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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2019

Epidemia de violaciones en los colleges

Azahara Palomeque
Ctxt

Una de cada cuatro estudiantes sufre agresiones sexuales durante el grado. El mensaje que se trasmite desde las universidades es que violar a una persona es punible de la misma forma que lo es copiar en un examen.


Emma Sulkowicz, alumna de la Universidad de Columbia, protagoniz una de las performances ms mediticas para denunciar su presunta violacin llevando a todas partes el colchn donde en teora se produjo el acto.

 
 
El tico de las violaciones as llaman en la prestigiosa Universidad de Swarthmore, en Pensilvania, al cuarto donde presuntamente se han llevado a cabo impunemente estos crmenes durante aos. Se trata del ltimo escndalo al respecto que ha visto la luz en Estados Unidos, un pas atravesado por una crisis endmica de agresiones sexuales que afecta directamente a una de cada cuatro estudiantes de grado, segn datos de la Asociacin Americana de Universidades y del Departamento de Justicia. En el caso de Swarthmore, las protestas de buena parte del alumnado han surgido tras hacerse pblicos unos documentos pertenecientes a una de sus fraternidades, las famosas asociaciones masculinas de estudiantes conocidas por sus fiestas y escndalos sexuales. Las notas contenan comentarios de sus miembros en los que alardeaban de poseer burundanga y hacan referencias explcitas a actos de violacin. El controvertido tico pertenece a una casa en la que el grupo se reuna para realizar sus actividades. Actualmente existen 305 casos abiertos por violencia sexual en las universidades de todo el pas, segn The Chronicle of Higher Education.

Las fraternidades, los atletas y la cultura de la violacin

No es extrao encontrarse en los medios estadounidenses con noticias que informan de violaciones ocurridas en terreno universitario. De hecho, la cultura de la violacin est tan arraigada en la vida estudiantil del pas americano que incluso las sobrecogedoras cifras que se manejan en cuanto a crmenes perpetrados representan una nimiedad si se comparan con el 80% de los casos de violencia sexual que no se reportan, segn un estudio del Departamento de Justicia. Violar, que en el contexto educativo ha sido estudiado como un acto de socializacin masculina y preparacin para la vida adulta, conforma el sustrato de un entramado de poder en el que participan las masivas donaciones de antiguos alumnos, el prestigio que aportan a los centros las fraternidades y los diferentes deportes de lite, as como la legislacin que obliga a las universidades a investigar estos hechos a cambio de recibir financiacin pblica. A la hora de analizar el fenmeno, no existe una sola respuesta sino, ms bien, un conglomerado de factores que lo posibilitan y lo explican a medias. Lo que s est claro es la magnitud del problema, como ya demostrara en su da la reconocida antroploga Peggy Reeves Sanday en su libro Fraternity Gang Rape, en el que examina las violaciones grupales ocurridas en las fraternidades.

La obra de Sanday, que recoge investigaciones que indican cifras similares de agresiones sexuales a las de hoy desde los aos setenta, enfatiza el privilegio de estos colectivos masculinos, los frat boys, junto al que detentan los atletas, lo cual los vuelve ms proclives a la violencia de gnero. Ambos grupos operan con relativa independencia dentro del conglomerado universitario gracias a la afiliacin a sus respectivas organizaciones, cuya influencia y presupuestos abultados suelen actuar como barrera protectora. Sin embargo, como se ha podido comprobar en casos recientes, en la era del #metoo existe cada vez mayor presin meditica y por parte de la comunidad estudiantil por desmontar esta intricada urdimbre que encubre o normaliza los hechos. Slo hace falta examinar los casos ms polmicos. En 2015, Brock Turner, miembro del equipo de natacin y alumno de la llamada Ivy League del oeste, la universidad de Stanford, viol a una chica inconsciente junto a un contenedor de basura. La condena, seis meses de crcel de los cuales slo cumpli tres por no tener antecedentes penales, fue considerada insuficiente para una ciudadana cada vez ms sensibilizada con la discriminacin de gnero y el abuso sexual. Si bien la presin popular no consigui que se modificara la sentencia, la fotografa y el nombre de Turner se propagaron como la plvora en las redes y el caso lleg a suscitar la compasin del mismsimo Joe Biden, antiguo vicepresidente durante las dos legislaturas de Obama y ahora candidato a las primarias con el Partido Demcrata, quien calific a la vctima de guerrera. Meses ms tarde se hizo pblico que el juez encargado de condenar a Turner, Aaron Persky, fue depuesto de su cargo en el condado de Santa Clara por votacin popular.

