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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2019

Prlogo del libro de Diego Daz
Disputar las banderas: los comunistas, Espaa y las cuestiones nacionales (1921-1982)

Juan Andrade
El cuaderno

Disputar las banderas: los comunistas, Espaa y las cuestiones nacionales (1921-1982) es el ttulo de un libro de reciente publicacin del historiador asturiano Diego Daz que reelaborando su tesis doctoral pasa revista a una cuestin que ha cobrado inters en los ltimos tiempos al calor del procs cataln y de las reclamaciones e intentos de figuras como igo Errejn de resignificar la idea de patria espaola y recuperarla para la izquierda: la compleja relacin histrica del comunismo hispano con los distintos nacionalismos del pas, tanto el espaol como los llamados perifricos. Lo que sigue es su prlogo, escrito por el prestigioso historiador extremeo Juan Andrade.


Comenta Diego Daz en la introduccin de este libro que las relaciones entre la izquierda y la cuestin nacional le han fascinado desde que tiene uso de razn poltica. Doy fe en cierta medida de ello. Coincid con Diego hace muchos aos en un congreso de historia en Zaragoza. Quienes entonces empezbamos nuestras tesis doctorales deambulbamos por estos eventos para presentar alguna comunicacin sobre un tema que ni siquiera habamos delimitado, con la idea de testar el sentido de nuestros primeros escritos en la reaccin de los compaeros. A veces era un relator el que sintetizaba desde la tribuna, con mayor o menor tino, tu comunicacin en dos frases; y el que emita, con mejor o peor voluntad, un veredicto para el que luego tenas un brevsimo turno de rplica desde el auditorio. Otras veces apenas te daban diez minutos para que expusieras la comunicacin por ti mismo, un tiempo muy escaso para todo lo que queras contar, pero suficiente, por fortuna, para que no se notara demasiado lo poco que tenas que decir. Tambin lo era para que de vez en cuando alguna voz propia traspasase el formato encorsetado del evento y se impusiera a la tendencia, tan frecuente dentro del gremio de los historiadores, a homologarse en el marco de unas ideas, jergas y tonos muy estandarizados.

Como aquello te saba a poco esperabas al final de la sesin para preguntarle ms al comunicante; para comprobar si en aquella estridencia haba una afinidad y si en ese compaero de fatiga congresual podas encontrar un interlocutor. Eso lo comprobabas cuando al final de la jornada se prolongaba la penosa segregacin entre ponentes remunerados y comunicantes precarios, quienes a pesar de dar contenido al congreso tenan que pagarse desplazamiento, alojamiento y matrcula. Los unos se iban a cenar a algn restaurante concertado; los otros trataban de reubicarse en cualquier bar. Como all el ambiente era ms suelto, las afinidades se iban perfilando. Recuerdo que las mas con Diego se dieron esa noche por varias razones. Ambos investigbamos la historia del movimiento comunista en el marco de procesos polticos ms amplios. Los dos participbamos en movimientos sociales y organizaciones alternativas. Y tanto el uno como el otro tenamos una concepcin amplia de la historia que conectaba con otras inquietudes culturales.

De aquel da recuerdo tambin la fascinacin de Diego por el tema de la izquierda y el nacionalismo; por la cuestin y no por el estado de la cuestin que la envolva. Su inters era adems poltico porque se orientaba a entender un problema de largo recorrido que afectaba a su compromiso. Estbamos en la segunda mitad de la primera dcada del 2000. Venamos de un ciclo importante de movilizacin social, que para muchos activistas de nuestra generacin haba arrancado con el movimiento antiglobalizacin, donde se daban enconados debates acerca del papel del Estado-nacin en el contexto de formacin de nuevas cadenas de poder a nivel geopoltico. En Espaa, el ciclo tuvo sus aos lgidos en la segunda legislatura de Aznar , con las manifestaciones contra la LOU, la catstrofe del Prestige , la ensima reforma laboral y la guerra de Irak; todo en el marco de un nuevo proyecto gubernamental de renacionalizacin espaolista del pas que pretenda llevarlo, de la mano de Estados Unidos, a una posicin internacional destacada.

