Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2019

Imagen y poltica

Danilo Billiard B.
Rebelin


Qu sentido puede tener para nosotros la respuesta que Walter Benjamin considera necesaria la politizacin del arte ante el avance del fascismo por medio de la estetizacin de la poltica? Una vez ms, habr que insistir en que la desactivacin del dispositivo del espectculo no pasa por denunciar el engao de la imagen y sustraerse absolutamente del mbito comunicacional, sino por proporcionar otros significados a las imgenes y volverlas un espacio para la reflexin y confrontacin de sentidos, articulando desde all las resistencias ante el dominio de un poder escpico que busca hacer de la destruccin de la poltica un placer esttico.  

Todos los esfuerzos por volver esttica la poltica culmina en un cosa: guerra

Walter Benjamin.

En un tiempo donde la imagen est en el centro del desarrollo de las estrategias polticas, reflexionar crticamente en torno a su rendimiento implica asumir su vaco constitutivo para no perder de vista el orden que le proporciona un marco de inteligibilidad. Pienso en la polmica reciente a propsito de las declaraciones de un lder de la ultraderecha chilena, quien desatando toda su iconoclastia contra las herencias herejes de la izquierda, termina atribuyndole a las imgenes un valor superlativo que no hace ms que definir su propio perfil ideolgico.

Es importante advertirlo porque, en la lnea de los anlisis de Walter Benjamin, estaramos frente a una estetizacin de la poltica tan caracterstica del fascismo. Por cierto que la respuesta a esto no significa defenestrar la relevancia de la imagen calificndola como mera apariencia para oponrsela a la realidad (en la medida que la realidad est penetrada por la reproduccin tcnica), en el sentido con que Guy Debord elabora su crtica sobre la sociedad del espectculo.

Por el contrario, el espectculo deber ser entendido aqu como la condicin comunicacional del neoliberalismo y el espacio donde se articula su consenso. Incluso, el modo de existencia del poder en las democracias contemporneas, lo que hace un guio a la aseveracin de Carl Schmitt referente a la opinin pblica, a la que consideraba la forma secularizada de la aclamacin. Esa sociedad del espectculo de Debord es, para Giorgio Agamben, la democracia consensual (y que es tan apreciada por lo tericos de la accin comunicativa), cuyo consenso se consigue por la va de la aclamacin, en el sentido de que una de las dimensiones del poder es la gloria, y all se funda su dominio expansivo sobre la vida: El pueblo real o comunicacional al que de algn modo el government by consent y la oikonoma de las democracias contemporneas deben remitir inevitablemente es, en esencia, aclamacin y dxa (2008: p.451).

Una de las consecuencias de la estetizacin de la poltica es la sustraccin al pasado histrico de todos sus componentes contextuales que lo dotan de sentido, neutralizndolo como un campo en disputa al presentarlo como un objeto de goce esttico que puede ser observado o desechado sobre la base de consideraciones ideolgicas nimias y arbitrarias. Eso es fundamentalmente lo que motiva al mundo neoconservador: imponer una versin definitiva del pasado histrico que lo suture para clausurar su deliberacin social.

Sin embargo, los proyectos polticos que encarnaron Salvador Allende y los principales dirigentes del MIR, no se reducen a imgenes, objetos patrimoniales o estatuas en homenaje a sus trayectorias. La vigencia de esas ideas no se agota en la proliferacin contempornea de imgenes que las representen al costo de despojarlas de su contenido histrico. En un pas donde las conmemoraciones se han vuelto algo tan habitual y jocoso, habra que sospechar de sus motivos en la medida que han transformado el pasado en algo absolutamente ajeno a nuestro presente, para engarzarlo al derrotero del espectculo que es la dimensin visual de la mercanca.

En nada contribuyen los monolitos y la museificacin de la memoria y los derechos humanos si no se disputa al mercado la visibilizacin de las diferencias, pero tampoco si no se responde al significado que la oligarqua en su conjunto quiere imponernos: que los proyectos de izquierda son un solo cuerpo petrificado en el tiempo, situados en su fase de descomposicin: restos polvorientos para la coleccin de antigedades, destinados a rendirles tributo por lstima o por nostalgia. En eso se sirven de la imagen en blanco y negro, puesta como anacrnica y obsoleta, de un Salvador Allende saludando a un pueblo (hoy desarticulado) desde un balcn de La Moneda, en contraste a la de un presidente Piera, en HD, congracindose con la ciudadana en un matinal.

Resistindonos a tan grosera instrumentalizacin, entonces terminamos como no pocos hoy en da- concedindoles la razn, para atrincherarnos en el romanticismo ideolgico ms burdo que nos convierte en bohemios trasnochados. La Unidad Popular y la experiencia del MIR son referentes cuya historicidad tiene un significativo valor poltico para las nuevas generaciones, porque podemos encontrar all los errores ms severos de un pensamiento utpico que aspiraba a la armona y a la plenitud social.

Hay que decirle a todos quienes festinan con el culto de cierta izquierda a las herencias del siglo XX, que la UP y el MIR son justamente lo que hemos dejado de ser pero no por conversos (como a algunos les gusta llamarse), sino porque desbordamos sus lmites y rebasamos sus insuficiencias para imaginar posibilidades de la transformacin social que se ajusten al tiempo que nos toca vivir. El cambio histrico y la militancia son horizontes de sentido a los que no se puede ni se va a renunciar, pero eso no implica reivindicar un modelo agotado de modernizacin socialista, o un concepto rampln de comunismo que lo termine ubicando junto al vendaval totalitario, ni tampoco imitar paradigmas organizativos que terminaron cercenados por sus propios engranajes autoritarios.

Qu sentido puede tener para nosotros la respuesta que Walter Benjamin considera necesaria la politizacin del arte ante el avance del fascismo por medio de la estetizacin de la poltica? Una vez ms, habr que insistir en que la desactivacin del dispositivo del espectculo no pasa por denunciar el engao de la imagen y sustraerse absolutamente del mbito comunicacional, sino por proporcionar otros significados a las imgenes y volverlas un espacio para la reflexin y confrontacin de sentidos, articulando desde all las resistencias ante el dominio de un poder escpico que busca hacer de la destruccin de la poltica un placer esttico.

https://www.eldesconcierto.cl/2019/07/23/imagen-y-politica-desafios-para-la-estrategia-comunicacional-de-la-izquierda/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter