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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2019

Contra la razn populista
La va muerta de Ernesto Laclau

Stathis Kouvelakis
Contretemps


Los trabajos de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, muy discutidos en el mbito acadmico desde hace varios aos, se han extendido al mbito poltico y han generado debates en el seno de la izquierda latinoamericana y europea.

En este texto, Stathis Kouvelakis se dedica a deconstruir la racionalidad de la poltica teorizada por Laclau bajo el trmino populismo. Con ese objetivo, propone discutir tres tesis:

* La democracia radical propuesta por Laclau se base en el principio de una autolimitacin que excluye cualquier idea de ruptura con el orden socio-econmico capitalista y con los principios de la democracia liberal, que asimila a una empresa de tipo totalitario..

* Contrariamente a lo que afirma Laclau es la lucha de clases la que acta como agente de de-reificacin del sujeto poltico y no la razn populista.

* La lgica hegemnica que alienta la razn populista no se corresponde con el objeto de la misma por dos razones: a) dado su estricto formalismo, adolece de una indeterminacin de principio frente a cualquier movimiento real; b) No puede informar de sus propios efectos; por ej., de su transformacin en posicin hegemnica de poder. (Contretemps)

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La crtica postmarxista del marxismo

Influenciado por la experiencia poltica de su pas, Argentina, y por su compromiso en una corriente socialista del movimiento peronista, Laclau emerge en el mbito intelectual como un marxista en la estela de Althusser y Poulantzas, planteando la cuestin de la ideologa en el centro de la comprensin de la especificidad de los fenmenos polticos 1/. En los aos 1980, junto a Chantal Mouffe, pone en marcha su aggiornamento terico postmarxista como una contribucin a la estrategia socialista; aunque volveremos ampliamente sobre ello, sitan el socialismo como elemento de un proyecto de democracia radical. Esta toma de posicin parece tanto ms novedosa en la medida que despliega una densa terminologa que Gramsci calificara de subversiva, saturada de antagonismos, de cadenas de equivalencia, de articulaciones contingentes y otras posiciones subjetivas con una ostentosa radicalidad. Sin embargo, el sentido de esta radicalidad aparece de entrada como profundamente diferente al que la estrategia socialista, en sus diversas versiones, le ha atribuido; a saber: la ruptura con el capitalismo.

A lo largo de los captulos de su libro, el fundamento terico en el que se basa esta tradicin, es decir, el marxismo, es objeto de una demolicin total, orientada a demostrar su deficiencia fundamental; deficiencia que portan el conjunto de intelectuales y dirigentes que se reclaman de ella, ms all de la diversidad de sus puntos de vista. Enunciada de forma sinttica, esta deficiencia sera la siguiente: en tanto que proyecto, movimiento y teora poltica, el marxismo se basa en el presupuesto de un sujeto histrico-social unificado: la clase obrera encargada de una misin revolucionaria. Por otra parte, la unidad del sujeto en cuestin se basa en una visin determinista de las relaciones sociales, segn la cual la centralidad de la lucha (y la consciencia) de clase est garantizada por la determinacin en ltima instancia de la economa, hiptesis fundadora del materialismo histrico.

A partir de esta determinacin, el marxismo pens poder deducir, como una consecuencia necesaria, la existencia de un sujeto dotado de una consciencia de clase orientado a poner fin al capitalismo. En una palabra, el marxismo adolecera de fundamentalismo, trmino bsico en la crtica postmarxista del marxismo, y debido a ello cada vez sera menos adecuado para comprender las formas de subjetivacin y las coyunturas polticas contemporneas. En otras palabras, el fundamentalismo no es ms que un intento, ilusorio en el terreno analtico y vano en el terreno prctico, para superar la indeterminacin de lo social y la descentralizacin de las formas de subjetivacin. Frente a ello, el postmarxista pone por delante el papel constitutivo de las articulaciones discursivas, totalmente ajenas a lo social y las nicas susceptibles de superar, de un modo parcial, contingente y temporal, su estallido inherente y dar lugar a formas de subjetivacin.

De este modo, el punto de vista postmarxista permite comprender la pluralidad irreductible de los sujetos polticos que suceden a la difunta centralidad obrera. A saber, los nuevos movimientos sociales (feminismo, ecologismo, movimientos de minoras), contribuyendo positivamente a su emergencia. Por ello, de lo que se trata es de clarificar el horizonte que se desprende de estos movimientos en el marco terico enunciado. En otros trminos: cul es el contenido preciso de la democracia radical que trata de integrar, pero sobre todo superar, la perspectiva del socialismo? Y, ms en general, cmo estructurar la relacin entre ese social constitutivamente carente de unidad y la interpelacin discursiva exterior que parece concentrar en ella las energas polticas de lo que ya no tenemos derecho de nombrar: la totalidad social?

Derrotar al capitalismo: entre el sinsentido y la tentacin totalitaria

La publicacin de "Hegemona y estrategia socialista" desencaden vivas polmica que se referan tanto al carcter discursivo de su ontologa social como al abandono de la poltica de clase en beneficio de los nuevos movimientos sociales. Algunos incluso vieron en ello la conclusin lgica de la refundacin del marxismo emprendida en Francia por Althusser y que tuvo su prolongacin en los trabajos sobre las clases sociales de Poulantzas. Otros se focalizaron en la extravagancia conceptual del post-marxismo; es decir, su constructivismo integral en base a recordar de forma razonable las tesis marxistas sobre la determinacin de la economa o la centralidad del conflicto de clases. La demostracin consiste entonces a exonerar a estos ltimos de los reproches de reduccionismo y a sustraerlos al chantaje del todo o nada (el determinismo integral o la contingencia absoluta, la continuidad totalmente fundamentalista o la singularidad fluida de las construcciones hegemnicas, etc.) al que les someten Laclau y Mouffe 2/. Con la perspectiva del tiempo, se puede decir que estos debates expresan ms la falta de energa terica y poltica propia de los aos 1980 que una confrontacin como la que pudo suscitar el revisionismo de finales del siglo XIX y principios del XX. De todos modos, el reflujo del movimiento obrero y, en sentido inverso, el auge de los nuevos movimientos sociales, desarrollndose sobre ejes distintos de la lucha de clases, incluso en ruptura con ella, parecan confirmar la validez del giro postmarxista. Por ello el debate se desplaz rpidamente hacia el terreno definido por el propio Laclau y Mouffe: el del contenido del proyecto de democracia radical anunciado por su libro programtico.