A ese escenario sigui otro de desactivacin social y fuerte polarizacin poltica ms simblica que programtica. A un lado, un Gobierno de centroizquierda apoyado por partidos regionalistas y nacionalistas de distinto signo ideolgico; a otro, una derecha que desde la oposicin azuzaba el sempiterno espantajo de la ruptura de Espaa, aprovechando el envite del Plan Ibarretxe , el desarrollo del Estatut cataln y el fallido dilogo del Gobierno de Zapatero con ETA. Se trat de un discurso que, visto a la postre, ha tenido mucho de performativo o de profeca autocumplida. En una posicin subalterna con respecto al primer bloque qued Izquierda Unida, reducida a sus niveles ms bajos de representacin. La fuerza heredera de la tradicin comunista que investigaba Diego se ira desgastando adems de por un contexto histrico sociolgica y culturalmente hostil por la prdida de espacios de intervencin social, por su tradicin cainita y por su incapacidad para abrirse espacio en esa bipolaridad simblica tan tensionada por la cuestin nacional.

Ese fue el contexto en el que arranc la investigacin histrica de Diego en la que se basa este libro. En ella buscaba tambin las razones de una dificultad objetiva y de una autolimitacin subjetiva: las de la izquierda alternativa de mbito estatal a la hora de defender en la Espaa de las dcadas pasadas un proyecto propio de nacin. Despus de aquel encuentro, no volv a ver a Diego hasta muchos aos despus, cuando defendi su tesis en 2016 y, por las vueltas laborales que da la vida, termin formando parte del tribunal. Estbamos en otro contexto muy distinto: el de la crisis orgnica del llamado rgimen del setenta y ocho y la activacin social del 15-M, el de la apertura de un nuevo horizonte de cambio y la emergencia de una fuerza poltica de mbito estatal llamada en teora a aprovecharlo. Tambin es bueno tenerlo en cuenta para entender que este libro se cerr tratando de iluminar algunas experiencias histricas que pudieran ayudar a ese momento de oportunidad, en el que ms temprano que tarde habra que habrselas con la endiablada cuestin nacional.

Si esa oportunidad de cambio se abri a partir de 2011 fue porque la tensin poltica se desplaz del debate simblico y territorial a la cuestin social a medida que el paro, los desahucios y el bloqueo de las expectativas de promocin social se extendan por todo el pas. A ello ayud el fin del terrorismo de ETA, que alivi el debate sobre la identidad nacional y la organizacin territorial del Estado dejando ms espacio a una cuestin social que se desbordaba. La oportunidad de cambio tambin fue abierta por el empuje de una voluntad social amplia de regenerar democrticamente las instituciones corrompidas por muchos de quienes ensalzaban o se arrojaban sus smbolos. Tambin se abri porque a ojos de mucha gente este pas se revel sometido al dictado de poderes extranjeros cuando el Gobierno de Rodrguez Zapatero primero, y el de Mariano Rajoy despus, aplicaron tremendos recortes a instancias de instituciones internacionales no elegidas democrticamente.

En este contexto, Podemos enton un nuevo discurso nacional-popular, patritico-progresista, poco elaborado en profundidad, pero con mordida en superficie. As, se reivindic la soberana nacional secuestrada por instituciones internacionales que dictaban los estrechos mrgenes de un presupuesto nacional supeditado al pago de los intereses de la deuda. As, se denunci a los defensores en Espaa del patriotismo constitucional que cambiaron la Constitucin de la noche a la maana para adaptarla a semejante dictado exterior. O as, se critic el patriotismo identitario de quienes, al tiempo que se envolvan en la bandera, se llevaban su dinero, y a veces tambin el dinero pblico, a parasos fiscales.

El discurso de esta nueva izquierda, que trataba de evitar que la cosificaran con esa etiqueta, ofreca un enfoque nuevo al problema nacional aprovechando que el marco estaba cambiando. El principal problema territorial de Espaa no era el de su configuracin intranacional, sino el de su insercin internacional. El nuevo intento de patriotismo progresista se tall en confrontacin con la troika: se referenciaba cmodamente con respecto a ella y no con respecto a las clsicas y complejas reivindicaciones de los llamados nacionalismos perifricos.

