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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-07-2019

Polticas de cultura y comunicacin
Hacia un nuevo orden mundial de la cultura y la comunicacin

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Instituto de Cultura y Comunicacin UNLa


Toda organizacin poltica (y, por lo tanto, toda organizacin) debe tener en su agenda la problemtica histrica actual en materia de cultura y comunicacin. No es mucho pedir y no hay escapatorias. Ya tuvimos tiempo de sobra para aprender que, entre todas las batallas que la humanidad libra hacia su emancipacin, los territorios de la Cultura y la Comunicacin han sido especialmente colonizados y mayormente plagados con derrotas muy severas.

Pero no se trata de priorizar la cultura yla comunicacin en una agenda donde se las entienda exclusivamente como espectculo, entretenimiento o curiosidad como suele hacer cierto sector de las oligarquas y sus burocracias. No se trata de fingir, con discursos, que nos ocupa o preocupa la diversidad expresiva de los pueblos. No se trata de repetir la mueca clientelista que reparte becas, o subsidios, a los amigos y a los amigos de los amigos. No se trata de convencernos con sesudas disquisiciones academicistas ni convenciones internacionales plagadas con naderas en la prctica. De lo que s se trata es de habilitar, profundizar y ensanchar el ejercicio de derechos humanos inalienables como son el derecho a la cultura y el derecho a la comunicacin, no slo en igualdad de oportunidades sino, principalmente, en igualdad de condiciones.

Una agenda de cultura y comunicacin para nuestro tiempo, debe interesarse por la democratizacin de las herramientas de produccin, distribucin e interlocucin del sentido. Debe interesarse por el ascenso de una corriente semntica renovada por el fragor de las luchas sociales que en todos los mbitos (ciencias, artes, filosofas, tecnologas) viene librando la especie humana para garantizarse un lugar digno en su propio desarrollo y no un lugar de espectador sometido por un sector social acaparador e histricamente opresor de las mayoras. Tal agenda debe interesarse, (inter, multi y transdisciplinariamente) por erradicar los medios y los modos con que los pueblos han sido infiltrados con valores o antivalores que slo convienen el statu quo y que han inoculado ncleos de falsa conciencia redituables a la ignorancia funcional, al mundo de la mentira como verdad, al sometimiento de consciencias y al mercantilismo desaforado infectado de individualismo y consumismo.

De las fuerzas polticas actuales (que dicen ser emanacin de la voluntad popular o de las clases trabajadoras) no podemos espera menos que un modelo comprensivo y dinmico que, en materia de cultura y comunicacin, se disponga a corregir las asimetras en el campo de la disputa por el sentido. Que sepa desarrollar un arsenal de herramientas para la crtica (en todos los sentidos) ante la hegemona de la Iniciativa Privada; contra el burocratismo clientelista y contra el silenciamiento de las comunidades semnticas ms variadas que, adems de diversas, son mayora abrumadora. Que, adems de las herramientas para la crtica ponga al alcance de todos los cuerpos legales, las fuentes metodolgicas, los espacios de formacin, las herramientas de produccin, las infraestructuras de transmisin, los modelos de evaluacin y la dinmica de la retroalimentacin. Abiertas, participativas, auto gestionadas, autnomas y de revocabilidad consensuada desde las bases. Para empezar.

No es posible aceptar polticas de cultura y comunicacin sin consultas desde las bases y desde la historia. No es aceptable abandonarse a los caprichos del mecenazgo, no es recomendable aspirar al mundo feliz de las industrias culturales reproductoras de la lgica de la mercanca en el campo de las ideas y las emociones sociales. Cultura y comunicacin no son mercancas, son Derechos Humanos Fundamentales y al Estado compete su desarrollo, ensanchamiento y profundizacin. O ser nada.

Una organizacin poltica que en su agenda no contenga, como prioridad de corto plazo, el desarrollo de una Poltica de cultura y comunicacin, descolonizadora y transformadora, debe revisarse a fondo contrastndose con los hechos duros y crudos que han venido amenazando a las democracias en las dcadas recientes, tal como lo advirti el Informe MacBride de 1980. No es que falten casos ejemplo, autores denunciantes ni amarguras realmente existentes en el escenario actual donde la cultura y la comunicacin han sido secuestradas por los poderes monoplicos trasnacionales. Lo que s est faltando es la decisin poltica de fuerzas organizadas, con mandato de la clase trabajadora, para desplegar una experiencia nueva y renovadora atenta a las exigencias de los tiempos actuales y del futro inmediato.

Se requieren nuevos discursos y enfoques que sirvan de referencia a las polticas culturales ya reclamaba Irina Bokova de la UNESCO. En su reclamo, desde luego estn las exigencias cualitativas y cuantitativas, estn las consideraciones administrativas y de gestin gubernamental, adems de estar a expectativa geopoltica acentuada en una visin Sur-Sur. Y lo que est faltando es la ordenacin de las acciones que garanticen un cambio de paradigmas, a fondo, por cuanto compete a la comprensin terica y prctica de la cultura y la comunicacin no slo como expresiones reflejo, espejo del pensar y el sentir social sino como instrumentos para la accin transformadora directa. Hay que romper con resabios y taras de las culturas desarrolladas por los colonialismos para contar con pueblos mansos y tributarios de la riqueza para los amos.

Hace falta sepultar a la andanada mercantilistas creadora de las culturas de la adiccin (como el alcoholismo, la farmacodependencia y todas las adicciones autodestructivas). Hay que romper con todo lo que oprime y deprime a los pueblos, obligndolos a resignarse a una cultura de esclavo, a una moral de sbditos y a una esttica colonizada que derivan siempre en beneficios comerciales para las clases opresoras. Eso falta a las polticas de cultura y comunicacin que han de nacer en esta etapa y en el seno de las organizaciones polticas que quieran ser respetadas por su respeto histrico a las luchas de sus pueblos. Cultura y comunicacin para la emancipacin. Nuevo orden.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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