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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2019

Hay que alterar la legalidad vigente en favor de las libertades?

Mari de Dels
Pblico.es


El debate entre soberanistas catalanes sobre si tienen que descartar o no la accin unilateral para conseguir sus objetivos resulta del todo estril, o casi del todo. Unos y otros parecen inmovilizados desde hace tiempo.

Solo una parte, la independentista, insiste, como quien habla en el desierto, sobre la necesidad de negociar con el Estado. La otra parte reitera, como quien recita una jaculatoria, que es necesario superar la poltica de bloques, pero el resultado que obtienen unos y otros no es ms que ruido. Es el barullo que producen las mutuas y continuas descalificaciones sin contenido. Nunca, o casi nunca, se formulan argumentos sobre lo que se puede conseguir y perder si una parte ms o menos importante de la ciudadana catalana decide poner en cuestin en la prctica, por la va de los hechos, la supremaca del Estado espaol.

Tampoco se oyen nunca explicaciones sobre las oportunidades o momentos propicios para negociar aunque solo sea sobre algunos espacios de soberana. Demasiado a menudo se contrapone la unilateralidad a la negociacin, como si fuera necesario elegir inevitablemente entre una actividad y otra, y como si fuera imposible entender la relacin dialctica que existe entre ambos conceptos.

Parece evidente que cualquiera de las partes que intervienen en un conflicto tiene que intentar demostrar de alguna manera que puede actuar autnomamente si quiere conseguir que la otra lo escuche.

Insistir en que hay contradiccin entre accin unilateral y solucin acordada es absurdo. Lo es en cualquier circunstancia. Y en el caso del conflicto entre Catalunya y el Estado es evidente.

No hay que hacer un esfuerzo demasiado grande para entender que las instituciones espaolas, que niegan desde siempre la existencia de la soberana de Catalunya en todos los mbitos, no admitirn nunca, por ejemplo, la negociacin sobre la posible realizacin de un referndum si no ven en el otro lado a un sector significativo de la ciudadana suficientemente dispuesta a incomodar mucho al Estado y a ejercer en alguna medida el derecho que considera suyo.

Ninguna libertad democrtica se ha conseguido sin algn tipo de alteracin unilateral de legalidades vigentes.

Cualquier que tenga algn tipo de experiencia en gestin de conflictos sabe que las polticas de concertacin no tienen viabilidad si no sobrevuela la posibilidad de la confrontacin.

Quin contempla la eventualidad de un enfrentamiento, quin lo provoca, lo sufre o se ve implicado en el mismo, lo que busca siempre es ganar algo, pero antes de ser derrotado, intenta encontrar una salida, una solucin, o cuando menos una va para minimizar los daos. Resulta ms que improbable que un ente cualquiera preste atencin a las reivindicaciones de otro si sabe que detrs suyo no hay capacidad de tomar decisiones en algn sentido, de ofrecer algo, provocar un conflicto o evitarlo.

En el caso de los conflictos sociales, los que se producen para luchar contra las desigualdades, para defenderse de decisiones injustas o para conseguir derechos econmicos y sociales, para poder vivir dignamente, la relacin entre movilizacin y negociacin es tan evidente que no precisa argumentacin.

Los conflictos son fenmenos sociales, inherentes a la naturaleza humana, es decir, son naturales, inevitables y, incluso, necesarios. Cuando se gestionan de manera constructiva permiten el desarrollo social. Lo explica Kristian Herbolzheimer, director del Institut Catal Internacional per la Pau (ICIP), en una publicacin de este organismo, creado por el Parlament de Catalunya hace ahora 12 aos para promover la cultura de la paz en la sociedad catalana y en el mbito internacional.

Esta entidad public una encuesta el ao pasado, realizada a partir de un millar de entrevistas telefnicas, que pona de manifiesto que ms de un 70 por ciento de la poblacin catalana consideraba que la convivencia en Catalunya era buena o muy buena.

Este hecho sigue siendo una realidad incontestable para cualquier persona que preste atencin a la vida cotidiana del comn de los ciudadanos de Catalunya, a pesar del esfuerzo que hacen diferentes actores polticos, incluso algunos que se reclaman soberanistas o federalistas, para explicar que la reclamacin de libertad por los presos polticos resulta ofensiva y que media sociedad catalana vive enfrentada con la otra mitad como consecuencia de la reivindicacin de independencia.

Algunos de estos actores se empecinan incluso en presentar la utilizacin de la lengua catalana en los medios de comunicacin pblicos de Catalunya como un problema, y como lengua vehicular en la enseanza como un hecho discriminatorio, sin atender los argumentos en sentido radicalmente contrario que aporta la comunidad educativa. Los que insisten en la existencia de un problema de convivencia, sin embargo, no parece que consigan hacer crecer mucho el nmero de sus seguidores con este tipo de discurso.

Un conflicto poltico de difcil solucin

Adems de esta realidad social, la de la convivencia libre de intoxicaciones, el ICIP s considera que Catalunya se encuentra en un estado de fuerte polarizacin entre partidarios y detractores de la independencia de Catalunya y en un momento de enorme confusin, despus de aos de movilizaciones masivas.

