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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2019

Esclavos del consumo

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Se suele decir que esclavo es aquella persona que carece de libertad para tomar sus propias decisiones, porque se encuentra bajo el dominio de otra. Aunque en sus variadas formas ha venido siendo una realidad muy presente hasta no demasiados aos atrs, en teora esta situacin de dependencia personal parecera que ha sido erradicada o cuanto menos suavizada. Por lo que podra entenderse que los hombres se han librado de semejante lacra. Mas llegados a esta conclusin surgen dudas sobre si no ser una verdad a medias. Aunque la esclavitud en su sentido tradicional haya desaparecido, salvo situaciones puntuales y casi anecdticas, la realidad es que en el fondo otra esclavitud sigue presente, y solamente han cambiado las formas y el escenario en el que ahora tiene lugar.

Con lo que pudiera llamarse esclavitud actual no se establece abiertamente la dependencia a una institucin, una corporacin o a un patrn siguiendo el modelo clsico, el entramado es ms sutil. Por una parte, parece no haber un dueo de la persona afectada, pero lo hay, puesto que est obligada a seguir ciertas instrucciones y pautas de comportamiento en beneficio de otro sin posibilidad de rechistar. Por otra, la privacin de libertad aparece tan hbilmente disimulada que se vende a los esclavos la creencia de que son libres. Hay que aclarar que ese dueo que sigue atando con cadenas que impiden el libre movimiento de las personas se llama consumo. A veces son tan cortas que no permiten dar un paso al afectado y resultan en extremo agobiantes para la libertad, en este caso se habla de consumismo.

El nuevo patrn esclavista no poda ser otro que el entramado de empresas capitalistas que coartan la libertad individual utilizando tcnicas de manipulacin de ltima generacin e imponen a la mayora de las personas la obligacin de consumir para que l pueda seguir alimentndose econmicamente. Atendiendo as las previsiones de la ideologa capitalista, al objeto de hacer extensiva su dominacin sobre los hombres a perpetuidad. Claro est, se dice, que siempre queda la opcin de no seguir sus dictados. Sin embargo, es tal la sensacin de aislamiento que el afectado prefiere ser esclavo a sentir el agobiante peso de la soledad existencial.

Losque ejercen los poderes pblicos, que se dice son producto de la voluntad del electorado, aunque no sus decisiones, han visto en la promocin del consumo la fuente del negocio de mandar, porque sobre esta base se aumentan los ingresos y con ello las dimensiones del ejercicio del poder. Y como el votante en el fondo no vota gobierno, sino a quien dice promover el bienestar a travs del consumo, hay que seguir el juego establecido por el empresariado y satisfacer en lo posible la pasin consumista de las masas. De ah que en el mercado del voto haya que promocionar discretamente el asunto de la esclavitud del consumo para satisfacer a casi todos.

En lo sustancial, algo tan aparentemente inocente como el consumo, permite asegurar la fidelidad colectiva a un sistema que habla permanentemente de derechos, libertades y democracia. Todo ello con esa otra finalidad ms crematstica de incrementar las ventas empresariales. Puesto que, al moverse sujetas a tales creencias, las masas se entregan sin pestaear a los mandatos del consumismo, aunque suponiendo que interpretan el papel central de la obra. Por otro lado, lo de consumir concede cierto estatus personal a nivel social, con su apreciable componente de bienestar espiritual.

A la vista de lo cual todos parecen sentirse complacidos, sobre todo el patrn, que ve como se incrementa el negocio y se mantiene en disposicin de dictar las normas que marcan la existencia colectiva anulando la libertad de las personas. Se observa que en realidad se trata de una nueva versin de totalitarismo de naturaleza econmica, con la complicidad de la poltica que ampara sus intereses. Cuando la posibilidad de elegir se ejerce dentro de la oferta del mercado para el consumo no existe libertad, simplemente porque se trata de una eleccin limitada que deja fuera otras opciones. En definitiva es esto lo que viene a suceder. Por otro lado, se da la paradoja de que el horizonte de la libertad est limitado al mercado, solamente consumiendo se puede ser libre, fuera de l no hay libertad, porque para eso estn las normas que remiten al redil. A los indecisos, a quienes dudan del poder del mercado, basta con imponerles consumir por decreto y expropiarles su dinero, para que el poder econmico y el poltico puedan ejercerse con mayor vigor.

Si el individuo dedica todos sus ingresos a consumir, y adems se endeuda, cumple su funcin social como ciudadano, porque satisface a la sociedad, a sus gobernantes econmicos y a los encargados del orden poltico. Mas si se escaquea y ahorra, estropea las previsiones presupuestarias. El flujo del dinero se escapa del control del capitalismo oficial. De ah la necesidad de atarle y obligarle a consumir utilizando medidas de poltica econmica y tcnicas de marketing comercial, diseadas para dilapidar todos sus ingresos y anular su capacidad de ahorro. El triunfo de la estrategia oficial depender del grado de entrega al consumo y su mayor eficacia reside en hacer ms corta la cadena para sujetar de lleno a los individuos a eso que se ha llamado cultura consumista. De tal manera se conjuga cualquier posibilidad de contestacin al sistema.

Hoy la posibilidad de redimir a las personas de su condicin de esclavas del consumo y llegar a ser ellas mismas resulta utpica. Aunque pudiera ser que estuviramos ante lo que Bloch llamaba una utopa realizable.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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