A partir de los aos 1990, Laclau reorient su posicin para superar lo que percibi como un lmite de su punto de vista anterior. En efecto, la crtica del fundamentalismo clasista apareci como una adhesin, tpicamente posmoderna, a la fragmentacin de las formas de subjetivacin que deriva de la explosin de los particularismos que actan en las lgicas sociales dominantes. Por ello, el acento se desplaz hacia las formas de construccin de un nuevo sujeto poltico, desconectado de cualquier presupuesto fundamentalista pero, al mismo tiempo, portador de un proyecto unificador, capaz de tomar el relevo al movimiento obrero. En sus grandes lneas, esta nueva articulacin de los universal y lo particular reposa sobre el despliegue de la lgica hegemnica en tanto que va de acceso a lo global, definido como espacio vaco, i.e. desprovisto de un contenido predeterminado, que lo particular intenta llenar sin lograrlo jams 3/. Este intento totalmente necesario pero imposible es justo lo que impide cualquier cierre de la perspectiva de universalizacin en un sentido fundamentalista, como la nocin del proletariado en tanto que encarnacin de la clase revolucionaria. El reconocimiento del carcter limitado del sujeto poltica implica tambin romper con el doble postulado del pensamiento de la emancipacin, entendido este en su sentido amplio, que engloba a la vez la ilustracin y la tradicin socialista que vino despus: el de la ruptura dicotmica entre un antes y un despus separados por un "acto fundacional plenamente revolucionario" de la sociedad, acto necesario para alcanzar una nueva sociedad "plenamente transparente", que eliminara el conflicto y, ms en general, la "alteridad radical". El primer aspecto se refuta en nombre de la antinomia entre, de una parte, la exigencia de radicalidad en la ruptura que presupone la existencia de un terreno (ground) comn, antes y despus de la revolucin, sobre el que se opera la transformacin radical en cuestin, y por otra, del cruce, de la discontinuidad que separa estos dos momentos y los hace inconmensurables 4/. El rechazo del segundo postulado parte de la necesidad de admitir "incluso la posibilidad de la eliminacin de la alteridad radical" preconizada por la gran historia de la Salvacin emancipatoria y su sustitucin por las "dicotomas parciales y precarias constitutivas del tejido social (the social fabric)" de la que son portadores los "nuevos movimientos sociales" 5/. As pues, se trata de aceptar la "naturaleza plural y fragmentada de las sociedades contemporneas" y de inscribirla, para la puesta en pie de la lgica universalizadora esbozada previamente, en un espacio de equivalencia que "haga posible la construccin de una nueva esfera pblica" 6/.

Ser preciso esperar a finales de los aos 1990 y a la emergencia de las diferenciaciones cada vez ms agudas del lado de los intelectuales inicialmente agrupados, errnea o acertadamente, en el seno del postmarxismo y/o del postestructuralismo para que se pueda desarrollar un verdadero debate sobre estas tesis. En ese sentido, los intercambios entre Laclau, iek y Butler a finales de los aos 1990 marcan un punto de inflexin 7/. A menudo, su dimensin polmica deja aparecer lneas de confrontacin en las que lo que est en juego va ms all de las discusiones puramente especulativas sobre la ontologa de lo social. Sin duda, por primera vez tras la polmica intramarxista de los aos 1980 se cuestiona el significado de la puesta en cuestin del capitalismo.

Es Laclau quien plantea los trminos del debate: hablar de ruptura con el capitalismo no es ms que un significante carente de una referencia real; razonar de esa manera no es ms que un residuo de la visin clasista-fundamentalista del mundo social. Para l, la cuestin crucial se debera formular de la siguiente manera: "Cun sistemtico es el sistema? 8/. A partir de ah presenta dos soluciones: de un lado, la creencia en "leyes endgenas de desarrollo" que supuestamente garantizan la "destruccin del sistema", bien mediante su propio hundimiento o como resultado de la no menos mtica misin revolucionaria del proletariado; de otra, la comprensin de la sistematicidad en tanto que "construccin hegemnica", efecto totalmente contingente de dispositivos discursivos.

Evidentemente, planteada en estos trminos, no cabe ninguna duda de cul debe ser la respuesta. Quin de entre nosotros osara defender una mezcla (totalmente incoherente por lo dems) de ingenuo determinismo y de creencia mesinica sobre la misin del proletariado frente al encanto de la apertura, de la contingencia y de la pluralidad de posiciones subjetivas? Por ello, prosigue Laclau, la distincin que hace iek entre "luchas internas en el sistema" y "luchas para cambiar el sistema" carece de pertinencia: "esas afirmaciones no significan nada su anticapitalismo [de iek] no es ms que una chchara vaca Sus llamamientos a derrocar el capitalismo y a terminar con la democracia liberal no tienen ningn sentido" 9/. La idea de una puesta en cuestin, al mismo tiempo, de la economa capitalista y de la democracia liberal suscite en el terico argentino una verdadero estallido de ira. De ese modo, iek se ve acusado de querer retornar a los "regmenes burocrticos comunistas de Europa del Este en los que vivi" y, de ese modo, traicionar su propio pasado de disidente en la ex Yugoslavia titista.

Si descartamos sus polmicas formulaciones, cules son las razones de fondo que le llevan a esta conclusin? Como hemos visto, Laclau rechaza por principio la idea "dicotmica" de la ruptura revolucionaria as como la visin de una sociedad emancipada que haya superado la "ambigedad inherente a todas las relaciones antagnicas". Rechazando toda idea de cierre, defiende mantener una. "relacin antagnica" en la que se tratara de "hacer actuar a los dos partes [a fin de] producir resultados que impidan a uno de ellos acapararlos de forma exclusiva" 10/. Hacia delante, el cambio social se debe pensar como un "desplazamiento de las relaciones entre los elementos; algunos internos y otros externos a lo que es el sistema". Cmo interpretar estas alambicadas formulaciones? El resto de sus comentarios permite verlo ms claro: "Cabra hacerse las siguientes preguntas: Cmo es posible mantener una economa de mercado que sea compatible con un alto grado de control social del proceso de produccin? Qu tipo de reestructuracin de las instituciones democrticas liberales se necesita para que el control democrtico sea efectivo y no degenere en lo que podra ser la regulacin de una burocracia todopoderosa? Cmo debe concebirse la democratizacin para que tenga efectos polticos globales que sean, no obstante, compatibles con el pluralismo social y cultural existente en una sociedad dada?" 11/.

Ms an que la necesidad de preservar la economa de mercado, eufemismo habitual para designar el capitalismo, economa en la que las "instituciones democrticas liberales" se presentan como complemento indisociable y (mediando alguna restructuracin) como nica modalidad posible de la democracia sin ms, es sin duda la ltima cuestin la ms reveladora del contenido del proyecto intelectual de Laclau. En efecto, concibe la democracia radical como un proceso de extensin y de generalizacin de la lgica liberal-democrtica a un creciente nmero de espacios sociopolticos. Pero, atencin: esta radicalizacin no debe superar determinados lmites; precisamente aquellos que condicionan, en palabras de Laclau, el "pluralismo social y culturas en una determinada sociedad"; es decir, en buena lgica liberal, la economa de mercado y la propiedad privada.

