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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-07-2019

Crnicas migrantes en la frontera Mxico-Guatemala
Esperar en el purgatorio

Eliana Gilet
Brecha


Estn los que escapan de la violencia, los que sobreviven en la indigencia, los que ya no aguantan y se vuelven. Estn los que desaparecen en la noche mexicana. Mientras miles de migrantes aguardan un permiso que nunca llega, las negociaciones por el nuevo Tlcan abren las rutas a los bienes del norte y cierran los caminos a los pobres del sur.

El tiempo en el albergue es limitado y te condiciona de maneras impensadas. La pareja tuvo que mentir a las religiosas que gestionan el lugar y decir que duermen juntas porque son familia, aunque en su trmite ante las autoridades mexicanas se aclara que son concubinas y que el principal motivo para salir de Honduras fue la discriminacin sufrida por ser lesbianas. Pero esa no fue la nica causa: (El presidente hondureo) Juan Orlando (Hernndez) dice que hay empleo, pero es mentira, empleo no hay. Tampoco educacin. Slo hay un colegio en San Pedro Sula, el Jos Trinidad Reyes, pero no todo San Pedro va a caber ah! Tampoco todos tenemos el dinero para mandar a nuestros hijos. Por eso dej de estudiar, porque me pedan (plata) ac y all, y mi mam con nueve hijos, explica la ms joven, de 28 aos. Ese presidente quiere hacer privadas las escuelas pblicas, de dnde chingados si ya no tenemos pisto (dinero)?, completa su compaera.

All, en la colonia Pakal-Na de Palenque, en el estado mexicano de Chiapas, tampoco hay dinero para los pobres. Cerca de las vas del tren y del albergue, Brecha recab testimonios de refugiados que cobraron 100 pesos (5 dlares) por un da de trabajo. Era evidente la frustracin y el resquemor que les causaba no poder generarse un ingreso para subsistir durante las esperas a las que son sometidos por las instituciones mexicanas. El limbo sin papeles es la primera precariedad que ahoga a los migrantes en un entorno que se dice seguro, pero donde tampoco hay vnculos familiares o vecinales que den una mano de la que agarrarse. Entonces, manguean. Pasan las horas en lugares pblicos, piden dinero y experimentan la contracara de una poltica que se anuncia abierta pero se recibe cerrada. Como no tienen documentos mexicanos, quien les da trabajo les paga menos y los somete constantemente a amenazas. Voy a llamar a migracin, les dicen.

Los ms de 50 mil refugiados que, en el ltimo ao y medio y sin recibir respuesta, pidieron proteccin en Mxico han sido dejados a su suerte. Al menos hasta ahora. El nico apoyo econmico que reciben viene de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y es de unos 3 mil pesos mexicanos (150 dlares) por tres meses. Para todo hay que hacer un trmite, y para empezar el trmite hay que esperar.

Patria de retenes

Antes del 1 de julio, cuando su lanzamiento se hizo coincidir con el primer aniversario de las elecciones presidenciales de Lpez Obrador, la Guardia Nacional fue conminada a convertirse en la nueva polica migratoria de Mxico. Desde su despliegue en torno al fronterizo ro Suchiate tras el acuerdo alcanzado a mitad de junio con el gobierno estadounidense, los policas militares trabajaron junto a los federales y la migra en retenes y redadas en Chiapas y Veracruz.

En uno de estos primeros retenes ubicado en la entrada a Palenque un militar se queja porque no est armado. All slo uno de los efectivos lo est: un chamaquito, parado enfrente, que viste uniforme camuflado, con el pecho cruzado por una tira negra de fierro que escupe fuego. A los militares designados para la Guardia Nacional los mantienen separados del ejrcito regular chiapaneco, por lo que el soldado tambin se queja de que duermen en las viejas instalaciones de un aeropuerto en desuso. Est visiblemente molesto con la tarea, aunque no dice por qu. Relata que tiene experiencia en zonas altamente militarizadas y hasta pronuncia la orden recibida durante el gobierno de Felipe Caldern (2006-2012) que ya se ha hecho un eslogan macabro de su sexenio: Mtenlos a todos.

Este miembro de la Guardia Nacional, que luce un brazalete negro con las letras GN en blanco, es parte del cerco que, desde todas partes, se cierra sobre los migrantes. Adems de mantener retenes en las rutas, los militares y la migra reciben los avisos de las compaas que operan el tren La Bestia para cazar a quienes se hayan montado al techo de sus vagones noms salir de la estacin (se apostan en la Cementera, media hora despus de haber partido de Palenque, por ejemplo).

