Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2019

"He visto cmo desaparecen pruebas, testigos, y cmo un pacto de silencio paramilitar, de comandantes y gatilleros que encubren a sus jefes y sus jefas, a la gente de bien, hace del televisor un vmito de imgenes"
Veinte aos de impunidad paramilitar en el Valle del Cauca

Alexander Escobar
REMAP


Caminar tras las huellas de quienes financiaron el paramilitarismo en el Valle del Cauca es un recorrido que nos devuelve a pisar nuestros propios pasos, volver a lugares donde las pistas de empresarios, batallones y generales que masacraron a plena luz y sin ocultar su infamia ante la sociedad, permanecen vivas gracias a eso mismo, a la impunidad que recuerda que ese camino no tiene fin, que habr que recorrerlo porque heredamos la memoria de miles de vctimas que, de tanto recordarles, son nuestro nico presente, ese que no ha sido, que fue cambiado por una sociedad indolente que vive de genocidio en genocidio sin sacrificar nada para detenerlo.

Volver tras esas huellas es recordar que no hay cifras que den cuenta real de las vctimas; es recordar imgenes y voces de personas que tenan una historia de dolor, tantas, que fue imposible documentar mientras se caminaba ingenuamente creyendo que todo poda registrarse en una investigacin, en un discurso de derechos humanos, en una imagen, o en una libreta que finalmente terminaba mojada en licor.
En la pista de esas huellas he visto cmo desaparecen pruebas, testigos, y cmo un pacto de silencio paramilitar, de comandantes y gatilleros que encubren a sus jefes y sus jefas, a la gente de bien, hace del televisor un vmito de imgenes que condena a contemplar polticos y empresarios responsables de este plan macabro que el 31 de julio 1999 present de manera oficial a los paramilitares del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), terrorismo de Estado que en pocos aos asesin a cerca de 2.000 mil personas en el Valle del Cauca.
Remascando esas huellas tambin he visto a exmilitares que evadieron su responsabilidad, sus crmenes, y que, a pesar de las pruebas, nunca fueron condenados. En este insaciable caminar les he visto tomando ejemplo de sus exjefes: camuflando el horror en los negocios, combinndole, y creando empresas para convertirse en contratistas del Estado.

Hace siete aos de dej parte de m, un pedazo de trocha en el documental Memoria y dignidad campesina. Esas huellas las visito a diario. En ellas hasta creo que puedo ver y oler los peridicos de la biblioteca municipal de Tulu que desaparecieron, fantasmas de papel que hoy s que contenan fotos de agentes infiltrados del Estado; peridicos que an hoy trato de encontrar, de conocerles, y que me recuerdan cmo generaron en m una atmsfera de misterio y cautela, de incertidumbre, como si viviera una pelcula surreal.

Documental Memoria y dignidad campesina

Cuando todo esto se recuerda, resulta imposible aferrarse a la vida sin aferrarse a la tragedia, a sus formas y matices que al final dejan de ser llanto, quejido, para devenir en grito colectivo, en denuncia, resistencia y manos amigas que levantan la dignidad y lucha del pueblo campesino que sigue firme despus de tanto dolor e infamia perpetrada por el terrorismo de estado, sus paramilitares.
A los recuerdos de esas manos uno se aferra, del mismo modo que la gente se aferra al recuerdo que somos cada vez que volvemos a caminar el territorio. Y entonces solo basta mirarnos, sin decirnos nada, mientras los corazones crean puentes, y las huellas los atraviesan.
Gracias por tanto a quienes hoy no estn, por esa bella clandestinidad que prolong la vida enseando a celebrar el insomnio y sus portales, para conspirar sin tregua a toda hora, y jams flaquear en esta lucha, nuestra lucha que no termina, que sabremos heredar hasta que la memoria derrote a la tirana.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter