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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2019

Una poltica de la decencia

Diego Vintimilla Jarrn
Rebelin


El problema de las relaciones entre poltica y moral () reaparece en nuestros das con una renovada actualidad, no slo por la necesidad de hacer frente a la corrupcin generalizada de la poltica dominante, sino tambin por las exigencias que, fuera o en contra del poder realmente existente, impone una poltica de verdadera emancipacin social.

Adolfo Snchez Vsquez

Resulta controversial discutir sobre el concepto de la decencia y lo que supone ser una persona decente en tanto que usualmente se ha asociado la condicin con el cumplimiento de parmetros socialmente admitidos y en cuanto dichos parmetros no necesariamente representan a las diferentes formas de comportamiento de los diferentes grupos sociales. As, la decencia ser una caracterstica atribuible a un sujeto en referencia a un conjunto de valores que dentro de su comunidad sean admitidos como positivos.

Ms all de todas las posibilidades con las que se puede interpelar el uso del trmino decencia por su profunda carga normativa-, podemos empezar la discusin admitiendo que se es decente cuando, al menos, se acta conforme a lo que se expresa. Es decir lo que una persona afirma es tambin lo que se puede evidenciar en su prctica. De esta manera podramos decir que la decencia tiene mucho de honestidad.

Si nos remitimos al terreno de la poltica, la discusin tica es demasiado leve cuando hay y prcticamente inexistente en la mayor parte del tiempo. Son muy pocas las ocasiones en las que se discuten los lmites ticos de la prctica poltica.

En nuestro continente, en esa pretenciosa jactancia de lo barroco que hablaba Echeverra, se entiende a la poltica como una especie de partido de barrio donde todos juegan todos tapan y donde la viveza es parte del juego. Aunque, para desilusin de muchos, no es el alma tercermundista la que suprime la tica de la prctica poltica; ya en la Europa del Siglo XVIII Carl von Clasusewitz sealaba: La guerra no es simplemente un acto poltico, sino un verdadero instrumento poltico, una continuacin de las relaciones polticas, una gestin de las mismas con otros medios, con lo que dejaba claro que la poltica era el inicio de la confrontacin, de tal suerte que incluso se lo parafrasea sealando que la poltica es la continuacin de la guerra por otros medios.

Independientemente del punto de partida filosfico-ideolgico, quien incursiona en la poltica debe responderse a s mismo hasta dnde est dispuesto a llegar para cumplir con sus objetivos? Qu est dispuesto a hacer por obtener el poder? Advirtase aqu que incursionar en poltica no solo refiere a la participacin dentro de la poltica formal electoral, o militar en un partido poltico; as como tampoco quienes detentan el poder actualmente son quienes enfrentan dilemas morales respecto a mantenerlo. Toda persona que participa de la discusin de res/pblica -cosa pblica- debe hacerlo con una postura y con una intensin; quienes enfrentan al poder tambin deben cuestionarse los alcances y lmites ticos de sus prcticas en procura del cambio en el poder.

Haciendo un recuento rpido de la historia nacional, pocas oportunidades han sido los sectores populares quienes han estado al frente de la administracin del Estado y menos ocasiones an estos grupos han tenido el poder. En oposicin, desde los inicios de la Repblica criollos, oligarcas, terratenientes, burgueses, han sido quienes han ocupado la parte superior de la pirmide y hasta son a quienes se los denomina grupos de poder.

As las cosas, y para quienes observamos en esa relacin la concrecin material de la categora de lucha de clases ms an, la dinmica del poder poltico ha sido una disputa entre los poseedores y los desposedos, siendo estos ltimos quienes han debido soportar no solo el despojo de sus medios de supervivencia sino la enajenacin hasta de su dignidad; por eso mismo es que Marx adverta que el obrero tiene ms necesidad de respeto que de pan.

Las relaciones sociales dentro del capitalismo son tan marcadas que, a la larga, existen prcticas que son permitidas en cuanto es el sujeto burgus el que las realiza y prohibidas si es el trabajador su actor. El robo de pobres es cosa de choros, el de ricos es de cuello blanco; la mentira de los pobres en delito, la de los ricos es desliz.

Por esto es que, en las pocas ocasiones en las que alguien procedente de los sectores populares y es importante sealar que no importa cul sea la agenda de esta persona- ha llegado a ocupar un espacio de gestin pblica la lite ha sido implacable en recordarle que no pertenece ah, que su paso ser efmero y que llegar el da en que saldarn cuentas con aquel indio alzado que se meti en los asuntos de blancos.

Uno podra pensar que siendo tan reiterada y vil la historia, los grupos de abajo seran poseedores de una gran conciencia tica as como conocedores, en carne propia, de aquello que no se debe hacer con los otros. No obstante, ya como Hegel estudiaba, la dialctica amo-esclavo no necesariamente se desarrolla entre los representantes antagnicos del bien y el mal.

En los ltimos das me ha llamado profundamente la atencin el tratamiento meditico que han recibido dos acontecimientos; el uso de las aeronaves policiales por la Ministra Romo para presunto fines personales; y la derogatoria del reglamento de becas al exterior de la SENESCYT.

El oligopolio meditico corporativo no ha sido capaz de publicar la mnima informacin por dos razones: porque son denuncias del correismo aunque ninguna de las dos haya sido denunciada por un corresta, sino sera de preguntarle a la Sra. Cuesta si es camarada de Rafael-; o porque no les son tiles en su agenda descorreizadora aunque esa agenda sea destruir todo aquello que sea polticamente de izquierda ms all de Correa-. Nada nuevo bajo el sol.

Lo realmente sorprendente, sobre estos dos acontecimientos, ha sido el uso que le han dado ciertos sectores que podemos llamar de izquierda. No entiendo cul es la razn de involucrar en el uso indebido de las aeronaves policiales de la Ministra Romo sus relaciones sentimentales con otro funcionario pblico, y menos aun comprendo el posible rdito poltico de involucrar en estos hechos a los hijos del Ivn Granda. As como no encuentro explicacin en salir como en el cuento de Juanito y el Lobo a decir que las becas se acaban porque el entonces Secretario Bonilla derog un reglamento procedimiento normal en el trmite legal que sustituye una norma por otra, y cuando el proyecto de becas viene sufriendo un deterioro terrible ya desde 2018-.

No alcanzo a comprender la necesidad de involucrar a la familia de cualquier sujeto poltico dentro de la disputa poltica y sobre un hecho que por s solo ya es reprochable y sancionable. No entiendo porque mentir y tergiversar sobre un reglamento cuando con este gobierno tenemos mil cosas ms, que si est haciendo, para movilizar la indignacin de redes y ojal tambin se mueva a las calles. El 16 de julio tenemos ya una llamada.

La inmundicia, ya que no hay otro nombre para lo que vivimos hoy, de la poltica encabezada por Moreno, secundada por Romo, Granda y Bonilla, debe ser combatida sin pretexto; pero lo que ellos han hecho con nuestro pas no es pretexto para sacrificar a la dignidad de sus hijos o la obligatoriedad de obrar con la verdad.

Tal como mencionaba Orwell En tiempos de engao universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario. El mayor patrimonio de quienes hoy alzamos la voz contra el (des)gobierno y la contrarreforma neoliberal es la decencia, saber que luchamos por la dignidad de la patria y de su gente, por los nios que no tiene la culpa del mundo que les dejamos. Suficiente se ha metido este gobierno con los nios de este pas, suficientes mentiras circulan, suficientes fake news y posverdades. Queremos un pas diferente, tengamos la decencia para merecerlo. No se trata de cambiar de verdugo sino de acabar el sometimiento.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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