Ya en un libro de 1985, Laclau y Mouffe planteaban una tensin constitutiva entre igualdad y libertad y remarcaban la necesidad de "equilibrar" la primera a travs de la segunda para garantizar el carcter "plural" de la democracia 12/. Lo que les llevaba a la posicin bien conocida desde las diatribas lanzadas por Edmund Burke y los intelectuales liberales ante la Revolucin francesas, segn la cual, la "lgica del totalitarismo" estara en el seno de "todo intento de democracia radical", en la medida que la lgica expansiva de esa le empujar a "instaurar un centro que elimina radicalmente la lgica de la autonoma y reconstituye alrededor del mismo la totalidad del cuerpo social"< 13/.

Si el socialismo se inscribe en la continuidad de la radicalizacin del proyecto democrtico que encarn la Revolucin francesa y, ms en concreto, su ala jacobina, su presunto fracaso solo puede llevar a la exigencia de una autolimitacin de la democracia. Desde el punto de vista de Laclau y Mouffe, de la misma forma que Franois Furet, el "totalitarismo jacobino" contina siendo el riesgo inherente a todo proceso democrtico, un riesgo del que nos puede proteger la creacin de una "esfera pblica comn" 14/. As pues, democracia radical, ma non troppo

Una vez superada la lgica totalitaria del jacobinismo y de su heredero marxista, la "principal cuestin poltica" es la de elegir entre la "proliferacin de los particularismos" (o su "unificacin autoritaria", que no es sino la otra cara de la moneda) y los "nuevos proyectos emancipadores compatibles con la compleja multiplicidad de las diferencias que configurar la estructura (the fabric) interna de la sociedad actual" 15/. Esta insistencia en la "compatibilidad" del cambio social deseable con la estructura de las relaciones sociales existentes, definida a travs del eufemismo tpico del liberalismo como "el pluralismo de intereses", es muy sintomtica. Los acentos "totalizantes" de la nueva problemtica, que integra de forma selectiva elementos de la dialctica clsica de lo particular y lo universal, no modifica lo ms mnimo la orientacin global, segn la cual la cuestin reside en preservar como una riqueza esta "complejizacin de lo social" 16/ que caracteriza el actual orden social. Sobre todo, porque la plasticidad atribuida a este orden es casi ilimitada porque autoriza un despliegue continuo "siempre precario e irreversible" del proceso hegemnico que constituye "el punto de partida de la democracia moderna" 17/. Dicho de otro modo, todo pasa como si ningn obstculo de orden estructural, dependiente precisamente de esta "heterogeneidad de lo social" no limitara la apertura al desafo permanente de todo "contenido" fijo que supuestamente caracteriza a la "sociedad democrtica".

Incluso podramos decir que, en ese sentido, Laclau va an ms lejos en su reformulacin de la temtica "antitotalitaria" en relacin a sus tesis anteriores. En los aos 1980, se trataba, en buena lgica liberal, de contrapesar y contener la lgica igualitaria por la de la "libertad". En la conclusin de un ensayo publicado inicialmente en 1992, llamaba a liberarse de la nocin totalizante, dicotmica y escatolgica de "emancipacin" en beneficio de la de "libertad" 18/. En adelante, es la lgica de la propia libertad la que se debe auto limitar para no obstaculizar el "pluralismo": "la completa realizacin de la libertad equivaldra a la muerte de la libertad, porque se habra eliminado en su seno toda posibilidad de disenso". La conclusin sigue siendo fundamentalmente la misma: "la divisin social, el antagonismo y su necesaria consecuencia el poder- son las verdaderas condiciones de una libertad que no elimina la particularidad" 19/. Es por ello que Laclau declara que "incluso si mi preferencia es por una sociedad liberal-democrtico-socialista, para m est claro que si, en determinadas circunstancias, me veo obligado a elegir una de las tres, me inclinara incontestablemente por la democracia" 20/. Una democracia que, como lo hemos visto, se plantea como inseparable de la "competencia entre grupos" y del "pluralismo de intereses" inherentes a la "economa de mercado". Subordinar la igualdad a la libertad y el socialismo a la democracia, eh ah el fondo del argumento que concibe la relacin entre esos trminos como ineluctablemente antinmica. El "nuevo imaginario poltico" de esta "democracia radical", constantemente sometida a autolimitarse, sigue siendo totalmente interna al del liberalismo. Nos encontramos pues, y es necesario remarcarlo, en las antpodas de los permanentes intentos de los marxistas heterodoxos por repensar la relacin inmanente entre socialismo y democracia, bien sean el Lukcs de El Hombre y la democracia, que redefina el proyecto socialista como una democratizacin de la vida cotidiana atacando el ncleo de las relaciones de produccin, o del ltimo Poulantzas 21/, del que en un principio Laclau se pretenda su continuador, que disecaba el "estatismo autoritario" impulsado por el neoliberalismo ascendente y planteaba el socialismo como el nico porvenir posible de las conquistas democrticas arrancadas a los de arriba por las clases subalternas.

La razn populista o la hegemona como formalismo vaco

La reformulacin del proyecto de Laclau en trminos de "razn populista" 22/ se puede comprender como una profundizacin de su investigacin sobre las condiciones para llegar a la universalidad no-substancial de los sujetos de la poltica. Si se le compara con el manifiesto postmarxista de 1985, el cambio de tono es grande. A partir de ahora, en el centro del debate se sita la racionalidad propia de la poltica como construccin de sujetos unificadores, de "pueblos" o, de forma ms exacta, de configuraciones siempre singulares, construidas en la contingencia de las coyunturas, del "pueblo". Por decirlo de otra forma, el "populismo" tal como lo define Laclau no es un rgimen, ni un movimiento poltico particular, se reclame o no de esta denominacin. El populismo no nos remite a ningn contenido social o poltico predeterminado; es la forma misma de constitucin de lo poltico; una forma vaca que una pluralidad de "contenidos" trataran de llenar y ocupar mediante una construccin hegemnica- sin jams agotarla. Al contrario de lo que afirman sus detractores, esta forma es racional, muestra incluso una profunda racionalidad de la poltica moderna. En su ncleo se aloja un proceso de universalizacin provocado por el exceso irreprimible de "exigencias democrticas" particulares que surgen de la heterogeneidad de una sociedad diferenciada, en cualquier sistema sociopoltico dado. Este exceso revela a su vez la imposibilidad irreductible de una totalidad a satisfacer el conjunto de exigencias que se le plantean: una de ellas, al menos, chocar con la inadmisibilidad. De esta forma se abre la posibilidad de una "cadena de equivalencias" que permite a esta reivindicacin particular entrar en resonancia con otras y romper con la "lgica diferencial", que consiste en tratar y satisfacer, cada una de las demandas tomadas por separado en forma de serie.

El "pueblo" se constituye en esta lgica metonmica en la que la parte se convierte en el nombre de la totalidad. La nominacin se presenta as como el acto constitutivo de la poltica, que atestigua su carcter fundamentalmente discursivo. Pero la tensin entre la lgica diferencial y la de la equivalencia contina irreductible: nada puede (o no debera?) eliminar la "diferencia", la singularidad. El "pueblo" sigue siendo una totalidad no completa, derivada de la imposibilidad de "concluir" en un modo de gestin la heterogeneidad constitutiva de lo social o, sera necesario aadir, del fracaso a abolirla en un modo "totalitario". Se trata de una construccin regida por principio por la contingencia y la indefinicin. La lgica inmanente a esta forma de vaco de la poltica no es otra cosa que la "hegemona", que adquiere aqu una extensin mxima y se convierte en coextensiva de la racionalidad poltica o, lo que es lo mismo, de la "razn populista".

