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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2019

Limitaciones del 'sanchismo'

Antonio Antn
Rebelin


Hace seis meses publiqu un artculo titulado Una oportunidad para el sanchismo (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=250618). Hay que constatar que esa oportunidad la ha aprovechado al mximo Pedro Snchez, que ha reforzado su capacidad de iniciativa y liderazgo. Por un lado, parta del fracaso poltico y de credibilidad del Gobierno de Rajoy, con su gestin regresiva y autoritaria de la crisis social, econmica y territorial, plagada de corrupcin y fuente de desigualdad. Por otro lado, tuvo que superar, con determinacin y resistencia, la incapacidad y el autoritarismo interno de la direccin socialista anterior, hegemonizada por el susanismo y los principales barones territoriales; consigui el aval mayoritario de los afiliados socialistas para avanzar en un proyecto autnomo y no subordinado a las derechas que pretendan justificar su continuidad como representacin exclusiva de los poderes establecidos o del inters de Espaa y su ciudadana y sin cuestionamiento.

Naca el sanchismo como proyecto diferenciado del de las derechas y superador del lastre de desconfianza ciudadana a la ltima gestin gubernamental del Partido Socialista, su seguidismo continuista de la normalizacin poltica y econmica impuesta por las derechas y su impotencia posterior para salir de su crisis de credibilidad social y desafeccin electoral. Tras el fracaso del primer Pedro Snchez, con su pacto continuista con Ciudadanos, y dada su debilidad parlamentaria, solo le caba aproximarse a la otra opcin: el acuerdo con Unidas Podemos junto con la colaboracin nacionalista. La mocin de censura y su investidura estaban hechas. Los suficientes nmeros representativos en el Parlamento, existentes desde 2016, la demanda democrtica de la mayora social, junto con la firmeza de las fuerzas del cambio y los objetivos progresistas compartidos con una nueva voluntad poltica, redescubiertos por la direccin socialista tras la felona del Partido Popular, abrieron el camino a la nueva etapa institucional.

El sentido poltico y la conjuncin de fuerzas sociopolticas que impulsaron este nuevo proceso estaban claras. Por una parte, conllevaba tres tareas fundamentales, mayoritarias en la sociedad espaola: abordar la fuerte desigualdad desde criterios de justicia social; dejar atrs la corrupcin poltica e impulsar la regeneracin democrtica de las instituciones, y encauzar el conflicto territorial a travs de formas dialogadas. Por otra parte, ante el bloqueo de las derechas (PP y CS), necesitaba unos acuerdos regeneradores y de progreso, aun limitados, para asentarse en el poder. Deba contar con el apoyo de Unidas Podemos, con quien formaliz un pacto poltico y presupuestario con un significativo contenido social, y los grupos nacionalistas. Imperaba el realismo y el pragmatismo poltico y la prioridad por los intereses comunes de dejar atrs el ciclo derechista. El acuerdo era frgil pero suficiente para el objetivo transitorio e instrumental de ampliar su base electoral e incrementar su capacidad de liderazgo y la determinacin del nuevo proyecto para Espaa, con mayor posicin de ventaja.

Su balance, con los resultados electorales y el nuevo mapa poltico, es positivo. Se ha frenado el empuje de las tres derechas y el riesgo de involucin social, poltica, territorial y democrtica. El plan socialista ha aprovechado la coyuntura favorable, derivada de la debilidad del PP y la inconsistencia y divisin de los dems actores. Ha sido suficiente para conseguir unos objetivos mnimos: romper la hegemona institucional de las derechas y reforzar su capacidad y centralidad poltica respecto de los otros dos bloques, socios iniciales, el espacio del cambio y los sectores nacionalistas. Pero su representatividad de 122 diputados es insuficiente. Vale para liderar el Gobierno, dada la ausencia de otras mayoras parlamentarias alternativas y su distancia relativa respecto del resto; pero no es suficiente para garantizar en solitario o sin un compromiso claro y duradero la implementacin de su proyecto y la estabilidad gubernamental y parlamentaria.

Ahora no se trata de un plan provisional y poco slido, aspectos que quedan ms visibles como insuficiencias para armar un proyecto fiable y estable para la nueva legislatura. El marco poltico, este ltimo ao, combinaba el avance de esos objetivos progresistas y democrticos compartidos, con la dependencia de una estrategia partidista en el plano electoral que buscaba ensanchar su electorado ante las inminentes elecciones generales, sin necesidad de una autntica apuesta transformadora y firme en las polticas y alianzas de progreso que es lo que exige la nueva etapa.

