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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2019

Fueron los bombardeos atmicos sobre Hiroshima y Nagasaki un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad?

Rossen Vassilev Jr.
Global Research

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Fue el presidente Harry Truman un asesino, tal como lo calific una vez la reconocida filsofa analtica britnica Gertrude Elizabeth Anscombe? En efecto, fueron los bombardeos atmicos de Hiroshima y Nagasaki un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad, como ella y otros eminentes acadmicos han afirmado pblicamente? La distinguida profesora de filosofa y tica en Oxford y Cambridge, la doctora Anscombe, una de las filsofas ms dotadas del siglo XX, reconocida como la mejor filsofa de la historia, calific abiertamente al presidente Truman de criminal de guerra por su decisin de arrasar con bombas atmicas las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 (Rachels & Rachels, 127). Segn otro crtico acadmico, el difunto historiador estadounidense Howard Zinn, al menos 140.000 personas civiles japonesas fueron "convertidas en polvo y cenizas" en Hiroshima. Ms de 70.000 personas civiles murieron abrasadas en Nagasaki y otras 130.000 residentes en ambas ciudades murieron de enfermedades relacionadas con la radiacin a lo largo de los siguientes nueve aos (Zinn, 23).

Las dos razones ms citadas de la controvertida decisin del presidente Truman fueron la de acortar la guerra y la de salvar la vida de entre 250.000 y 500.000 soldados estadounidenses que probablemente habran muerto en combate si el ejrcito estadounidense hubiera tenido que invadir las islas del Japn imperial. Se afirma que Truman dijo: No poda soportar esa idea y ello llev a la decisin de utilizar la bomba atmica (Dallek, 26).

Pero la doctora Gertrude Anscombe, que junto con su marido, el doctor Peter Geach, profesor de lgica filosfica y tica, fueron los principales defensores en el siglo XX de la doctrina de que las normas morales son absolutas, no creyeron este argumento moralmente cruel: Pero, qu hara usted si tuviera que elegir entre hervir a un beb o permitir que un desastre terrible ocurriera a mil personas (o a un milln, si mil no es suficiente)? El que los hombres elijan matar inocentes como medio de obtener sus fines siempre es un asesinato (Rachels & Rachels 128-129).

En 1956 la profesora Anscombe y otros destacados acadmicos de la Universidad de Oxford protestaron abiertamente contra la decisin de los administradores de la universidad de conceder a Truman un ttulo honorario para agradecer la ayuda estadounidense durante la guerra. Incluso escribi un panfleto en el que explicaba que el expresidente estadounidense era un asesino y un criminal de guerra (Rachels & Rachels 128).

Para muchas personas contemporneas de Elizabeth Anscombe los bombardeos atmicos de Hiroshima y Nagasaki violaron normas tico filosficas como la vida humana es sagrada y matar es un crimen, adems de est mal utilizar a las personas como medio para lograr los fines de otras personas. El expresidente [estadounidense] Herbert Hoover fue otra de las primeras personas crticas que afirm abiertamente que me repugna el uso de la bomba atmica con su asesinato indiscriminado de mujeres y nios (Alperovitz, The Decision, 635).

Incluso el propio Jefe de Estado Mayor del presidente Truman, el Almirante William D. Leahy, que fue laureado con cinco medallas (el oficial militar estadounidense de mayor rango durante la guerra), declar abiertamente que desaprobaba enrgicamente los bombardeos atmicos: En mi opinin el uso de esta brbara arma en Hiroshima y Nagasaki no prest ninguna ayuda material en nuestra guerra contra Japn. Los japoneses ya estaban derrotados y estaban dispuestos a rendirse debido a la eficacia del bloqueo martimo y al xito de los bombardeos con armas convencionales. [...] Me parece que al ser los primeros en utilizarla adoptamos unos principios ticos comunes a los brbaros de la Edad Media. [...] No se me ense a hacer la guerra de esta manera y no se pueden ganar las guerras destruyendo a mujeres y nios (Claypool, 86-87, la cursiva es nuestra).

