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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2019

Solo la paz podr combatir al horror

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


Se perdi el temor de Dios. Es lo que dice, dira y dir cualquier hombre o mujer humilde, sacada de la poblacin que sufre y entierra sus muertos, sin entender porque si la paz estaba lista, el gobierno la embolat y ahora trata de hacer creer que trabaja por ella, pero invita a dar de baja a otros cuantos. La historia as no encaja, parece mas un relato de entrada a las cmaras de gas que anunciaba desinfeccin y se invitaba a las victimas a desnudarse y acomodar bien su ropa para recibir la reconfortante ducha despus del viaje en el tren del horror, que los haba despojado de su dignidad.

Lo que ocurre no es un asunto de Dios, ni de justicia terrenal a la que unos escapan, pero la expresin anuncia que no todo esta bien, aunque en su soberbia de poder el gobierno hable fuerte, condene o repita que todo esta bien. Perder el temor a dios o a la justicia, indica que algo no est centrado y talvez as es porque el gobierno se volvi tozudo y no se puede razonar, ni entrar en debate con l, a pesar de las garantas del poco estado de derecho. El gobierno acta como si estuviera por encima de toda ley, regla, norma y criterio tico. Se impone creyendo que es la mxima autoridad de la verdad, la justicia y la conducta humana. Si pudiera mandar a fusilar lo hara y sus ministros aplaudiran y pediran la horca, as como piden la castracin, la cadena perpetua o el linchamiento publico, con sangre, desmembramientos y lapidacin a piedra. Nada ve con sentimientos humanos, nada entiende con las razones que otros tengan, nada quiere valorar que no sea lo suyo propio.

Impone su voluntad, su fuerza de voluntad, para servir a sus propias causas, sin escrpulo moral. La voluntad del partido de gobierno, ministros, congresistas y juristas de su equipo, justifican el odio y el reinicio de la guerra, aunque empiece perdindola en el campo de batalla, al que volvieron las emboscadas, los asaltos a estaciones de polica y la devolucin de cuerpos de los soldados envueltos en banderas. La soberbia no les deja ver que trajeron de vuelta el miedo, de la gente mas humilde y tambin de los soldados torturados para volverlos valientes y para que no se quejen de meses y meses sufriendo en la selva, sin amigos, sin familia, sin internet, sin sexo, sin sabanas limpias, sin dormir, aferrados a un cristo de pasta y metal que los proteja, sin capacidad para protestar una orden, solo cumplirla y aceptar las razones de su superior. Poco entienden del horror pero aprenden bien que por doctrina hay que neutralizar al enemigo, porque si no se les extermina, su pueblo del que les dijeron que como hroes tenan que liberarlo ser exterminado por sus enemigos y para siempre. Si el superior lo dice todo parece correcto, creble y tan natural que obedecen sin que a nadie se le ocurra dudar. La lealtad se compensa con premios y estmulos (comida, descanso, medallas) y as todo queda mas claro y protegido por un implcito pacto de silencio. Los que obedecen se distraen tratando de ganar la guerra y los otros la empujan y las mayoras la padecen. As es despus nadie queda con sentimiento de culpa y todos con la sensacin de haber hecho lo correcto, sin importar ningn ser humano. En la guerra que traen de vuelta el dolor de millones satisface a pocos que la inventan y alimentan y como buenos financistas y negociantes sacan de la muerte sus rentas, abultan sus cifras y ganan con votos.

El gobierno perdi el norte y aunque sabe que es su peor error, prefiri recomenzar la guerra, azuzado y acorralado por el partido en el poder, para el que todo vale y al que no le importar destronar al gobernante cuando ninguna de las tres tareas encomendadas se cumpla: Exterminar al enemigo ya desarmado; Tumbar al gobierno vecino; poner a la amrica del sur al servicio de los americanos. Si el gobierno cogiera un mapa y mirara donde estn sus amigos y sus enemigos, comprendera que ya perdi la nueva guerra y que seria mejor reconducir a tiempo y evitara que solo le importe lo suyo, porque entendera que su partido es indolente y como a los nazis la muerte ajena es su triunfo y no les apesta la muerte de sus enemigos, si no el humo humano que producan los crematorios, que ola a grasa y eso de verdad si les molestaba, los ofenda en sus tardes de sol o de camisas negras.

El partido en el poder arrastra al pas hacia el horror que regresa imparable indicando que no es una persona la que mata, si no una ideologa que ensea a matar y que se justifica aduciendo que nadie puede sealar el destino del pueblo colombiano, si no ellos, y que mejor si lo hacen a travs de los militares, entre los que se destacan no menos de una docena de alto rango cuestionados inclusive por crmenes de guerra y ejecuciones extrajudiciales. Las escenas de horror de hoy son similares a las que ocurran en 2014 o antes y hacen parecer que todo sigue igual. Los casos se repiten, replican y aumentan en todo el territorio, sin temor a dios ni a la justicia. De Buenaventura deca el obispo en 2014 que: Esta es la ciudad de "las casas de pique", donde bandas criminales de origen paramilitar, dedicadas a la extorsin y el narcotrfico, descuartizan vivas a muchas de sus vctimas antes de arrojar los pedazos al agua. La ciudad donde el silencio de la noche lo rompen los gritos de auxilio de aquellos que estn siendo desmembrados (BBC Mundo, julio 2 2019). Y por estos das la prensa deca cosas como: capturan a cinco hombres con tres cabezas humanas en la zona de frontera (w radio.com.co); o Paramilitares colombianos lanzan cabeza de guerrillero a comando venezolano (Panam post, Junio 4 de 2019). L os gritos y gritos de las vctimas se oan ayer, se oyen hoy. El eco de dignidad, se levanta contra el gobierno, denuncia al partido en el poder y ratifica con firmeza que la paz es de obligatorio cumplimiento, un deber para el estado, un mandato para el gobierno.

P.D. el 26 de julio, la paz saldr a la calle vestida de todas las expresiones y todos los colores.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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