El problema principal se sita en el proyecto poltico que engloba, pero va ms all, con dos componentes fundamentales: lo que, de forma a veces simplificada, se menciona del programa gubernamental y, por supuesto, la importancia decisiva de la composicin gubernamental y ejecutiva, as como los mecanismos que garantizan su cumplimiento. Por tanto, hay que clarificar cul es el proyecto de conjunto para el pas (de pases), la estrategia general del cambio de progreso en Espaa, con los apoyos sociales correspondientes, del que dependen la articulacin de las polticas concretas, las alianzas parlamentarias y los equipos gestores.

Una necesidad mutua

El Partido Socialista presume de sus fortalezas comparativas en el plano europeo, en particular su ascenso electoral, respecto de la socialdemocracia en crisis en pases significativos (Francia, Alemania, Italia, Grecia). Se olvida de sus debilidades estructurales e histricas, de las causas profundas que tambin ha compartido en el pasado: su gestin regresiva y prepotente de la crisis social, econmica y poltica. En Espaa la desafeccin electoral por su gestin gubernamental de la crisis ya le trajo una reduccin de ms de cuatro millones de votantes en el ao 2011 (respecto del ao 2008), incrementados por la disminucin de otros dos millones hasta 2016 por su incapacidad para dar una respuesta de progreso.

El sanchismo, despegado de esa herencia y con un nuevo perfil reformador y democrtico, ha demostrado que hay vasos comunicantes entre las bases sociales de ambos campos. Ha recuperado dos millones de votantes desafectos inicialmente, luego intermedios y situados entre los dos espacios y finalmente decantados a su favor. Ahora aspira a continuar con un mayor trasvase, con una perspectiva neo-bipartidista (o de bloques reaccionario/progresista) en el que subsumir el espacio alternativo.

Es decir, se tratara de su proyecto normalizador latente y tambin querido por los poderes establecidos: Cerrar la oportunidad histrica, abierta hace una dcada con un peso social e institucional significativo, para implementar un cambio de progreso, real y sostenido, con un reequilibrio de la representacin poltica y la consolidacin del espacio del cambio.

Por tanto, el proyecto estratgico asumido por la direccin socialista incluye la estabilizacin del modelo econmico-social dominante y la normalizacin poltico-institucional. Tiene una consecuencia directa: la neutralizacin de esa anomala poltica e histrica de una dinmica sociopoltica relevante y alternativa, de carcter transformador democrtico-igualitario. Su hegemonismo, con su nostalgia del poder, se lo impide. Su reaccin al vrtigo ante su profundo debilitamiento representativo y el temido sorpasso, a veces utilizado de forma despreciativa, incluso por las derechas, tuvo que ser dura, resistente y ambiciosa, pero a veces, prepotente y sectaria. El reto democrtico no superado es su dbil respeto a la nueva realidad plural, a otro equilibrio institucional, a un estatus poltico ms complejo y diverso.

Pero liderar un proyecto de progreso pasa por transformar la dinmica poltica, al menos con dos objetivos de fondo que subyacen en la tensin estructural y la reforma del poder: ms justicia social e igualdad (incluida la de gnero) y ms democratizacin y solidaridad (incluido ante el conflicto nacional, la convivencia intercultural, la sostenibilidad medioambiental y la integracin europea). Es el modelo de sociedad y el proyecto poltico que, con otros antecedentes, se ha ido configurando esta dcada de dificultades sistmicas y activacin cvica. Fundamenta esa corriente popular alternativa, todava amplia, y demanda una representacin poltica democrtica y social, que todava no puede representar la socialdemocracia existente.

En el plano terico y discursivo, todava sin desarrollar por el sanchismo, es todava distante del relato y la ltima gestin socialista, que en esta encrucijada mantiene una ambigedad retrica y sustantiva. No ha habido reflexin autocrtica. Su prioridad inmediata: ampliar su centralidad y su margen de maniobra poltica frente a las derechas y a los campos alternativo y nacionalista. Cabra decir que es un objetivo legtimo en el marco democrtico y el juego poltico pluralista; solo que conlleva tambin una pulsin prepotente, con ventajas ilcitas y desproporcionadas derivadas de la influencia o connivencia de diversos poderes fcticos. Es decir, no hay competencia en condiciones de igualdad, hay una ausencia de suficiente calidad democrtica de las instituciones fundamentales, con un sesgo antipluralista, una cultura autoritaria y una tica instrumental basada en el cinismo y la hipocresa. Las desventajas son (casi) siempre del mismo lado: la mayora social, ms vulnerable, la gente crtica y la propia democracia.

