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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2019

Un conocido tufillo estalinista
La izquierda ante los derechos humanos en Venezuela

Ral Zibechi
Brecha


La expresidenta de Chile nunca haba sido cuestionada por las izquierdas y los progresismos hegemnicos a causa de sus polticas hacia el pueblo mapuche o por su alineamiento con empresarios neoliberales. Bajo sus dos mandatos presidenciales, s fue severamente cuestionada, en cambio, por relatores especiales de derechos indgenas y rganos de las Naciones Unidas por la aplicacin de la ley antiterrorista en el conflicto entre el Estado chileno y la nacin mapuche.

Ahora aparece una catarata de crticas contra Bachelet emitidas por intelectuales afines al progresismo, porque en su calidad de Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos denuncia con datos crebles, y confirmados desde Venezuela, la violencia sistemtica del rgimen, que se cobra, en promedio, alrededor de 400 asesinatos extrajudiciales cada mes a manos de los aparatos de seguridad del Estado (y de grupos informales apoyados por ellos). Denuncia torturas, detenciones arbitrarias, violencia sexual y uso de fuerza excesiva y letal contra manifestantes opositores.

Buena parte de los crticos de la expresidenta chilena por la que no siento la menor simpata poltica callaron cuando se reprima a los pueblos, pero ahora corren, presurosos, a defender a un Estado y a sus aparatos represivos. Lo hacen por razones geopolticas, porque en sus clculos mezquinos Venezuela es una pieza en la lucha contra la hegemona estadounidense en la regin y el mundo.

En rigor, no desmienten ninguna de las afirmaciones del informe presentado por Bachelet, sino que se limitan a desacreditar a la persona que lo rubrica. Si colocar al Estado por delante y por encima de la gente comn organizada en movimientos es ya de por s grave, denigrar al acusador sin responder las acusaciones remite a una historia bien conocida por las izquierdas del mundo. Es la poltica que utiliz Jos Stalin, hasta la paranoia, contra sus adversarios polticos. Miles de comunistas y millones de soviticos cayeron en sus garras, con el silencio cmplice de la inmensa mayora de los comunistas del resto del mundo.

Se dir que quienes apelamos a la tica como argamasa de la poltica somos ingenuos incorregibles, destinados a caer bajo las balas del realismo de los enemigos. Los que eso dicen olvidan, sin embargo, que las mejores tradiciones del campo rebelde, y algunas de sus mayores creaciones, fueron devoradas por un pragmatismo rampln que convirti a las fuerzas del cambio en opresoras, que desacreditaron todo intento por hacer del mundo un lugar mejor.

Los desastres del estalinismo (desde la revolucin espaola hasta Sendero Luminoso, pasando por los crmenes de Roque Dalton y la comandante Ana Mara en El Salvador) nunca fueron analizados a fondo por las plumas mercenarias. Todava hay quienes defienden a un violador y genocida de nombre Daniel Ortega, siempre con la excusa del imperialismo y otras estupideces.

Estamos ante un doble recodo de la historia que habr de cambiar el mundo para siempre. Uno, marcado a fuego por el conflicto entre naciones imperialistas (Estados Unidos, China, Rusia) para hacerse con la hegemona mundial. Otro, transitado por las feministas y los pueblos originarios, que, con su empeo antipatriarcal y anticolonial, abren grietas profundas en la dominacin.

No se puede estar con un pie en cada lado. Los que eligieron el poder estatal y la accin desde arriba sern o bien relegados por los movimientos de abajo, o bien se convertirn, como en Nicaragua y Venezuela, en sus verdugos.

https://brecha.com.uy/


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