Detengmonos un momento sobre la accin definitoria, acto fundacional como acabamos de ver, que erige al "pueblo" como sujeto poltico. Segn Laclau, no sera fruto de una operacin conceptual (de conocimiento) porque eso llevara a presuponer la unidad a priori de ese sujeto, una unidad directamente derivada de la inmanencia del funcionamiento social; o sea, un fundamentalismo. La accin definitoria es a la vez integralmente constitutiva y radicalmente contingente: la "heterogeneidad" de lo social significa que la reivindicacin en torno a la que se puede establecer la cadena de equivalencia puede surgir de una multiplicidad de espacios (de "puntos de antagonismo"), sin jerarqua o posicin privilegiada preestablecida: segn las situaciones, se puede tratar de una lucha obrera, de una reivindicacin nacional o social, del antirracismo o de la actitud ante un conflicto armado. Dicho de otra manera, el punto nodal es en s mismo un elemento de la lucha hegemnica, de un discurso que le constituye "ontolgicamente", y no un derivado o la expresin de una lgica de unificacin preexistente, de un contenido "ntico" determinado y, muy particularmente, de una supuesta "determinacin en ltima instancia por la economa".

El "populismo", entendido como el proceso genrico de constitucin del sujeto-pueblo de la poltica, comporta por consiguiente una triple dimensin:

- La unificacin de una pluralidad de demandas en una cadena de equivalencias que hace de la particularidad el nombre mismo de la totalidad perforada, sin por ello anular su particularidad, impidiendo con ello toda fijacin definitiva, o substancial, de esta identidad unificada. Para decirlo con otras palabras, las particularidades no se suprimen en una unidad confusa, sino que se articulan en una cadena que produce, ella misma, una lucha contingente.

- Trazar una lnea de demarcacin que separa dos campos, el "pueblo" y su "adversario", dejando claro que ah tampoco es inmutable esta lnea, porque depende tanto de la modalidad sobre la que se establecer la hegemona popular y el principio de exclusin que se deriva de ella, como de la capacidad del sistema para integrar las reivindicaciones que se le exigen, separndolas de la cadena en la que se articulan.

- La consolidacin de la cadena de equivalencia en una identidad que es a la vez ruptura, el surgimiento de una singularidad indita a travs del acto de nominacin y el establecimiento de una nueva disposicin. En efecto, la dinmica hegemnica de la que es portador este sujeto reacciona a una dislocacin sistmica e inscribe la pluralidad de las reivindicaciones en una misma superficie discursiva y simblica. Se supone que esta consolidacin supera el seudodilema del cambio gradual ("reforma")-revolucin en beneficio de una exigencia fundamental, pero de tipo estrictamente transcendental-formal, irreductible a un contenido determinado: el de una opcin a favor de un orden, de un "conjunto discursivo/institucional que asegure su propia supervivencia a largo plazo" 23/.

Seguramente, en la "razn populista" del ltimo Laclau se puede reconocer una fenomenologa general de la constitucin poltica de identidades de grupos que emergen, al son de las coyunturas, a la escena histrica. Pero, justamente, el carcter descriptivo y formal asumido de este punto de vista plantea una cuestin fundamental: el de su estatus crtico; es decir, de su capacidad para orientar hacia alguna opcin determinada, sea la que fuera. Rechazando la categora dialctica hegeiana de "negacin determinada" 24/, Laclau propone explcitamente un marco transcendental, deducible a priori, de la forma de la lgica poltica como tal.

Autorreferencial, la construccin discursiva de la hegemona se convierte as en la instancia constitutiva de todo movimiento poltico, independientemente de su orientacin. E incluso si la mayora de los "populismos" que analiza, desde los reformadores estadounidenses de finales del siglo XIX al comunismo italiano de la poca de Togliatti y de la Larga Marcha de las tropas de Mao, al peronismo de su pas de origen, son ms bien de izquierdas, no por ello deja de ser cierto que se sitan en el mismo continuum que los fascismos, los movimientos autoritarios y xenfobos: en sentido estricto, muestras una misma tipologa 25/. Ms en concreto, la reivindicacin especfica que permita articular una cadena de equivalencia puede consistir tanto en la exigencia del fin de las discriminaciones racionales como en el antisemitismo, en la liberacin nacional como en el expansionismo colonial, en la reivindicacin de un Estado social o en el populismo autoritario de Thatcher y de sus seguidores. La nica salvaguardia, la distancia de lo social que es preservar negativamente la "apertura" y la "indeterminacin": para ser compatible con la democracia, la lgica hegemnica se debe autolimitar para embridar cualquier voluntad de "sutura de lo social" que no puede conducir mas que a los totalitarismos.

Ms all de esta delimitacin negativa, tpicamente liberal, de la democracia, en qu consiste la aportacin del proceso hegemnico? El mismo reposa en la construccin de una fractura entre el "sujeto popular" y el "enemigo", que le hace propenso a consideraciones de "contenido", siempre susceptibles de desbordes totalitarios, fascistas o comunistas. Segn Laclau, la "reivindicacin democrtica" que conduce a una cadena de equivalencias se define como tal de forma "estrictamente descriptiva"; es decir, formal, sin prejuzgar en nada su contenido y, en concreto, su contenido social. Es democrtica en la medida que se plantea al sistema por una "especie u otra de gente sin recursos", lo que le confiere una "dimensin igualitaria" o, ms exactamente, "igualitaria". As, por ejemplo, el enunciado antisemita "en tanto que no-judos todos somos iguales" es tan "democrtico" como el enunciado totalmente contrario: "nosotros somos todos judos alemanes" (excluyendo por tanto a los nazis y sus semejantes). Ambas cumplen la misma funcin reveladora de la imposible completitud de la totalidad social 26/. Esta definicin puramente formal trata de expurgar de todo rastro de fundamentalismo, es decir de determinacin socio-econmica, la lgica poltica, de la que el "populismo" es el nombre. Sin embargo, ms all de rechazo de cualquier objetivo anticapitalista, esta concepcin no logra captar la especificidad de la lgica "populista" que consiste en, como bien lo seal Slavoj iek en la externalizacin del antagonismo social 27/: la fractura que divide al "pueblo-sujeto" de su "adversario" se concibe de entrada como una frontera que opone un "elemento externo", patolgico e intrusivo, a un "pueblo" cosificado, exigiendo la vuelta a un funcionamiento "normal" de la totalidad social. Retomando los ejemplos que cita el propio Laclau, lo que hace del discurso cartistas un discurso populista es el hecho de que opone al cuerpo de los "verdaderos productores" (obreros, artesanos, independientes) una minora de "vagos y parsitos", que acaparan la riqueza y se apropian del Estado gracias al sufragio censitario 28/. Del mismo modo, el discurso de los "progresistas" estadounidenses de finales del siglo XIX, o del movimiento peronista, opone un pueblo de gente ordinaria y humilde a minoras de "acaparadores", "oligarcas" vistos como monstruosas excrecencias del cuerpo, que ante todo es un cuerpo nacional, fundamentalmente sano 29/. Las consignas de los populistas contemporneos no innovan nada, opongan el "pueblo" a la "casta" o a la "oligarqua"; incluso en las versiones contemporneas del fascismo, a las "lites mundializadas" y a la "sumersin migratoria".

