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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2019

Que se vayan todos!
El retorno del momento populista que nunca se fue

Manolo Monereo
Cuarto Poder

El pesimismo se ha convertido en el principal obstculo de Podemos. Gobernar o desaparecer ha sido una mala alternativa


No me preocupa la democracia iliberal. Para combatir el autoritarismo existen muchas personas con buen sentido. Me parece ms peligrosa esta democracia liberal totalizadora, impoltica y antipoltica que encuentra cada vez ms personas que la asumen.

(Mario Tronti)


Enric Juliana, con su estilo peculiar de hacer periodismo, en pleno debate de investidura, public un artculo cuya tesis de fondo era que se abra un espacio poltico en Espaa para un Salvini. Unos das antes, Cesar Rendueles escribi sobre lo mismo pero desde otro punto de vista. Creo que es pertinente relacionar el fracaso y la frustracin de la investidura de Pedro Snchez con algo latente, subterrneo que se da en lo que podramos llamar la recomposicin del sistema poltico espaol. Vox fue ya un aviso, la decadencia de Podemos fue otro y, en general, una restauracin que se impone ms por la debilidad de los dems que por la fuerza de un proyecto con un consenso de masas fuerte. Estn tambin los personajes. En sociedades desvertebradas, con partidos polticos dbiles, con unos medios de comunicacin muy potentes y con la cultura del instante convertida en poltica, los referentes personales cuentan y mucho. De estas jornadas de debate asombra la falta de grandeza, de sentido histrico, de conexin sentimental de una clase poltica que empieza a ser vista como problema, como obstculo fundamental a la solucin de los grandes retos y desafos de nuestro pas. Juliana acierta poniendo la mirada en el otro lado de la realidad que los medios ocultan o velan.

Hay que subrayarlo, venimos de un slido y potente momento populista cuyos efectos se viven an hoy y que, aun habiendo perdido impulso, ha modificado y de qu manera- el sistema de partidos y marcado con fuerza la agenda poltica. Conviene recordar que aqu hubo una rebelin social y ciudadana de carcter democrtico, pacfico y propositivo que situ en la escena poltica la necesidad de una renovacin sustancial de la democracia y que puso en crisis al Rgimen del 78. Las polticas de crisis desvelaron tres cuestiones que determinaron el debate. Primero, que el bipartidismo era un partido-rgimen; es decir, una forma-poder que estaba de acuerdo en lo fundamental y diverga en lo accesorio. En segundo lugar, que el bipartidismo era una forma de organizar el poder para que mandaran los que no se presentan a las elecciones, la oligarqua financiera y empresarial. Tercero, que la corrupcin no era algo episdico, excepcional, singular sino que era el mecanismo bsico que los poderes econmicos tenan para controlar a una clase poltica cada vez ms subalterna; la corrupcin era sistmica. Podemos, su ncleo dirigente, fue capaz, en ese momento, de traducir polticamente todo un conjunto de demandas insatisfechas, de rabia social acumulada, de impotencia por ver, de nuevo, cmo la crisis la pagaban las clases trabajadoras, los jvenes emigraban y la precariedad se converta en un modo de vida.

Lo que ha pasado despus es conocido. Lo primero, una reaccin brutal contra Podemos y su ncleo dirigente en la que se emplearon todo tipo de armas y se us y abus de las llamadas cloacas del Estado. Lo segundo, las fuerzas polticas tradicionales tuvieron que acomodarse a la nueva realidad. La agenda la marcaba Podemos exigiendo nuevas polticas y nuevas formas de ejercerla. En tercer lugar, se fue confeccionando una hoja de ruta con temas significativos: reformas constitucionales y proceso constituyente, centralidad de la cuestin social, democracia participativa y lucha sistemtica contra la corrupcin. El enemigo estaba claro, la oligarqua, los poderosos, los que verdaderamente mandaban y controlaban al partido del rgimen. Si comparamos esta plataforma moral e ideal con la realidad poltica de nuestro pas hoy, se entender lo mucho que los poderosos han avanzado en estos aos y por qu el impulso del cambio se ha ido agotando.