Sin embargo, estas reivindicaciones no solo no dejaron de existir, sino que bulleron y se reformularon al fuego de la crisis para concretarse, en el caso de Catalua, en un proyecto independentista cada vez ms respaldado. Se puede establecer una cierta tendencia por la cual, cuando en Espaa la cuestin social se acenta, aumentan las posibilidades de la izquierda de mbito estatal, mientras que estas se reducen cuando el debate se polariza en torno la cuestin nacional. Pero las cosas suelen ser ms complejas, pues en la Espaa contempornea, raro ha sido el momento en el que una crisis de rgimen, que por empuje social abriese la posibilidad a un cambio desde la izquierda, no se haya terminado solapando o entrecruzando, pese a no acompasarse del todo, con una crisis de configuracin nacional. El problema resulta ms difcil de gestionar para esta izquierda cuando en esos momentos de cruce surgen lealtades e identificaciones contradictorias que se abigarran o segregan en el curso de secuencias polticas muy rpidas, donde la fuerza de los acontecimientos impone giros incontrolables. Ambas cosas ayudan a entender que, en las elecciones generales de 2015, En Com Podem fuera la candidatura ms votada en Catalua y apenas unos meses despus, en plena crisis por el referndum del 15 de octubre, obtuviera en las autonmicas unos resultados tan modestos, quedando rota y sobrepasada por la confrontacin nacional.

El coste que se prev para las llamadas fuerzas del cambio a nivel estatal no parece que vaya a ser balad a tenor de cun fuera de juego han quedado en la crisis del Procs. El discurso nacional-popular no sirvi, por su generalidad, para hacer frente a una confrontacin tan enconada y compleja. Pero tambin porque el contexto para su enunciacin estaba cambiando de nuevo a la contra, por el reflujo de las luchas sociales y por la dificultad real y el miedo escnico a la hora de seguir reivindicando la verdadera soberana nacional, catalana y espaola, frente a la disciplina neoliberal de unas instituciones europeas que en otros pases impugnaban ya con ms xito la extrema derecha. Y, sobre todo, no sirvi porque ese discurso no lleg a ser algo ms que un discurso, y tampoco una cultura poltica asentada y encarnada en un sujeto social al cual apelar.

En la prctica, Podemos se volvi a expresar en trminos parecidos a como lo haba hecho la izquierda alternativa anterior, acusando el sndrome de la manta corta, que te deja los pies al descubierto cuando quieres taparte el torso y el torso al aire cuando vas a taparte los pies. Cuando trataba de conectar con bases y dirigentes de su referente cataln, comprometidos o comprensivos con el Procs, chocaba en el resto del pas y en parte de Catalua con unas bases amplsimas muy identificadas con la idea de una Espaa unida. Cuando trataba de reconectar con esta base social, sufra la distancia de aquella otra. Tampoco funcion la loable voluntad de mediacin entre las posturas enfrentadas, pues en contextos tensos de polarizacin identitaria los mediadores suelen salir mal parados. Desde cada frente se les acusa de servir ms a los intereses del contrario y desde ambos de ocupar una inaceptable posicin equidistante. Tampoco el papel de mediador result muy creble para unos o atractivo para otros, al desempearlo una fuerza que naci y creci impugnando lo existente.

