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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2019

Breve historia del Padre de la Patria cubana (III)
Carlos Manuel de Cspedes, en nombre de la libertad

Salim Lamrani
Rebelin


TERCERA PARTE

1. La brutalidad del ejrcito colonial y la suerte de la poblacin

Espaa lanz a sus fuerzas contra el pueblo insurrecto y se ilustr por su ferocidad. En una misiva a su esposa del 5 de agosto de 1871 Cspedes coment los crmenes de la monarqua:

Los espaoles llevan su crueldad hasta este extremo: entran en los ranchos a tiros, matan al que cogen, hacen fuego sobre los desarmados que huyen: si las heridas son leves los acaban de matar; si son graves los abandonan dicindoles que porque huyeron les dispararon. Es hasta dnde puede llegar el abuso de la fuerza y lo que no puede concebirse en el siglo XIX, y a las puertas de los Estados Unidos, que se proclaman los protectores de la humanidad, de la libertad y de la civilizacin. [1]

Evoc las destrucciones que caus el ejrcito colonial pero no se resign a caer en el pesimismo:

La primera finca fue incendiada por Valmaseda y est hoy desierta; la segunda est simplemente destechada, pero tambin solitaria. Antes eran prsperas y visitadas, pero antes ramos esclavos: hoy tenemos Patria. Somos libres! Somos hombres! Cuba, que entonces temblaba al slo nombre de Espaa, ya se bate contra todo su poder, la desprecia y la vence. [2]

Cspedes, sin perder la fe, confes sin embargo que lo afectaban los rigores de la guerra y el peso de las responsabilidades. Obligado a comer a veces una yegua para sobrevivir, se encontraba en un estado fsico lamentable: Yo estoy muy delgado: la barba casi blanca y el pelo no le va en zaga. Aunque no fuertes, padezco frecuentes dolores de cabeza. En cambio estoy libre de llagas y calentura. [3]

Cspedes exiga que el Ejrcito Libertador tuviera una conducta ejemplar. Los insurrectos culpables de crmenes eran condenados a la pena capital. En un correo de agosto de 1872 al General Calixto Garca, lo exhort a mantener una disciplina irreprochable entre las tropas y a mostrarse implacable: Es tiempo ms que sobrado de que desaparezcan los abusos y excesos junto con los hombres que los cometen. Hay hechos que perpetrados y consentidos, deshonran las armas de la Repblica y perjudican a nuestra causa. [Esos males] deben cortarse de raz, aunque sea forzoso echar abajo las cabezas de los que en ellos incurren. Los que cometan crmenes vestidos del uniforme revolucionario deben ser combatidos con ms vigor, si cabe, que los mismos espaoles. [4]

La prioridad del Presidente de la Repblica de Cuba en Armas era ubicar en el centro de las preocupaciones a las poblaciones vulnerables. Cspedes insisti en la proteccin de los civiles en una misiva el General Modesto Daz del 22 de noviembre de 1872:

Las familias deben llevarse a los parajes ms seguros y prestarles de momento toda clase de auxilios, halagndolas mucho y hacindolas ver, as como a todos los dems, la diferencia que hay de vivir en una Repblica con libertad y orden a estar subyugados al degradante imperio de un Gobierno cruel y desptico. [5]

El Presidente de la Repblica estaba resuelto a romper definitivamente los lazos de subordinacin colonial que ataban su patria a Espaa. El nico objetivo, no negociable, de todos los revolucionarios deba ser la soberana plena y total de la isla. En un correo del 17 de julio de 1871 al general Manuel de Quesada, evoc el tema: Nuestro propsito invariable, sean cuales fueren las circunstancias, es no aceptar de Espaa ms capitulacin que la absoluta independencia de Cuba, as como de cualquiera otra nacin que medie y se interese por Cuba: morir todos o ser independientes. [6] Al mencionar una posible mediacin extranjera, Cspedes se refera obviamente a Estados Unidos.