En definitiva, el objetivo de los poderes establecidos es cerrar el periodo de relativa inestabilidad poltico-institucional de las lites dominantes por la articulacin de un significativo espacio poltico-electoral de progreso en un pas relevante del sur de Europa. La direccin socialista, cuando menos, mira hacia otra parte.

El carcter del sanchismo

El sanchismo o nuevo PSOE, a veces nombrado con una configuracin ampliada nueva izquierda o nueva socialdemocracia, tiene un carcter especfico en esta coyuntura espaola y europea. Tiene componentes comunes de sus tradiciones, pero es distinta de la vieja socialdemocracia y la tercera va, particularmente la que ha gestionado la crisis desde la austeridad y el neoliberalismo. Y es diferente a la de los dos periodos anteriores: el segundo gobierno de Zapatero de la involucin social, que perdi ms de cuatro millones de votos, y el del bloqueo, impotencia y continuismo de Rubalcaba y el primer Snchez, que perdieron otros dos. Desde luego, junto con elementos parciales como el Partido Socialista portugus o el Partido Laborista britnico, constituye una esperanza de renovacin y remontada para la decada y desconcertada socialdemocracia europea.

De momento, no hay discurso, relato y, menos, teora que expliquen un horizonte creble y motivador, ms all de un ligero reformismo social y cierto europesmo genrico. Su receta bsica para su liderazgo social es su Manual de resistencia; constituye su credibilidad para representar a sus siete millones de votantes, despus de haberse atrado a dos de ellos del espacio del cambio. No obstante, est constreido por las fuerzas dominantes liberal-conservadoras y no tiene voluntad decidida de implementar un giro hacia la izquierda, afianzar un bloque de progreso con una alianza firme con Unidas Podemos y responder a tan amplios dficits democrticos, profundas desigualdades sociales, incluidas las de gnero, y mltiples dificultades de integracin social y convivencia intercultural y nacional.

Su indefinicin estratgica, su continuada mirada hacia un acuerdo con Ciudadanos y su incomodidad por la dependencia institucional de Unidas Podemos y, sobre todo, de ERC, para mantener una mnima estabilidad parlamentaria, fijan las constricciones polticas que valoran y condicionan su falta de determinacin hacia un autntico giro social y democrtico de progreso. Si a eso le sumamos la ofensiva poltica y meditica de las derechas, a pesar de su divisin, y la presin de los grupos de poder, incluido el consenso europeo de Merkel-Macron, comprobamos los fundamentos de su autolimitacin reformadora.

El proyecto sanchista es la combinacin de un continuismo de fondo en lo econmico y territorial, con una leve actitud y retrica progresista. A ello se ha aadido el arrastre de seguridad en el que se ha refugiado una parte de la gente asustada para frenar la involucin derechista y sus rasgos ms conservadores y segregadores, el antifeminismo recalcitrante y las tendencias autoritarias y centralizadoras de Vox, aunque mirando para otra parte respecto del nacionalismo espaolista reaccionario. Ha sido una dinmica en que el espacio del cambio ha estado desbordado y que tambin ha pagado caro.

No obstante, las expectativas reformadoras en lo social y la credibilidad de la resistencia sanchista a las derechas, ms ante la bsqueda de refugio por el temor popular involucionista, le han servido para la recuperacin de ms de dos millones de votos que haban perdido desde 2015 a manos de Unidas Podemos y sus alianzas. Ello, paralelamente a la menor credibilidad y el debilitamiento de las fuerzas del cambio, derivado de sus tensiones internas, sus errores y sus dificultades polticas y organizativas.

Por tanto, se ha consolidado el sanchismo como opcin socialista diferenciada de las derechas, con su claro liderazgo interno y un perfil de ligero reformismo social e intento de dilogo, en parte fallido, ante la cuestin catalana.