La situacin se ha vuelto ms complicada, adems de peligrosa, a medida que la cuestin catalana ha ido alimentando un giro reaccionario en mucha gente que siente amenazada la unidad de Espaa en la que descansa su identidad nacional. Eso se ha puesto particularmente de manifiesto en las elecciones andaluzas que, mientras escribo estas lneas, acaban de celebrarse y de conceder doce escaos al partido ultraderechista Vox que ninguna encuesta haba predicho. A ese giro se ha contribuido en distinto grado desde tres opciones polticas: en primer lugar, desde una derecha espaola, tradicional o refundada, que ha venido alimentado con mucho oportunismo la bestia de un nacionalismo espaolista que nunca rompi con sus resabios franquistas, y que ahora se le desboca para dar vida a una nueva opcin electoral que viene a tensionar ms la cuestin nacional y a derechizar la poltica en su conjunto. En segundo lugar, desde un independentismo cataln tan atrevido como ingenuo, indiferente a los efectos de sus actos en Espaa o que fantasea con la idea de que un giro espaolista reaccionario pueda alimentar el deseo de independencia de ms catalanes. Y tambin, aunque sea por torpeza, impotencia u omisin desde una izquierda espaola, como se ha dicho, desorientada y sin una base social amplia y cohesionada en torno a un proyecto distinto de pas. De fondo, guste o no guste a esta izquierda, hay una realidad histrica, una suerte de constante propia de la contemporaneidad: la de la dificultad de la mayora de la gente a la hora de sustraerse a una identidad nacional. Una dificultad tanto mayor en el nuevo contexto de crisis de poca, donde la inseguridad social y vital generada tras varias dcadas de globalizacin neoliberal invita a buscar amparo en el repliegue hacia identidades nacionales, que en ese camino de vuelta suelen resultar muy reactivas.

A partir de estas dificultades, expectativas y frustraciones, Diego explicita una pregunta que ha inspirado su trabajo: si la izquierda actual puede sostener con xito un discurso patritico espaol que reconozca a la vez la plurinacionalidad de Espaa sin que ello repela a quienes, respectivamente, desconfan de una cosa u otra. Hubiera sido interesante preguntarse tambin por quienes pudieran ser indiferentes hacia ambas cosas. En cualquier caso, el libro de Diego no pretende responder a esta pregunta, que quiz no tenga respuesta en el plano apriorstico de la reflexin terica. Su libro es un libro de historia que ofrece buenos materiales y recursos para abordarla. Estos materiales y recursos son los anlisis histricos de experiencias pasadas, que no son iguales a las actuales, pero s en alguna medida anlogas. Las analogas que laten en algunos momentos del libro quedan al albur del lector. Y es bueno que as sea, pues, por paradjico que resulte, los materiales historiogrficos son tiles al debate poltico actual cuando se elaboran de manera autnoma con respecto a l, cuando el anlisis del pasado coge fuerza de inquietudes presentes, pero no se hace desde el presentismo. Solo as se puede aprender de un pasado que no sea un mero reflejo de los anhelos o frustraciones actuales. La utilidad que este libro tiene para el debate poltico se debe a que es un libro de historia que est terica, metodolgica y tcnicamente muy bien construido. Eso hace que tambin sea atractivo para quien no est interesado en el debate actual, sino simplemente en la historia, o afronte el debate actual desde convicciones polticas distintas. En el libro, Diego hace acopio de multitud de fuentes, las procesa crticamente, utiliza marcos interpretativos actuales para tratar de entender el pasado desde sus propios parmetros y construye un relato con pulso narrativo. Ello tiene ms mrito si se considera el marco cronolgico y espacial que abarca, inusualmente amplio en un trabajo de investigacin. Si esas virtudes historiogrficas se mantienen a lo largo de un libro tan amplio es sobre todo por la capacidad y el trabajo de Diego, pero tambin por el magisterio de quien fuera su director de tesis, Paco Erice .

Las experiencias histricas que analiza Diego fueron tan ricas que tienen inters en s mismas. Pero adems dan fe de que la dificultad actual para construir un proyecto nacional desde la izquierda espaola tiene bases histricas profundas, sin menoscabo de su propio empeo por vivir, en un nuevo comienzo recurrente, de espaldas a las mismas.