Vayamos ms lejos: lo que es especfico de los movimientos "revolucionarios" (en su sentido concreto: portadores de una puesta en cuestin del conjunto del orden social existente) es que, justamente, no se constituyen en torno a "reivindicaciones", presuponiendo el Otro de un sistema apto o no para satisfacerlas 30/, sino en torno a "consignas" que apuntan al sistema condensando los puntos de ruptura de su lgica de conjunto tal y como emergen en la coyuntura 31/. Y esta condensacin es algo muy distinto a la simple "transparencia" de un supuesto principio unificador, interno a lo social, como lo sugiere Laclau cuando polemiza con el marxismo 32/: unifica el conocimiento de la situacin con la definicin de la tarea poltica que corresponde a la singularidad de la coyuntura. La consigna cristaliza "el anlisis concreto de la situacin concreta", para decirlo como Lenin, en la medida en que interviene para transformarla, produciendo efectos inditos de subjetivacin (de "cuerpos polticos") y modificando las lneas de demarcacin. En otras palabras, cuando los actores implicados actan se hacen cargo de la misma para actuar y modificar la relacin de fuerzas y el curso de los acontecimientos. El "efecto-consigna" indica de ese modo la materialidad del discurso, que hace de ella un principio activo y no el "reflejo" pasivo de una substrato preconstituido, supera la fractura entre el nombre y el concepto, la accin y el conocimiento. Se refiere a su inscripcin en una situacin concreta, su articulacin a una cadena de prcticas hechas de cuerpos en movimiento, de instituciones, de actos de lenguaje, de modalidades de accin; en resumen, de prcticas materiales que no podran reducirse a una "multiplicidad" informe, no estructurada.

Es por ello que lo propio de los movimientos revolucionarios que se referencias en la lucha de clases y no en la simple oposicin entre el "pueblo" y sus "enemigos", reside precisamente en su concepcin del sujeto de la poltica como entidad contradictoria, no cosificada. Hay "contradicciones en el seno del pueblo", para hablar como Mao, lo que puede significar tambin: el "pueblo" no es otra cosa que el conjunto (estructurado) de sus contradicciones 33/. Para decirlo de otra manera, si cualquier movilizacin poltica es, a un grado u otro, inevitablemente interclasista, lo propio de un movimiento "populista" ser de negar las contradicciones inherentes a esa diferenciacin interna. La referencia al "pueblo" deja entonces de operar como un operador de unificacin poltica de los grupos subalternos y se convierte en un vector de neutralizacin ideolgica del antagonismo fundamental. De ah el papel decisivo, en los movimientos propiamente "populistas", del jefe carismtico, que a menudo le confiere al movimiento su nombre (peronismo, kemalismo, etc.). Contrariamente a lo que afirma Laclau, es la referencia a las contradicciones de clase lo que acta como operador de la deconstruccin de la unidad reificada de la "gente" proyectada por la "razn populista", sin plegarla por lo dems a la perdida "pureza" de las oposiciones de clase, que no tiene sentido ms que a un alto nivel de abstraccin analtica. Tambin es ella la que permite analizar la naturaleza compuesta de estas fuerzas, identificar sus polaridades y contradicciones y, finalmente, decidir sobre su potencial anticapitalista. Un potencial que se refiere a la complejidad de las configuraciones de clase que actan en cada situacin y no solo al resultado contingente de una lucha alrededor de un significante flotante.

Hegemona sin poder?

 

En las elaboraciones marxistas originales, las de Lenin y Gramsci, la nocin de hegemona se pensable de entrada en la perspectiva de la conquista (y el ejercicio) del poder por el bloque histrico de los subalternos portadores de una idea nueva de organizacin de la sociedad y de la civilizacin. Desde este punto de vista, la "lgica hegemnica" de Laclau procede mediante una doble inversin. Por una parte, como lo hemos visto, para evitar caer en la trampa totalitaria, rechaza toda idea de transformar la estructura de las relaciones socio-econmicas; por otro, y es a este aspecto al que tenemos que prestar atencin, elude la cuestin de la conquista del poder del Estado para preservar el juego flexible y perpetuamente "reversible" de los poderes difusos en el seno de la "sociedad civil". Ahora bien, en una perspectiva de construccin hegemnica, parece difcil contentarse con construir discursivamente al adversario en el campo aislado de la confrontacin poltica. En un momento u otro, la propia dinmica de la hegemona plantear inevitablemente, si es que las palabras tienes an un sentido, la cuestin de desplazarle del poder; es decir, de reemplazar una forma de hegemona por otra. Dicho de otra manera, desencadenando una dinmica de hegemona, el [sujeto] desfavorecido no puede permanecer eternamente como tal; llega un momento en el que, si logra adquirir la hegemona, sale de su condicin subalterna para acceder a una posicin hegemnica de poder.

Es cierto que, en ocasiones, Laclau se refiere favorablemente al punto de vista de Sorel (o del Sorel ledo por el joven Walter Benjamin) sobre la "huelga general revolucionaria" distinta de la "huelga general poltica" en el sentido que su objetivo no es "un cambio del sistema de poder" sino "la destruccin del poder como tal" 34/. Enfrentndose a la "propia forma del poder" se convierte en portadora de un objetivo propiamente universal. Ahora bien, los movimientos populistas que cita Laclau son, en su totalidad, movimientos orientados hacia la conquista del poder poltico, habindolo ejercido de forma concreta en ocasiones, y en ningn caso a experiencias libertarias orientadas a "destruir el poder" o a construir relaciones sociales alternativas en el seno de espacios autnomos liberados del estado. El peronismo, en cuyo seno inicio su militancia y que ha estado siempre en el centro de su reflexin, constituye su hiptesis. As pues surge la sospecha: las categoras de Laclau no son inadecuadas al objetivo que se plantea, es decir, a la comprensin de las dinmicas que permiten (o no) tener xito a un "populismo opositor", o sea, transformarse en "populismo en el poder"?

