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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2019

reflexiones a propsito de Libertad incondicional, de David Casassas)
Renta bsica e individualismo, una relacin compleja

Nuria Alabao
Crculo Bellas Artes


La obra de David Casassas Libertad incondicional supone una aportacin fundamental al debate sobre la renta bsica universal (RBU) al defender esta medida desde la nocin de libertad, un concepto que habitualmente no est muy presente en las discusiones sobre polticas pblicas. De este planteamiento surgen preguntas esenciales que nos permiten avanzar en la discusin sobre el horizonte de transformacin posible y deseable y cmo interaccionaran en l lo comn y la libertad. Servira la RBU para potenciar ambos?

Casassas lo tiene claro, la renta incondicional es un paso hacia la libertad, pero no una varita mgica: Puede garantizar parte de las condiciones materiales y simblicas de la libertad, pero no conduce inevitablemente a escenarios sociales de naturaleza postcapitalista, escribe. Por tanto, es esencial que se conciba como parte de una estrategia de ms largo alcance, acompaada de otras luchas, y no como lugar de llegada. Hoy hay voces que reivindican tambin una RBU desde el mbito neoliberal, en los que esta medida estara destinada a superar las contradicciones sociales originadas por el advenimiento del fin del trabajo y donde estara asociada a una contraccin mayor del Estado del bienestar. Para pensar una RBU como palanca de transformacin y no como innovacin destinada a actualizar un capitalismo en crisis, Casassas propone tres elementos que deberan estar asociados a su reivindicacin. Por un lado, lo que llama la reapropiacin de la economa incluso de los mercados y de una economa poltica popular de carcter cooperativo. La economa popular de la renta bsica ha de ayudar a alimentar verdaderas culturas polticas para la organizacin colectiva del trabajo libre o libremente asociado, seala. Adems, en segundo lugar, este tipo de economa no se plantea como una estrategia poltica autista, sino que se tendra que vincular a la defensa de mecanismos indirectos de distribucin de la renta y, por tanto, a la preservacin y la ampliacin del Estado del bienestar. En tercer lugar, la RBU como herramienta de transformacin social debera estar acompaada de mecanismos que restrinjan la acumulacin de riqueza en manos privadas.

Cuando hablamos de economa popular estamos hablando de redistribuir recursos, pero tambin de democracia, de una democracia construida desde abajo, de carcter autogestionario. Estas instituciones sociales de carcter alternativo o popular dan forma, adems, a un universo propio de cooperativas y sus redes, centros sociales, espacios de ayuda mutua, etc. Una institucionalidad que, aunque no se diga en el libro, funcionara tambin como contrapoder del mismo Estado, porque la autonoma nunca viene dada, es una conquista que tiene que estar continuamente reafirmndose. En el fondo, esta discusin que plantea el libro no es otra que la de cmo pensar el comunismo hoy, cmo imaginar alternativas posibles al capitalismo o la posibilidad quizs de un reformismo radical y si la RBU podra contribuir a esos horizontes que imaginamos. Cmo reapropiarnos de recursos y redistribuirlos reforzando al mismo tiempo lo colectivo? Podra funcionar esta medida como palanca de liberacin de la cooperacin social? Para Casassas, la RBU situada entre el Estado y la autogestin podra reforzar la autoorganizacin al liberarla del estrecho marco de actuacin que genera la necesidad fundamentalmente, de rentas y ser, por tanto, precondicin de libertad. La naturaleza obligatoria del trabajo asalariado bloquea toda una mirada de entornos productivos y reproductivos de factura autnoma que solo pueden emerger sin la obligacin de trabajar, seala el autor.

No es una cuestin sencilla. Es posible que la renta bsica pueda ayudar a construir alternativas en comunidades polticas ya existentes, en ciertos entornos ya estructurados, pero en un sentido ms profundo, sera difcil defenderla como solucin al problema de cmo construir lazo social. Qu vincula a las personas? Son las instituciones sociales? Es el mercado? O quiz sea la necesidad? Es cierto que la necesidad puede ser una crcel que imposibilite una autonoma mnima necesaria para emprender en el mundo cooperativo, pero en un sentido amplio tambin hay que reconocer que la necesidad genera vnculo social. El libro de Casassas pone el ejemplo de la prctica de la gorra, que se daba en el mundo fabril del movimiento obrero fuerte. Era una prctica que se activaba cuando algn trabajador enfermaba. Se pasaba una gorra y todos aportaban una parte de sus jornales diarios, lo que permita al trabajador o trabajadora enfermos sostenerse y a su familia si la tena. Esta es una costumbre surgida de la necesidad; una necesidad que se superaba mediante el esfuerzo colectivo y la corresponsabilidad. De hecho, muchas de las instituciones de ayuda mutua sobre las que se funda el Estado del bienestar se iniciaron en esos espacios de necesidad a los que dota de densidad y articulacin la organizacin obrera.

Lo que hoy llamamos sindicalismo social funciona a travs de un mecanismo parecido. Podemos hablar aqu, por ejemplo, de cualquier ocupacin de la obra social de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). En los bloques ocupados de Gran Canaria, por ejemplo, ms de doscientas cincuenta personas que los habitan han generado una comunidad poltica de resistencia basada en el hecho original de que no tenan dnde vivir y se juntaron para solucionarlo. Si hubieran tenido vivienda, esa comunidad no existira. En Amrica Latina, en lugares donde el Estado se ha retirado o su accin no llega, como los barrios de favelas, se generan comunidades fuertes sobre la base de necesidades que requieren de una gestin comn. All, los vecinos se juntan para llevar tendido elctrico o agua corriente a sus casas en lo alto de las laderas, para arreglar las calles o resistir a los desalojos. No es una situacin tan distinta de los mecanismos que daban forma a algunos de los nuevos barrios obreros de las ciudades espaolas en la dcada de 1970. Esta es una de las paradojas del bienestar: algunas de nuestras conquistas suponen un freno a determinadas articulaciones de la comunidad. Las cooperativas de trabajo funcionan de forma parecida. En mi experiencia, el hecho de que quienes las integran necesiten un salario las hace perdurar ms que los colectivos que se agrupan nicamente sobre la base de aspiraciones abstractas como cambiar las cosas o luchar contra la injusticia.