Hay un asunto que creo que cambi mucho el marco del debate. Es la llamada cuestin territorial; es decir, el proceso secesionista en Catalua. La fortaleza del movimiento independentista cataln era grande, pero la reaccin en el conjunto del Estado fue enorme. Creo que no se han sacado, al menos explcitamente, todas las consecuencias de una situacin que generaba una crisis existencial del Estado y una ruptura de la comunidad poltica catalana. Esto tiene que ver con un tema crucial y durante mucho tiempo despreciado. Me refiero a la cuestin de la soberana y del Estado nacin en Europa. Para decirlo con claridad: retorna en todas partes la reivindicacin de la soberana y se le niega a Espaa. La consecuencia ms visible, la emergencia, ms o menos difusa, del nacionalismo espaol como fenmeno de masas y la recomposicin de los aparatos e instituciones del Estado cuyo elemento ms significativo fue la abdicacin del rey. En estos ltimos tiempos hemos asistido a una profusin de calificaciones, anatemas e insultos en torno a debates sobre el populismo en Europa y, especficamente, en Espaa. Emilio Gentile ha puesto orden en el asunto reclamando la especificidad de los fenmenos histricos y poniendo en cuestin la jerga impuesta por los agentes de lo polticamente correcto. Vox no es fascismo y, lo fundamental, poco tiene que ver con el populismo de derechas verdadero, es decir, con el de Le Pen o Salvini. Vox es una fraccin del Partido Popular, culturalmente nacional-catlica que reivindica el liberalismo econmico, que defiende a la monarqua y que es, como todas las derechas, ferozmente anticomunista; si se quiere, neo franquismo sin ms.

Volvamos al momento populista. Mario Tronti lo ha dicho en un libro sabio y hermoso (El pueblo perdido. Por una crtica de la izquierda): El populismo es la forma, una de las formas en la que se reproduce peridicamente el problema irresuelto de la modernidad poltica, la relacin entre gobernantes y gobernados. La novedad es que se da de forma indita en formaciones sociales post industriales y en sistemas polticos post democrticos. Se trata de un fenmeno muy general y que afecta, al menos, a Europa en su conjunto. Ha sido sealado por autores muy diferentes (Gentile, Mouffe, Mair, Capella, Formenti) que ponen el acento en la crisis de la democracia realmente existente y la transicin hacia otro sistema (democracia recitativa, democracias perfeccionadas y limitadas, democracias autoritarias). En su centro, la globalizacin capitalista y la integracin europea; la erosin planificada del Estado nacin y la desnaturalizacin de la soberana popular percibida por las poblaciones como prdida de una democracia efectiva, de derechos y libertades reales, impotencia de una ciudadana sin poder. Solos, dbiles y sin futuro. La creacin consciente del miedo, es decir, de individuos aislados, sin derechos y vnculos genera inevitablemente demandas de proteccin, seguridad, justicia y orden en las sociedades. Detrs de un momento populista siempre hay un momento Polanyi que crea condiciones y posibilita agregaciones. La socialdemocracia (la izquierda) se ha ido configurando, cada vez ms, como parte de una clase dirigente cosmopolita, globalista, que, no solo no entiende las necesidades y demandas de las clases populares, sino que tiende a despreciarlas como atrasadas, inadaptadas, ligadas al folklore del patriotismo.

El momento populista retorna pero aqu acierta de nuevo Juliana- desde el otro lado, por as decirlo, desde el populismo de derechas. Hay dos preguntas: por qu? y cmo evitarlo? Mucho tema para un artculo, pero conviene iniciar el debate. A mi juicio, tiene que ver con dos elementos: la debilidad del proceso de restauracin en marcha y la homologacin de Unidas Podemos. El partido del rgimen no ha sido capaz an de organizar un consenso en torno a una reconstruccin del mismo (tambin en esto la situacin de Espaa es similar a otros pases europeos). En puridad, este es el gran objetivo de Pedro Snchez y es lo que ha hecho fracasar la constitucin de un gobierno de coalicin. El superviviente Snchez aspira a un PSOE eje de la recomposicin del sistema poltico, capaz de estabilizarlo y hacerlo durar, fortalecer la legitimidad de la monarqua y establecer slidos lazos con los poderes econmicos en momentos en los que el ruido de crisis crece y la geopoltica mundial cambia aceleradamente. En esto tampoco hay que tener dudas; la clave es reducir la complejidad y volver, de una u otra forma, al bipartidismo poltico, a la alternancia, al turnismo. La autonomizacin de Ciudadanos tiene mucho que ver con esto y no s si les dar para convertirse en la Liga de Espaa.

