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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2019

Tras un ao de exilio, los desplazados de Daraa observan cmo sus ciudades de origen se hunden en el caos

Madeline Edwards
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Las noticias de casa, cuando llegan, son invariablemente sombras para los sirios del sur del pas empujados hacia el norte por los ataques de
Asad de hace doce meses.




 

Una nia descansa en un campo para personas internamente desplazadas cercano a la ciudad de Aqrabat, en la nortea provincia de Idlib (AFP)


Cuando el anciano padre de Huda sufri un derrame cerebral la semana pasada, ella no pudo hacer gran cosa.

Angustiada de que no pudiera recibir la atencin que necesitaba en su ciudad natal, en la provincia rural de Daraa, en Siria, donde quedan muy pocos mdicos, ansiaba estar junto a su cama. Sin embargo, los cientos de kilmetros de distancia de su desplazamiento lo hacan imposible.

El padre de Huda se recuper del ictus, pero la familia sigue separada a travs de una red de lneas de frente y zonas de control. La semana pasada fue la ltima vez que consigui hablar con l por telfono.

Hace un ao, la ciudad natal de Huda en Daraa fue escenario de una ofensiva militar relmpago por parte de las fuerzas progubernamentales para recuperar del control rebelde de todo el sur del pas.

Fue una batalla de una semana de duracin en la que la mujer de 43 aos tuvo que desplazarse de una ciudad a otra en busca de seguridad junto a su hermano y su familia, para terminar finalmente todo lo lejos que pudo escapando de las fuerzas del gobierno que se aproximaban a lo largo de la montaosa lnea fronteriza con los Altos del Goln ocupados por Israel.

El padre de Huda, de 80 aos, tuvo que quedarse en la casa familiar con una de sus hijas. Es demasiado frgil y enfermizo para poder viajar, dice Huda.

Huda no tuvo ms remedio que dejarle atrs porque ya haba sido detenida y encarcelada por las fuerzas de seguridad del gobierno en los primeros aos de la guerra, supuestamente por proporcionar apoyo logstico, dice. Estuvo detenida durante seis meses.

Quedarse atrs bajo el renovado control del gobierno podra significar un nuevo arresto y el riesgo de desaparecer en la temida red de prisiones del gobierno.

Cuando el gobierno organiz convoyes de autobuses en direccin al norte de Daraa para los combatientes y los civiles que decidieran irse, ella y su hermano les acompaaron. El destino: Idlib, un enclave rebelde, un punto final desde hace mucho tiempo para las evacuaciones forzadas de otras zonas de Siria que pertenecan a la insurgencia.

Sent que no poda confiar en el rgimen, dice Huda, refirindose a una serie de acuerdos de reconciliacin que el gobierno sirio alcanz el ao pasado en las antiguas ciudades controladas por la oposicin en Daraa.

Los nuevos habitantes de los olivares de Idlib

Ahora, un ao despus, solo se comunica por telfono con su padre, por lo general una vez al da o cada dos das. Visitarle es un sueo imposible, dice Huda. No puedo regresar.

La precaria reconciliacin en Daraa  

Daraa es conocida entre los sirios como la cuna de la revolucin del pas. Fue all donde estallaron las protestas populares en 2011, tras el arresto y la brutal tortura de ms de una docena de adolescentes acusados de garabatear grafitis antigubernamentales en un muro escolar.

En los aos siguientes, las fuerzas rebeldes se hicieron con el control de Daraa, a la vez que un sector emergente de periodistas, ciudadanos y activistas de los medios documentaban los acontecimientos. Hubo bombardeos areos, batallas y oleadas masivas de desplazamientos.

Sin embargo, ms de ocho aos despus, la provincia rural est bajo el renovado control gubernamental, aunque la situacin es muy inestable.

Toda una serie de heterogneos acuerdos de rendicin y reconciliacin llevaron a miles de combatientes y residentes a abordar los autobuses gubernamentales.

Al igual que los antiguos residentes en los suburbios de Damasco y la zona este de Alepo, quienes tuvieron que marcharse sobreviven a duras penas en el exilio interno al noroeste, a menudo sin empleo y con escasos amigos de casa cerca de ellos.

Pero Daraa fue un caso nico. A diferencia de lugares como los suburbios de Damasco en Guta Oriental y Daraya, a muchos excomandantes rebeldes se les permiti quedarse en sus casas en lugar de tener que marcharse en los autobuses de evacuacin, negociando acuerdos con el gobierno sirio y sus aliados rusos para mantener una relativa autonoma en algunas ciudades y pueblos.

El resultado es una compleja red de controles polticos en el sur de Siria, con restriccin de movimientos y, como en cualquier otra parte retomada por el gobierno, las comunicaciones estn estrechamente controladas.

Esa paz incmoda se ha ido desgastando durante meses. Hombres armados han asaltado puestos de control y otras instalaciones gubernamentales y han atacado y asesinado a figuras polticas locales. Antiguos residentes que todava hablan con familiares en Daraa dicen que los arrestos son algo generalizado. La violencia no ha hecho sino crecer en los ltimos meses.

Mirando a casa desde lejos  

Quienes se hallan en el exilio en el noroeste de Siria pueden no pueden hacer otra cosa que mirar desde lejos.