El ejemplo de Turner es uno de tantos en la cadena imparable de violaciones que, en muchos casos, quedan impunes pero que, cuando no lo hacen, revelan, ms que un hecho aislado, la red de intereses que envuelve a sus perpetradores. La lista es larga: en 2018, el presidente de una fraternidad de la Universidad de Baylor, Jacob Anderson, fue juzgado por haber violado a una compaera tras haberla drogado, aunque en su caso la sentencia lo eximi de encarcelacin y, en su lugar, le impuso el pago de una multa de 400 dlares. La condena fue ms dura para tres ex jugadores de ftbol americano de la Universidad de Vanderbilt, condenados por haber violado a una alumna inconsciente a varios aos de privacin de libertad en sendos juicios celebrados entre los aos 2016 y 2018. Tambin era atleta Jameis Winston, el reputado quarterback de la Universidad Estatal de Florida que fue acusado de violacin en 2013 por una compaera del mismo centro. Winston, ganador del premio Heisman al mejor jugador en la categora de ftbol americano universitario, estrella de su equipo y de este deporte a nivel nacional, nunca fue juzgado, ya que el caso termin con un acuerdo en el cual la vctima y su abogado recibieron 950.000 dlares con la condicin de retirar los cargos. La suma provino directamente de la Universidad, a la que la alumna haba demandado por obstruir presuntamente la investigacin de la agresin con el propsito de que Winston pudiera seguir jugando.

Lisa Wade, profesora de sociologa en Occidental College, ha estudiado a fondo la cultura sexual que prevalece en las universidades de todo el pas. En un artculo publicado en The Conversation, Wade explora el papel que juega el estatus de ciertos alumnos a la hora de dominar la escena sexual, entre los que destacan los atletas. Si bien estos suelen ser los ms codiciados junto a los frat boys por muchas de sus compaeras, son tambin los ms protegidos a nivel administrativo en caso de que cometan algn delito grave como una agresin sexual. Tras su visita a 24 instituciones diferentes, varias entrevistas y la lectura atenta de testimonios escritos, Wade concluy que los atletas suelen tender a justificar los abusos sexuales, se identifican con modelos de hipermasculinidad y confiesan actos de agresin sexual ms frecuentemente que otros estudiantes. La autora no menciona, no obstante, una industria deportiva que cada ao mueve miles de millones no slo en torno a los partidos, sino en forma de un capital simblico que determina el nmero de matriculaciones, de cuyos precios abusivos depende en muchos casos la supervivencia de los centros. En el caso de las fraternidades, se produce un fenmeno anlogo: como asevera Caitlin Flanagan en su extenso anlisis para The Atlantic, una vez graduados, los miembros de estas asociaciones tienden a ser generosos con sus respectivas universidades, dado el sentido de pertenencia que desarrollan para con la institucin gracias a la comunidad de hermanos de la que son parte.