Lo de Podemos no es fcilmente comprensible. Una fuerza poltica que tuvo ms del 20% del voto, que modific, en muchos sentidos, la agenda pblica y que fue capaz de representar a una parte muy significativa de las clases populares y, especialmente, de la gente joven, fue mutando de lo que podramos llamar su plataforma poltica-programtica originaria hacia una normalizacin que la desnaturalizaba y le acercaba, cada vez ms, al espacio del PSOE. Lo que est claro es que, en algn momento, el ncleo decisorio de Podemos lleg a la conclusin de que la clave para el futuro de la formacin poltica era tocar poder, gobernar con el PSOE. Lo ms curioso es que esto se propone en un momento en el que el impulso del cambio se estaba agotando y en el que se entraba en una guerra de posiciones. Lo aclaro. El asalto a los cielos se pospona en el tiempo y entrbamos en una fase de equilibrio catastrfico donde lo viejo pasaba a la ofensiva y lo nuevo mostraba debilidades muy significativas; debilidades de proyecto, de estrategia, de direccin poltica. Hablar de guerra de posiciones no significa no hacer poltica, maniobrar, tomar iniciativas; se trata de poner el acento en construir identidad, insercin social, polticas de alianzas, creacin de cuadros y, sobre todo, definir con precisin un proyecto alternativo de pas. Claro est, esto requiere tiempo, sufrimiento, sacrificio. Algunos nos preguntamos si para evitar esto se escogi el atajo de gobernar, s o s, con el Partido Socialista.

Una de las claves de este proceso (que por cierto se ha discutido muy mal) ha sido aceptar la estrategia discursiva que sita en el eje del debate poltico la contraposicin izquierda y derecha. Merece la pena detenerse un momento. Nunca dijimos que esta contraposicin no tuviese sustancia social y que no fuera un referente para una parte significativa de la poblacin. Lo que decamos es que ya no tena la relevancia que tuvo en el pasado y que haba aparecido otra nueva de mayor calado, la que opona a los de arriba frente a los de abajo. Eso que se llam despus el 99% (el pueblo a construir) y el 1%, la oligarqua que mandaba a travs de los partidos tradicionales, entre ellos es PSOE. La transversalidad no era moderacin o desnaturalizacin del conflicto de clases, sino una estrategia discursiva y poltica para organizar un sujeto poltico-pueblo en torno a un proyecto alternativo; el conflicto de clases se articulaba en torno a la lucha por la hegemona en la direccin poltica del pas. Seguramente esto hoy requerira otras formulaciones pero es bueno argumentar el por qu se cambia y, sobre todo, para qu y para quin.

Parafraseando a un clsico, cmo hacer frente a la amenaza del populismo de derechas y cmo combatirlo? La propuesta es siempre ms difcil que el anlisis y, desde luego, no tengo la soberbia para responder a dilemas que exigen debate colectivo, prctica poltica y un horizonte de posibilidad que hay que evaluar con detenimiento. Rendueles ha sealado camino y yo solamente aporto atisbos en lo que he escrito en estos ltimos tiempos. Lo dir provocadoramente: la mejor forma de impedir el surgimiento y el desarrollo de un populismo de derechas en Espaa sera impulsar lo que muchos de nosotros hemos venido defendiendo desde hace tiempo, un populismo de izquierdas. Ms all de los debates habidos y los existentes, se debe partir de lo sustancial, de lo nuevo, de lo histricamente determinado: la derrota histrica del socialismo, es decir, de la ausencia del proyecto emancipatorio que durante siglos ha definido el imaginario de las clases subalternas. Por eso, el debate del populismo de hoy es diferente al del pasado.

El pesimismo se ha convertido en el principal obstculo de Podemos. Gobernar o desaparecer ha sido una mala alternativa. Hay futuro si somos capaces de reconstruir, desde abajo, un proyecto colectivo que promueva la auto-organizacin y la iniciativa colectiva, que se dote de un proyecto de pas viable y asumido por las grandes mayoras. Un partido de oposicin al rgimen que trabajosamente se recompone pero que da muestras de debilidad. Un partido patritico que combata el nacionalismo, todos los nacionalismos y que defienda la soberana popular. Un partido republicano que apueste por el autogobierno de las poblaciones, por el constitucionalismo social y el federalismo. Un partido comprometido con las clases trabajadoras y que haga suyo el ncleo rojo de la emancipacin social, es decir, una sociedad alternativa al modo de producir, consumir y vivir del capitalismo, el socialismo. Un partido, en definitiva, eco feminista que haga la sntesis cotidiana entre las viejas y las nuevas contradicciones de un mundo que est obligado a salir de una barbarie que parece no tener alternativa.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2019/07/29/manolo-monereo-que-se-vayan-todos-el-retorno-momento-populista-que-nunca-fue/



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