Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2019

Sobre poltica en la sociedad civil
Razones en torno a cultura cvica, moral y sentido comn

Rafael Hernndez
Temas


Reconozco que mi interpretacin sobre la poltica en Cuba no coincide con la mayora de lo que leo en las redes. No me ufano por eso, ni tampoco lo tomo a mal, pues si la verdad no se ensaya (segn repite un buen amigo), mucho menos, digo yo, se vota por mayora.

El enfoque del vaso medio vaco, predominante en los comentarios que giran en las redes, me parece una expresin de inconformidad ciudadana totalmente legtima. Al mismo tiempo, si de analizar la poltica se trata, ese enfoque de s, pero, tiene el defecto de no hacerse cargo de lo que realmente est cambiando.

Con frecuencia, el anlisis poltico se sustituye por el rumbo que la poltica podra o debera haber tomado, segn cada cual. Por muy respetables que sean, poner por delante los buenos deseos puede resultar vlido como opinin personal, pero poco til si se trata de entender la circunstancia en que se vive a no ser que esta se confunda con la suma de percepciones compartidas en nuestro barrio global.

El discurso pblico (el de los polticos, los intelectuales, las instituciones de gobierno y de la sociedad civil) suele apelar a la historia de las ideas para darle sentido al presente y sus alternativas como continuidad con el pasado. Sin ignorar el peso de esa continuidad, ninguna evocacin del pasado descifra lo que est cambiando en el ejercicio del poder y en las relaciones sociales hic et nunc.

Entender una transicin social y poltica requiere explicarse una combinacin indita de factores que la mayora difcilmente aprecia, pues est ocupada pensando el nuevo y confuso panorama con una cabeza anterior, y solo tiende a reaccionar cuando tiene los cambios delante (Maquiavelo). Sometida a la inercia del sentido comn, esa mayora da por sentado lo que todo el mundo dice, y en eso est cuando le viene encima la siguiente ronda de cambios.

Desde estas premisas telegrficas (ojal que claras), comentar sobre siete nudos donde se cruzan poltica, sociedad civil, ideologa, cultura cvica, moral, fe religiosa, sentido comn. Los numerar solo para facilitar su lectura como problemas ligados, pero separados.

1. Como saben los antroplogos, la huella de la fe en la cultura cvica y poltica rebasa la de las prcticas e instituciones religiosas. Aunque el laicismo cubano resulte parte de una herencia cultural que data de siglos, las creencias religiosas y sus valores asociados tambin lo son. Estos ltimos pervivieron en el discurso y las prcticas del liderazgo y de la gente cubana, que al abrazar a rajatabla el comunismo fidelista y guevarista, y enarbolar la educacin laica y hasta el atesmo, mantuvieron una moral y cvica cuyos valores/creencias incluan, sin discernirlos, elementos de una matriz cultural cristiana, yoruba, espiritista, etc. Esas creencias/valores ataen a la justicia y el bien comn, al trato al prjimo, a las relaciones entre los que tienen ms y los que tienen menos, a un ideal de sociedad humana, pero tambin a la representacin de lo que debe ser la familia, la sexualidad, el gnero, la moral, las costumbres. Como ocurre siempre con la cultura cvica, algunas de esas representaciones son progres, otras no tanto.

2. Las iglesias cubanas, que no son las religiones, pero hablan en su nombre, son mayormente conservadoras o muy conservadoras (casi todas, no solo las evanglicas). Pero tambin son instituciones reconocidas por la ley, formadas por ciudadanos que ejercen su derecho a opinar no solo respecto a lo que llaman peyorativamente ideologa de gnero (reivindicaciones antipatriarcales, derechos reproductivos, LGBT, etc.), sino a polticas del gobierno, e incluso a promover un mundo espiritual propio y eventualmente al margen. En un orden que se propone consolidar un Estado de derecho, dnde termina el de estas instituciones a defender una creencia religiosa, sin salirse de lo que la ley permite; a oponerse no solo a un derecho no reconocido jurdicamente, como el matrimonio igualitario, sino a uno consagrado, como el aborto? Qu artculo de la constitucin les impide abogar por un espacio propio para ejercer la enseanza o los medios de difusin? Si algunos juristas o simples mortales pueden describir la nueva constitucin como un vaso medio vaco", sobre qu base se les niega a las iglesias ese derecho? Porque son conservadores? No citamos a Rosa Luxemburgo para decir que la libertad se mide por la de aquellos que piensen diferente? O es que para enfrentar a los conservadores hoy habr que cerrar el espacio de libertad que nos debemos estar dando? Otra vez?

3. Si de una democracia cubana se trata, las experiencias de otros pases socialistas o las del constitucionalismo latinoamericano, con toda su utilidad, significan menos que la consulta popular y el debate pblico a nivel de los ciudadanos reales. Con respeto para mis amigos profesores de jurdicas, llevar a consulta, debate y aprobacin las nuevas leyes (mientras ms, mejor) no significa plebiscitar los derechos", sino permitir que los ciudadanos de la sociedad actual se apropien de ellos de la nica manera polticamente eficaz. A diferencia de lo que pudo ocurrir en el momento inicial de la Revolucin, cuando la nueva democracia popular se confunda con el proceso revolucionario mismo, en la cresta de una corriente liderada por una vanguardia y una doctrina social que ganaban a todos los constitucionalismos precedentes en trminos de accin poltica y transformacin liberadora, ahora se requiere convencer, mediante un dilogo participativo, con argumentos y apertura de discusin, que permita re-anudar un pacto socialista diferente, capaz de abarcar a toda la sociedad adems de los socialistas. Como aqu se trata no solo de preservar las conquistas", sino de resignificarlas, y de hacerlo en trminos polticamente eficaces, las frmulas ideolgicas, invocaciones a la nacin o la historia de las ideas resultan necesarias, pero no suficientes.

Cambiar la vida poltica a nivel de la sociedad exige convertir la esfera pblica en su espacio eminente, hacer del debate una va imprescindible y de ese espacio la arena de la confrontacin con los que piensan diferente, como principal va para llegar a convencer a los que replican frmulas aprendidas, propias de un sentido comn conservador. Reducir esa esfera pblica a un conjunto de foros afines o dominados por el zipizape resulta anodino.

4. Si se asume que la sociedad no es un holograma del discurso de ningn discurso, sino un espacio concreto determinado, esta incluye a todos los ciudadanos, tambin a los conservadores. Entre estos los hay que apoyan al gobierno pues tambin existe un conservadurismo socialista y los que se distancian de l, incluso si no se le oponen de frente. Aunque en la coyuntura de la consulta constitucional se han hecho ms visibles, como si fueran un fenmeno reciente, estos conservadores distanciados han estado y siguen plantados, aunque a algunos no nos guste, en esa sociedad civil. En cuanto a estimar su influencia efectiva en el consenso, podra discutirse que hubieran alcanzado un nivel significativo, o que sus encuentros representaran una amenaza a la estabilidad nacional. En todo caso, lo paradjico es que ese conservador ideolgico resulte menos afrontado no digo denunciado o descalificado, sino debatido con argumentos en los medios, tanto los llamados oficiales como los calificados de alternativos, por tirios y troyanos, ms bien dedicados a intercambiarse denuestos que a una crtica de esa creciente dogmtica, apenas comprendida, pero igual de pregnante.