Sigamos; la discusin propuesta en La razn populista del caso turco, es sin duda el ejemplo ms revelador al respecto. Segn Laclau, "el populismo de Ataturk presupone una comunidad unificada, desprovista de fisuras internas" 35/ en la medida en que se basa en la congruencia entre una concepcin "solidaria", corporativa de la estructura social, y un nacionalismo que "pone el acento en una identidad homognea y la supresin de cualquier particularismo diferencial". Este nacionalismo da forma al "estatismo" del proyecto kemalista, que extiende el rea de intervencin legtima del Estado al conjunto de las esferas sociales. No obstante la conclusin que se extrae de este anlisis no puede sino sorprendernos. Ataturk habra sido "incapaz de seguir una va populista" porque "su homogeneizacin de la nacin realiz no a travs de las cadenas de equivalencia entre las exigencias democrticas efectivas, sino a travs de una imposicin autoritaria" 36/. No fue sino "durante la guerra de la independencia que se dio tras la primera guerra mundial que el kemalismo se apoy, en cierta medida, en la movilizacin de masas" 37/. La debilidad de estas distinciones salta a la vista: podemos imaginar una "homogeneizacin de la nacin" que se realice sin la intervencin "desde arriba", es decir del Estado, y que se base en la articulacin de demandas que vienen de "abajo"? Existe una discontinuidad total entre el kemalismo previo a la toma del poder y el que lleg a tomar las riendas del Estado, o ms bien, por el contrario, no habra que ver en esta trayectoria un caso ejemplar de la dinmica de los movimientos nacional-populistas? En definitiva, representa Ataturk una desviacin de la "razn populista" o, por el contrario, una excelente ilustracin de su profundad verdad?

Esta incapacidad para dar cuenta de un verdadero cambio de la hegemona, en el sentido gramsciano de un bloque en el poder que sucede a otro, resulta an ms chocante cuando Laclau se inventa una oposicin totalmente ajena al intelectual comunista italiano, entre el "convertirse en Estado" de un grupo subalterno y la "conquista del poder" 38/.

La apora de "convertirse en Estado" de la "razn populista" reducida a una gramtica formal de la constitucin de las subjetividades encuentra su contraparte en la incapacidad a explicar el movimiento opuesto; es decir, la lgica de la desintegracin del bloque populista. Segn l, la configuracin populista deja de ser operativa cuando se impone la lgica diferenciadora, mostrndose capaz de quebrar la cadena de equivalencia, extrayendo de la cadena de equivalencia un o, por interaccin sucesiva, varias de las exigencias que integra en su actividad de gestin. Es en estos trminos en los que analiza, a partir de los trabajos de Gareth Stedman Jones, el fracaso del cartismo: la transformacin de las polticas estatales a partir de finales de los aos 1840, en el sentido de la adopcin de una legislacin social y de una regulacin de las fuerzas del mercado, hizo inoperante el discurso cartista clsico, que politizaba las demandas particulares a travs de la oposicin frontal al Estado asimilado en bloque al enemigo. "Dando satisfaccin a demandas sociales individuales" 39/, el Estado quebr las cadenas de equivalencia, los lazos creados entre la clase trabajadora y las clases medias y las modalidades de construccin discursiva de una articulacin hegemnica. A partir de ah, las demandas obreras estarn formuladas por el sindicalismo moderno, en tanto que demandas sectoriales, con el objetivo de llegar a una negociacin en el marco delimitado por la accin del Estado. La "hegemona burguesa" se construye as, "infaliblemente", a travs de la "primaca de la lgica de la diferenciacin frente a la lgica de la equivalencia" 40/. No habra mucho que objetar a este anlisis, nada origina por otra parte, si no fuera porque lo propio dela hegemona burguesa basada en la "negociacin diferencial de las demandas en el seno de un Estado social amplio" 41/, consiste en que no integra, como lo deseara Laclau, de forma discreta "demandas individuales" sino cadenas de equivalencia, lgicas sociales coherentes y expansivas, en la medida que sean compatibles con las bases de las relaciones capitalistas. Lo que distingue la forma poltica del "Estado social" keynesiano de una simple suma de concesiones puntuales a las reivindicaciones de las clases populares reside precisamente en la coherencia, es verdad que relativa y no desprovista de limitaciones internas, de un compromiso social que durante dcadas garantiz la estabilidad del "Estado social".

Esta realidad incontestable muestra la dimensin profundamente problemtica de la categora de "exigencia democrtica": en tanto que demanda diriga a Otro (el sistema, el poder, el grupo dominante, etc.) no puede imaginar su propia transformacin hegemnica, su superacin/abolicin al "convertirse en Estado". Adems, no puede concebir las demandas en cuestin mas que como forma de singularidades diferenciadas, desprovistas de relaciones internas, sin encontrar un principio de puesta en relacin y de unificacin mas que a travs de un discurso exterior a ellas mismas, que es el nico que permite superar la supuesta "heterogeneidad radical de lo social". Dicho de otro modo, no permite pensar los fundamentos de las demandas en cuestin en las relaciones sociales y, por consiguiente, la relacin entre la poltica y las condiciones socio-econmicas, que Laclau aglomera en la expresin comodn "heterogeneidad de lo social". Esta heterogeneidad se presenta como un dato casi-natural, que no se puede transformar materialmente, sino solamente re-articular en un plano simblico, es decir, definido de forma diferente a travs de un significante vaco, susceptible de representar la incompletitud de la totalidad social. La distancia entre esa posicin y la reduccin de la empresa hegemnica a una cuestin fundamentalmente retrica se reduce a poco, y parece que Laclau la atraviesa cuando convierte la capacidad de los discursos a suscitar cierto tipo de "imaginario poltico" en el factor determinante para el resultado de una lucha poltica 42/. De ese modo resulta impensable no solo una intervencin poltica "revolucionaria" orientada a revertir el sistema, sino tambin un autntico proyecto reformista/social-demcrata en el que el potencial hegemnico se base ante todo en su capacidad para modificar los aspectos fundamentales de la relacin capital/trabajo en un sentido favorable a las clases dominadas.

 