Adems del poder que representan las sustanciosas donaciones, las fraternidades cuentan con sus propias casas en los campus, y estos espacios son prcticamente los nicos donde se celebran fiestas en las que se sirve alcohol en un pas cuya edad legal para beber est marcada en 21 aos, lo que condiciona sobremanera la vida social de una comunidad universitaria incapaz de acudir a bares u otros lugares de ocio. Por otra parte, las fraternidades constituyen motivo de adhesin y fidelidad institucional y ofrecen una oportunidad nica para hacer contactos que sern clave en la vida profesional de sus miembros. Los ingredientes de ese poder casi ilimitado son relevantes para comprender una falta de supervisin de las actividades que se realizan en sus sedes y ticos, incluidas las violaciones, que Sanday ya identific como un componente esencial en la construccin de vnculos entre sus miembros. Segn la antroploga, cuando estos hechos se producen de manera grupal, ayudan a establecer una complicidad entre los agresores que, de otra manera, sufriran una intensa rivalidad en su preparacin para el mercado laboral. La violacin acta as como el ritual que sella una hermandad en la que la mujer slo sirve como objeto, normalmente para disfrazar un acto fundamentalmente homoertico de experiencia heterosexual. La gravedad de estos ataques sobrepasa a la vctima en cuanto que est integrada en un tejido social que fomenta modelos de masculinidad violenta y los perpeta ms all de la vida estudiantil. Si, como demuestran multitud de estudios, estas prcticas comienzan en el instituto y prosiguen ms all de la graduacin, se entendern ahora las declaraciones de un presidente, Donald Trump, que presumi de lo fcil que es disponer del cuerpo femenino cuando el hombre es una estrella.

El ttulo IX: un sistema paralelo de justicia

Susan Sorenson es profesora de la Universidad de Pensilvania y directora del Centro Ortner en Violencia y Abuso. En una entrevista personal niega en redondo el hecho de que la edad legal para beber juegue a favor del poder de las fraternidades y, ante la siguiente pregunta, asegura la inutilidad de prohibir estas asociaciones para evitar casos de violacin, pues sus miembros encontraran otra forma de organizarse. Estas hipotticas soluciones parecen poco efectivas a una investigadora que destaca, en nuestra conversacin, el rol de las universidades en la prevencin, control y gestin de los casos de agresin sexual. Sorenson se refiere al cumplimiento del ttulo IX de la Constitucin, que prohbe la discriminacin de gnero en instituciones educativas. Bajo esta ley, las universidades que reciben fondos federales estn obligadas a documentar, informar y tomar medidas frente a casos de abuso o agresin sexual a riesgo de perder dichos fondos o enfrentarse a serias sanciones. A lo largo del tiempo, los requisitos que las universidades deben cumplir en relacin al ttulo IX se han ido modificando y multiplicando hasta representar, en la era Obama, el mayor nivel de escrutinio con respecto a pocas anteriores, todo lo cual ha contribuido a crear un sistema paralelo a la va legal para juzgar los casos de violacin pues, aunque el mandato federal proviene de la Oficina por los Derechos Civiles, dependiente del Departamento de Educacin, son las propias universidades las encargadas de implementar una normativa para proteger a las vctimas. Sorenson se muestra en contra de disminuir la presin a que estn sometidas las universidades a la hora de regular estos crmenes, ya que las afectadas siempre pueden recurrir a los tribunales. A su juicio, disponer de un sistema en la universidad para ser consciente de lo que ocurri y responder a ello puede ser beneficioso para los estudiantes. sta suele ser la opinin de grupos de activistas feministas y asociaciones de vctimas, mientras que algunos representantes de fraternidades han propuesto que las universidades slo puedan evaluar los hechos una vez que estos hayan sido debidamente procesados por la va judicial.

El debate sigue abierto. La administracin de una justicia meramente burocrtica por parte de los centros educativos podra interpretarse como un arma de doble filo. Por una parte, las universidades son capaces de proteger a la vctima con el objetivo de que sta pueda continuar sus estudios mediante, por ejemplo, la imposicin de sanciones al presunto agresor como impedirle visitar el colegio mayor de la primera; por otra parte, al no contar con los medios ni la capacidad legal para examinar lo que a todas luces constituye un delito, a menudo se cometen errores graves que son resultado de estos juicios internos liderados por personal administrativo. Abby Jackson, en un artculo para Business Insider, comenta el caso de un acusado de violacin que sali indemne del escrutinio administrativo pero result ser, en realidad, culpable, una vez que el asunto fue llevado a los tribunales. La periodista seala adems que las universidades imponen castigos leves por incidentes atroces, en referencia a las violaciones. As, entre las sanciones ms comunes se encuentran la apertura de un expediente disciplinario, horas de asesoramiento psicolgico, voluntariado forzado, escribir una reflexin sobre lo ocurrido o, en menor medida, la expulsin del centro. El mensaje que se trasmite desde las universidades es que violar a una persona es punible de la misma forma que lo es copiar en un examen.

