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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2019

"Chernobyl"

Miguel Muiz
mientras tanto


Un ejemplo. Hasta hoy empleamos los viejos trminos: lejos-cerca, nuestros-extraos Pero, qu quiere decir lejos o cerca despus de Chernbil, cuando ya al cuarto da sus nubes sobrevolaban frica y China? La Tierra ha resultado ser tan pequea. Ya no es la Tierra que conoci Coln. Es limitada. Ahora se nos ha formado una nueva sensacin de espacio. Vivimos en un espacio arruinado. Ms an. En los ltimos aos, el hombre vive cada vez ms, pero, de todos modos, la vida humana sigue siendo minscula e insignificante comparada con la de los radionclidos instalados en nuestra Tierra. Muchos de ellos vivirn milenios. Imposible asomarnos a esa lejana! Ante este fenmeno experimentas una nueva sensacin del tiempo. Y todo esto es Chernbil. Sus huellas. Lo mismo ocurre con nuestra relacin con el pasado, con la ciencia ficcin, con nuestros conocimientos El pasado se ha visto impotente ante Chernbil; lo nico que se ha salvado de nuestro saber es la sabidura de que no sabemos. Se est produciendo una perestroika, una reestructuracin de los sentimientos.

(Svetlana Alexievich, Voces de Chernbil. Crnica del futuro)

Para P. Massachs que me ayud a verlo claro.

 

Chernbil: una palabra en el origen del activismo ecologista de parte de mi generacin, el nombre de una catstrofe iniciada en el pasado y con mucho futuro por delante.

Este artculo no va sobre Chernobyl, la serie de la cadena de pago HBO mejor valorada de la historia (dicen), sino sobre el fenmeno informativo y meditico generado en torno a ella: titulares, reflexiones y (supuestos) debates.

No he visto la serie, y no tengo inters en verla, esperar como mnimo hasta que se haya publicado este artculo para visualizarla. La razn de mi desinters es fcil de explicar: el seguimiento de la catstrofe durante aos me ha permitido comprender que los llamados hechos son algo muy relativo, dado el espeso teln de desinformacin y secretos con el que la industria nuclear oculta, an hoy, todo lo sucedido. A estas alturas, 33 aos ms tarde, los hechos que provocaron la catstrofe son casi lo de menos, lo ms importante son las causas profundas y las consecuencias interminables. Justo de lo que no se debate.

El motivo de mi decisin de demorar el visionado tambin es fcil de entender: verla poda conducir a que este artculo tratase sobre el contraste entre la ficcin y los datos que se conocen. Un falso contraste entre lo representado, medido y racionalizado en trminos de clculo de audiencia, y lo que no podremos nunca llegar a saber, ni a comprender. La trampa, un conjunto de banalidades sobre adecuacin de la ropa de los protagonistas y el valor de los personajes de ficcin (segn he podido leer) para ocultar las preguntas obligadas: cules son los lmites que se deben respetar cuando se hace ficcin sobre acontecimientos reales?, hasta dnde es lcito llevar la ficcin para evitar que dicha ficcin sustituya el conocimiento de los hechos?

La mayor parte del tratamiento informativo de la serie son artculos redactados sin molestarse en contrastar documentacin, ni sobre sobre los acontecimientos ni sobre los personajes: los calificativos elogiosos y el sensacionalismo abundan en una especulacin que conduce a substituir la investigacin por la narrativa de la ficcin televisiva.

Parte de lo publicado son especulaciones sobre el contraste entre la narrativa y los sucesos al nivel ms nimio, sobre la verdad, o algo que se le parezca, silenciando la mezcla de secretos, mentiras y complicidades, que rodea los hechos; la misma combinacin que marca el desarrollo de una catstrofe que continua hoy, 33 aos despus.

Existe otra parte an peor: la especulativa, la que toma la serie como pretexto para ejercicios intelectuales o de geopoltica cultural, o para alguna chusca reivindicacin poltica.