La artimaa de la razn postmarxista

En el fondo del problema encontramos la posicin "ontolgica" fundamental de Laclau, que simboliza su giro postmarxista, segn el cual todo pensamiento de la objetividad social, que le confiera una estructura interna contradictoria (por consiguiente, transformable) sera sinnimo de postulados "fundamentalistas", incompatibles con la dimensin constitutiva de las articulaciones simblicas y polticas. A esta concepcin, que se supone que el marxismo comparte con otras corrientes de pensamiento, se opone la tesis segn la cual "el antagonismo no es inherente a las relaciones de produccin sino que se establece entre las relaciones de produccin y una identidad que le es exterior" 43/. Curiosamente, esta concepcin de las relaciones de produccin como ajenas al antagonismo lleva a Laclau a acusa al marxismo de querer "derivar[la coherencia del capitalismo en tanto que formacin social] de su propia lgica endgena", ella misma "fruto del anlisis lgico de las contradicciones implcitas de la forma-mercanca" 44/. Esta extravagante acusacin sera muy difcil encontrar un solo anlisis marxista, incluso los ms economicistas vulgares, que pretenda derivar la dominacin de clase en el seno de una formacin social de un simple anlisis lgico-dialctico de las formas ms abstractas del modo de produccin- sirve aqu de cortafuegos a una apora interna a su propia construccin: su incapacidad para pensar los movimientos hegemnicos enfrentndose a lo que Laclau reconoce sin embargo como una "evidencia"; a saber, que la "centralidad de la economa es el resultado del hecho evidente de que la reproduccin material de la sociedad repercute ms que otras instancias sobre los procesos sociales" 45/. "Hecho evidente" pero sin embargo impensado. Sin duda, he aqu por qu el "nombre de los nombres" que deba otorgar la clave de la racionalidad poltica, es decir el "pueblo", a fin de cuentas no tiene ninguna justificacin. Porque, una de dos: o bien el pueblo marca un tipo de positividad proteiforme, garantizando un tipo de permanencia a el mismo de la substancia "popular", solucin rechazada por Laclau a pesar de sus repetidos guios a trminos como el de "plebe" o "desposedos"- porque contraviene al "anti-fundamentalismo" de principio; o bien, como lo afirma explcitamente, estamos ante una discontinuidad entre configuraciones subjetivas absolutamente singular 46/, cuyo nico elemento comn est en la continuidad del nombre que se le otorga por el hecho de constituirlos en sujetos de la poltica. Lo que significara que el nombre de "pueblo" constituye un elemento comn, el nico pero en un sentido puramente formal, de la subjetivacin poltica moderna tal como emerge de la Revolucin francesa a la Gran Marcha, de Octubre del 17 al peronismo, del comunismo occidental del perodo de los "Treinta Gloriosos" a los movimientos de extrema derecha actuales. Afirmacin de la que lo menos que se puede decir es que resulta difcil a demostrar Por lo tanto, no es por azar que el libro que teoriza la "razn populista" se contente de enumerar con premuera "ejemplos" concretos, rpidamente yuxtapuestos, sin detenerse demasiado en el anlisis de situaciones especficas y de las verdaderas secuencias histricas.

La dificultad de esta elaboracin para dar cuenta de su propia posicin, en otros trminos, su dficit reflexivo y de contenido crtico, se muestra de forma clara. En efecto, unas veces Laclau pretende que lo nico que hace l es "describir" las demandas, proponer una "tipologa" de los procesos polticos autorreferenciales, contingentes y singulares; otras, recurre lo que se habra que calificar de intento de determinacin de los procesos en cuestin por tendencias atribuidas a la evolucin social; es decir, a una forma de objetividad preexistente a las operaciones discursivas de constitucin de lo social 47/. As pues, se plantea la cuestin de la coherencia de las crticas dirigidas al marxismo. Porque una de dos: o el marxismo est superado, sin ms, en tanto que teorizacin correcta de un momento histrico ya superado, el de una sociedad "ms homognea" que la que vivimos actualmente 48/, o est viciado de "fundamentalismo" desde el principio, porque se basa en una ontologa social errnea (reductora, determinista, teleolgica, etc.).

Cierto, se puede decir que Laclau jams ha negado "una efectividad histrica a la lgica de las posiciones estructurales diferenciadas" contentndose con diferenciarla de la idea de una "infraestructura que puede determinar, por ella misma, las leyes del movimiento de la sociedad" 49/. Pero, en ese caso cmo relacionamos la "ontologa social" centrada en el discurso que sirve de base para todo el enfoque de este bosquejo alusivo a la teora del cambio histrico? En efecto, Laclau parece admitir que es el "capitalismo globalizado" la "etiqueta sobre la que se pueden subsumir las condiciones interdependiente" que son "la causa del desplazamiento del equilibrio creciente a favor de la heterogeneidad [social]" 50/. Y contina sealando que "no podemos comprender el capitalismo como una realidad puramente econmica, sino como un complejo en el que las determinaciones polticas, militares, tecnolgicas y otras, cada una de ellas con su propia lgica y una cierta autonoma, forman parte del movimiento de conjunto. En otros trminos, la heterogeneidad forma parte fundamental del capitalismo" 51/. Una tesis nada original y que lleva, para citar un comentario hecho por Marc Saint-Upery a "plantearse si realmente tenamos necesidad de toda esta maquinaria terica para llega a conclusiones tan poco impresionantes" 52/.

Este recurso, en apariencia paradjico, a una "ontologa" de lo social tan trivial como incompatible con la razn (de ser) populista no se puede comprender mas que como un intento de dar contenido, una apariencia de concrecin, a categoras que han naufragado en una mala abstraccin. Por una inversin irnica final, es una especie de "marxismo espectral", de una variante particularmente evolucionistas e historicista; en dos palabras: un marxismo "vulgar" en el preciso sentido que Marx calificaba de "vulgar" la economa poltica que sucedi a los "clsicos", que vienen a abrazar un "postmarxismo" empendose en liquidar la idea misma de la revolucin.

Notas

1/ Cf. Su primer libro fue publicado en ingls: Politics and Ideology in Marxist Theory, New Left Books, Londres, 1977 reedicin Verso, Londres & New York, 2011.

2/ Cf. respectivamente Ellen Meiksins-Wood, The Retreat from Class. A New True Socialism, Verso, Londres & New York, 1986 y Norman Geras, Discourses of Extremity. Radical Ethics and Post-Marxist Extravagances, Verso, Londres & New York, 1990. Cf. Tambin la respuesta de Laclau y Mouffe, "Post-Marxism Without Apologies", New Left Review, I/166, noviembre-diciembre 1987, p. 79-106.

3/ Cf. Sobre todo, Ernesto Laclau, Emancipation(s), Verso, Londres & New York, 2007 (1 edicin 1996).

4/ Ibid. p. 4.

5/ Ibid. P. 17.

6/ Ibid. p. 65.

7/ Judith Butler, Ernesto Laclau, Slavoj iek, en Contingencia, Hegemona, Universalidad. Recordemos que los primeros trabajos de Slavoj iek en lengua inglesa fueron publicado en la coleccin dirigida por Laclau en ediciones Verso y l mismo era citado asiduamente como lacaniano idiosincrtico por las figuras de proa del postmarxismo.

8/ Ernesto Laclau, "Construyendo la universalidad", en Contingencia, Hegemona, Universalidad, op. cit., p. 292.

9/ Cf. respectivamente, Ernesto Laclau, "Structure, History and the Political", en Contingencia, Hegemona, Universalidad, op. cit., p. 206 y "Construyendo Universalidad", ibid., p. 290.

10/ en Contingencia, Hegemona, Universalidad. 28 : "la ambigedad, en tanto tal, jams puede ser resuelta".

11/ Laclau, "Construyendo la universalidad", en en Contingencia, Hegemona, Universalidad, op. cit., p. 293 subrayados mos.

12/ Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Hegemona y estrategia socialista, , p. 184.

13/ Ernesto Laclau, "Structure, History and the Political", op. cit., p. 186.

14/ Op. cit., p. 65.

15/ Ernesto Laclau, "Identidad y Hegemona", en Contingencia, Hegemona, Universalidad, op. cit., p. 86.

