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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2019

Palestina no est en venta

Mara Landi
Rebelin


Durante dcadas, los planes de paz han hecho demandas imposibles a los palestinos, obligndoles a rechazar las condiciones que se les ofrecan y creando as un pretexto para que Israel se apodere ms de su patria. Jonathan Cook.


Estos das asistimos a otra iniciativa de los poderes occidentales la ltima de una larga lista en un siglo− para imponer sus intereses estratgicos en Oriente Medio y presionar al pueblo palestino para que claudique. La propuesta para que renuncie a su legtima lucha por la autodeterminacin y normalice la dominacin israel a cambio de vanas promesas envueltas en dinero viene siendo anunciada pomposamente como el Acuerdo del siglo y presentada por Jared Kushner, un rico hombre de negocios judo-sionista cuyo mrito consiste en ser yerno (y asesor) de Donald Trump.

El 25 de junio Kushner present en una reunin realizada en Barin el componente econmico del plan, titulado Paz para la Prosperidad, a manera de adelanto de lo que sera el programa poltico para alcanzar la paz entre Israel y Palestina, a presentarse prximamente. El orden de los factores revela la estrategia que anima la iniciativa, como si la promesa de supuestas inversiones pudiera sustituir o prevalecer sobre la cuestin poltica fundamental que est en juego: cmo liberar a Palestina de la ocupacin colonial y el apartheid israeles. El documento anuncia 50.000 millones de dlares (que no se sabe de dnde saldran; probablemente de las monarquas del Golfo aliadas de EE.UU.) repartidos en 179 proyectos. La mitad del dinero se gastara en infraestructura palestina durante 10 aos, y el resto se repartira entre Egipto, Lbano y Jordania.

El plan de la familia Trump est de antemano condenado al fracaso por una simple cuestin de credibilidad, como han sealado analistas y dirigentes palestinos: qu de bueno se puede esperar de un gobierno estadounidense que no ha hecho otra cosa que llevar el apoyo a Israel a niveles desconocidos en la historia de EE.UU., reconociendo a Jerusaln como su capital, cortando la ayuda econmica y humanitaria a Palestina y a la UNRWA (organismo de Naciones Unidas que provee salud y educacin a cinco millones de refugiados/as palestinos/as), clausurando la oficina de la OLP en Washington, reconociendo la soberana israel sobre los Altos del Goln sirios (ocupados desde 1967), nombrando como enviado (Jason Greenblatt) y embajador (David Freedman) a ultrasionistas fanticos, defensores a ultranza de la colonizacin y la anexin, y afirmando recientemente por boca del mismo Kushner− que los palestinos no son capaces de gobernarse a s mismos? La Administracin Trump no ha hecho otra cosa en estos dos aos que tomar medidas para humillar al pueblo palestino y forzarlo a la sumisin.

El historiador palestino Rashid Khalidi critic justamente la arrogancia neocolonial del plan Kushner, recordando que hace un siglo (1917) el canciller del imperio britnico Lord Balfour le prometa a los ricos dirigentes sionistas crear un hogar judo en Palestina con absoluta prescindencia de la opinin o los intereses de la poblacin rabe nativa que habitaba en ese territorio.

Significativamente, el plan estadounidense habla de traer desarrollo econmico a la Franja de Gaza y Cisjordania, pero jams habla de Palestina como entidad (menos an como Estado), ni tampoco de Jerusaln. Tampoco se mencionan las colonias israeles ilegales en el territorio ocupado. Se trata claramente de una apuesta (invitacin? amenaza?) a que el pueblo palestino acepte vivir bajo el dominio de Israel, renunciando a su derecho a la autodeterminacin, a cambio de promesas de mejora econmica; como si esto no hubiera sido ensayado antes, y como si se pudiera confiar en que Israel va a permitir alguna vez el desarrollo palestino.

En efecto, el analista Ali Abunimah observ esta semana que este plan no es ms que un refrito de otras iniciativas del pasado para una paz econmica: la esperanza de que unas cuantas migajas financieras compren al pueblo palestino para que deje de exigir la liberacin y de resistir al sistema israel de ocupacin, colonialismo y apartheid. En los 1990s cuando se firmaron los tramposos Acuerdos de Oslo, en 2005 cuando Israel retir a sus colonos de Gaza, en 2008 cuando Tony Blair comandaba el no menos engaoso Cuarteto para Medio Oriente, siempre hubo grandes anuncios de un futuro dorado para el pueblo palestino, en el cual Gaza se convertira en la Singapur o la Hong Kong del Mediterrno. Ahora Kushner afirma que As como Dubai y Singapur se han beneficiado de sus ubicaciones estratgicas y han florecido como centros financieros regionales, Cisjordania y Gaza pueden convertirse en un centro del comercio regional.

Lo que Kushner y los lderes occidentales dejan de lado en sus planes y promesas es el elefante en el saln del que nadie habla: la ocupacin colonial israel y su proyecto de limpiar tnicamente a Palestina (como viene haciendo desde hace ms de 70 aos bajo la premisa: el mximo de tierra palestina con el mnimo de rabes). En ningn momento del documento Paz para la Prosperidad se reconoce que la principal causa de la postracin de la economa palestina es la ocupacin israel, que ha convertido a la poblacin ocupada a pesar de su alto nivel educativo− en un ejrcito de desempleados dependientes de la ayuda internacional, impidindoles trabajar soberanamente su tierra, exportar su produccin, controlar sus fronteras, sus ingresos e impuestos, contar con puertos, aeropuerto, sistemas de transporte y comunicaciones independientes (recin el ao pasado Israel autoriz la tecnologa 3G en el territorio ocupado). En cambio, el lenguaje y la visin del plan consideran a las y los palestinos como consumidores en lugar de ciudadanos/as.

