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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2019

No hay poltica de viejas glorias

Diego Vintimilla
Rebelin


El filsofo alemn Walter Benjamin seala: Articular histricamente lo pasado no significa conocerlo 'tal y como verdaderamente ha sido' () El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza slo es inherente al historiador que est penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarn seguros ante el enemigo cuando ste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer. Afirmaciones profundas que son vlidas en el momento histrico que atraviesa la regin, en tanto que las fuerzas hegemnicas hoy son quienes capitanean la mayor parte de gobiernos suramericanos y en cuanto los bloques progresistas, que se conformaron los primeros aos del nuevo siglo y que lograron llegar al poder del Estado, hoy en da se enfrentan complejos desafos en sus pretensiones de retomar el control de la cosa pblica.

Salvo evidentes casos de dogmatismo ideolgico o de intereses polticos, no queda duda de que durante el denominado ciclo progresista las condiciones objetivas de vida de las personas mejoraron considerablemente respecto a los decenios antecedentes de aplicacin de la receta neoliberal. Las cifras de los organismos internacionales incluidos FMI-BM-ONU- reflejan que el crecimiento econmico que registr nuestra regin por el ingreso de recursos extraordinarios debido al elevado precio internacional de las materias primas exportadas fue utilizado de maneras diferentes dependiendo el signo de gobierno, progresistas/conservadores: los primeros procurando una distribucin social de la renta nacional expresada en obra pblica, mientras los segundos mantuvieron el esquema de enriquecimiento privado mediante la corporacin Estado/oligarqua.

Desde esta realidad expresada en los datos, resultara complejo comprender las razones para que el progresismo haya perdido elecciones as como su posicin mayoritaria (aunque no unitaria o monoltica) en la batalla ideolgica; y digo resultara sino no interviniera en este anlisis la disputa y el enfrentamiento por el poder, en el que los grupos hegemnicos jams perdieron el dominio del oligopolio meditico y lograron apropiarse de la causa republicana como antagonismo contra las perversiones de los progresistas.

De esta forma, el debate devino en talk show y evidenciamos como circulaban, con un comps muy afinado, los diferentes voceros del antiprogresismo anunciando el fin de los tiempos y como la nica salida de esto era el retorno del mesas neoliberal. El dispositivo ideolgico que los medios de comunicacin armaron fue eficaz; lograron disociar la relacin entre bienestar general y bienestar colectivo a la vez que lograron asociar progresismo con decadencia moral

Narcoestado, narcogobierno, y narcotodoloqueconvengaaldiscursodeladerecha, permisividad a las drogas, ideologa de gnero, castrochavismo, rusos, chinos, iranes, el diablo. El enemigo no fue construido en el terreno de lo econmico sino en el moral. El gran xito, aunque poco original, de la derecha latinoamericana fue ese: lograr que la gente asocie al progresismo como la amenaza comunista propia de la Guerra Fra. Claro que ahora no te iban a quitar una vaca si tenas dos, sino que iban a llevarse a tu hijo a consumir drogas; ya no solamente te iban a quitar un cuarto si es que sobraba en tu casa, sino que estos gobiernos iban a cubanizar/venezolanizar tu patria. Causara gracia lo burdo si es que no fuera palpable la capacidad de permeabilidad de estos discursos en la gente, que fue conducida a votar contra sus propios derechos bajo el argumento de la defensa de los valores en teora morales de nacin, en realidad valores de la burguesa.

Ahora, por parte de los progresistas no es menos cierto que como se dice coloquialmente dieron papaya y en medio de la confrontacin pretendieron disminuir el impacto de los evidentes hechos de corrupcin que se daban con funcionarios de sus administraciones. Estas decisiones fueron pensadas, pienso yo, desde la intensin de proteger la estabilidad de un proyecto de los golpes de actos personales y enfrentados desde lo propagandstico y no desde lo poltico. En este punto vale recordar la famosa frase de Marx: el obrero tiene ms necesidad de respeto que de pan.