Se mantiene el relativo empate de las grandes tendencias poltico-ideolgicas, llmense izquierdas-derechas o progresistas-reaccionarias. Actualmente hay una ligera mayora de progreso, aparte de la polarizacin nacionalista. Ya he comentado la importancia del reconocimiento de la pluralidad en el llamado campo progresista y la diferenciacin entre Partido Socialista y espacio del cambio. Es difcil la articulacin de una tendencia intermedia entre ellos (o ms radical), por mucho que sea una referencia para algunos grupos vinculados hasta ahora a Podemos, Izquierda Unida o distintas confluencias, ms adaptativos respecto del Partido Socialista. El cmo se articule ese empeo puede aadir disgregacin, sectarismo y pasividad participativa y lastrar la recomposicin de Unidas Podemos que tiene una ardua tarea por delante para renovar, integrar y fortalecer el espacio del cambio.

No obstante, frente a los vaticinios de su descomposicin, acariciada desde los ms diversos mbitos, es probable y deseable su persistencia como espacio autnomo de la socialdemocracia, siempre condicionada por su ambivalencia: por un lado, llevarse bien con el poder y gestionar las polticas dominantes en un marco neoliberal, y, por otro lado, presentar un perfil algo reformador y progresista diferenciado respecto de las fuerzas liberal-conservadoras. Cuando han entrado en contradiccin abierta, como en esta ltima dcada, la socialdemocracia ha sido incapaz de salir de la encrucijada con una opcin de progreso.

Adems, es dudoso que el sanchismo deseche la posibilidad de la poltica y las alianzas de gran centro (con un Ciudadanos reequilibrado, aunque sea a media legislatura y en otros mbitos), que le asegure una clara hegemona y estabilidad de la nueva lite gobernante socialista, con una derecha (y ultraderecha) con una cuarta parte del electorado y el arrinconamiento institucional y representativo del espacio del cambio a un diez por ciento (con el sndrome de una segunda IU residual, como vaticinan algunos analistas), as como la contencin (no resolucin) del conflicto territorial.

Por tanto, camuflado en la responsabilidad y los consensos de Estado, no hay un claro proyecto transformador, social y democrtico, comprometido con el achicamiento de las dinmicas derechistas y reaccionarias y un ensanchamiento global de las tendencias democrticas alternativas y de izquierdas, compatible con la ampliacin de ambas corrientes progresistas y con un nuevo equilibrio plurinacional.

Parece que el Gobierno socialista es consciente de que no puede reeditar, aunque algunos quisieran, un pacto continuista con Ciudadanos o las derechas, por mucho que propongan ejes ambiguos (modernizacin, Europa, innovacin tecnolgica) o acuerdos de Estado. Estos, aparte de los clsicos de Exteriores-Unin Europea, Defensa, Justicia, Interior, Economa, a veces incluyen cuestiones como los pactos educativos, la igualdad de las mujeres, del sistema de pensiones, la transicin energtica o medioambiental, la reforma fiscal, el mercado de trabajo y la reforma laboral

Segn su plan inicial, el grueso de sus polticas vendra a consensuarse con las derechas y, eso s, con un Gobierno colegiado y el compromiso de lealtad de sus miembros y distintos escalones. Apenas quedara espacio para las llamadas polticas sectoriales que son las que, supuestamente, tendran un perfil de izquierdas y negociables con Unidas Podemos a las que se concedera su gestin de segundo nivel. Adems, est la importante gestin comunicativa dependiente del objetivo socialista de ensanchar su espacio electoral y achicar el espacio del cambio y no tanto de reducir el conjunto de las tendencias de derecha y ampliar el campo progresista plural.

En definitiva, desde el nuevo mapa representativo salido de las elecciones generales, ratificado con algunas variables en las elecciones recientes, llevamos dos meses mareando la perdiz sobre el carcter y la orientacin del nuevo Gobierno; la direccin socialista va avanzando propuestas y condiciones, aunque no termina de clarificar su proyecto. Estamos con emplazamientos, globos sonda, forcejeos, amenazas; o sea, buscando ventajas propias y desventajas para el contrario ante la opinin pblica para sacar el mximo partido (poder inmediato y legitimidad ciudadana). Hay que interpretar su trasfondo, en medio de opiniones y debates ms o menos interesados y parciales. La realidad se impone: el Partido Socialista se ha reforzado, pero solo no puede garantizar la gobernabilidad, menos ante unas derechas que apuestan por la confrontacin abierta; Unidas Podemos y sus aliados estn debilitados, pero tienen la representatividad institucional y la fuerza social suficiente para condicionar el proyecto y su implementacin. Solo cabe un acuerdo razonable y beneficioso para ambas partes y, sobre todo, para la gente, con un nuevo horizonte de progreso.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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