Es por este motivo que, ante lo que consideran un conflicto poltico de difcil solucin, con un riesgo de cronificacin en percepciones y posiciones enfrentadas, los actuales responsables del ICIP han decidido compartir reflexiones de personas que han hecho frente a retos similares en otros contextos y ensayar al mismo tiempo con iniciativas de dilogo, despus de hacer un nuevo intento de interlocucin con todos los grupos parlamentarios.

No han hecho ningn gesto visible de momento, pero parece ser que todos, salvo el PP, con quien no hubo reunin, han agradecido su iniciativa, lo cual representa un paso adelante en relacin al fruto obtenido con otras gestiones realizadas por el propio ICIP a finales de 2017.

Necesitan poder trabajar con el visto bueno de todo el arco parlamentario y ahora parece que lo tienen, pero su apuesta por el dilogo quieren que empiece desde abajo. Por eso han organizado adems sesiones de dilogo experimental, en tres importantes localidades catalanas: Matar, Cardedeu y lHospitalet de Llobregat. Unas pruebas piloto para las cuales han contado tambin con la participacin de personas de la calle. Creen que han obtenido buenos resultados y se plantean la posibilidad de que esa experiencia se replique desde otros ayuntamientos.

Es preciso que se produzca dilogo social y poltico, segn ellos, y que se d con tres condiciones: curiosidad por parte de todas las partes, para conocer algo sobre el que piensa diferente; respeto por las personas, independientemente de sus ideas; y autocrtica, para reconocer que nadie tiene la verdad absoluta.

Se trata, no hay duda, de una iniciativa ambiciosa, que se pone en marcha con grandes interrogantes sin resolver:

Tiene el ICIP predicamento suficiente para vencer las dificultades que ha encontrado anteriormente y las nuevas que sin duda aparecern?

Necesita el concurso de otras entidades. Qu otras organizaciones pueden estar interesadas en impulsar tambin un proceso de dilogo entre actores sociales y polticos?

Existe alguna instancia internacional dispuesta a mediar entre instituciones catalanas y espaolas que pueda contar con la aceptacin de una y otra parte?

Es posible conseguir que el poder judicial deje de intervenir en la vida poltica? Los llamados constitucionalistas estaran dispuestos en algn momento a dejar de recurrir a la Fiscala y a los tribunales para reprimir al independentismo cataln?

La represin tiene un efecto desmovilizador, no hay duda, porque genera miedo. El miedo, como dijo el profesor Sampedro, es una fuerza ms poderosa que cualquier otro sentimiento. En qu condiciones pueden conseguir que se sienten a hablar los representantes del soberanismo si ven sus fuerzas debilitadas como consecuencia de la intervencin sobre las instituciones, la vulneracin de derechos elementales, las condenas pasadas y futuras, las multas, la accin policial y las advertencias ms o menos explcitas sobre grados superiores de represin estatal?

Llegar el momento en el que el Estado reconozca que no tendra que haber negado derechos polticos a las personas encarceladas y exiliadas?

Conviene repasar la historia del conflicto y recordar de qu se hablaba en 2005, cuando ERC, CiU y PSC defendan en el Congreso de los Diputados el texto estatutario. Si gobiernan PP, Cs y Vox ya sabemos lo que pasar, porque no se cortan al defender lo mismo que mantena el PP en aquel momento y que dio como resultado el recurso ante el Constitucional. Pero si lo que se encuentra en la Moncloa es un ejecutivo ms o menos izquierdista, es posible imaginar a las fuerzas catalanistas, soberanistas o no, exigiendo a otro gobierno del PSOE -entonces estaba el de Rodrguez Zapatero- el mximo respeto por lo que aprob o aprobar el Parlament de Catalunya?

Los expertos del ICIP estn convencidos de que el conflicto cataln tiene solucin, pero no a corto plazo. Exigir tiempo y no saben cul ser, pero tambin estn seguros de que no puede ser un resultado con ganadores y perdedores.

Eso est bien, pero pase lo que pase habr nuevas elecciones en algn momento, que pondrn de manifiesto correlaciones de fuerzas similares o diferentes de las actuales.

Si los independentistas ganan se les volver a pedir que gobiernen para todo el mundo, obviamente. Se les volver a exigir que pongan la Administracin catalana disponible en aquel momento al servicio de toda la sociedad catalana. Al servicio de ganadores y perdedores, y no solo de quienes les hayan votado. Cuesta imaginar, efectivamente, donde se encontrar la solucin del autntico conflicto poltico, el que enfrenta a una parte importante de la sociedad catalana con el Estado. Cmo se puede encontrar en estas circunstancias un camino de entendimiento con el nacionalismo espaol?

Pero si los constitucionalistas consiguen la mayora, tambin est claro lo que harn los soberanistas. Los rifirrafes que ahora tienen entre ellos subirn de nivel o no, pero no tendrn otra alternativa que mantener la actitud que observaban cuando eran minora. Tendrn que buscar de verdad la manera de ampliar su base.

Lo que resulta ms difcil de imaginar es un escenario de fuerzas respetuosas de la legalidad espaola, instaladas en la Generalitat, gobernando con un programa de medidas que guste a los independentistas y que ponga fin, como dicen, a la poltica de bloques.

Fuente: http://blogs.publico.es/notas-sobre-lo-que-pasa/2019/07/01/hay-que-alterar-la-legalidad-vigente-en-favor-de-las-libertades/



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