Gaza no puede parecerse a Singapur o Hong Kong porque Israel le impone desde hace 12 aos un frreo bloqueo por aire, tierra y mar (adems de bombardearla peridicamente) que ha convertido a la Franja en una prisin inhabitable. Como bien ironiz el periodista Joan Caete Bayle: La propuesta estrella es construir una autopista elevada entre Gaza y Cisjordania. Kushner, al que no se le conocen ni experiencia ni conocimientos en poltica exterior, tal vez debera haber hablado con Condoleezza Rice, que perdi semanas de intil shuttle diplomacy tratando de acordar algo mucho ms modesto: un servicio de autobuses entre Gaza y Cisjordania. Fracas, claro.

El plan de Kushner no dice una palabra sobre la responsabilidad israel en el despojo de dcadas que sufre el pueblo palestino. A las restricciones a la libertad de circulacin de personas y bienes les llama desafos de infraestructura, a lo cual responde Abunimah: No, Jared: es una ocupacin militar, no un desafo logstico. Y recuerda que el Banco Mundial (difcilmente sospechoso de ser pro-Palestina) estima que si se permitiera el desarrollo de empresas y granjas en el rea C −el 60 por ciento de Cisjordania, bajo total control militar de Israel−, ello aadira hasta un 35 por ciento al PBI palestino. Y remata: Si Kushner realmente quisiera aumentar drsticamente el PBI palestino, no se necesitaran 10 aos ni miles de millones de dlares. Todo lo que se necesitara, para empezar, es que Israel ponga fin a sus severas restricciones sobre los sectores palestinos que trabajan, desarrollan empresas y cultivan sus tierras en Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas.

El rechazo palestino a la iniciativa ha sido unnime. A diferencia de las anteriores, esta vez EE.UU. no consigui cooptar a los decadentes dirigentes de la Autoridad Palestina, que no le perdonan a Trump lo de Jerusaln (un lmite que ningn palestino osara cruzar). Kushner se qued sin la foto de abrazos normalizadores en Barin, pues debido a la ausencia palestina tuvo que des-invitar a los dirigentes israeles. Incluso socios complacientes de EE.UU. como Jordania, Egipto y la Unin Europea enviaron a representantes de muy bajo rango. El gobierno del Lbano (que a diferencia de sus vecinos no mantiene relaciones diplomticas con Israel) tambin hizo saber que las promesas financieras del plan no van a comprar a su pas, aunque por razones particulares: Lbano no est dispuesto a recibir dinero a cambio de aceptar definitivamente al medio milln de refugiados/as palestinos/as que viven all; algo que la misma poblacin palestina refugiada rechaza, pues no est dispuesta a renunciar a su derecho al retorno.

Todo indica que el cacareado plan de los Trump, presentado en Barin como la oportunidad del siglo, ser enterrado como otras iniciativas fracasadas. Y los dirigentes israeles aprovecharn para volver a acusar a los palestinos de no perder la oportunidad de perder la oportunidad, intentando hacer creer al pblico occidental que los oprimidos son los responsables de su desgracia por haber rechazado todas y cada una de las generosas ofertas de sus opresores. Como suele suceder cuando del discurso sionista se trata, la realidad es todo lo contrario a lo que se afirma: Israel y sus aliados nunca han presentado una propuesta honesta que contemple los intereses y derechos fundamentales del pueblo palestino; y mal puede acusarse de intransigentes a quienes llevan tres dcadas dispuestos a renunciar al 80 por ciento de su territorio histrico (con el aval de sus vecinos rabes) a cambio de un poco de paz.

En Palestina y los pases vecinos hubo esta semana grandes movilizaciones y protestas marcadas por la unidad de todas las facciones y sectores− en rechazo a la reunin de Barin y a las pretensiones normalizadoras de Trump y su yerno, calificndolas de la cachetada del siglo. La consigna ms escuchada ha sido Palestina no est en venta. Y es que como observara recientemente Marwan Bishara, los gobernantes rabes pueden estar dispuestos a vender a Palestina, pero el pueblo rabe no lo est.

Con Arabia Saudita a la cabeza, esos regmenes dictatoriales, que reprimieron las revueltas de sus pueblos en la llamada Primavera rabe, son los ms dispuestos a normalizar sus relaciones con Israel y a complacer a EE.UU. en la disputa con Irn por la hegemona regional. Pero incluso estos acrrimos enemigos reivindican por igual la causa palestina aun de manera oportunista−, precisamente porque saben de su popularidad entre las masas rabes, que durante un siglo han estado inequvoca e incondicionalmente junto a ella.

Durante dcadas, Palestina ha sido un smbolo de resistencia contra la hegemona y la dominacin extranjera, ya sea britnica, francesa o estadounidense, sostiene Bishara. Una y otra vez las calles rabes se han levantado en solidaridad con Palestina ocupada y en reaccin a su propia ocupacin interna. Por eso la pretensin de Trump de disolver la causa palestina de una vez por todas, es muy posible que rena a palestinos/as, rabes y musulmanes contra sus polticas y lacayos en Oriente Medio. De ser as, ser el momento para Trump de lamentar su poltica temeraria hacia Palestina. Es solo cuestin de tiempo.


Blog de la autora: https://mariaenpalestina.wordpress.com/2019/06/30/palestina-no-esta-en-venta/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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