El comunismo de la Tercera Internacional tuvo sus orgenes en una doble oposicin a su propia tradicin socialdemcrata, que remita directamente a la cuestin nacional. Surgi, por una parte, como impugnacin al respaldo que la mayora de los partidos socialdemcratas dieron en 1914 a los crditos de guerra en sus respectivos pases, dinamitando cualquier idea de internacionalismo y poniendo de manifiesto que, ms all del chovinismo de sus dirigentes, sus bases obreras participaban de una identidad nacional fuerte, que tambin poda ser reaccionaria. Por otra parte, el comunismo surgi de la crtica moral al imperialismo y de la intuicin de que la cadena internacional de dominacin poda romperse por su eslabn ms dbil, es decir, en aquellos pases de la periferia donde el impulso revolucionario poda alimentarse tanto del hasto social a la explotacin econmica como de reivindicaciones nacionales forjadas en oposicin a la dominacin extranjera. Esta idea se conjug con la necesidad de dar una respuesta a la configuracin multitnica y multinacional de la vieja Rusia imperial que resultara, primero, funcional a la revolucin y, luego, a la construccin de un nuevo Estado. Cuando la revolucin se desat en Rusia, su vocacin mundial se cruz con los primeros anhelos de independencia de algunas colonias.

Toda esta complejidad dio forma a la reivindicacin del derecho de las naciones a la autodeterminacin, un elemento tan importante como problemtico de la tradicin comunista, pues al tiempo que se reclamaba como un derecho universal, su observancia quedaba expresamente supeditada al trazado estratgico de la revolucin mundial y a veces a los simples intereses coyunturales de la lucha de clases en cada pas. Tambin porque, con el fin de la expansin de la revolucin mundial en los aos veinte, este derecho qued reducido a pura retrica en los programas de partidos comunistas dbiles de pases europeos con problemas histricos de configuracin nacional muy distintos a los de la Rusia imperial o las colonias del Imperio britnico.

Este fue el caso, como analiza Diego, del PCE en sus primeros momentos. La complejidad del problema nacional y su propia inmadurez lo ataron a un obrerismo estrecho incapaz de conjugar la defensa de los intereses de clase con cualquiera de sus identidades territoriales, despreciadas como burguesas. El giro frentepopulista de mediados de los aos treinta ayud a un replanteamiento ms complejo y fructfero de la cuestin. El PCE reconect con una tradicin federalista que reconoca la plurinacionalidad de una Espaa nueva, republicana, democrtica y socialmente avanzada que defender ante el auge del fascismo. Los intereses de clase se declinaron tambin en trminos nacionales, compatibles con el internacionalismo que proclamaba en esos momentos la Comintern, muy dependiente de los intereses de Estado soviticos. La voluntad de la URSS de forjar una alianza con las democracias occidentales, que aislara las pretensiones expansionistas de la Alemania nazi, encontr su correspondencia en la voluntad, muchas veces anterior, de los partidos comunistas nacionales de hacer una poltica de efectos reales en sus pases por medio de alianzas con otras formaciones liberales y progresistas. Por tanto, se trataba de una estrategia de freno al avance del fascismo, que, sin embargo, nada tena que ver con la extraa pretensin de disputarle base social por medio de la mmesis nacionalista en el simple marco de los respectivos Estado-nacin. De hecho, la adecuacin de la prctica poltica de los partidos comunistas a sus respectivos marcos estatales y la reconciliacin con sus tradiciones polticas nacionales se articulaban con una poltica internacionalista orientada a defender las posiciones de la revolucin y la democracia en el mundo frente a un fenmeno, el del fascismo, que, pese a ser virulentamente nacionalista, tambin se viva como un fenmeno internacional. Creo que considerar esta experiencia puede servir un poco (tampoco mucho, por las diferencias histricas abisales) a una izquierda tentada bien por un repliegue aislacionista al Estado-nacin, bien por un europesmo o internacionalismo vacuos.

En cualquier caso, la cuestin nacional se integr en el programa e imaginario del PCE cuando se sustanci, ms que en la proclamacin de unos principios abstractos, en la defensa de un nuevo proyecto de pas que representaba un cambio real en las relaciones sociales de poder, as como un avance concreto en su descentralizacin que ayudaba a ese cambio. Este proyecto era el de la Segunda Repblica, perfilado en el programa del Frente Popular del treinta y seis, y el de los estatutos de autonoma que se fueron aprobando. La integracin fue mayor cuando al poco tiempo hubo que defenderlo con las armas frente a la intervencin militar de la Alemania nazi y la Italia fascista, conceptualizada como una invasin extranjera. La lucha de clases pas a cobrar tambin la forma de una guerra patria.