Los detractores de las investigaciones internas que resultan del cumplimiento del ttulo IX tambin apuntan a otro fenmeno: el hecho de que, desde la era Obama, las universidades pueden juzgar a un acusado basndose en un nmero nfimo de pruebas. Esto, segn han indicado multitud de colectivos incluyendo a profesores de Harvard y la Universidad de Pensilvania violara los derechos de los presuntos agresores a un juicio justo, adems de su presuncin de inocencia. Esta postura parece ser la adoptada por la administracin de Trump que, desde la llegada al Departamento de Educacin de la Secretaria Betsy DeVos ha emprendido una campaa legal para proteger a los acusados de agresin sexual, relajando las normas que afectan a cmo las universidades investigan los hechos. Algunas medidas como requerir mayores pruebas para determinar la culpabilidad de los supuestos violadores o enfocarse en sucesos ocurridos dentro del campus y no fuera pero que tambin afectan a estudiantes son las propuestas ms recientes. Aunque el objetivo ltimo sea proteger al agresor, algunos medios como The Economist han celebrado los cambios y hay hasta quien considera, como Jackson, que restringir el rol de las universidades en estos casos hara un favor a ambas partes implicadas. Finalmente, es necesario considerar la maraa de intereses econmicos, pero tambin de prestigio que estn en juego en estos procedimientos internos donde la universidad es, al fin y al cabo, juez y parte. Son frecuentes las situaciones en que es la misma administracin la que disuade a la vctima de denunciar al violador, esconde informacin o la falsifica para mantener su reputacin intacta o evitar suprimir el flujo pecuniario sonada fue la condena a la Universidad de Eastern Michigan, que ocult la agresin sexual y el asesinato de la estudiante Laura Dickinson en diciembre de 2006 hasta que hubo pasado el plazo para darse de baja como alumno con la consecuente devolucin de la matrcula.

Un problema sin solucin inmediata

El tico de las violaciones fue cerrado temporalmente; sin embargo, la epidemia de violaciones masivas no muestra visos de erradicarse. Las varias dcadas de cifras similares a lo largo de mltiples presidencias apuntan a un fenmeno que est asentado en los cimientos mismos de un pas del que Sanday afirm ser uno de los ms propensos a que se den este tipo de crmenes. Lo que s ha mudado, no obstante, es su tratamiento, la percepcin de la desigualdad de gnero y el grado de visibilidad que ahora mismo ostenta la injusticia social gracias al activismo, las redes sociales y un hartazgo colectivo que est actuando como terapia de choque hasta en las mentes ms conservadoras. Cada caso que sale a la luz genera protestas generalizadas que, aunque no compensan los que se desconocen, sirven para movilizar conciencias. Las propias afectadas se han convertido, en ocasiones, en voces pblicas de gran impacto: Emma Sulkowicz, alumna de la Universidad de Columbia, protagoniz una de las performances ms mediticas para denunciar su presunta violacin llevando a todas partesel colchn donde en teora se produjo el acto; las entrevistadas para del documental The Hunting Ground no dudaron en ponerse frente a las cmaras para narrar las agresiones sexuales sufridas y su experiencia como expertas en la defensa del ttulo IX; recientemente, la vctima de Broke Turner ha anunciado que sacar un libro en septiembre contando lo vivido. Slo queda esperar que los esfuerzos por suprimir unos modelos dainos de masculinidad tan arraigados, por desarticular la tupida maraa de intereses que los envuelve, den sus frutos muy pronto.

Azahara Palomeque es escritora, periodista y poeta. Exiliada de la crisis, ha vivido en Lisboa, So Paulo, y Austin, TX. Es doctora en Estudios Culturales por la Universidad de Princeton.Para Ctxt disecciona la actualidad yanqui desde Philadelphia. Su voz es la del desarraigo y la protesta.



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