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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2019

Cuando la sociedad dej de ser campesina perdi el sentido de lo comn
Los comunales, una piedra y un pescado

Gustavo Duch
Ctxt

Recuperar el sentido comn pasa porque en las ciudades, en los pueblos, pero sobre todo en las mentes recuperemos los valores rurales hoy tan desprestigiados


Quiero contarles, a mi modo, la leyenda de Montfalc Murallat, un pueblo mnimo subido en una loma de La Segarra, comarca del interior cataln. Sus primeros orgenes se documentan en el siglo X y, a da de hoy, sigue siendo no ms que 12 casas en un crculo perfecto que convierte el lugar en residencia y fortificacin a la vez. De hecho, el acceso solo es posible por un punto, despus de traspasar lo que mucho antes deban ser tres enormes puertas. Es por su estructura cerrada y fortificada que resisti en zona de frontera numerosos ataques de sarracenos o de seores feudales? O bien, posean una pocin mgica marca Panormix?

En el (micro)paseo necesario para conocer todo el pueblo enterito, descubres la respuesta. Montfalc dispone de una cisterna comunitaria, un pozo de hielo comunitario y un horno de pan comunitario que se alimentaba de los cereales de los campos gestionados normalmente enaparceracocinado con la lea recogida de los bosques propiedad comn de todo el pueblo. De hecho, como en otros muchas aldeas y pueblos del territorio ibrico, el gobierno poltico del pueblo bien podra estar organizado a partir de los concejos abiertos o concejos vecinales.

Porque hasta no hace tanto la vida autnoma y al margen del capitalismo de muchos pueblos de la Pennsula se basaba en prcticas que buena falta nos hacen en estos tiempos de crisis civilizatoria. Recuperar los Bienes Comunes, para gestionarlos en procesos Asamblearios, ejerciendo la Democracia Directa, con propuestas de Economa Social y Colaborativa para asegurar la Reproduccin de la Vida sabiendo que somos seres Ecodependientes e Interdependientes, son los trminos que ahora empuamos y las propuestas que convertimos en luchas. Pero estas luchas tienen su historia y amerita ponerla en valor.

Vivir en comunidad

Sin poner fechas, durante muchos siglos gran parte de la tierra campesina era tierra comunal y tierra de propiedad familiar (de dominio directo) sometidas a servidumbres comunitarias. No fue hasta la llegada de las desamortizaciones que los pueblos usufructuaban en diferentes lotes tierra para cada familia vecina. Y gestionaban colectivamente otros tipos de terrenos, como el bosque (del que podan aprovechar su madera, cal, resinas, frutos, bellotas, miel, caza, etc.) o los pastos. De esta manera, la produccin propia, huerta y cereales, se complementaba con, por ejemplo, la posibilidad de que una familia pudiera mantener en los montes comunes una pareja de vacas que ofrecan 180-200 das de trabajo al ao, criaban 1 2 terneros, un poco de leche que poda ser transformada en queso o manteca, y estircol. O una veintena de ovejas que podan proporcionar entre 10 y 15 corderos, unos 20 kilogramos de lana, as como pieles y de nuevo, abono, elemento esencial para fertilizar las tierras dedicadas a su agricultura.

Fcilmente en Montfalc se practic, como en muchos lugares de Catalunya, la prctica de lasbogues, que, como me explica David Algarra permita un cultivo temporal sobre un espacio comunal por parte de alguna de las casas del pueblo, ya fuera por libre disposicin o concedidas por la comunidad, sin que este perdiera su carcter comunal.

En estos terrenos comunales, en otros lugares, exista tambin elDerecho a Poznera,que permita a las familia plantar rboles y aprovechar sus frutos, leas o sombras. Como explica Ignacio Abella, cuando Jos Saramago en su libro autobiogrficoLas pequeas memoriashabla de la vida y el paisaje tradicional en Azinhaga, su pueblo natal, habla de esta realidad. A la casa de mis abuelos, como ya he contado, la llamaban Casalinho, y el nombre del lugar donde se levantaba era Divisiones, tal vez porque el olivar ralo y esparcido que haba enfrente perteneciese a diferentes dueos: como si en vez de rboles se tratase de ganado, los olivos estaban marcados en el tronco con las iniciales de los nombres de sus respectivos propietarios.

El sistema de pastoreo colectivo por turnos,las veceraso ladula, en los montes comunales, era una de las expresiones ms claras de laeconoma colaborativaimplantada en esos tiempos. Las veinte ovejas de las que hemos hablado antes de cada familia salan diariamente al pastoreo, cuidadas por turnos, de manera que solo de vez en cuando te tocaba ejercer la tarea. Otras frmulas de trabajos comunitarios bien documentadas son las diferentes frmulas dehacenderasen Castilla, eltreball a jovaen Catalunya o elauzolanen Euskal Herria, donde todas las casas del pueblo participan en un trabajo, como limpiar las acequias o reparar la parroquia; o lasayudas de reciprocidadcomo eltornallom en Valncia,tornajornalen Catalunya otornaxeiraen Galicia, donde sin mediacin del dinero, para tareas como las siegas o las vendimias los vecinos colaboraban hoy por ti, maana por m.

Lasolidaridadtambin tena sus mecanismos bien definidos. Es conocido como se permita, sin crceles y sin multas, todo tipo deespigueo,racimeoorebuscapara entrar en fincas particulares a recoger los frutos abandonados una vez finalizadas las cosechas. Tambin es muy inspirador como se apoyaban cuando, por ejemplo, una res de trabajo sufra un accidente fatal. Una vez sacrificada, la carne era comprada por todos los vecinos de manera que el vecino afectado recuperaba una parte del precio como ahora hara una compaa de seguros. Pero sin peritos de por medio. En Euskal Herria, se llamabildotx-lorraa la costumbre de regalar cada pastor una oveja a aquel otro pastor de la vecindad que por alguna razn hubiera perdido el rebao.

El sentido de lo comn

Dicen que el sentido comn es el menos comn de los sentidos. Y es terriblemente cierto, porque, como hemos visto, cuando la sociedad dej de ser rural y campesina perdi, precisamente, este sentido, el sentido de lo comn.

Recuperarlo, a mi modo de entender, pasa porque en las ciudades, en los pueblos, pero sobre todo en las mentes recuperamos las frmulas y valores rurales hoy tan desprestigiados, tan minusvalorados.

Dice la leyenda que en una de las muchas ocasiones que algunos invasores no conseguan doblegar a la poblacin de Montfalc, decidieron utilizar la prctica del aislamiento. Tarde o temprano, sin acceso a los alimentos el pueblo se rendira. Y as pasaban los meses, los invasores en el exterior del pueblo, sofocaditos bajo el duro Sol de la Segarra, no entendan como los de dentro no mostraban seales de hambre y colapso. As que decidieron provocarles lanzando un pan recin hecho atado a una piedra. El pan y la piedra alcanzaron su objetivo, pero pasmados se quedaron cuando en la misma piedra, en viaje de vuelta, les lleg un pescado fresco, recin salido del mar.

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Nota: las informaciones aqu recogidas provienen de textos facilitados por Ignacio Abella, del libroEl Comn Catalnde David Algarra y del blog en internet La nuestra tierra.

Gustavo Duches escritor y veterinario. Coordinador de la revistaSoberana Alimentaria, Biodiversidad y Culturasy autor de libros comoMucha Gente PequeayLo Que Hay Que Tragar.

Fuente: http://ctxt.es/es/20190717/Firmas/27381/Gustavo-Duch-tribuna-Montfalco-Murallat-Lerida-Catalunya-Comun.htm



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