En este momento de intensidad histrica se condens el que ser el ncleo de la poltica nacional del pce durante las dcadas del franquismo y los primeros aos de la Transicin. Ese ncleo se solidific con la larga experiencia del exilio, es decir, con la expatriacin forzosa y el anhelo de regreso a una patria que en la mayor parte de los casos en el PCE se nombraba como Espaa. Esta poltica nacional fue adaptndose a los cambios internacionales y nacionales. El cambio internacional ms importante fue el respaldo que la dictadura recibi de Estados Unidos en el nuevo contexto de la guerra fra, de tal forma que el discurso patritico del PCE se reforz reivindicando la independencia de Espaa de la tutela norteamericana. Los lmites de este discurso los marcaba la acusacin que el PCE reciba de ser un partido supeditado a los intereses de una potencia extranjera como la URSS. La mayora de las fuerzas de la oposicin insistan en ello a fin de aislarle de un futuro proceso de salida de la dictadura. La voluntad de apartarse de la URSS y romper ese aislamiento llev al PCE a mostrarse ms comprensivo con el proceso de construccin europea, que respaldaba la mayora de la oposicin y que un parte de la progresa intelectual presentaba como una tercera va de convergencia internacional, frente a los pases de la rbita sovitica y cada vez ms autnoma con respecto a EEUU. Con esos materiales tan tcticos y circunstanciales se fue construyendo tambin en el PCE la idea de una Espaa perteneciente a una identidad europea mayor o llamada a formar parte de ella.

A nivel nacional, los planes de liberalizacin y desarrollo modificaron en los sesenta y setenta la distribucin de la poblacin en el espacio y, por extensin, las identidades territoriales. El proces llev a cientos de miles de personas de los pueblos de Andaluca, Extremadura, Murcia y las dos Castillas a las reas industrializadas, buena parte de las cuales se ubicaban en el Pas Vasco y Catalua. En Catalua se constituy un sujeto poltico amplio y heterogneo atravesado por motivaciones e identidades socialistas, democrticas, catalanistas y espaolas. El PSUC contribuy de manera determinante a construirlo, cohesionarlo y cimentarlo por medio de la agregacin, el equilibrio o la sntesis de tales motivaciones o identidades. El partido ocup un espacio tan grande e integrador en el antifranquismo que apenas dejaba margen para quienes atendieran a uno solo de estos cuatro vectores.

Por importante que fuera, esto no se hizo por medio de una simple enunciacin discursiva o programtica: una Espaa democrtica, socialmente avanzada y federal que reconociera en general el derecho a la autodeterminacin de Catalua y en particular su estatuto de autonoma, algo que por mmesis defendieron otras fuerzas de la oposicin. Esto se hizo por medio de una prctica poltica que necesit de constancia, coraje e innovacin; de capacidad de direccin poltica y de mucha participacin autnoma de la gente. Esta prctica se despleg a travs de multitud de luchas sociales y cristaliz en la formacin de algo parecido a una contrasociedad formada por Comisiones Obreras (CCOO), asociaciones de vecinos, sindicatos de estudiantes, grupos de teatro, cineclubes, campamentos juveniles, revistas o peridicos. Era en el marco de esa contrasociedad donde la gente poda identificarse con el discurso y el programa nacional del PSUC, porque estaba participando de su elaboracin, porque esas ideas y proyectos estaban informando sus luchas y solidaridades y porque esa contrasociedad funcionaba en ciertos aspectos como una anticipacin positiva a pequea escala del pas que se propona construir. No se trataba solo de que el proyecto nacional del PSUC convenciera racionalmente a una multitud heterognea, que tambin: es que ese mundo sindical, vecinal, asociativo y cultural vena funcionando adems como un espacio para la integracin en la sociedad catalana de trabajadores y trabajadoras venidos de fuera; un espacio de convivencia donde, no sin tensiones y contradicciones, las identidades se sumaban y reformulaban al servicio de una idealidad compartida, la de acabar con una dictadura que cercenaba derechos sociales y democrticos, tanto catalanes como espaoles, y la de reemplazarla por una Catalua autnoma y con personalidad propia en el marco de una Espaa federal democrtica y socialmente avanzada.