Por otra parte, las personas que defienden al presidente Truman parecen utilizar el casi utilitario argumento del beneficio para justificar el brutal uso de un arma devastadora de destruccin masiva que mat a cientos de miles de personas civiles inocentes en ambas ciudades japonesas a pesar de que, contrariamente a lo afirmado en muchas declaraciones pblicas de Truman en aquel momento, no hubiera tropas militares ni armamento pesado ni siquiera industrias importantes relacionadas con la guerra en ninguna de las dos ciudades. Debido a que el ejrcito japons haba reclutado a prcticamente toda la poblacin adulta masculina tanto de Hiroshima como de Nagasaki, la mayora de las vctimas de la muerte abrasadora cada del cielo fueron mujeres, nios y hombres ancianos. La excusa que el propio Truman dio muchas veces fue que arrojar las bombas detuvo la guerra, salv millones de vidas (Alperovitz, Atomic Diplomacy. 10). Incluso se jact de haber dormido como un beb la noche despus de firmar la orden final de utilizar las bombas atmicas contra Japn (Rachels & Rachels, 127). Pero lo que Truman deca para justificarse est lejos de ser la verdad y mucho menos toda la verdad.

Desatar un Frankenstein nuclear

A instancias de un colega fsico nuclear, el exiliado hngaro antinazi Leo Szilard, Albert Einstein escribi una carta al presidente Franklin D. Roosevelt (FDR) el 2 de agosto de 1939 para recomendarle que el Gobierno estadounidense empezara a trabajar en la elaboracin de un poderoso dispositivo atmico que fuera un elemento de disuasin defensivo ante la posible adquisicin y uso de armamento nuclear por parte de la Alemania nazi (Ham, 103-104). Pero para cuando finalmente despeg el top secret Proyecto Manhattan a principios de 1942, obviamente el ejrcito estadounidense tena otros planes mucho ms ofensivos respecto a los futuros objetivos de las bombas atmicas estadounidenses. Mientras que los bombardeos convencionales diarios (en los que se inclua el uso de napalm y otras bombas incendiarias) haban reducido a escombros al menos otras 67 ciudades japonesas, incluida la capital, Tokio, reservaron deliberadamente Hiroshima y Nagasaki con el nico propsito de probar la capacidad destructora del nuevo dispositivo atmico (Claypool 11).

Una razn todava ms importante para utilizar la bomba era asustar a Stalin, que haba pasado rpidamente de ser el viejo to Joe durante la presidencia de FDR a convertirse en la Amenaza Roja a ojos de Truman y sus principales asesores. El presidente Truman haba abandonado rpidamente la poltica de cooperacin con Mosc de FDR para sustituirla por una nueva poltica de confrontacin hostil con Stalin en la que el recin adquirido monopolio estadounidense del armamento nuclear se iba a explotar como herramienta agresiva de la diplomacia antisovitica de Washington (lo que Truman denomin diplomacia atmica). Dos meses antes de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki ese mismo Leo Szilard se haba reunido en privado con el secretario de Estado de Truman, James F. Byrnes, y haba tratado infructuosamente de persuadirle de que el arma nuclear no se deba utilizar para destruir objetivos civiles indefensos, como las ciudades japonesas. Segn el doctor Szilard, el seor Byrnes no argument que fuera necesario utilizar la bomba contra las ciudades de Japn para ganar la guerra [] , el seor Byrnes consideraba que el hecho de que nosotros tuviramos y utilizramos la bomba hara a Rusia ms manejable en Europa (Alperovitz. Atomic Diplomacy 1, 290).

De hecho, el Gobierno Truman haba pospuesto la reunin en Potsdam de los Tres Grandes [la Unin Sovitica, Estados Unidos y Reino Unido] hasta el 17 de julio de 1945, el da siguiente de la prueba Trinity, con xito, de la primera bomba atmica en el campo de pruebas de Alamogordo, Nuevo Mxico, con el fin de proporcionar a Truman una fuerza diplomtica extra en las negociaciones con Stalin (Alperovitz, Atomic Diplomacy 6). En palabras del propio Truman, la bomba atmica iba a poner firmes a los rusos y a nosotros en posicin de dictar nuestros propios trminos al final de la guerra (Alperovitz, Atomic Diplomacy 54, 63).

En aquel momento al Gobierno Truman ya no le interesaba que el Ejrcito Rojo liberara el norte de China (Manchuria) de la ocupacin militar japonesa (tal como haban acordado FDR, Churchill, y Stalin en la Conferencia de Yalta celebrada en febrero de 1945) y mucho menos que invadiera o capturara el propio Japn imperial. Todo lo contrario. Deplorando pblicamente los motivos poltico diplomticos ms que militares que hay detrs de la decisin de Truman de atacar Japn con armas nucleares, Albert Einstein se quej de que una gran mayora de los cientficos se oponan al empleo repentino de la bomba atmica. Sospecho que el asunto se precipit debido al deseo de acabar la guerra en el Pacfico de cualquier modo que no fuera la participacin de Rusia (Alperovitz, The Decision, 444). Winston Churchill dijo en privado a su ministro de Exteriores, Anthony Eden, en la Conferencia de Potsdam: Est muy claro que en estos momentos Estados Unidos no quiere que Rusia participe en la guerra contra Japn (Claypool, 78).