5. El movimiento en torno a los derechos LGTB, aun embrionario e inestructurado si se le compara con, por ejemplo, las iglesias, ha logrado, sin embargo, un alcance social y poltico notable. Medirlo nicamente con la vara de no haber constituido una organizacin formal es un ejemplo del vaso medio vaco que apunt antes. En cambio, haber logrado convertir en compaeros de viaje a numerosos heterosexuales mayores de 55, algunos de los cuales, en su juventud, participaron en actos de repudio y razias de gays en lugares cntricos de nuestras ciudades, podra considerarse mayor seal de influencia que las de algunas organizaciones LGTB en otros pases. Sin desconocer la necesidad de que organizaciones como estas se formalizaran en Cuba, la desguetizacin de la condicin LGTB, surgida de las nuevas relaciones sociales y la sexualidad de las sucesivas generaciones, y facilitada por los cambios promovidos desde la literatura y el arte, el rol educativo de varias instituciones, y la extensin de la actitud de salir del closet", resultan ejemplares de los profundos cambios ocurridos en la sociedad civil cubana, cuya magnitud quizs no calculan sus propios protagonistas.

Seal de la potencial capacidad de este movimiento incipiente para explicarse y llegar eventualmente a convencer con argumentos a la parte de la sociedad que no lo est; y de hacerlo con legitimidad, incluso ante las propias instituciones de gobierno que recelan de su autonoma, fue la marcha gay de Prado en mayo pasado, cuya significacin como hito en el desarrollo de nuestra sociedad civil podr apreciarse ms adelante. Esta experiencia indita demuestra que la democracia y la igualdad no se contienen solo en un grupo de normas constitucionales o legislativas, ni en discursos inspirados, sino exigen sobre todo ganarse un espacio social real polticamente luchado. Al propio tiempo, ilustra la conveniencia de una ley de manifestaciones pblicas, que regule por igual las de las iglesias y las de los LGTB, y que las deslinde de acciones dirigidas a perturbar el orden, como existen en todas partes (incluidos algunos pases socialistas).

6. Si de contrarrestar la creciente conservadora se trata, resulta paradjico que el gobierno est flanqueado entre los desplantes de las iglesias y los reclamos justificados del activismo LGTB, especialmente cuando fue el gobierno quien tom la iniciativa del matrimonio igualitario en esta Constitucin y cuando esa puerta sigue abierta en el artculo 82. Para que el gobierno y los actores principales de nuestra sociedad civil ms que el sector privado y las ONG naturalicen un dilogo continuado, que contribuya al intercambio real, se requiere que este no se estanque en la retrica predominante en los medios ni se arremoline en el tono rpido y furioso que menudea en las redes. Un dilogo ciudadano cara a cara, les permitira reconocerse e identificarse en su diversidad y condicin como personas, eventualmente entenderse y acordar sus desacuerdos, en lugar de representarse como bloques sin rostros llamados LGTB", iglesias o Estado/Partido".

7. En mi modesta experiencia, es posible reunir a tirios y troyanos en una misma conversacin, si uno insiste en convocarlos y mostrarles la utilidad de hacerlo, con perseverancia y determinacin. En cualquier caso, por difcil que sea, la construccin de un debate pblico dirigido a convencer mediante razones tiene ms sentido poltico real que contentarse con predicar entre convencidos. Consignas, nuevas leyes y exhortaciones humanistas no nos ahorrarn la accin comunicativa dirigida a convencer y construir consenso pulgada a pulgada. Claro que no es fcil, y que se requiere persistencia y un umbral de frustracin alto. Algunos de los convocados a esta conversacin no tienen mucho inters, o temen complicarse la existencia, o propalan un dilogo que no ejercen, o sufren un sectarismo expreso o velado. Algunos prefieren un debate en cmara cerrada, a temperatura y presin constantes, como si la comunicacin social hacia adentro y hacia afuera pudiera controlarse como antes. Algunos que propugnan la naturalizacin de la discrepancia les ponen etiquetas a los que no piensan como ellos.

Una clave que no deberan olvidar polticos, intelectuales, iglesias, creyentes todos, podra estar en lo que San Pablo les dijo a los Romanos en su epstola bblica, algunos siglos antes de Marx: T pues, que enseas a otro, no te enseas a ti mismo?

Fuente: http://www.temas.cult.cu/catalejo/sobre-pol-tica-en-la-sociedad-civil-razones-en-torno-cultura-c-vica-moral-y-sentido-com-n



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter