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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2019

Carlos Pea y su filpica contra la democracia directa

Jorge Franco
Rebelin


La columna de comentarios que cada domingo publica Carlos Pea en El Mercurio es seguida por muchos con gran inters por el carcter agudo y frecuentemente certero de sus reflexiones. Pero su estrecha visin liberal de la poltica y la sociedad en que vivimos lo lleva muchas veces tambin a reflexiones sorprendentemente miopes e inconsistentes sobre el acontecer ciudadano. Tal es el caso de su ltima columna titulada "Profesores voceros" en la que alude crticamente al proceder de la Directiva del Magisterio en el curso de la prolongada movilizacin que mantiene actualmente este gremio.

Respecto al conflicto mismo, Pea parte reconociendo que " se trata de una demanda parcialmente justa", sin aclarar el alcance de este juicio, pero que "se lleva adelante mediante un procedimiento o mtodo incorrecto". Y es esto ltimo lo que constituye el centro de toda su reflexin. Segn Pea, el problema radicara en que los dirigentes carecen de "todo poder negociador" debido a que, en ltima instancia, han optado por obedecer a la voluntad de sus bases, limitndose a actuar como meros voceros de ellas, en lugar de atreverse a arribar, sin necesidad de consultarlas, a acuerdos con el gobierno.

A juicio de Pea, el problema de fondo que esta situacin ejemplifica y pone de relieve, sera " la progresiva desaparicin de la democracia representativa y su sustitucin por la democracia directa". Ello porque, en su opinin, " la democracia directa funciona bien cuando se la ejercita en grupos ms o menos pequeos", pero cuando se la pretende ejercer a gran escala solo resulta ser una "artimaa" ya que "estropea la dimensin deliberativa de la democracia el dilogo y la reflexin racional que, en cambio, los representantes son capaces de ejercitar".

Finalmente, Pea se empea en reforzar su visin claramente aristocratizante de la democracia no con argumentos propios de una "reflexin racional" como la que dice echar de menos, sino solo con algunas frases dirigidas a descalificar la visin alternativa de una democracia directa tales como " donde todos deciden, nadie es responsable" o "las multitudes infantilizan a quienes participan de ellas", enfatizando de paso que, al hacer de meros voceros de sus bases , los dirigentes del magisterio estaran actuando "como si fueran estudiantes".

El mayor problema de la supuesta "reflexin racional" que nos ofrece Pea es que pasa convenientemente por alto el verdadero significado de la democracia, que no es otro que el poder del pueblo (demos = pueblo, kratos = poder), basado en el principio de igualdad, en dignidad y derechos, de todos los seres humanos y, como consecuencia de ello, en el de la soberana popular. Desde una perspectiva democrtica, la constitucin y ejercicio del poder poltico debe ser, necesariamente entonces, una real expresin de la voluntad popular.

Y si esto es vlido para el conjunto del sistema poltico-institucional de una sociedad dada, con todas las complejidades que ello conlleva, con mayor razn lo es con respecto a las organizaciones de la sociedad civil, como los gremios, donde la posibilidad de una interaccin directa entre los dirigentes y las bases es, ciertamente, mucho mayor. En este caso, a diferencia de lo que sugiere Pea, los dirigentes no pueden limitarse a ser meros portadores de la opinin de las bases sino que se ven en la necesidad de exponer y defender ante ellas sus propias opiniones. Pero lo que finalmente prima son las razones y la voluntad de la mayora. O acaso Pea propicia como "mtodo" el que los dirigentes impongan a sus bases acuerdos obtenidos a puertas cerradas y a contrapelo de sus deseos? Mtodo que, como es obvio, posibilita la corrupcin del liderazgo y desmoraliza a las bases.

Pea destaca las obvias limitaciones de un sistema de democracia directa a gran escala pero omite sealar las mltiples y ostensibles distorsiones de la voluntad popular que suelen exhibir los sistemas representativos actualmente existentes: generacin no proporcional de la representacin poltica, existencia de mecanismos de contencin de los cambios como el senado, los tribunales constitucionales y las leyes de qurum calificado, la constante manipulacin meditica de la informacin y de las campaas polticas, etc.

Peor aun, Pea finge no saber que el poder real no se encuentra en las instituciones polticas del Estado sino en los grandes grupos econmicos que, amparados en los "derechos" que les reconoce el sistema poltico, tienen la facultad de adoptar las decisiones claves para el futuro de una sociedad las referidas al modo de utilizar el excedente socialmente producido, restringiendo la "reflexin racional" sobre los problemas sociales al rgido marco que ellas imponen y distorsionndola adems con las numerosas presiones y ddivas que efectivamente ejercen esos poderes fcticos sobre los "representantes".

Segn Pea, la democracia representativa sera expresin de la racionalidad de la elite de la que carecera el pueblo. Pero, en rigor, suele ser ms bien sinnimo de engao y fraude para burlar permanentemente la voluntad popular. En realidad, la racionalidad poltica no es patrimonio de la pequea elite de los "representantes" de la voluntad popular, sino que la ponen los que elaboran o adhieren a proyectos de sociedad como fundamento real de los partidos polticos que se constituyen para llevarlos a la prctica. Pero la labor de stos es persuadir y no imponer la racionalidad de sus propuestas a las mayoras, y mucho menos suplantarlas. En eso tambin consiste la labor de los dirigentes, sean stos gremiales o polticos, sin buscar utilizar su posicin de tales en beneficio propio.

En un sentido ms general, es evidente que un sistema poltico-institucional democrtico no puede suponer a todo un pueblo en estado de asamblea permanente y por lo tanto forzosamente implica la existencia de instancias de representatividad. Pero la funcin de stas no puede significar que se les otorga un cheque en blanco para obrar como les d la gana, desentendindose por completo del parecer de sus supuestos representados. Al menos la manera de encarar los problemas ms relevantes debera ser siempre sometida a consulta de la ciudadana.

En un artculo anterior, Pea identificaba con preocupacin a la democracia directa como "uno de los rasgos centrales del populismo" para el cual las sociedades aparecen como " una pirmide teledirigida desde una cspide que no siempre salta a la vista -la lite-, la que se esmerara, a travs de diversos mecanismos y estrategias, por sacrificar los intereses de la masa", algo que por lo visto considera falso. En ese mismo artculo, Pea sostiene que a la concepcin de la democracia directa subyace "lo que pudiera llamarse una ilusin epistmica: la creencia de que la voluntad general, la voluntad del pueblo, es infalible y nunca se equivoca y jams puede contrariar sus propios intereses".

Como se ve, la obsesin de Pea contra la democracia directa no es nueva. Pero la ilusin que observa en ella es, justamente, lo que en realidad subyace al ritual electoral que opera como mero mecanismo de legitimacin "democrtica" del fraudulento sistema poltico representativo que actualmente nos rige, tras el cual se hallan los poderes fcticos empresariales, y que con tanto ahnco defiende Pea. No sera ya hora de apuntar en la direccin contraria para abrir paso a un sistema poltico-institucional efectivamente democrtico convocando al soberano a elegir una Asamblea Constituyente que elabore un nuevo marco constitucional como real expresin de la voluntad popular?


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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