Ni siquiera la desesperada oferta de ltimo minuto de Tokio (hecha durante y despus de la Conferencia de Potsdam) de rendirse a los Aliados si estos prometan no perseguir al emperador de Japn que era como un dios o quitarlo de su puesto pudo impedir esta mortfera decisin, aun cuando Truman haba expresado su voluntad de mantener al emperador en el trono (Dallek, 25).

Por consiguiente, salvar las vidas de los soldados estadounidenses no fue precisamente uno de los argumentos ms convincentes de Truman. A principios de 1945 FDR y el general Dwight Eisenhower, Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa, haban decidido dejar la captura de Berln a las tropas del mariscal sovitico Georgi Zhukov, que estaban endurecidas en el combate, para evitar que hubiera muchas bajas estadounidenses. Despus de declarar oficialmente la guerra a Tokio el 8 de agosto de 1945 y tras haber destruido a las fuerzas militares en Manchuria el Ejrcito Rojo de Stalin se prepar para invadir y ocupar las islas que conformaban Japn, lo que sin lugar a dudas habra salvado las vidas de miles de soldados estadounidenses por quienes Truman pareca tan preocupado. Pero despus de la rendicin incondicional de la Alemania nazi en mayo de 1945, Truman haba llegado a compartir el famoso comentario revisionista de Churchill de que hemos matado al cerdo equivocado.

Tampoco est claro si Tokio acab rindindose el 14 de agosto debido a los dos ataques nucleares estadounidense perpetrados el 6 y 9 de agosto respectivamente (despus de los cuales prcticamente ya no quedaba ninguna ciudad japonesa ms por destruir ni ninguna bomba atmica estadounidense ms por arrojar) o debido a la amenaza de una invasin y ocupacin soviticas despus de que Mosc entrara en guerra contra el Imperio de Japn. Unos das antes de la declaracin sovitica de guerra el embajador japons en Mosc haba enviado un cable al ministro de Exteriores Shigenori Togo en Tokio dicindole que la entrada de Mosc en la guerra supondra un desastre total para Japn: Si Rusia [] decidiera de pronto aprovecharse de nuestra debilidad e intervenir en contra de nosotros con la fuerza de las armas, estaramos en una situacin totalmente desesperada. Est claro como el da que el Ejrcito Imperial en Manchukuo [Manchuria] sera completamente incapaz de oponerse al Ejrcito Rojo que acaba de obtener una gran victoria y es superior a nosotros en todos los aspectos (Barnes).

Usar o no usar el arma nuclear

Ms tarde se citaron las palabras de Eisenhower en las que afirmaba que estaba convencido de que no hubiera sido necesario utilizar la bomba para obligar a Japn a rendirse: En aquel momento Japn estaba buscando alguna manera de rendirse con una prdida mnima de prestigio [] no era necesario atacarlos con esa cosa tan atroz (Alperovitz, Atomic Diplomacy 14).

Eisenhower repiti en privado sus objeciones a su superior directo, el Secretario de la Guerra de Truman, Henry L. Stimson: Yo haba sido consciente de un sentimiento de depresin, de modo que le expres mis fuertes recelos, en primer lugar debido a que yo crea que Japn ya estaba derrotado y que arrojar la bomba era completamente innecesario, y segundo porque me pareca que nuestro pas deba evitar escandalizar a la opinin pblica mundial al utilizar esa bomba, cuyo uso, en mi opinin, ya no era obligatorio para salvar vidas estadounidenses (Alperovitz, Atomic Diplomacy 14).

