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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2019

Estamos peor de lo que pensaba (y menos mal que me gusta ser optimista)

Pedro Casas
Rebelin


El ciclo poltico que tuvo su origen all en 2011 con las primaveras rabes, el 15M, las ocupaciones Walt Street y ms, se ha cerrado de una manera bastante decepcionante.

Las llamadas primaveras rabes se saldaron con cambios de unos dictadores por otros en algunos pases, y la destruccin literal de otros pases por la rapia de las potencias mundiales.

En EEUU ha llegado a la presidencia la expresin ms temible y degradada del imperio yanqui, que supone una amenaza imprevista para la paz mundial y la interna de su propio pas, con la guerra declarada a las minoras.

En Europa hemos vivido la decepcin de unos partidos que aportaban savia nueva y deseos de cambio real, pero que fueron absorbidos por el sistema (Grecia), se coaligaron con la extrema derecha (Italia) o simplemente implosionaron por sus peleas internas y bandazos estratgicos, como el caso de Podemos en el estado espaol.

Estos fenmenos de revoluciones interruptus se han visto acompaados adems de un ascenso preocupante de la extrema derecha en todas sus variedades a nivel mundial.

En Espaa, adems, surgieron con mucha fuerza unas mareas que configuraron confluencias que llegaron a alcanzar el poder municipal en muchas ciudades importantes, alumbrando una nueva manera de hacer poltica en las instituciones; cuatro aos despus apenas se mantiene el gobierno municipal en algunas pocas ciudades y pueblos, y poco podemos decir de su aportacin al cambio en las ciudades, ms all de algunos gestos o medidas concretas, que la torpeza y demagogia de la derecha est revalorizando (caso Madrid Central).

Coincidiendo en el tiempo, en dos territorios histricos como Euskadi-Nafarroa y Catalunya se produjeron procesos novedosos:

En Catalunya la sentencia del TC recortando el nuevo estatuto de autonoma que haban votado el Congreso y la poblacin catalana, dio alas a un proceso sostenido en el tiempo por la soberana, que culmin en un autntico pulso al estado, ganando el primer asalto (referndum del 1 de octubre), pero que tiene pinta de acabar mal, a los puntos o KO tcnico; de hecho ahora mismo hay personas presas y exiliadas que van para 2 aos en esa situacin, y amenazadas de pasarse varios aos ms entre rejas.

En el Pas Vasco (Euskal Herria en euskera) el anuncio del fin de la actividad armada de ETA se produjo precisamente tambin en 2011, abriendo un escenario indito durante dcadas y que prometa nuevos avances en su camino por el autogobierno y la justicia social. 8 aos despus los resultados distan mucho de lo esperado: La represin estatal continua como entonces, con cientos de presas y presos alejados de sus familias, condenando a sus seres queridos a un plus de sufrimientos; se suceden los macrosumarios a la antigua usanza, como el que se inicia el prximo 16 de septiembre contra 47 activistas de la solidaridad y apoyo legal de estas personas presas. Condenan a muchos aos de crcel a jvenes por una simple pelea de bar que bien pudiera haberla provocado la misma guardia civil. Y el panorama poltico no se ha reactivado, sino que el PNV, la burguesa vasca, tiene ms poder que nunca.

La aparicin de nuevas fuerzas emergentes ha puesto en aprietos a los partidos tradicionales, habiendo aguantado mejor el envite los de derechas que los de izquierda, que corren el riesgo de desaparecer, como es el caso italiano, que tena el partido comunista ms poderoso de Europa.

No s si hay que derramar alguna lgrima por las viejas estructuras sin futuro que el vendaval transformador se llev por delante. Pero lo preocupante es que ese vendaval se haya llevado todo, sin dejar rastro de nada capaz de sustituirlo.

Los poderosos tienen partidos para implantarse entre las masas que les apoyan y legitiman su dominio; pero tampoco les resulta muy necesario; con dinero llegan a cualquier lado y compran voluntades, funcionarios e intelectuales que trabajen a sus rdenes.

El pueblo en cambio necesita de organizaciones capaces de articular una respuesta, una defensa de sus intereses ante la explotacin del capital en todas sus facetas, laboral, territorial, urbanstica, de servicios, y un largo etctera. Y en este sentido est quedando un escenario lleno de escombros difcil de reconstruir. Los movimientos sociales, sindicales, vecinales, estudiantiles, etc. son necesarios para dar la batalla sectorial; pero para avanzar conjuntamente y dar coherencia a un proyecto conjunto con capacidad de gestionar tambin las instituciones a su servicio, se necesitan organizaciones con vocacin de globalidad. Cmo las reconstruimos, a la luz de las nuevas experiencias polticas? Uno de los grandes retos del futuro inmediato.

Volviendo al terreno municipal, el paso de los gobiernos del cambio por las instituciones ha tenido un efecto perverso en algunos aspectos que quisiera mencionar, dejando claro que no pretendo con ello hacer un balance negativo de la experiencia de los 4 aos de poder, sino sealar algunos aspectos concretos, y que cada cual haga el balance que quiera (este no es al menos el objetivo del presenta artculo).

El impulso del 15M que cuestion los cimientos de la poltica de nuestro pas (no nos representan era uno de los lemas ms coreados) aportaba una nueva visin de cmo hacer la poltica (las asambleas en la calle eran su nicho natural), y unos contenidos en los que no haba reparo por transformar todo lo que se pusiera a tiro. En este sentido quisiera describir el balance que ha quedado en ambos aspectos, el organizativo, o forma de hacer poltica, y el de contenidos o programa de cambio.

