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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2019

El gobierno de coalicin de Pedro Snchez y Podemos en va muerta
Y ahora qu?

Jaime Pastor
Viento Sur


Rosa extrajo las siguientes conclusiones del experimento ministerialista francs: la celebrada poltica prctica demostr ser de lo menos prctica porque la clase trabajadora, paralizada a causa de la participacin del Partido Socialista en la poltica gubernamental, no poda hacer valer la fuerza de su propio poder. 1/

El fracaso de la investidura de Pedro Snchez como presidente del gobierno, tras conseguir slo 124 votos a favor frente a 155 en contra y 67 abstenciones, supone sin duda la frustracin de las expectativas que, aunque limitadas, se haban generado despus del 28 de abril. No slo entre el electorado de izquierdas, sino tambin entre la mayora de quienes votaron a fuerzas soberanistas perifricas.

En cambio, ahora, la sensacin de alivio que ha provocado este desenlace entre las fuerzas de la derecha espaolista salta a la vista con slo leer portadas como la del diario monrquico conservador ABC del 26 de julio No se puede-, mientras que otros medios no ocultan su satisfaccin por ver cmo el lder del PSOE ya da por cerrada la opcin de gobierno de coalicin con UP (Unidas Podemos) y muestra su disposicin a explorar nuevos caminos.

Obviamente, con esto slo cabe interpretar que lo que va a buscar Snchez prioritariamente en los prximos dos meses es recomponer las relaciones con un PP (Partido Popular) aparentemente centrado, una vez comprobada la ineficacia hasta ahora de las presiones sobre el lder de Cs (Ciudadanos) empeado con su campaa histrinica del No al plan Snchez y su banda. Con todo, tampoco parece que Snchez vaya a tirar la toalla en su esfuerzo por lograr un giro de ese partido a medio plazo con la ayuda de su amigo comn Macron y las encuestas.

Por el contrario, la direccin de Podemos parece aferrarse a seguir con la propuesta de gobierno de coalicin, pese a que sta ha entrado en va muerta, limitndose a una lista de reproches al PSOE en general, justificados- por su comportamiento a lo largo de la negociacinde competencias ministeriales. Si bien cabe la esperanza de que se abra un debate interno y con IU (Izquierda Unida) y sus confluencias que ayude a ofrecer un rumbo alternativo capaz de frenar la desmoralizacin entre su electorado y la desmovilizacin de una militancia cada vez ms reducida.

Era posible otro resultado distinto en este proceso? Sin duda. Lo era si finalmente Snchez hubiera aceptado la oferta de ltima hora que le hizo Iglesias desde la tribuna, recomendado al parecer por Rodrguez Zapatero, con una rebaja ms en sus demandas. Empero, si esto hubiera ocurrido y hubiera salido adelante la investidura, el panorama que se habra abierto para UP desde ese hipottico gobierno de coalicin no habra augurado nada bueno.

Porque lo que hemos podido comprobar a lo largo de la negociacin contra reloj vivida en los ltimos das es que las concesiones que haba ido haciendo la delegacin de UP ya eran muchas: lealtad en relacin a lo que pudiera decir el gobierno sobre la cuestin catalana y la sentencia contra el procs; renuncia a los ministerios de Estado (o sea, a lo que forma parte del ncleo duro de la poltica y que incluye, como hemos visto, Hacienda y Transicin ecolgica), aceptacin del veto a Pablo Iglesias como miembro del gobierno A stas habra que aadir la resignacin final ante el veto de la CEOE (Confederacin Espaola de Organizaciones Empresariales) a su presencia en carteras como la de Trabajo, sin olvidar que no habran podido cuestionar los recortes de 6.000 a 8.000 millones de euros que reclama la Comisin Europea. A la vista de todas estas restricciones sistmicas explicitadas (no creo que haga falta mencionar las implcitas, relacionadas con no tocar la monarqua o esas cloacas del Estado que tanto se han ensaado con Podemos y a las que no es ajena la gran banca, como hemos visto con el escndalo del BBVA), difcilmente caba pensar que UP hubiera podido desarrollar polticas de izquierda desde el gobierno y, en cambio, con su silencio habra tenido que asumir la complicidad con polticas de derecha en lo econmico-social y represivas en relacin a Catalunya.

Era previsible este resultado final? Todo indica que s. El lder del PSOE se ha comportado como lo ha hecho (retrasando el inicio de las negociaciones y rebajando cada vez ms las aspiraciones del lder de UP), no por casualidad o por mera desconfianza personal. En realidad, era muy consciente de que integrar a ese partido en el gobierno slo poda darse en condiciones de una subalternidad tal que le permitiera superar las reticencias de los grandes poderes econmicos y de la UE, por no hablar del propio rgimen, cada vez ms preocupados por el escenario de incertidumbre econmica agravada por el Brexit y de la crisis poltica derivada de los efectos de la sentencia, probablemente dura, contra el procs que se anuncia para este otoo. En ese escenario, el papel que han jugado en ese proceso los dirigentes de CCOO (Comisiones Obreras) y UGT (Unin General de Trabajadores) no poniendo en el centro el debate programtico en torno a polticas antiausteritarias, no ha ayudado nada a contrarrestar esas presiones desde arriba.