El almirante William F. Halsey, comandante de la Tercera Flota estadounidense (que llev a cabo la mayor parte de las operaciones navales contra los japoneses en el Pacfico durante toda la guerra), coincida en que no haba una necesidad militar de utilizar la nueva arma, que se utiliz solo porque el Gobierno Truman tena un juguete y quera probarlo. [] La primera bomba atmica fue un experimento innecesario. [] Fue un error arrojarla (Alperovitz The Decision 445). En efecto, en aquel momento era bastante seguro que un Japn totalmente devastado, que estaba al borde de un colapso interno, se habra rendido en unas semanas, si no das, sin los bombardeos atmicos de Hiroshima y Nagasaki o incluso sin la declaracin sovitica de guerra a Tokio. Como concluy la investigacin oficial U.S. Strategic Bombing Survey [Estudio sobre el Bombardeo Estratgico Estadounidense] elaborado al final de la guerra, seguramente antes del 31 de diciembre de 1945 y con toda probabilidad antes del 1 de noviembre de 1945 Japn se habra rendido incluso si no se hubieran arrojado las bombas atmicas, incluso si Rusia no hubiera entrado en guerra e incluso si no se hubiera planeado o contemplado una invasin (Alperovitz, Atomic Diplomacy 10-11).

El General de Divisin Curtis E. Lemay, comandante del 21 Comando de Bombarderos de Estados Unidos, que haba dirigido la campaa de bombardeos masivos convencionales contra Japn durante la guerra y arrojado las bombas atmicas sobre Hiroshima y Nagasaki, declar pblicamente: Me pareca que no haba necesidad de utilizarlas [las armas atmicas]. Estbamos haciendo el trabajo con [bombas] incendiarias. Estbamos haciendo mucho dao a Japn. [] Seguimos adelante y arrojamos las bombas porque el presidente Truman me dijo que lo hiciera. [] Es muy probable que todo lo que hizo la bomba atmica fue ahorrar unos pocos das (Alperovitz, The Decision, 340).

Puede que el bombardeo diario de ciudades alemanas y japonesas durante la guerra, incluidos los bombardeos de Hamburgo, Dresde y Tokio, que casi haban acabado con sus poblaciones civiles, hicieran que fuera un poco ms aceptable moralmente para Truman la fatdica decisin de arrojar sobre Japn las dos bombas atmicas llamadas Little Boy y Fat Man. El objetivo declarado de esos despiadados ataques areos que abrasaron las ciudades era destruir la moral y la voluntad de luchar de las poblaciones alemana y japonesa, y de ese modo acortar la guerra. Pero muchos aos despus de la guerra el doctor Howard Zinn (que haba sido copiloto y bombardero de un B-17 que haba volado en docenas de misiones de bombardeo contra la Alemania nazi) reflexion con tristeza: Nadie pareca ser consciente de la irona de que una de las razones de la indignacin general contra las potencias fascistas era su historial de bombardeos indiscriminados contra poblaciones civiles (Zinn, 37). Pero, de hecho, el Secretario de la Guerra, Henry Stimson, el almirante William Leahy y el general Douglas MacArthur no estaban menos afectados por lo que consideraban la barbarie de la campaa area terrorista y Stimson tema en privado que Estados Unidos se labrara la reputacin de cometer ms atrocidades que Hitler (Ham 63).

Era evidente que Japn estaba derrotado y estaba dispuesto a rendirse antes de que se utilizara la bomba, cuyo principal objetivo, si no el nico, era intimidar a la Unin Sovitica. Pero haba varias alternativas viables, algunas de las cuales se discutieron antes de los bombardeos atmicos. El Subsecretario de Marina, Ralph Bard, estaba convencido de que la guerra japonesa se haba ganado verdaderamente y estaba tan preocupado por la posibilidad de usar bombas atmicas contra personas civiles indefensas que consigui una reunin con el presidente en la que, sin xito, insisti con vehemencia en que se advirtiera a los japoneses acerca de la naturaleza del nuevo armamento (Alperovitz Atomic Diplomacy 19). El almirante Lewis L. Strauss, asesor especial del Secretario de Marina, que haba sustituido a Bard despus de que este dimitiera indignado, tambin crea que la guerra estaba casi terminada. Los japoneses estaban prcticamente dispuestos a capitular. Esa es la razn por la que el almirante Strauss insista en que haba que hacer una demostracin de la bomba de modo que no matara a gran cantidad de personas civiles y propuso que [] un lugar adecuado para llevar a cabo esta demostracin sera un gran bosque de rboles no lejos de Tokio (Alperovitz Atomic Diplomacy 19). El general George C. Marshall, Jefe del Estado Mayor del Ejrcito de Estados Unidos, tambin se opona a que se utilizara la bomba en zonas civiles y argumentaba que, en vez de ello, [] esas armas se podran utilizar contra objetivos estrictamente militares como una grandes instalaciones navales y despus, en caso de que no se obtuviera un resultado completo, [] deberamos escoger varias zonas industriales y se avisara a la gente que las evacuara diciendo a los japoneses que tenamos la intencin de destruir esos centros. [] Se debera hacer todo lo posible para que nuestras advertencias sean claras. [] Con estos mtodos de advertencia debemos compensar el oprobio que podra producirse a consecuencia de un empleo poco meditado de esa fuerza (Alperovitz, Atomic Diplomacy, 20).

