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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2019

6J: El da que el cuento de la vctima le sali caro a Ciudadanos

Roco L. Bardaj
El Salto Diario

Das antes de la manifestacin, mientras se hacan varias convocatorias para dar la espalda silenciosa a Ciudadanos, ya se adverta del peligro de caer en sus provocaciones y de la importancia de no alimentar la estrategia victimista del partido. Pero el sbado la comunidad LGTBQI+ decidi hacer exactamente lo contrario: confrontar a pie de calle la enorme irresponsabilidad y el arribismo de los socios de Vox.


El sbado, durante la sonada intervencin contra la presencia de Ciudadanos en el Orgullo, cuando emergieron les ataviades con cofia y capa naranja El cuento de le ciudadane, se llamaba aquello llevando una pancarta en la que se lea CiudadaVox, muchos asistentes confundieron al grupo de activistas con seguidores de los naranjas y les increparon su presencia, confundiendo perfomance y realidad, y revelando, de paso, una verdad contundente: para muchos, Cs y Vox son partidos que realmente podran exhibir a sus criadas en capas de color corporativo.

Las criadas naranjas se mantuvieron en su papel y para cuando la gente fue dndose cuenta de la accin propuesta, la oficialidad real de Ciudadanos haca acto de presencia en un espacio en el que era evidente, y explcito, que no eran bienvenidos. Los globos blancos y naranjas con su logo y su pancarta autorreferencial (Al orgullo, vamos!) hicieron lo suyo, y el pueblo volvi su rabia contra el sujeto real. Una catarsis colectiva, en la que unas voces se iban sumando a las siguientes, hasta que las veinte activistas iniciales se vieron respaldadas por varios cientos de manifestantes. Entonces, solo entonces, unnimemente la gente tom el desfile, y se sent, grit o bail, hasta expulsar sus demonios.

Luego vendra lo de siempre: victimizacin en redes, repercusin en medios. Das antes de la manifestacin, mientras se hacan varias convocatorias para dar la espalda silenciosa a Ciudadanos, ya se adverta del peligro de caer en sus provocaciones y de la importancia de no alimentar la estrategia victimista del partido. Como cuando se peda hace no mucho que no se hablara de Vox, que se le ignorara, mientras ste iba creciendo en votantes y aceptacin entre parte de la ciudadana.

Pero el sbado la comunidad LGTBQI+ decidi hacer exactamente lo contrario: confrontar a pie de calle la enorme irresponsabilidad y el arribismo de los socios de Vox. Detuvo por un lapso de tiempo la fiesta de minis, banderas multicolor y purpurina y fue politizando el orgullo, devolvindole su verdadera dimensin reivindicativa, en la medida en que creca su indignacin. Su objetivo fue desenmascarar al partido de Rivera, que vive de posicionarse mediticamente como la bisagra sensata, que sobrevive en una especie de Vietnam de cartn piedra en el que los fascistas nunca son ellos, sino los independentistas, las feministas, los bolivarianos o cualquiera que ponga bajo sospecha su pretendida imagen de adalides de la libertad. Por el contrario, sus lderes se han convertido en caricaturas siniestras de s mismos. Sus maneras incendiarias a lo largo del Procs, o sus eslganes de ultras envalentonados, as como una campaa centrada en la desvalorizacin de cualquier postura que no cierre filas en torno a la supuesta disolucin de Espaa, empezaron a chirriar antes de las elecciones y les han estallado en el peor momento posible.

Se entiende, pues, la necesidad casi desesperada por parte de partidos de todo pelaje de instrumentalizar el factor LGTBQI+ y su enorme capital simblico, como qued demostrado, una vez ms, en las reacciones exhibidas por ellos mismos tras la manifestacin del sbado. Exhibidas, claro, con la complicidad de los medios de siempre, que lejos de acudir a las manifestantes, les han dado a ellos todo el espacio que han necesitado para intentar capitalizar el asunto. De hecho, el PSOE es, quizs, el que ha reaccionado de manera ms sibilina y efectiva: mientras sigue en sus intentos de cooptar la potencia de un movimiento feminista que a pesar de sus vacas sagradas se le resiste, presenta ahora a Marlaska como marca blanca y aliado (despus de todo es une de les nuestres no?), colndonos en la fiesta al defensor de la ley mordaza y de los CIE.