De vuelta en Pakal-Na, en torno a la va, la mayora de los que esperan desde hace siete das por un tren que no sale son hombres. Pero tambin hay algunas mujeres, con nios que se acercan, aburridos, a saber qu trae el extranjero que llega a hacer preguntas. Mientras tres de ellos juegan a hacer equilibrio en la va, llegamos a un terreno comn: Luis Surez; entonces, nos entendemos. No slo el tren se les hace difcil. Por disposicin oficial, las compaas de autobuses realizan, de manera indirecta, un primer control migratorio. Slo aceptan ciertos documentos para vender pasajes al pblico y excluyen las tarjetas de visa humanitaria expedidas por Migracin, a pesar de que son un documento oficial mexicano. Esta medida se suma a otras que congelan la posibilidad de movimiento de la gente, como el candado administrativo que les aplica la Comisin Mexicana de Ayuda a Refugiados, que los obliga a permanecer en el sitio donde han comenzado su solicitud de refugio. Si se mueven, pierden el trmite.

Todo esto fue demasiado para una familia joven de refugiados: pap, mam y dos nenas menores de 5 aos. Llevaban tres meses en Mxico, pero el da que conversaron con Brecha ya haban decidido regresar. Subimos juntos a una de las combis que hacen el trayecto entre la ciudad tabasquea de Tenosique, en el sureste mexicano, y el paso fronterizo de El Ceibo. En el viaje, contaron que haban abierto su pedido de asilo en Palenque y que tenan la tarjeta de Acnur para el apoyo econmico, pero ese dinero se volaba en una semana, explic la mam, y ms al tener a las nias. El pap dijo que intent seguir hacia el norte solo y conseguir trabajo en Coatzacoalcos, Veracruz, pero desisti ante la idea de llevar con l a su familia ms arriba, donde la presin contra los migrantes aumenta. Nos bajamos todos de la combi en el parador, un quilmetro antes de la frontera. Ellos se subieron en dos motos y se fueron, saludando con la mano, de vuelta al sur. Nosotros nos sentamos a esperar, sin saber muy bien qu.

Un retorno violento

El paso de El Ceibo parece no ser conflictivo, con su poco personal y su manera relativamente fcil de cruzarlo. Claro que lo que parece no siempre es, y menos en Mxico, donde las apariencias engaan doble. Es una zona denunciada una y otra vez por los abusos de policas y paramilitares. A diferencia de la frontera de Suchiate, con su mercado y su movimiento comercial, no hay ms que rboles y campo en torno a los 60 qui-

lmetros de ruta sinuosa y arbolada que separan el paso y Tenosique, la primera ciudad mexicana. Los mototaxistas esperan acalorados, sentados en sus vehculos marca Bajaj, trados de India, y hasta los perros bostezan del tedio. Entonces llega el mnibus de Tenosique y empiezan a bajar familias que vienen de hacer all el paseo comercial, cargando el bagayo de vuelta hacia Guatemala, y otras que slo traen sus mochilas. Numerosas, rpidamente suben a los mototaxis y se van hacia abajo, rumbo a la frontera.

Entre ellas, como si el azar favoreciera la paciencia y la consagrara como arma del periodismo, un muchacho flaco, vestido de negro, se acerca vociferando que el da que vea a un mexicano en su pas, se la va a cobrar. Qu te pas? Nos asaltaron, responde, y seala a su compaero. Se ven exhaustos y no traen mochilas. A m me quitaron 900 pesos que traa, pero me guard el telfono aqu, y se toca los huevos. Fue antes de llegar a Tenosique, a las pocas horas de haber entrado a Mxico, dicen. Nos apartamos un poco del parador, y otro de los compaeros pide permiso para grabar. Nos distraemos ajustando detalles y asegurando anonimato. Pregunto si iban solos. No dice uno de ellos, los asaltantes los subieron a una camioneta, fuimos los nicos dos que nos escapamos. ramos nueve. Los tres periodistas quedamos estupefactos, como si nos hubiera cado encima una capa ms pesada de realidad. Fue en la madrugada del sbado 22 de junio, pasada la una de la maana, tres quilmetros antes de Tenosique, cuentan. Uno de ellos recuerda el mojn de la ruta. Al llegar a un puente, junto a un basurero, me madrearon, dice uno, y ambos muestran golpes en la cabeza, la cara, el cuello, como si hubiesen sido recibidos desde arriba. Iban armados con AR-15 y machetes. Bajaron de una Chevrolet blanca.