Y la parte ms desagradable de todas. Las referencias al libro Voces de Chernbil , de Svetlana Alexievich, que aparecen en varios artculos que ensalzan las virtudes de la serie. Desagradable porque la crudeza y el horror que refleja y documenta esa obra desborda cualquier tratamiento audiovisual, y porque la mayor parte del libro son voces interiores, reflexiones y pensamientos, algo que casa mal con el entretenimiento.

Incluso donde debera predominar el pensamiento crtico hacia la serie, ste se ha eludido, o su mencin se ha utilizado como pretexto para difundir una actividad a la que no se da publicidad directa, o se ha analizado el contenido sin entrar en la crtica.

En este panorama general hay unas pocas excepciones que conviene destacar. Me centro en las tres que abordan temas silenciados: el artculo de Pascual Serrano, que plantea una interesante reflexin sobre la serie como ejemplo de seleccin y tratamiento sesgado de determinados acontecimientos histricos para vender espectculo; el artculo de Rafael Poch de Feliu, que destaca la omisin, nada inocente, del carcter global de la catstrofe, porque una de las pautas de debate impuestas desde la industria nuclear (y aceptada sumisamente por el ecologismo institucional) es que un accidente nuclear es como cualquier accidente industrial; y la reflexin de Mara Santana Fernndez, sobre la serie como ejemplo de la querencia de la industria de entretenimiento de los EE.UU. por las catstrofes, las implicaciones ideolgicas, el embrutecimiento de la sensibilidad que todo ello conlleva, y los posibles motivos de este espectculo continuado de distopas de ficcin o, como en este caso, de realidades distpicas teatralizadas. Tres muestras destacadas de opinin crtica. En conjunto, muy poca cosa.

Mencin aparte merecen los escasos artculos que han aprovechado el tirn de la serie para poner en evidencia aspectos polticamente incorrectos y, por tanto, silenciados, porque en el ansia de beneficios que produce el espectculo de una catstrofe real tratada como entretenimiento de ficcin, no tienen cabida cosas tan poco rentables y tan poco espectaculares como la solidaridad annima o el trabajo callado.

Cuando el pasado abril redact el artculo correspondiente al 33 aniversario del inicio de Chernbil mencion que, dentro de la indiferencia y la rutina informativa que rodea cada 26 de abril, existan siete colectivos que tenan bien presente la fecha. Los lugares 2, 3 y 4 de dichos colectivos correspondan a los que la aprovechaban como negocio. En segundo lugar, figuraba la industria turstica, en el tercero la industria del entretenimiento y en el cuarto los videojuegos. Las sinergias entre estos tres mbitos de negocio entre las clases acomodadas son de sobra conocidas: un fenmeno televisivo o cinematogrfico acta como arrastre de la industria turstica (basta recordar todo el fenmeno de recorridos tursticos en Suecia al calor de la serie novelstica de Milenium) cosa que, segn la prensa, ya se est produciendo con Chernobyl; slo cabe esperar un tiempo para comprobar si la industria del video juego tambin sacar partido de ese xito.

Para finalizar vayamos a Chernbil, no a Chernobyl, y hagamos el siempre incmodo y desagradable ejercicio de recordar: empecemos por las dimensiones, los protagonistas silenciados, con todas sus contradicciones, la responsabilidad de los pases con centrales nucleares en las causas y las consecuencias y, sobre todo, en lo poco que se sabe de las vctimas, las de entonces y las de ahora. Un ejercicio que implica demasiado esfuerzo intelectual si lo comparamos con lo fcil que es sentarse ante la pantalla y gozar de un espectculo que, como todos los espectculos, como todos los productos de la industria del entretenimiento, tambin tiene fecha de caducidad fijada, pero, seamos realistas, pueden suponer una sensacin agradable mientras se consumen.

Casi todo lo escrito sobre Chernobyl repite el mantra de su carcter de peor accidente nuclear, pero se trata de una doble mentira: no es un accidente, y Fukushima es mucho peor. E impera un silencio clamoroso sobre una cuestin: Ha supervisado la Agencia Internacional de Energa Atmica este producto televisivo?

Miguel Muiz Gutirrez mantiene la pgina de divulgacin energtica www.sirenovablesnuclearno.org

 

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-181/notas/chernobyl

 



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