Pero quien ha seguido con su escalada autodestructiva durante el domingo ha sido Ciudadanos, que no ha convencido a nadie llamando fascistas a miembros de una comunidad que histricamente ha sido hostigada, perseguida y represaliada, que sigue sin ver reconocidos plenamente sus derechos alrededor del mundo, una comunidad que nunca ha respondido con violencia y que est en el punto de mira del neoconservadurismo y el fundamentalismo religioso. Criminalizar el derecho a la protesta le est costando caro a Rivera y Arrimadas calificada por la gente de montapollos y les est proporcionando un nmero considerable de detractores y haters, por lo menos similar a los que se han ganado criminalizando a comunidades dentro de Catalunya o el Pas Vasco. Pero ocurre que sobre estas pesa un relato de violencia ampliamente afianzado a travs de medios y poderes polticos, un relato que ha sido usado por la derecha como resorte sobre el que afianzar otro: el del buen nacionalista espaol. La finalidad? Perpetuar las oligarquas y el nacional liberalismo catlico.

Pero eso no ocurre con la comunidad LGTBQI+. La solucin de la derecha a esta encrucijada est en la llamada foto de Coln, la antesala de ese puzzle que los poderes fcticos tratan de resolver en estos momentos. Se trata de buscar el encaje democrtico a una situacin de crisis poltica indita desde los pactos de la transicin y de ceder, si es necesario, en la batalla cultural, para desviar la atencin sobre otras cuestiones fundamentales (la economa, para empezar) sobre las que no hay discusin que valga. As, surgen las tcticas bisagra, como Ciudadanos, que apelan al apropiacionismo ms descarado Arrimadas tocando la pandereta libertaria en el orgullo y se suman a la comparsa progre mientras pactan con fascistas.

Pero resulta que hoy, a diferencia de lo que ocurra meses atrs cuando se llamaba a ignorar a Vox, el debate abierto despus de la expulsin de Ciudadanos de la marcha, ha demostrado la potencia de poner el pecho antes que la espalda.

Los sucesos de este 6J son ya memoria de la comunidad LGTBQI+ de Madrid, y estn lo suficientemente documentados como para agregar a los mltiples cuentos denunciados, El cuento de la vctima que plantea el partido naranja. Y habra que aadir, adems, El cuento del instigador, por el que se esfuerza en sealar a los partidos de izquierdas como orquestadores de algo que poco tiene que ver con ellos. De hecho, quizs entre lo ms importante que se logr el sbado, est el haber enviado un mensaje claro al PSOE sobre hasta dnde est dispuesta a llegar la ciudadana, un mensaje que debera incidir directamente en su valoracin de los socios que elija para formar gobierno, por ejemplo.

As las cosas ayer, en la resaca del orgullo, Arrimadas se parapetaba detrs del argumento de fascista t y se atreva a pedir dimisiones cuando la nica que debera asumir responsabilidades polticas en este caso es ella. Primero por banalizar el fascismo y atreverse a llamar fascista a la comunidad LGTBQI+; segundo, porque sus descarados intentos de victimizarse despus de provocar han resultado de una gran temeridad, y denotan su falta de sensibilidad hacia un colectivo para el que la fiesta solo puede ser poltica, y para el que hacer poltica sigue siendo, en muchos casos, una forma de autosanacin. Presentarse como seuelo fcil en una manifestacin pblica de tales dimensiones poda haber salido de cualquier manera. Ningn llamamiento a la calma puede contener todas las individualidades y una sola persona subiendo ostensiblemente el tono de las interpelaciones, como hizo ella, podra haber desembocado en cargas policiales y la consiguiente avalancha humana. Arrimadas dimitira, si nuestra realidad poltica no fuera tan asombrosamente parecida a Gilead.

En las ltimas semanas, y ante la inminencia de gobiernos formados por las tres derechas tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad de Madrid, muchas se llevan las manos a la cabeza, devastadas, como si cuatro aos de happy carmenismo hubieran borrado de nuestro recuerdo 25 aos de polticas liberales y conservadoras. Pero la derecha, lo sabemos todos, es costumbrismo en la Corte. Y si algo sabemos es cmo son las cosas cuando gobiernan ellos. La presencia de sus nuevos (viejos) aliados naturales no debera intimidarnos, pues con sus desbandadas, agresiones, y salidas de tono nos otorgan una legitimidad que es potencia. Potencia como la del sbado, cuando cientos de desconocidos se reconocieron en un No pasarn, y lograron una victoria colectiva. El paseo de la verguenza de Ciudadanos siendo escoltados hasta la salida por la polica tiene una incidencia incontestable en la realidad.

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/dia-del-orgullo-ciudadanos-arrimadas-cuento-de-la-criada


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