Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-07-2019

Varados en ninguna parte

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

En todos los pases, el neoliberalismo y sus crisis han trastocado el panorama poltico. Pero en cada uno de ellos a su manera. En Espaa parecemos vivir abocados a una interminable repeticin de elecciones. Una situacin provocada por el casi imposible encaje de los tres bloques polticos fundamentales (izquierda, derecha y nacionalistas perifricos), por las tcticas de cada fuerza poltica y por las interferencias de los poderes reales.

En gran medida estos bloques estn presentes a lo largo de toda la historia democrtica del pas. Su persistencia en el tiempo indica la existencia de un factor estructural o, cuando menos, de la enorme capacidad de persistencia de las culturas polticas entre la poblacin.

Lo coment en una nota anterior. Los resultados electorales muestran una notable persistencia en el tiempo, con oscilaciones dependientes de la coyuntura. El bloque de la derecha es minoritario, slo consigue ganar cuando se produce la desmovilizacin de los votantes de izquierdas, algo posible porque est bien contrastado que la movilizacin es siempre ms alta entre la gente de altos ingresos y cultura conservadora. Ha tenido adems a su favor tanto el diseo del sistema electoral (ley dHondt y reparto de escaos por provincias) como la existencia, durante largo tiempo, de un nico partido ocupando este espacio. El bloque de la izquierda slo gana con una elevada participacin, lo que se produce en momentos en que se plantea una coyuntura activadora de sus bases (ste es tambin un componente estructural de la situacin presente). Es lo que ocurri en las elecciones de abril: la gente fue a votar en masa para impedir el acceso del tripartito derechista. O lo que ocurri hace cuatro aos con los ayuntamientos del cambio, que con su llamada a la utopa consiguieron que votara mucha gente desencantada. En mayo, esta movilizacin no se produjo y los resultados cambiaron (por esto la izquierda ha vuelto a perder Madrid y los Comunes no ganaron en Barcelona, aunque en este caso fuera una derrota dulce). Por su parte, el nacionalismo, en sus distintas variantes, muestra una notable persistencia que obedece a percepciones sociales, de sociedad organizada, muy consolidadas en Catalunya y Euskadi.

Esto es siempre una mala noticia para afrontar los cambios polticos y sociales necesarios. Al hecho de que las fuerzas de la reaccin y el inmovilismo estn muy consolidadas, se suma el que todos los avances dependan de una movilizacin social y electoral que se muestra variable, sin persistencia.

II

Sobre este tejido de fondo, la coyuntura actual genera nuevos interrogantes.

El bloque de la derecha ha resistido mejor. Que aqu no se haya producido el cordn sanitario en torno a Vox resulta lgico si se atiene a la composicin y la historia del pas, en relacin a Europa. En Alemania o Francia la derecha poltica se reconstruy tras la derrota del nazismo. Estaba obligada a refundarse como una derecha democrtica para hacer olvidar su enorme responsabilidad en el holocausto y los crmenes nazis. Y esta refundacin ha tenido una persistencia poltica a travs del tiempo, a lo que sin duda hay que sumar que el proyecto antieuropeista de los ultras se contradice con la orientacin liberal de las lites econmicas. En Espaa, las cosas son distintas por el simple hecho que la derecha poltica no tuvo el mismo tipo de derrota y pudo refundarse en la transicin sin tener que incorporar una ruptura tan radical con el pasado. Las acciones de ETA constituyeron una contribucin impagable a esta recomposicin sin ruptura, puesto que esa derecha pudo presentarse a s misma como vctima de una violencia asesina. En un pas donde no se ha producido un juicio general contra el franquismo, los puntos de conexin entre los diferentes sectores de la derecha son mucho ms fluidos que en otras partes (de hecho, Vox ha sido una mera fraccin del PP hasta hace unos meses).