Esto explica que Pedro Snchez, en su intervencin inicial y en sus rplicas a lo largo de todo el debate, haya dedicado ms tiempo a emplazar a PP y Cs, a su sentido de Estado, para que se abstuvieran ante la investidura. Mostraba as su adaptacin al marco discursivo del tripartito de derechas que fue derrotado el pasado 28 de abril (defensa de una democracia militante que pretende excluir a populistas e independentistas en nombre de la defensa comn de la unidad de Espaa), descalificando a UP y limitndose a aceptar el buen tono de ERC sin nada a cambio, como ha insistido constantemente- y del PNV por su disposicin a no bloquear la investidura.

El discurso de investidura del lder del PSOE, por cierto, proclamaba su voluntad de poner en marcha, nada ms y nada menos, que la segunda gran transformacin del pas, recordando objetivos y medidas en su mayora ya contenidas en el programa electoral, acompaadas de algunas perlas (como la referencia a que en 1975 salimos de la dictadura, legitimando, ms explcitamente si cabe, el discurso sobre el papel del sucesor de Franco, Juan Carlos I, como motor del cambio), contradicciones (reivindicando, por ejemplo, el fetichismo del crecimiento econmico a la vez que aspirando a responder a la emergencia climtica) y generalidades como la voluntad de llevar a cabo un proyecto de regeneracin nacional (despus de no haber mencionado una sola vez a Catalunya), o su disposicin a contribuir a la construccin de una Europa capaz de competir con otras potencias globales, mientras prometa estrechar an ms la relacin con el rgimen marroqu en su necropoltica migratoria.

La nica novedad estaba en su propuesta de emprender una reforma del artculo 99 de la Constitucin -el que regula los procedimientos de la investidura- con el fin de garantizar que no se repita lo que ya ocurri en 2016 y ha vuelto a pasar ahora: permitir que pueda llegar a formar gobierno la lista ms votada para evitar el bloqueo parlamentario. Una clara demostracin de su nostalgia por las dcadas de turnismo bipartidista que, pese a la crisis de Cs y UP, difcilmente va a volver, mientras crece la representacin de la realidad plurinacional del Estado en el propio parlamento.

 

Mirar ms all de la coyuntura

Por tanto, de la experiencia de estos das deberamos concluir que la va elegida por la direccin de UP para responder a la aspiracin expresada el 28 de abril, de que se formara un gobierno alternativo al del tripartito reaccionario, solo poda conducir al fracaso dada la naturaleza de partido del rgimen que caracteriza al PSOE y a la vista de la relacin de fuerzas que separa a ambas formaciones polticas. La opcin por una va a la portuguesa, en cambio, es y sigue siendo desde nuestro punto de vista como tambin, al parecer, propone ahora IU- la ms coherente: permite emplazar a la direccin del PSOE a aceptar el compromiso pblico de unos puntos mnimos de acuerdo que permitan votar a favor de la investidura de Pedro Snchez y, a la vez, garantiza la independencia poltica para desarrollar una firme oposicin desde el parlamento y la movilizacin popular con el fin de poder desmarcarse, desbordar y/o confrontar con ese partido, el rgimen y la UE (Unin Europea) austeritaria siempre que sea necesario.

Todava estamos a tiempo de ensayar esta va y de hacerlo junto con las organizaciones ms representativas de los movimientos sociales, as como participando activamente en la preparacin de nuevas movilizaciones, entre las que destaca incontestablemente la Huelga Mundial por el Clima del prximo 27 de septiembre.

Por ese camino toca mirar ms all de la coyuntura actual ante una crisis de rgimen que sigue sin cerrarse y frente al cual debemos esforzarnos por reabrir un nuevo horizonte rupturista en una nueva combinacin de radicalismo y pensamiento estratgico, como propone Stathis Kouvelakis a partir de la experiencia de los chalecos amarillos.

* Jaime Pastor es politlogo y editor de Viento Sur.

https://www.vientosur.info/

Nota

1/ Con experimento ministerialista francs, se alude a la participacin del socialista Alexandre Millerand, en 1899, en una coalicin gubernamental burguesa. Esa decisin fue celebrada por entonces como una tormenta histrica. Aos ms tarde, Jean Jaurs, quien haba apoyado inicialmente esa coalicin, reconocera el error cometido. La frontal oposicin poltica de Rosa Luxemburgo a ese camino reformista, fue analizada con notable rigurosidad, por Paul Frlich, militante e historiador del movimiento obrero alemn, en el libro, Rosa Luxemburg, LHarmattan, Pars, 1991. (Redaccin Correspondencia de Prensa)


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