Creo que, a la luz de esta experiencia histrica que tan bien analiza Diego, cabe considerar las limitaciones actuales de la izquierda alternativa espaola y catalana no procesista. Las valoraciones que se hagan debern tener en cuenta el poco trabajo que las llamadas fuerzas polticas del cambio han dedicado a la construccin de esa contrasociedad en la que su propuesta de pas pudiera sentirse realmente como una alternativa de vida y convivencia al choque de identidades nacionales, cuando adems haba energa social y buenas posiciones institucionales para ello.

Que estas prcticas y este proyecto del PCE funcionaran bien en Catalua no implicaba que lo fueran a hacer en otros lugares con reivindicaciones nacionales fuertes, como Galicia y Pas Vasco. El libro de Diego prueba que estos lugares eran tan diferentes en sus bases sociolgicas y culturales y en su dinmica poltica como diferentes tambin eran las organizaciones hermanas del PCE que intervenan en ellos. La complejidad a la hora de desarrollar a escala estatal una prctica poltica desde la izquierda radicaba y radica no solo en el contraste entre las diferentes nacionalidades o naciones de la periferia peninsular, por un lado, y el resto de Espaa, por otro; sino en las diferencias que se daban y se dan tambin entre las primeras. Pese a ello, el pce pudo cimentar, en torno a una idealidad y una prctica poltica, a una base social amplia y organizada con presencia, aunque fuera desigual, en todo el pas, desarrollando una poltica determinante en la lucha contra la dictadura en la que lo defendido en un lugar no entraba en contradiccin con lo defendido en otro.

Cundo y cmo se descompuso todo ese patrimonio? Las razones a ponderar en una explicacin integral podran ordenarse en distintos niveles de abstraccin: un cambio de ciclo histrico con profundos cambios sociolgicos y culturales que segaban la hierba bajo los pies de los partidos comunistas; un proceso de transicin muy difcil que se afront con una lnea poltica variable y efectista de pobres resultados; el fin de la lucha contra la dictadura como ideal cohesionador de motivaciones diversas dentro del partido; o el autoritarismo y la torpeza de la direccin a la hora de gestionar ese partido extraordinariamente heterogneo y contradictorio que, sacudido por tantas tensiones, termin saltando por los aires. A ese conjunto de razones, como bien hace Diego, habra que integrar la relacin del partido con la cuestin nacional.

Los virajes del PCE en la Transicin le llevaron a comprometerse, como conceptualiza Diego, con una suerte de nuevo patriotismo constitucional y con el proceso autonmico que prefiguraba la Carta Magna. El proceso autonmico dio vida al partido en muchos territorios, pues lo abord como una oportunidad para aproximar el poder a los ciudadanos y corregir desigualdades y agravios histricos. Con el tiempo, el desarrollo autonmico dio ms juego a otras formaciones regionalistas o nacionalistas, que lo abordaron desde la fuerza del particularismo, y a unas lites regionales que, a travs de estas o de los grandes partidos, pasaron a patrimonializar en muchos territorios las instituciones autonmicas. Ese nuevo patriotismo constitucional no forj ni una idealidad ilusionante ni una identidad consistente para buena parte de la militancia y las bases comunistas, pues se identificaba con un sistema poltico monrquico, con smbolos y hbitos que remitan a la dictadura y con un proyecto de modernizacin vaciado de contenidos sociales cuyo destino era la integracin en una identidad europea recientemente redescubierta. Ese nuevo patriotismo entraaba una ruptura con la cultura republicana y federal desde la que el PCE haba perfilado su primera idea ms o menos slida de Espaa, con la cultura del exilio en la que esta se haba reforzado y con la cultura del antifranquismo con la que esta se haba enriquecido y adaptado a los cambios del pas. El giro representaba una discontinuidad que dejaba a sus militantes ante un patriotismo vago y extrao y, por tanto, a merced de quien estaba en mejores condiciones para significarlo: el PSOE.

El problema es que tras las rupturas bruscas resulta imposible la vuelta al punto de partida y muy difcil la reconexin con una tradicin que, en tanto que interrumpida, luego es ms propensa al envejecimiento. As, durante los noventa y los 2000, Izquierda Unida tuvo serias dificultades para defender la propuesta bien configurada tericamente de una Espaa republicana, plurinacional y federal, porque no haba entre ningn sector significativo de la sociedad espaola una cultura poltica que pudiera recepcionarla. Por eso, a medida que la organizacin se fue debilitando, empez a bascular, segn los lugares y la coyuntura, entre los poderosos polos de atraccin de los nacionalismos sin Estado y del nacionalismo espaol de Estado, autnticas culturas polticas de la Espaa actual. Para resistirse a ambas atracciones, o evitaba el debate con un gesto incmodo o se repeta la simple idea de la Espaa federal y republicana, convertida por impotencia en un mantra o un fetiche. Despus de varios aos y un parntesis de oportunidad que empieza a cerrarse, parece que las fuerzas polticas del cambio van a ese mismo punto de partida, lo cual pone de manifiesto que muchas cosas no se han hecho bien, pero tambin que la cuestin nacional en este pas o en estos pases es realmente complicada. Para abordarla, este libro ofrece muchas claves.

Como se ha dicho varias veces, este libro es una adaptacin de la tesis doctoral de Diego, de cuyo tribunal tuve el honor de formar parte hace un par de aos. Formar parte de un tribunal de tesis doctoral es una tarea a la vez estimulante e incmoda, pues estos tribunales estn atravesados por una contradiccin intelectual fuerte. Y es que, a poco buena que sea la tesis doctoral y la de Diego lo era mucho, el evaluado sabe mucho ms sobre el tema que el evaluador. En mi caso, la participacin en aquel tribunal fue doblemente estimulante e incmoda. Estimulante, adems, porque se trataba de hacer doctor a alguien a quien no haba vuelto a ver desde haca muchsimos aos, pero de cuyo esfuerzo y buen hacer supe en su da. Incmoda, tambin, porque el tribunal estableca una jerarqua, cuando menos administrativa, entre dos compaeros de antao, es decir, entre dos iguales. Ahora me siento realmente cmodo haciendo de telonero de Diego en su libro, sobre todo porque los libros, cuando son buenos, se imponen a esas y otras jerarquas.

Cceres, diciembre de 2018.

 

Disputar las banderas: los comunistas, Espaa y las cuestiones nacionales (1921-1982)
Diego Daz
Trea, 2018
416 pginas
35

Juan Andrade es licenciado en Historia (premio al mejor expediente acadmico) y doctor en Historia Contempornea (premio extraordinario de doctorado) por la Universidad de Extremadura. Ha realizado estancias prolongadas de investigacin en varias universidades europeas, de Estados Unidos y de Amrica Latina. Su trayectoria investigadora se ha centrado en la historia del pensamiento poltico, los movimientos sociales, los medios de comunicacin y los partidos de la izquierda a lo largo del siglo XX. Entre los procesos que ha estudiado estn la Revolucin rusa, el exilio republicano de 1939, el tardofranquismo, la Espaa actual y, sobre todo, la transicin espaola, tema en el que ha destacado por su mirada crtica y renovadora. Esa mirada qued patente en su libro El PCE y el PSOE en (la) transicin (Siglo XXI de Espaa, 2012), objeto de varias ediciones. Tambin es autor, junto a Julio Anguita, del libro Atraco a la memoria (Akal, 2015). Con Fernando Hernndez coordin el volumen colectivo 1917: la Revolucin rusa cien aos despus (Akal, 2017). En la actualidad es profesor en la Facultad de Formacin del Profesorado de la Universidad de Extremadura. Desde 2017 dirige la coleccin Reverso-historia crtica de la Editorial Akal.

Fuente: https://elcuadernodigital.com/2019/07/01/disputar-las-banderas-los-comunistas-espana-y-las-cuestiones-nacionales/



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