el que segn el TSJ de Navarra los cinco agresores haban cometido un delito de abuso sexual a una joven de 18 aos, el 7 de julio de 2016 en Pamplona; y dict una sentencia histrica y esperada, 15 aos de condena para los violadores, puesto que no haba sido abuso, sino violacin, como el movimiento feminista grit insistentemente en estos tres aos.

La violencia sexual, una realidad an oculta.

Estamos satisfechas por haber ganado esta importante batalla, pero debemos de ser conscientes de que nos queda una larga lucha por delante. Junto a esta noticia, nos encontramos el Informe de Geo Violencia Sexual que evidencia que desde el ao 2016 se han dado a conocer 104 agresiones sexuales mltiples en el Estado espaol. De estos 104 casos, el 24,4% de los agresores y una de cada tres vctimas son menores.

La violencia sexual es real y forma parte de la vida, del dolor y del drama de muchas nias, jvenes y mujeres adultas. Se produce en muchos lugares, en la calle, en casa, en fiestas, en centros educativos, en descampados, en ascensores, en instituciones, en situaciones de reclusin; de noche y de da; por personas desconocidas y por conocidas, familiares, gente cercana, compaeros de trabajo, jefes; por una persona o en grupo.

Hablar de violencia sexual es hablar de una forma patriarcal de entender la sexualidad y la relacin de hombres y mujeres, de una masculinidad hegemnica que se otorga una supuesta disposicin del cuerpo de las mujeres, en la que no cuenta nuestros deseos y nuestra voluntad.

A esta realidad se aade la violencia institucional que sufren las mujeres que se atreven a denunciar la violencia sexual. Lamentablemente, en demasiadas ocasiones, el paso de las vctimas por el sistema judicial suele producir, invariablemente, efectos tan dolorosos como los que se derivan directamente de la agresin, con lo cual se aade una victimizacin secundaria. En ella influye tambin, de forma notable, el tratamiento meditico de estos casos. El morbo y el sensacionalismo, la ausencia de contextualizacin de la noticia y de perspectiva de gnero en su tratamiento, la falta de respeto a las vctimas, a su intimidad y a sus derechos, persiguen ms un objetivo sensacionalista que un inters por sensibilizar a la sociedad ante esta realidad.

Estamos ante un desafo poltico y social, personal y colectivo.

La violencia machista conjuga, a la par, datos estremecedores y falta de voluntad poltica para hacerle frente con la debida atencin.  Desde nuestro punto de vista, su abordaje no pasa solo por la imprescindible reforma del Cdigo Penal, ni mucho menos por pactos polticos que ponen parches para atender a las vctimas, para paliar las consecuencias,   para corregir una violencia que entienden como disfuncional, sin ir a la raz del problema, sin   impulsar cambios en profundidad y actuar sobre sus causas, sin   combatir la  invisibilidad, la falta de credibilidad, el estigma y la revictimizacin institucional y social a la que se enfrentan quienes han sufrido violencia sexual.

Hablar de violencia sexual, de violencia machista, es hablar de violacin de derechos humanos, de atentado a la libertad e integridad de las mujeres. Es necesario y urgente que su abordaje est en la agenda de toda la ciudadana y particularmente de las instituciones responsables de las polticas pblicas.  El desafo es poltico y social, personal y colectivo.

Es imprescindible conocer la prevalencia de la violencia sexual en Canarias. Urgen cambios en las leyes para garantizar la proteccin, justicia y reparacin a las mujeres, a todas las mujeres. Se requiere disear y desarrollar un Plan Integral contra la violencia sexual en Canarias desde una perspectiva interseccional, que integre en sus actuaciones el enfoque de gnero, la atencin a la diversidad, y la visin intercultural. Este Plan ha de impulsar polticas de sensibilizacin y prevencin, determinar las competencias de cada institucin y garantizar la respuesta coordinada de atencin integral a todas las vctimas de violencia sexual, independientemente de su edad, estatus de residencia, identidad, orientacin o expresin sexual, sin condicionarlas a la interposicin previa de denuncia y contemplando la diversidad de escenarios en los que se produce, los contextos que aaden desproteccin y la existencia de colectivos con una mayor vulnerabilidad.

La educacin afectivo sexual, promotora del buen vivir.

Desde nuestro convencimiento de que somos seres para el contacto, la vinculacin y la vida social, de que somos profundamente interdependientes, de que nos necesitamos para poder sobrevivir, y de que los cuidados deben ser compartidos, consideramos que el tratamiento de las violencias machistas, de las violencias sexuales, no puede ni debe ser exclusivamente "judicial", ni "punitivo". Su abordaje pasa fundamentalmente por establecer las condiciones educativas y sociales para que cada persona pueda ser duea de su biografa sexual y afectiva, sin imposiciones de ningn tipo y asumiendo que cuando mantiene una relacin que involucra a otra persona, sta debe consentir de forma libre y expresada claramente, sin coerciones ni engaos, en situacin de lucidez y con la capacidad de consentimiento necesaria para ello.

Desde esta perspectiva, adquiere vital importancia la implementacin de un modelo coeducativo en todos los mbitos y espacios de formacin, de una educacin para la vida en la que la formacin en los cuidados compartidos est presente, en la que se respete el derecho a una formacin afectiva y sexual que parta de una visn positiva del hecho sexual humano no heteronormativa, que eduque en la igualdad desde la diversidad, sin miedos, sin complejos; una educacin en la que nias, nios y jvenes asuman que sus cuerpos diversos deben ser respetados, no hipersexualizados, ni cosificados; una formacin que les d herramientas para relacionarse positivamente, para no permitir ni cometer ni una sola agresin machista o lgtbifbica en sus vidas; una educacin y atencin afectiva y sexual integrales, con implicacin de sus protagonistas, como una responsabilidad compartida, que contribuya a la construccin de una sociedad donde el respeto, la igualdad, la diversidad, la solidaridad, la justicia y los cuidados, sean los valores bsicos que nos ayuden a relacionarnos de manera positiva e igualitaria.

Y para ello esperamos que las nuevas Corporaciones asuman lo necesario que es cambiar la organizacin del trabajo, la economa y los cuidados, lo importante que es convertir nuestra sociedad en un espacio ms igualitario, equitativo y justo, donde tengamos los mismos derechos ms all de ser mujeres u hombres. Las personas somos capaces de cuidarnos y tambin de maltratarnos, y en la inclinacin de esta balanza a uno u otro lado adquieren un papel fundamental los valores que se promuevan y la educacin que desarrollemos. Nos jugamos mucho!

Mary C. Bolaos Espinosa del Colectivo Harimaguada

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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