Estos dos jvenes, menores de 30 aos, haban llegado a Mxico en la maana del viernes 21 y en el camino conocieron a otras personas con las que formaron un grupo de trnsito. Una mujer de unos 30 aos con tres nios pequeos: dos nenas de entre 3 y 5 aos y un varoncito de aproximadamente 6. Tambin caminaba con ellos un jovencito de unos 16 aos, otro muchacho de 28 y un tercero que andara en los 20. Nueve en total.

Llegando al puente nos detuvieron los asaltantes, que se presentaron como de Migracin y traan foquitos en la cabeza, vestan todo de negro. Como unas ocho personas. Al verlos, el grupo de caminantes corri como pudo para el campo, exigiendo ms a los pies hinchados y cansados por las seis horas previas de caminata. Fueron rodeados y atrapados. Prense, hijos de su puta madre! Para dnde van?!, les gritaban. Los llevaron junto a la camioneta y los acostaron boca abajo. Cuando nos estaban montando en la camioneta, que estaba en el barranco, este me code. Entonces nos tiramos y corrimos, cuenta uno de los jvenes. Durmieron escondidos en el monte hasta que amaneci y luego siguieron la caminata hasta Tenosique.

Ahora van para atrs, de regreso a Honduras, y su nimo flucta entre la ira, el dolor y el pnico. Ando trastornado, pens en la muerte. Al momento llor por mis dos hijos y por mi esposa; esto que me hicieron no se me olvida ms en la vida. Tengo 25 aos y no vuelvo. Palabra. Los detalles del relato cierran: el puente Poleva est ubicado tantito adelante del mojn del quilmetro 3, de la ruta federal Mxico 203, casi frente al basurero del pueblo, con barrancos a su lado. Es la parte de la ruta con la vegetacin ms tupida, que rodea el cuerpo de agua que corre debajo del puente. Otros migrantes recordaron haber visto a los dos sobrevivientes llegar golpeados el sbado temprano y escucharlos relatar cmo haban sido asaltados. Pero ya no los he visto ms, dijo finalmente uno de los vendedores ambulantes de comida que haba conversado con ellos. Es que anoche pas el tren y muchos se fueron con l. En el albergue de Tenosique no hay registro de que una mujer con tres nios haya llegado ese fin de semana.


La poltica migratoria mexicana a la luz de la renegociacin del Tlcan

Fresh consumers

En los siete meses que lleva en el gobierno, Andrs Manuel Lpez Obrador cambi su poltica migratoria de bienvenida irrestricta en diciembre a plan de acogida parcial en abril, para terminar, en junio, desplegando a la Guardia Nacional a lo largo de las zonas fronterizas con Guatemala y Estados Unidos. El rpido giro del gobierno mexicano se enmarca en el contexto de renegociacin del Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (Tlcan) y, con l, de la aceptacin de nuevas clusulas de propiedad intelectual y patentes que favorecen al empresariado norteamericano gringo primero y canadiense despus que busca ampliar sus ganancias y zonas de influencia.

Para el economista David Lozano, uno de los investigadores del Centro de Anlisis Multidisciplinarios de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico, es evidente la relacin entre el apriete represivo al flujo migrante y la renegociacin de las condiciones de comercio para Amrica del Norte. Estados Unidos ha pedido a Mxico que literalmente sea el que traspase los productos norteamericanos a Centroamrica, sostuvo Lozano a Brecha. Es lo que hace dos dcadas fue el famoso Alca (rea de Libre Comercio de las Amricas), que en la poca de (George W) Bush fue impulsado por Estados Unidos en paralelo al Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte, explic, como un mecanismo de refuerzo del mercado para las empresas gringas.

En este esquema, segn Lozano, Mxico acepta ser la plataforma para el ingreso a Centroamrica de los productos de esas compaas, bajo el discurso de mejorar los niveles de consumo y calidad de vida en los sitios donde hoy ya no quiere quedarse nadie. El economista dijo que las compaas ferroviarias estadounidenses que operan La Bestia en Mxico han planteado al gobierno que les d prioridad en el traslado de productos estadounidenses y canadienses a este pas y a Centro y Sudamrica.

Esta idea tena diez aos sin un marco jurdico que lo permitiera. Con el Tratado Mxico-Estados Unidos-Canad (la renegociacin del Tlcan) ya existe ese marco, que no slo trae consecuencias fuertes para Canad y Mxico, sino que afecta de manera implcita a terceros pases del continente, sostuvo Lozano. El grano transgnico estadounidense es el principal producto que buscan expandir hacia nuestras economas del sur.



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