Como postales del barroco latinoamericano, recuerdo escenas que pude vivir en las que personas -que no viven la poltica desde lo terico interpretativo, sino que la sienten en cmo est la mesa de su casa a la hora de la merienda- se identificaban con el progresismo porque aunque roban hacen; para pocos aos despus sean esas mismas personas acusaban un hartazgo de la corrupcin y de las pretensiones caricaturizadas de socializar hasta el cepillo de dientes.

El desarrollo nacional particular de la lucha de clases a pesar de la urticaria que provoca en algunos, incluso progresistas- configur diferentes salidas del poder del progresismo. Ms lo comn es que la mayora sali y los que se quedan enfrentan con mucho estoicismo que no necesariamente es certeza- los embates de una disputa que pas de lo material/econmico a lo subjetivo/meditico.

Esta realidad concreta latinoamericana, tan diferente de cerca y tan comn alejamos el lente, revivi un viejo debate de la izquierda: La famosa dialctica entre condiciones objetivas / condiciones subjetivas y sus relaciones en el camino de la revolucin. Debate que revivi como quien estaba cmodo en la muerte, pues a fuerza de las condiciones reales de vida de la gente se ha podido observar que la exacerbacin de las condiciones objetivas (pauperizacin, precarizacin, empobrecimiento, despojo, propias del neoliberalismo) no han logrado configurar o reconfigurar un sujeto histrico con capacidad de recuperar el poder poltico, mucho menos proponer una nueva agenda poltica.

Ante esto caben dos preguntas Por qu la gente, que objetivamente reconoce que hasta hace poco vivi materialmente mejor, no ha logrado responder con fuerza al proyecto de contrarreformas neoliberales como las que se llevan adelante en Brasil, Argentina, Ecuador? Por qu el conflicto capital/trabajo no es parte del anlisis poltico presente en las nuevas disputas identitarias, ecolgicas y culturales?

No pretendo dar respuestas totalizantes, pero si sugerir unas lneas de debate al respecto:
Los bloques progresistas lograron construir caudales electorales suficientes, ms no masas sociales organizadas.
La redistribucin de la renta nacional permite mejorar las condiciones de vida de la gente, pero mientras la estructura de la propiedad no se ponga en disputa, la posibilidad de regresin en demasiado alta.

El progresismo construy un relato de reivindicacin de los derechos econmicos ms no logr sintonizar con las demandas paralelas de derechos sociales, culturales. Todo esto por la presencia de grupos conservadores y de una comprensin bastante limitada del laicismo republicano.

Democracia para llegar, no para gobernar. La capacidad de articular colectivos sociales para enfrentar los procesos electorales fue efectiva, ms en la administracin de la cosa pblica los partidos de gobierno no supieron organizar un dilogo efectivo con posicin diferentes, que no inconciliables. Lo que a la larga fisur la capacidad de dilogo y por lo tanto el procesamiento democrtico de las demandas sociales.

Prcticas corporativas. Grupos de presin social, los transportistas son el ejemplo por antonomasia, lograron condicionar decisiones gubernamentales en beneficio de sus intereses corporativos. Una interpretacin que abusaba de la matemtica de cuantos pueden poner en la calle.

Los propios lmites histricos de los proyectos. No debemos perder de vista que ninguno de los gobiernos y/o bloques progresistas, que hoy ya no estn en el poder, hablaron de la implementacin de un nuevo sistema de gobierno, sino el cambio del modelo econmico. Y, aunque en algunos discursos se podan referir al socialismo, lo que se plasm en la realidad son administraciones redistributivas de la renta y justicialistas respecto al acceso de la poblacin a los servicios que el Estado debe promover para la garanta de derechos.

Si recordamos la esencia del dilogo entre Cersei Lannister y Littlefinger en Juego de Tronos: La informacin es poder, si pero el poder es poder. Podemos comprender las dificultades que suponen para el progresismo el retorno al poder poltico, cuando el relato de la derecha ha sido si queremos superar el pasado debemos aplicar el neoliberalismo, asociando as que la nica manera de librarnos del pecado es la hoguera. El lawfare, la persecucin poltica, el escndalo meditico y la exacerbacin de los fundamentalismos son las cortinas de humo perfectas para distraer la atencin de una ciudadana que hoy se ejerce en el mercado y las pantallas y no en la plaza pblica o las urnas. Casos claros se ven cuando hay movilizaciones enormes en defensa de unas inexistentes amenazas a la familia y concentraciones contra el aumento del costo de la vida son reducidas.