El general Marshall tambin insisti en que en vez de sorprender a los rusos con el primer uso de la bomba atmica se debera invitar a Mosc a enviar observadores a la prueba nuclear en Alamogordo. As mismo, muchos cientficos que trabajaban en el Proyecto Manhattan insistieron en que se organizara primero una demostracin, incluida una posible explosin nuclear en un mar cerca de la costa de Japn para poder dejar claro a los japoneses el poder destructivo de la bomba antes de emplearla contra ellos. Pero tal como ocurri con las opiniones disidentes dentro del ejrcito estadounidense, el Gobierno Truman tampoco tuvo en cuenta seriamente la oposicin de los cientficos nucleares (Alperovitz Atomic Diplomacy 20-21).

Conclusin

A consecuencia de la inmoral decisin de Truman de utilizar bombas nucleares contra los japos (una palabra peyorativa para designar a los japoneses utilizada comnmente en pblico en Estados Unidos durante la guerra, incluido el propio presidente Truman), muchas ms de 200.000 personas civiles murieron abrasadas instantneamente y otras miles murieron despus a consecuencia de las radiaciones. J. Robert Oppenheimer, el cientfico que diriga el Proyecto Manhattan y padre de la bomba atmica estadounidense, declar que la decisin de Truman fue un error extremadamente grave porque ahora tenemos las manos manchadas de sangre (Claypool 17). Howard Zinn estaba de acuerdo con esta opinin del doctor Oppenheimer y seal que gran parte del argumento para defender los bombardeos atmicos se basa en una actitud de represalia, como si los nios de Hiroshima hubieran bombardeado Pearl Harbor. [] Merecan morir nios estadounidenses debido a la masacre de nios vietnamitas que cometieron los estadounidenses en My Lai? (Zinn 59).

El controvertido general Curtis Lemay, que se haba opuesto a ambas explosiones nucleares, confes ms tarde al ex Secretario de Defensa Robert McNamara (que haba trabajado para Lemay durante la guerra ayudando a seleccionar objetivos japoneses para los bombardeos japoneses): Si hubiramos perdido la guerra todos habramos sido procesados como criminales de guerra (Schanberg). Debido al uso injustificable e innecesario de esas armas de destruccin masiva tan inhumanas e indiscriminadas que se arrojaron sobre Hiroshima y Nagasaki, la profesora Elizabeth Anscombe calific al presidente Truman de asesino y de criminal de guerra. Hasta el da de su muerte la doctora Anscombe crey que se debera haber llevado a juicio a Truman por haber cometido uno de los peores crmenes de guerra y contra la humanidad de la Segunda Guerra Mundial.

Rossen Vassilev Jr. es estudiante de ltimo ao de periodismo en la Universidad Ohio de Athens, Ohio.

Fuentes:

Alperovitz, Gar, Atomic Diplomacy: Hisroshima and Potsdam. The Use of the Atomic Bomb and the American Confrontation with Soviet Power, London and Boulder, CO, Pluto Press. 1994.

-. The Decision to Use the Atomic Bomb, New York, Vintage Books, 1996.

Barnes, Michael, The Decision to Use the Atomic Bomb: Arguments Against, Web, 14 de abril de 2019.
Claypool, Jane, Hisroshima and Nagasaki, New York and London, Franklin Watts, 1984.

Dallek, Robert, Harry S. Truman, New York, Times Books, 2008.

Ham, Paul, Hiroshima Nagasaki: The Real Story of the Atomic Bombings and Their Aftermath, New York, St. Martins Press, 2011.

Rachels, James, y Stuart Rachels, The Elements of Moral Philosophy (octava edicin), McGraw-Hill Education, 2015.

Schanberg, Sydney, Soul on Ice, The American Prospect, 27 de octubre de 2003, consultado el 14 de abril de 2019.

Zinn, Howard, The Bomb, San Francisco, CA, City Lights Books, 2010. [Traduccin al castellano, La bomba, Hondarribia, Hiru, 2014].

Fuente: https://www.globalresearch.ca/were-atomic-bombings-hiroshima-nagasaki-war-crime-crime-against-humanity/5683441

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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