Las comunidades tambin las del mbito de la autonoma poltica o las cooperativas son sistemas de intercambio o de relacin que se vinculan generando un comn. Este comn implica unas normas propias de gestin, una cultura que lo haga posible y un sistema de reciprocidad especfico que da forma a la comunidad y establece los lmites de lo que est dentro y fuera de ella (algo que se ha estudiado en la gestin de los llamados bienes comunes, por ejemplo, en la obra de Elinor Ostrom, El gobierno de los bienes comunes .) Hay que sealar que este sistema de reciprocidad establece tambin obligaciones, no es un mbito de pura libertad irrestricta o de la libertad individual tal como la concibe el liberalismo. Este es el modelo que aparece, por ejemplo, en Ensayo sobre el don , donde Marcel Mauss, a partir del anlisis de instituciones sociales procedentes de sociedades estudiadas por la antropologa, nos habla de economas que no estn basadas en la acumulacin de beneficios, sino en sistemas de intercambio, en la nocin del regalo. Esta obra nos ayuda a entender cmo se generan los vnculos sociales. El don que se ofrenda en estas formas institucionalizadas de intercambio como el potchlach de los indios del noroeste de Norteamrica o el kula en las islas del Pacfico occidental no es una ofrenda puramente gratuita y totalmente desinteresada, sino que exige una cierta devolucin, genera, por tanto, una deuda. Este principio de la deuda y todas las mediaciones culturales a las que da lugar estn en el corazn de la sociedad. Las relaciones sociales estn basadas en el principio de dar y recibir; es decir, de obligaciones a partir de las cuales se generan vnculos. No sera pues el reino de la libertad, sino el de la responsabilidad para con los dems. Por eso hay una crtica habitual que dice que la RBU podra debilitar el lazo social y contribuir a reforzar el individualismo, precisamente porque al eliminar la necesidad se corre el riesgo de minar lo colectivo.

Pero es que a la RBU no se le puede exigir tambin que solucione el problema de la atomizacin social, no es exactamente esa su funcin. Para encarar esa cuestin, tendremos que dar otras batallas, que precisamente Casassas reivindica en su libro. Por tanto, cuando hablamos de la necesidad de libertad creo que podramos distinguir entre la libertad individual y la comunal. La primera, la que se basa en la concepcin del sujeto universal del liberalismo y la economa clsica, es una quimera. La economa feminista se ha encargado de poner en evidencia que todos somos seres interdependientes y que el individuo atomizado, listo para participar en el mundo de la produccin, es una invencin. Detrs de esos seres concebidos como totalmente autnomos est el trabajo de reproduccin social de cuidados que estaba asociado a las mujeres y que todava realizamos mayoritariamente de forma gratuita. A partir de esta divisin sexual del trabajo que asignaba a las mujeres a estas tareas de cuidado desvalorizadas, que permanecan en el mbito privado, se establecieron el resto de las jerarquas que separan los gneros y mantienen a las mujeres en una posicin subordinada. La escala es la de los trabajos que cuentan, los salarizados, y los que no, los gratuitos, que se realizan por amor. Las tareas de reproduccin social en trminos marxistas, de reproduccin de la fuerza de trabajo tambin contribuyen al sostenimiento de las comunidades como ocurre, por ejemplo, en el mbito familiar. Por tanto, ms que reivindicar la libertad individual la persona concebida como trabajador y como ser atomizado la RBU debera asociarse a una libertad pensada en trminos colectivos. La libertad comunal estara atravesada entonces por la idea de corresponsabilidad, sin la cual no existe lo social. Es una libertad condicionada, s, pero a un sistema de reciprocidad, a obligaciones que surgen en cualquier comunidad y que precisamente son las que la estructuran y le permiten sostenerse en el tiempo. El orden del mundo nuevo que queremos fundar tendr que basarse en la interdependencia.

No podemos decir, por tanto, que la renta bsica por s sola vaya a generar ms lazo social, pero esta tarea la de reconstruir lo comn que el neoliberalismo ha contribuido a arrasar es una tarea de poca, un problema de rango civilizatorio. Ninguna poltica pblica nos va a ofrecer una solucin. Quizs a la RBU haya que pedirle otras cosas, adems de la ms evidente, que es proveer un sostenimiento mnimo a las personas, algo que debera ser concebido como un derecho humano bsico y un principio de la democracia. A lo que deberamos aspirar tal vez es a que la RBU contribuya a diluir las jerarquas entre trabajo y no trabajo, o entre trabajo pagado y todas aquellas tareas de sostenimiento de lo colectivo que realizamos o las propias tareas de cuidado y que ahora permanecen desvalorizadas. En este sentido, habra que exigir la RBU como retribucin de todo el trabajo no pagado, de toda la produccin social sin la cual el capitalismo no funcionara. En definitiva, creo que hay que agradecerle a Casassas esta excelente oportunidad para profundizar en estas cuestiones que son centrales para imaginar utopas que atraviesen los problemas de nuestro tiempo.

Nuria Alabao, 2019. CC BY-NC-SA

Fuente: https://www.circulobellasartes.com/revistaminerva/articulo.php?id=771

 



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