Solo se comunican espordicamente con los familiares y amigos que se quedaron en Daraa; las fuerzas de seguridad del gobierno podran arrestarlos si les pillan hablando con las personas de la oposicin que se encuentran en el norte, en Idlib, segn relatan los exresidentes que viven ahora en esta zona.

Ahmad al-Hiraki trabaja como contable en la Defensa Civil, un grupo de rescate conocido comnmente como Cascos Blancos, que actan en las zonas controladas por la oposicin en Siria.

Dej su ciudad natal en la provincia rural de Daraa hace un ao, establecindose finalmente en Ariha, cerca de la ciudad de Idlib. Ahmad rara vez habla con su hermana, que an vive en su ciudad natal, por temor a que pueda atraer hacia ella la atencin de las fuerzas de seguridad.

Cuando consigue contactar con su hermana para ver cmo est, Ahmad le enva un mensaje desde el telfono mvil de su esposa en lugar del suyo. Las autoridades del gobierno podran marcar su nmero de telfono debido a su trabajo para la Defensa Civil, dice.

Hablamos por WhatsApp, pero sin enviar mensajes de voz, solo mensajes de texto, dice Ahmad. Los mensajes de voz estn bajo vigilancia por parte del rgimen.

Lo poco que oye de casa resulta inquietante.

Detenciones generalizadas. Redadas en casas en medio de la noche. Asesinatos disparando desde coches en movimiento. Los cadveres, incluidos los de sus propios familiares, arrojados frente a sus hogares. A fines del mes pasado, desconocidos hicieron volar por los aires un edificio del gobierno en las afueras de su ciudad natal.

En otra zona de Ariha, el padre, Marwan, de 43 aos de edad, dice que se frena de preguntar por la creciente agitacin en su hogar en Daraa. Aunque el ao pasado vino al norte con su esposa y sus cuatro hijos, todava tiene parientes cercanos en el sur y se preocupa por su seguridad.

Nunca hablamos de poltica [con los familiares de casa], dice Marwan, que solicit aparecer bajo seudnimo por razones de seguridad.

Hace una semana, habl con mi sobrino. Y todo se redujo a: 'cmo estis?' y 'cmo va tu salud?, comenta Marwan a Middle East Eye.

Eso fue todo.

Bajo nuevas bombas  

La provincia de Idlib, donde ha dado con sus huesos la mayora de los residentes exiliados de Daraa, sigue siendo ahora la ltima gran bolsa que los rebeldes controlan despus de varios aos de avances militares a favor del gobierno.

Hoy estn viviendo en la lnea del frente de otra batalla.

Idlib es el hogar de aproximadamente tres millones de sirios, casi la mitad de ellos desplazados internamente de reas del pas que estuvieron bajo control de los rebeldes.

Pero ahora la provincia noroccidental y partes de las zonas rurales vecinas de Aleppo, Hama y Latakia se enfrentan a la perspectiva de ser el ncleo del prximo enfrentamiento militar importante entre la oposicin y las fuerzas progubernamentales.

Un acuerdo negociado por Rusia y Turqua a fines del ao pasado en la ciudad turstica rusa de Sochi retras el asalto masivo del gobierno y sus aliados en el noroeste de Siria por un tiempo, acuerdo en gran medida irrelevante ya en que el gobierno sirio y las fuerzas rusas estn machacando la regin con sus bombardeos.

La ofensiva ha paralizado la vida en Idlib, dicen los antiguos residentes de Daraa. Ahmad recuerda cmo en su ciudad se viva formando parte de la comunidad, entre vecinos que se cuidaban y pasaban tiempo juntos. Todos los comerciantes locales le conocan por su nombre.

Aqu no conocemos a nadie, dice. El peligro de los ataques areos, as como su exigente horario de trabajo como contable, le impiden conocer a sus vecinos. Las nicas personas con las que ahora pasa tiempo fuera del trabajo y el hogar son una hermana, que tambin vive en Ariha, y su familia.

Pero, incluso cuando se renen, es raro que hablen de otra cosa que no sea la guerra y el bombardeo que ahora les amenaza de nuevo en el exilio.

Ms recientemente, dice, las conversaciones se han vuelto ms sombras. A principios de este mes, dos personas de la ciudad natal de la familia en las zonas rurales de Daraa murieron bajo las bombas en Idlib, dice Ahmad. La noticia les dej consternados.

Sin embargo, prefiero vivir bajo las bombas [en Idlib] que correr el riesgo de ser arrestado en Daraa, dice Ahmad. Se pregunta si alguna vez podr volver a vivir en casa, en su pueblo, enclavado en lo que alguna vez fue una pacfica tierra de cultivos en el suroeste de Siria.

Siento que no voy a poder volver nunca.


Madeline Edwards es una periodista independiente que vive actualmente en Amn y dedica sus trabajos a las comunidades desplazadas sirias y la literatura rabe. Anteriormente trabaj como editora asistente de Syria Direct y como reportera para el peridico libans The Daily Star, en Beirut.

Fuente: https://www.middleeasteye.net/news/year-exile-daraas-displaced-watch-hometowns-descend-disorder

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a   Rebelin.org   como fuente de la misma.  



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