As, para remitirnos a los pases ya enunciados lneas arriba: Ni en Brasil, Argentina o Ecuador es posible afirmar, hoy por hoy, que el progresismo est en capacidad de recuperar el poder. Ms es posible observar cmo las organizaciones polticas detrs han tomado diferentes caminos: El Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, sin dejar de lado la defensa de Lula tambin trabaja en la organizacin de masas con capacidad de calle y en la construccin de nuevos liderazgos desde alianzas con otras organizaciones. En Argentina el kirchnerismo abre su cancha y recupera a uno de sus fundadores devenidos en crticos, y una jugada interesante de colocarla como candidata a la vicepresidencia de la Repblica, coloca a Cristina Fernndez en el centro de la poltica, pero al costado de la representacin.

El caso ecuatoriano en el que profundizar un poco- en tanto que el ms reciente y tambin el ms inesperado en los actores y formas en las que oper la transicin, ha dejado un correismo (trmino polismico y definido desde sus opositores antes que sus partidarios) que depende profundamente de las glorias de la Revolucin Ciudadana y de Rafael Correa, pero que a su vez se niega a ampliar sus alianzas polticas y mantiene fuertes esperanzas en el plano electoral.

La convocatoria reciente al Paro Nacional, aunque importante por su contenido de resistencia al neoliberalismo, no logr calar ni siquiera en otros sectores sociales y polticos diferentes del correismo justamente por la negativa de este grupo a entablar un dilogo sin condicionamientos en busca de elementos comunes.

No podemos desconocer que el correismo es el grupo de mayor cohesin en el campo poltico actual del Ecuador, pero no es suficiente y tampoco sera conveniente- para avanzar en un proceso de recuperacin del poder poltico.
Frente a esto queda grandes cuestiones, que ya fueran advertidas por muchas sectores provenientes de los la izquierda latinoamericana previa al progresismo como espacio de confluencia: La ausencia de un programa poltico que se sustente en nuevas esperanzas movilizadoras es el mayor obstculo para recomponer el tejido social tanto para resistir al neoliberalismo, cuanto ms para retomar el camino.

La ausencia del debate entre los diferentes sectores polticos, bajo el argumento de que en el pasado hubo diferencias ms o menos marcadas, solamente beneficia a la derecha. La incapacidad poltica, o simple berrinche individualista, de negar que el progresismo fue el resultado de un acumulado histrico del que no hay propietarios, impide realizar una autocrtica superadora de los errores, y en casos horrores parafraseando a Anguita- que en la prctica progresista se observaron. As, sin autocrtica menos posible es repensar un programa de accin poltica que junte, que provoque convergencias y que a su vez sea tan radical, en el sentido de enfrentar los problemas de la raz, como la sociedad requiere que hoy sea.

En el ftbol, existen hinchadas que viven de las viejas glorias de sus equipos y celebran cada ao el recuerdo de lo que fue. En lo poltica sucede, en ocasiones lo mismo. Gran diferencia que en el ftbol poco han cambiado las reglas; mientras en la poltica el mayor error es pretender aplicar acrticamente aquello que ya se hizo porque en su momento fue exitoso.

Tal como Marx nos recuerda, la historia se repite unas como tragedia, otras como comedia. Sera un error pensarlo y pero an que suceda que el correismo sea un nuevo velasquismo.

Por ello, no se trata de repetir la historia, ni permitir adjudicatarios de la superioridad moral y la pureza platnica de la prctica poltica, sino de construir nuevas tragedias que para los griegos eran esos esfuerzos que se padecen que terminaban en gloriosas gestas- y nuevos ciclos de acumulacin poltica que permitan abrir una senda de la democracia, los derechos humanos, la redistribucin de la riqueza y la justicia social, en la que como proponen los zapatistas se mande obedeciendo y la voluntad de poder nos permita comprender que no hay poltica de viejas glorias.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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