Ciudadanos a su vez es un partido que ya naci lastrado por una cuestin fundamental: su casi nica lnea de delimitacin fue el anticatalanismo activo y la defensa de un Estado unitario. Y sobre este punto ha descansado buena parte de su crecimiento electoral. Un posicionamiento que le conduce a poder interactuar con el PP y con Vox con bastante naturalidad. Vista la experiencia, no es descartable una reunificacin de esta derecha a medio plazo, una vez se haya dilucidado el liderazgo. El PP cuenta con su consolidado arraigo territorial, pero puede verse afectado por la sucesin de procesos judiciales en los que sigue inmerso. Rivera tiene en esto su mejor baza, pero su apuesta puede verse afectada por muchas vas de agua: votantes que encuentren su propuesta demasiado radical, grupos econmicos descontentos por su radicalizacin frente al PSOE, etc. Lo que no hay que confiar es en que se mantenga la actual situacin de fraccionamiento de la derecha. Los espacios entre ellos son fluidos y su cultura del poder les puede ayudar a replantear su marco poltico.

Tambin el campo nacionalista est fuertemente consolidado. Basta analizar los resultados de las elecciones municipales para observar que, fuera de las reas metropolitanas, el espacio electoral est bsicamente dominado por la derecha y la izquierda nacionales (PNV-Bildu en Euskadi, Junts per Catalunya-ERC en Catalunya). Un espacio en el que, como ocurre en el derecha, hay a menudo ms puntos de contacto que de ruptura. Lo que cambia es el contexto y el tipo de respuestas que se estn dando en uno y otro lugar. Da la sensacin que el nacionalismo vasco es consciente de que ha debido reformularse tras la derrota de ETA (y en menor medida del plan Ibarretxe) y muestra un talante ms abierto que el nacionalismo cataln, que an est sumido en la ficcin de la Repblica.

La sociedad catalana, al menos la parte de ella partidaria de la independencia, experiment un largo proceso de movilizacin-iniciacin que ha consolidado en mucha gente esquemas mentales bastante impermeables (del tipo de los analizados por Albert Hirschman en Salida, voz y lealtad por lo que se refiere a la lealtad). El proceso y encarcelamiento de una parte de sus lderes, el inmenso aparato propagandstico puesto a su servicio y el colosal tejido organizativo del nacionalismo cataln contribuyen a impedir que sus bases tomen conciencia de los lmites claros de su estrategia y reconozcan que la misma ha sido derrotada en primera instancia. Tampoco es tan difcil de entender viendo lo que le ha costado a una parte de la sociedad vasca entender lo inadecuado e inaceptable de la poltica de ETA. En Catalunya, mucha gente sigue pensando que su demanda es genuinamente democrtica, que la represin viene de fuera y que el derecho internacional est totalmente a su favor. Aunque empiezan a aparecer sntomas inquietantes, como lo que se vivi en la proclamacin de alcaldas el pasado 15 de Junio, especialmente en Barcelona, donde hubo algo ms que insultos a Ada Colau y sus socios y a mucha de la gente que los apoybamos en la plaza. Y lo peor no fue la gente encolerizada con gestos de odio (por desgracia estos tambin existen en otros muchos espacios), sino que al da siguiente Ernest Maragall los legitimara al afirmar que de haber sido otro el resultado esta tensin no se habra producido: una verdadera legitimacin del discurso del amigo-enemigo y una amenaza de maccartismo a la catalana. Esto es lo que ya est promoviendo al ANC con la estrategia de tomar las instituciones, ya apoyado desde la Cambra de Comer o en las elecciones sindicales en la funcin pblica (Generalitat, Educacin, Universidades), donde la Intersindical-CSC ha obtenido victorias movilizando a gente poco afn al sindicalismo y que a menudo no vota pero partidaria de colocar la reivindicacin independentista en todas partes. Una va para conseguir extender la parlisis poltica al conjunto del pas.

III

Mientras tanto, el campo de la izquierda est dominado por su particular juego de la gallina. Con un PSOE poco o nada predispuesto a un gobierno de coalicin por razones muy diversas: su propia cultura de poder, poco propicia al compromiso, las presiones de los poderes fcticos temerosos de concesiones excesivas a la izquierda, el temor a depender de fuerzas independentistas cuya fiabilidad como socios es ms que dudosa y cuyas demandas pueden ser insoportables. Y con un Unidas Podemos, donde Pablo Iglesias parece seguir obsesionado en tocar cartera ministerial a corto plazo.