2. El papel de Estados Unidos

Estados Unidos, opuesto a la independencia de Cuba, se neg a brindar ayuda a los revolucionarios y persigui sin tregua a los exilados cubanos instalados en Florida que intentaban mandar apoyo material y militar a los insurrectos. Al mismo tiempo Washington multiplicaba los contratos de armamentos con Madrid para permitirle aplastar la rebelin. Los archivos estadounidenses ilustran que durante toda la Primera Guerra de Independencia Estados Unidos brind su apoyo a Espaa. En un correo confidencial del 29 de octubre de 1872 destinado al embajador de Estados Unidos en Madrid, Hamilton Fish, entonces Secretario de Estado, hizo partcipe de su voluntad de xito para Espaa en la supresin de la revuelta. [7]

No obstante, Cspedes se haba dirigido directamente a Ulises S. Grant, Presidente de Estados Unidos, en un correo del 12 de enero de 1872:

Las ideas que defienden los cubanos y la forma de gobierno que han establecido, escrita en la Constitucin por ellos hacen por lo menos obligatorio a los Estados Unidos, ms que a algunas otras, el inclinarse en su favor. Si por exigencias de humanidad y civilizacin todas las naciones estn obligadas a interesarse por Cuba, pidiendo la regularizacin de la guerra que sostiene contra Espaa, los Estados Unidos tienen el deber que les imponen los principios polticos que profesan, proclaman y difunden. [8]

Pero ese llamado qued en letra muerta. Carlos Manuel de Cspedes era consciente de la oposicin de Washington al proceso emancipador cubano. No obstante, en un primer tiempo el Padre de la Patria, aculado por la tendencia anexionista presente en la Cmara de Representantes de Guimaro, haba ratificado en abril de 1869 una peticin que abra la va a la integracin de Cuba a la Federacin de Estados Unidos. [9]

En un manifiesto dirigido al pueblo de Cuba del 7 de febrero de 1870, Cspedes record que la suerte de la patria dependa nicamente de los esfuerzos y sacrificios de los revolucionarios:

Al lanzarse Cuba en la arena de la lucha, al romper con brazo denodado la tnica de la monarqua que aprisionaba sus miembros, pens nicamente en Dios, en los hombres libres de todos los pueblos y en sus propias fuerzas. Jams pens que el extranjero le enviase soldados ni buques de guerra para que conquistase su nacionalidad. [10]

En una carta a Jos Manuel Mestre, representante diplomtico de Cuba en Estados Unidos, de junio de 1870, el patriota se mostr lcido en cuanto a las intenciones de Washington hacia su pas:

 Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez estar equivocado, pero en mi concepto su Gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nacin y entretanto que no salga del dominio de Espaa, siquiera sea para constituirse en poder independiente; ste es el secreto de su poltica y mucho me temo que cuanto haga o proponga sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos ms eficaces o desinteresados. [11]

Acert Cspedes. Desde el inicio del siglo XIX, Washington ambicion apoderarse de la isla. En 1805 Thomas Jefferson, entonces Presidente de Estados Unidos, declar que la posesin de la isla era necesaria para asegurar la defensa de la Luisiana y la Florida pues es la clave del Golfo de Mxico. Agreg que para Estados Unidos, la conquista sera fcil. [12]

En 1823, John Quincy Adams, entonces Secretario de Estado, evoc la posible anexin de Cuba y elabor la teora de la fruta madura. Segn l, las leyes de gravitacin poltica similares a las de la gravitacin fsica permitiran a Estados Unidos tomar posesin de la isla. Explic su razonamiento:

Una manzana, separada de su rbol de origen por la fuerza del viento, no tiene otra posibilidad que caer al suelo. Cuba, separada por la fuerza de su conexin no natural con Espaa, e incapaz de mantenerse por ella misma, tendr necesariamente que gravitar alrededor de la Unin Americana y slo ella. Esta Unin, por su parte, en virtud de la misma ley, se ver en la imposibilidad de renuncia a admitirla en su seno. [13]

En plena guerra el Secretario de Estado Hamilton Fish redact un memorndum que confirm las preocupaciones de Cspedes:

Cuba es la ms grande posesin insular que est todava entre las manos de un poder europeo en Amrica. Est casi contigua a Estados Unidos. Es sobre todo frtil en la produccin de objetos de comercio que son constantemente buscados en nuestro pas y, con unas regulaciones justas para un intercambio recproco de mercancas, representara un mercado amplio y lucrativo para los productos de nuestro pas. Desde un punto de vista comercial y geogrfico est ms naturalmente conectada a Estados Unidos que a Espaa. [] El desenlace final de los acontecimientos en Cuba ser su independencia [] [a pesar de que] el Gobierno [estadounidense] est obligado a ejercer constantemente una vigilancia absoluta para impedir las violaciones de nuestras leyes por los cubanos que compran municiones o material de guerra o que organizan expediciones militares a partir de nuestros puertos. [14]

En un correo del 10 de agosto de 1871 a Charles Sumner, abogado abolicionista estadounidense, Cspedes denunci el apoyo de Washington a Madrid:

 A la imparcial historia tocar juzgar si el Gobierno de esa Repblica ha estado a la altura de su pueblo y de la misin que representa en Amrica, no ya permaneciendo simple espectador indiferente de las barbaries y crueldades ejecutadas a su propia vista por una potencia europea monrquica contra su colonia que en uso de su derecho rechaza la dominacin de aqulla para entrar en la vida independiente, (siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos) sino prestando apoyo indirecto moral y material al opresor contra el oprimido, al fuerte contra el dbil, a la Monarqua contra la Repblica, a la Metrpoli europea contra la Colonia Americana, al esclavista recalcitrante contra el libertador de cientos de miles de esclavos. [15]

Frente al desdn mostrado por Estados Unidos, Carlos Manuel de Cspedes decidi poner fin a su representacin diplomtica en Washington. En una misiva del 30 de noviembre de 1872, hizo partcipe de su decisin a su enviado especial, Ramn Cspedes Barreiro, en funcin en la capital estadounidense. Explic los motivos:

 No era posible que por ms tiempo soportsemos el desprecio con que nos trata el Gobierno de los Es[tados] U[nidos], desprecio que iba en aumento mientras ms sufridos nos mostrbamos nosotros. Bastante tiempo hemos hecho el papel del pordiosero a quien se niega repetidamente la limosna y en cuyos hocicos por ltimo se cierra con insolencia la puerta. [] Ha venido a llenar la medida de nuestra paciencia: no por dbiles y desgraciados debemos dejar de tener dignidad. [16]

Despreciado por Washington en su aspiracin al reconocimiento, confrontado a las crecientes dificultades de la guerra contra Espaa, constantemente amenazado por las conspiraciones de sus opositores polticos en el seno del Congreso, Carlos Manuel de Cspedes dedic sus ltimos esfuerzos a mantener el precario equilibrio de la Repblica en Armas.

Notas:

[1] Carlos Manuel de Cspedes, Carlos Manuel de Cspedes, op. cit., p. 86-87.

[2] Carlos Manuel de Cspedes, Carlos Manuel de Cspedes, op. cit., p. 88.

[3] Carlos Manuel de Cspedes, Carlos Manuel de Cspedes, op. cit., p. 87.

[4] Carlos Manuel de Cspedes, Carlos Manuel de Cspedes, op. cit., p. 210.

[5] Carlos Manuel de Cspedes, Carlos Manuel de Cspedes, op. cit., p. 236.

[6] Carlos Manuel de Cspedes, Carlos Manuel de Cspedes, op. cit., p. 81-82.

[7] Hamilton Fish, Mr. Fish to General Sickles , 29 de octubre de 1872, Foreign Relations of the United States, 2 de diciembre de 1872, p. 582.

[8] Carlos Manuel de Cspedes, Carlos Manuel de Cspedes, op. cit., p. 144.

[9] Francisco Lpez Civeira, Cspedes, la independencia y los Estados Unidos, Trabajadores, 30 de septiembre de 2018. http://www.trabajadores.cu/20180930/cespedes-la-independencia-y-los-estados-unidos/ (sitio consultado el 2 de julio de 2018).

[10] Carlos Manuel de Cspedes, Decretos, op.cit., p. 20.

[11] Eusebio Leal & Carlos Manuel de Cspedes, El diario perdido, La Habana, Publicimex, p. 23.

[12] Henry Adams, History of the United States During the Second Administration of Thomas Jefferson 1, Volume 3, (1891) Cambridge University Press, 2011, p. 102.

[13] John C. Rives, Appendix to the Congressional Globe. Second Session, Thirty-Second Congress: Speeches, Important State Papers, Laws, Etc., New Series, Volume XXVII, Washington, 1853, p. 1725.

[14] Hamilton Fish, Mr. Fish to Mr. Cushing, 6 de febrero de 1874, FRUS, 7 de diciembre de 1874, p. 859-862.

[15] Carlos Manuel de Cspedes, Carlos Manuel de Cspedes, op. cit., p. 112.

[16] Fernando Portuondo & Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Cspedes. Escritos, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1974, tomo I, p. 84.

 Doctor en Estudios Ibricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunin, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su ltimo libro se titula Cuba, palabra a la defensa!, Hondarribia, Editorial Hiru, 2016. http://www.tiendaeditorialhiru.com/informe/336-cuba-palabra-a-la-defensa.html Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

Fuente original: https://www.humanite.fr/carlos-manuel-de-cespedes-au-nom-de-la-liberte-34-675020


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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