En el primer aspecto, las candidaturas del cambio se conformaron por dos tipos de personas, bsicamente: Unas con experiencia poltica de partidos que, en bastantes casos haban hecho de la poltica su medio de vida; y otras con ninguna o muy poca experiencia de actividad y organizacin poltica, y escasa vida laboral y menos estable.

En lugar de estallar esta confluencia de experiencias dispares, la burocracia tradicional se comi a los nuevos activistas, que optaron por la va fcil de ir a caballo ganador y dedicar el menor tiempo posible a unas asambleas en las que se debatan demasiadas cosas y a veces se contradecan con la accin del da a da del gobierno. Algunos viejos rockeros renegaron varias veces de sus organizaciones con tal de conseguir puestos de salida institucional, y los nuevos vieron que para mantener el status poltico que proporciona buen sueldo, lo mejor es no meterse en muchos los, y ser fiel al jefe/a de turno. En definitiva, la savia democrtica que aportaban los nuevos movimientos a la gestin municipal, qued disipada en poco tiempo, dejando las decisiones colectivas a estructuras mucho menos democrticas que cualquier partido tradicional.

Con esta experiencia vivida, quin se anima a re-construir un movimiento asambleario para condicionar la gestin del gobierno? Lo peor de la experiencia negativa no es haber perdido los gobiernos, sino la ilusin por las nuevas formas de hacer poltica y de participacin real. En este aspecto, y en trminos generales y objetivos (slvese quien pueda), el proceso ha desembocado en una gran mentira, seamos sinceros en reconocerlo.

En el aspecto programtico cabe decir otro tanto. La gestin que iba a poner todo patas arriba se convirti en posibilista, y de buen rollo con los poderes reales, pasando en pocos meses del s se puede al no se puede (con mil excusas, presupuestarias, legales, regla del gasto, etc). Por otro lado los gobiernos del cambio han movilizado en su entorno a un considerable nmero de personas que antes no encontraban un lugar donde desarrollar sus inquietudes polticas, y en el caso de Madrid, los Foros Locales han sido el lugar perfecto donde tener a todas estas personas entretenidas; y no pretendo ser cruel, sino cidamente realista, al afirmar esto, pues la capacidad de influir en las polticas municipales por parte de los foros ha sido nula por completo.

Pero es igual, aunque no hayan servido para nada en trminos generales (digo generales, porque particulares s que algunas personas y organizaciones han conseguido buenas subvenciones) el caso es que se produca una sintona y una identidad hacia la accin de gobierno.

Para otro tipo de personas y organizaciones, se produjo pronto un proceso de desafeccin por esta labor de gobierno posibilista y decepcionante. De estos ltimos, unos continan en la trinchera, y otros muchos se han desilusionado abandonando la lucha.

La pregunta es, cul es el balance del conjunto de propuestas programticas que se traan en la mochila en las elecciones del 2015? Qu queda como realizado y como aspiracin a conseguir? Pues mucho no se hizo, por muchos motivos, no todos achacables a la poca voluntad de algunos de los gestores del cambio.

Es cierto que existen obstculos que frenan las polticas de cambio: la ley no favorece porque est hecha para lo contrario; los recursos municipales son escasos, no slo en presupuesto sino sobre todo en personal, que limitan mucho las capacidades de nuevas inversiones; existen funcionarios boicoteadores; la inexperiencia en la gestin municipal ha retrasado muchos planes.

El problema es que en lugar de haber explicado estas trabas objetivas y haber creado una estrategia para sortearla en el futuro, todo lo que no se pudo o se quiso hacer se meti en el saco de lo que No se puede; y en estas circunstancias resulta que no slo es que no se ha hecho mucho, sino que hemos reducido casi a la nada las expectativas de qu es lo que queremos cambiar hacia futuro.

Las personas y grupos que hoy enarbolan las aspiraciones de transformacin han reducido su horizonte estratgico a la casi inmediatez de ser buenas personas, honrados gestores, con toques ambientalistas y poco ms. Porque difcilmente se puede reivindicar acciones ms radicales cuando se renunci a ellas mientras se estuvo en el gobierno; vase el caso de la vivienda y desahucios, que hasta algunos ayuntamientos del cambio los han promovido directamente.

Por poner un caso concreto, en el terreno de la remunicipalizacin, me da la impresin de que el nmero personas que se creen esta alternativa como ms barata, eficiente y justa de gestionar los servicios pblicos es ahora menos que hace 4 aos, al menos entre las personas cercanas a los mbitos polticos de izquierdas.

Al principio me declaraba como persona optimista, y as lo creo, entre otras cosas porque estoy convencido que me ahorra consulta en el psiquiatra. Despus de leer lo anterior, muchos cuestionarn tal declaracin. Bromas aparte, lo que trato es de describir una situacin que, como tambin deca al inicio, me parece que est peor de lo que pensaba, al menos para mis aspiraciones de transformacin social. Meter la cabeza en la tierra de poco sirve, y por eso es necesario analizar la realidad concreta para ver lo que nos hace falta para avanzar.

Eso es lo que he tratado de hacer, sin revanchismos ni acritud, como dira el innombrable.


Pedro Casas, Activista social.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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