16/ "Una sociedad democrtica no es aquella en la que el mejor contenido domina de forma sin ser cuestionada, sino ms bien, una sociedad en la que nada est definitivamente asentado y donde siempre existe la posibilidad del reto", Emancipation(s), op. cit., p. 100.

17/ "Como la sociedad cambia con el paso del tiempo, este proceso de identificacin [del significante vaco] siempre ser precario y reversible, diversos proyectos o voluntades tratarn de hegemonizar los significantes vacos de la comunidad ausente. El reconocimiento de la naturaleza constitutiva de esta brecha y su institucionalizacin constituyen el punto de partida de la democracia moderna", p. 46.

18/ "Quizs podamos decir que actualmente estamos el cabo de la emancipacin y al inicio de la libertad", ibid., p. 18

19/ Laclau, "Estructura, Historia y Poltica", op. cit., p. 208. iek ha puesto de relieve el estricto paralelismo con la posicin kantiana de la necesaria limitacin de las capacidades humanas en tanto que condicin positiva de la libertad. Cf. Slavoj iek, "Mantener el lugar", en Contingencia, Hegemona, Universalidad , op. cit. p. 320.

20/ Emancipation(s), op. cit., p. 121

21/ Nicos Poulantzas, El Estado, el poder y el socialismo,.

22/ Ernesto Laclau, La razn populista.

23/ Ibid., p. 89.

24/ "Aqu no estamos frente a la "negacin determinada" en el sentido hegeliano: mientas que sta es producto de la positividad aparente de los concreto y que circula a travs de contenidos siempre determinados, nuestra nocin de la negatividad depende del fracaso en la constitucin de cualquier determinacin", Emancipation(s), op. cit., p. 14. En este retorcido juego de manos todo sucede como si este fracaso pudiera prescindir de un trmino en relacin al cual se presenta como un fracaso y que le determina.

25/ "No existe intervencin poltica que, en cierta medida, no sea populista voy a sealar fenmenos aparentemente dispares en el marco de un continuum que permitir hacer la compasin entre ellos"ibid., p. 154 et p. 175. "Hay que sealar que el nivel de populismo de una intervencin no tiene nada que ver con su contenido o su orientacin, sino slo con la "extensin [alcanzada] por la cadena de equivalencias que unifica las demandas sociales", ibid., p. 154.

26/ "Estas demandas estn dirigidas al sistema por desfavorecidos de un espacio u otro y en ellas existe implcita una dimensin igualitaria; su emergencia presupone una forma de exclusin o falta", ibid. p. 125.

27/ Cf. Slavoj iek, "A Leninist Gesture Today. Against the Populist Temptation", en Sebastian Budgen, Stathis Kouvelakis, Slavoj iek (dir.), Lenin Reloaded. Toward a Politics of Truth, Duke University Press, Durham, 2007, p. 81 y ss.

28/ La razn populista..

29/ Ibid., p. 201-208 et p. 214-222. La forma de insertar el significante nacional en los discursos polticos sirve incontestablemente como revelador de la divisin ms profunda de lo que da a entender el espectro de variaciones internas de una matriz populista".

30/ "Sin embargo, esta experiencia inicial no es simplemente la de una falta. La falta, como lo hemos visto, est relacionada a una demanda no satisfecha. Pero ello implica incluir en la explicacin al poder que no ha satisfecha la demanda. Una demanda se dirige siempre a alguien"ibid., p. 85-86.

31/ Cf. El clebre texto de Lenin, "A propsito de las consignas" en uvres compltes, t. 25, Editions Progreso, Moscou,1971, p. 198-206,y el comentario indispensable de Jean-Jacques Lecercle, Une philosophie marxiste du langage, Paris, PUF, 2004, p. 94-100.

32/ La razn populista.

33/ Lo que, dicho sea de paso, permite trazar una lnea demarcatoria entre el marxista que, sin duda, ha utilizado de forma ms emptica el trmino pueblo, Stalin, inventor del sintagma-clave del discurso socitico. "todo el pueblo" (se supona que el Estado sovitico era el de todo el pueblo y no slo la dictadura del proletariado), y que el pueblo de Lenin, de Gramsci o de Mao, que designa formas polticas de unificacin tendencial (y slo tendencial) subalternas en una configuracin dada de contradicciones de clase; p. ej, en una coyuntura.

34/ Emancipation(s), op. cit., p. 31-32.

35/ La razn populista

36/ Ibid.

37/ Ibid.

38/ Ibid.

39/ Ibid.

40/ Ibid., p. 93.

41/ Ibid., p. 92.

42/ Laclau afirma, por ejemplo, que la ventaja que actualmente detentan las fuerzas de la derecha sobre las de la izquierda se debe a que las primeras se mueven a nivel de un determinado imaginario poltico, mientras que las segundas estn replegadas en un discurso moral sobre derechos, o que la derrota duradera de los Republicanos en EE UU depende de una "reacticulacin drstic del imaginario poltico", ibid. p. 138.

43/ Ibid., p. 149. Subrayado mo.

44/ Ibid., p. 235.

45/ Ibid. p. 237.

46/ "La historia es ms bien una sucesin discontinua de formaciones hegemnicas que no se pueden ordenar mas que mediante un relato que transcienda su historicidad contingente", ibid., p. 226.

47/ Cf. Por ejemplo: "vivimos en un terreno histrico en el que la proliferacin de puntor de ruptura y de antagonismos exige de manera creciente formas polticas de reagregacin", ibid. p. 230 subrayado mo. Ciertamente, Laclau se apresura a subrayar que no se trata de "lgicas sociales subjacentes sino de actos en el sentido previamente descrito" (ibid.). No es menos cierto que esta tendencia crciente no se puede reducir a la contingencia indeterminadas de actos discontinuos y singulares; de ah la necesidad de referirse a la categora "capitalismo" (Cf. Tambin: "el capitalismo mundializado crea una mirada de puntos de r uptura y antagonismo" ibid., p. 150 subrayado mo) e incluso concluir con esta sorprendente afirmacin fundamentalista : "la heterogeneidad pertenece al fundamento del capitalismo" (ibid., p. 230) !

48/ Por ejemplo, en esta formulacin: Nuestras sociedades son menos homogneas que las que fueron formuladas en los modelos marxistas la disolucin de la metafsica de la presencia no es una solo una operacin intelectual. Se inscribe profundamente en la experiencia del las ltimas dcadas" Emancipation(s), op. cit., p. 82.

49/ Ibid.

50/ La razn populista.

51/ Ibid.

52/ Marc Saint-Upery, "Y a-t-il une vie aprs le postmarxisme ?", Revue Internationale des Livres et des Ides, n 12, juillet 2009, disponible sur http://www.revuedeslivres.fr/y-a-t-il-une-vie-apres-le-postmarxisme-marc-saint-upery/

Contetemps, http://www.contretemps.eu/

Traduccin de Viento Sur, https://www.vientosur.info/



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