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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2019

El estado colombiano nunca proteger a los lderes sociales

Fernando Dorado
Rebelin


Ha hecho carrera entre los dirigentes de izquierda y de las organizaciones sociales de Colombia, incluso entre los integrantes de las guerrillas desmovilizadas y reincorporadas a la vida civil, la creencia de que el Estado les va a brindar seguridad, frente a la accin criminal de los grupos armados ilegales que estn en crecimiento en la actualidad, llmense paramilitares, guerrillas, bacrim, disidencias o grupos delincuenciales.

Es indudable que hay que exigir esa seguridad porque se supone que el Estado debe ofrecer ese servicio pblico a toda la poblacin. Pero creer que el gobierno les va a garantizar plena proteccin a los lderes sociales o a los dirigentes polticos que enfrentan las polticas del gran capital transnacional o de las mafias empotradas en todas las reas de las economas ilegales y criminales existentes, es ser demasiado ingenuo. Mucho ms, con lo vivido en Colombia.

Para los tericos del liberalismo clsico o de las teoras polticas en boga (Kelsen, Rawls, Habermas, Mouffe, etc.), el Estado es garante de derechos para todos los ciudadanos. No obstante, la realidad del mundo, de Latinoamrica y de Colombia, nos indica que no es cierto y que nunca lo ser. Pueda que en los pases ms desarrollados en donde las castas dominantes subsidian sus democracias con los recursos extrados y robados a las colonias (viejas y nuevas), esa apariencia garantista engae a muchos creyentes. Pero la realidad es muy diferente.

Lo visible es que los Estados democrticos muestran hoy su verdadera naturaleza desptica. La crisis acumulada por el capitalismo, que se manifiesta con el actual derrumbe de la globalizacin neoliberal, que, a su vez, provoca la aparicin y el fortalecimiento de nacionalismos populistas (algunos de ellos con tintes claramente fascistas), es una demostracin de lo que siempre hemos sabido: El Estado es una mquina de opresin al servicio de los poderosos (Marx).

En Europa los Estados democrticos son garantes de derechos para sus ciudadanos, especialmente, contribuyentes. Pero para los trabajadores precariados, para los granjeros empobrecidos, para la poblacin invisibilizada de reas rurales, para los migrantes pobres e ilegales, para la juventud desempleada, esos Estados son verdaderas mquinas de opresin y de guerra. Y lo mismo ocurre en EE.UU. y en todo el mundo. No debe haber la menor duda.

Quien paga impuestos tiene derecho, los dems que se vayan repiten a coro Trump, Orbn, Salvini, y otros. Ellos saquean y destruyen nuestros pueblos y pases y cuando los migrantes pobres expulsados de frica, Asia o Amrica Latina, llegan a sus territorios en busca de trabajo, los discriminan y les ponen muros, los persiguen, encierran y expulsan, y en algunos casos, los matan sin ningn pudor. Sus falsas democracias ya no engaan a nadie. Han perdido la verguenza.

Por ello, frente a una realidad que no se puede ocultar, seguir creyendo que esos Estados van a proteger a nuestros lderes, adems de ingenuidad es un crimen (inconsciente). Lo que ocurre en Colombia es un exterminio sistemtico. Las comunidades organizadas deben redisear su estrategia de resistencia. Las guardias indgenas deben servir de ejemplo y referencia, sirven para hacer inteligencia, vigilancia y alerta, pero, ahora toca poner el cuerpo como dice Ral Zibechi, pero tambin hay que hacerlo bien. No podemos dejarnos matar pero tampoco caer en la trampa y la provocacin que busca producir masacres y desplazamientos masivos.

Hay que identificar a los sicarios, aislarlos y golpearlos. Si en verdad, hay trabajo organizado, no podemos pedirle a nuestra gente ms sacrificios. El derecho a la defensa est garantizado en todo el mundo. No se trata de dejarnos llevar a una guerra abierta, que ya mostr sus grandes limitaciones en Colombia, pero la proteccin de nuestras comunidades y lderes ahora debe correr por cuenta nuestra. No se puede seguir llamando al ratn a cuidar el queso!


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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