Hay muchas razones para que la izquierda alternativa recele del PSOE, de sus conexiones con los poderes capitalistas, de su particular sentido de estado (en temas como la monarqua, la memoria histrica etc.) y quiera traducir en forma institucionalizada los acuerdos. Pero tras el ltimo envite electoral, especialmente el de mayo, sus fuerzas han quedado mermadas (en parte gracias a los numerosos desatinos de muchos de sus lderes) y debe saber jugar con lo que hay. Algo que s se ha hecho en Barcelona al aceptarse el voto de la gente de Valls para alcanzar la alcalda. En poltica siempre hay que saber jugar con las limitaciones que determina el contexto. Siempre hay posibilidad de equivocarse, pero esto forma parte de la vida misma. Y siempre hay que pensar en un proyecto transformador a largo plazo.

Para ser ms concreto: La negativa del PSOE para formar un gobierno de coalicin con Unidas Podemos me parece impresentable. Muestra la existencia de lneas rojas por la izquierda, y poca justificacin democrtica. Pero empearse en esta situacin de principio y bloquear cualquier salida por parte de UP puede deteriorar an ms la posicin de la izquierda alternativa. Conduce no slo al peligro de las elecciones anticipadas sino sobre todo a aparecer como los culpables de impedir un gobierno relativamente progresista frente a la amenaza del tripartito derechista. Unidas Podemos debe tener perspectiva a largo plazo, reconocer sus propias debilidades y pensar una estrategia. sta exige sin duda ampliar su base social, su presencia capilar en la sociedad, su capacidad para que sus propuestas sociales alcancen mayor audiencia social. Y esto no depende de estar en el gobierno, sino de un trabajo por abajo hasta ahora poco y mal realizado. Sus propuestas cuentan con el apoyo explcito de los sindicatos mayoritarios (como ocurri en el pasado cuando CCOO y UGT apoyaron un Gobierno PSOE-IU tras la huelga del 12-D de 1988 y el posterior ciclo electoral, y el fracaso de este proyecto fue un factor de peso en el posterior giro conservador de los propios sindicatos). Pero (tambin como en el pasado) se trata ms de un deseo que de una estrategia consolidada, resultando improbable utilizar este apoyo como elemento desatascador de la negociacin.

En los prximos aos seguiremos enfrentados a graves tensiones en campos muy diversos: desigualdades, crisis ecolgica, altibajos econmicos, problemas relacionados con las migraciones, autoritarismo institucional, la cuestin catalana Slo con un enorme trabajo en diferentes niveles (el institucional y el de la presencia social) podremos evitar que deriven en tragedias. Y ms que un juego de la gallina, lo que nos hace falta es consolidar un espacio social que neutralice los impactos negativos y ofrezca perspectivas sociales diferentes. A tal fin, no slo hace falta contar con ministerios y altos cargos: se precisa un tejido social diverso y, al mismo, tiempo bien articulado que lo favorezca. Como plantea la fbula de Moby Dick, obsesionarse con un solo objetivo conduce a la tragedia.

IV

La sociedad espaola est sujeta a unas lneas de tensin que puede acabar generando un verdadero desastre social, en trminos de condiciones de vida y en trminos de calidad democrtica. En ambos espacios el desastre ya muestra la patita: bolsas de pobreza insoportables, deterioro ambiental, crecimiento de la extrema derecha y de su complementario, un nacionalismo perifrico excluyente. Para hacerles frente, se requiere tanto de un buen gobierno como de una estrategia socio-poltica a largo plazo.

El juego poltico entre los tres bloques, y las contradicciones internas en cada uno, especialmente en el de la izquierda, lo que estn provocando es un autntico agravamiento de la situacin (aunque tampoco somos tan originales: Italia puede volver a ser un referente en este sentido, como antes lo haba sido para la izquierda). Algunos de los generales muestran comportamientos patolgicos. Para la derecha esto no es un gran problema, el deterioro les puede llevar de nuevo al poder, su ignorancia sobre muchos problemas es insensata y su falta de empata social psicoptica. Pero para el resto es un desastre. Y por ello es momento de exigir a nuestros lderes, a nuestras organizaciones polticas y sociales, capacidad de visin y propuesta de largo alcance. Y a la gente comn, dado lo que est en juego, una implicacin social importante.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-181/notas/varados-en-ninguna-parte



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter