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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2019

40 aos de la revolucin sandinista
Debatir es necesario

Ral Zibechi
La Jornada


Quienes crean que la crtica y la autocrtica son intiles, o peligrosas, pueden leer los discursos e intervenciones de Lenin despus de 1917, ante sus compaeros, en los congresos y plenos del partido y de los soviets. Observarn la rigurosidad de sus anlisis, implacables con los errores y desviaciones, intransigentes con sus ms cercanos camaradas.

Siempre fue as, pero desde la toma del poder gan en densidad y precisin, indagando siempre temas nuevos. Le exasperaban la burocracia y las trampas que sus compaeros se hacan para rehuir los problemas que creaban o no eran capaces de resolver. Todos los revolucionarios, en todo tiempo, fueron implacables con el campo en el que militaban, porque se jugaban la vida y despreciaban los cargos.

Cuando se cumplen 40 aos del triunfo de la revolucin sandinista, no se han escuchado anlisis profundos de las izquierdas hegemnicas, pese a que el proceso encabezado por Daniel Ortega naufraga en la corrupcin y la represin, dejando tras de s una estela de asesinados, torturados, presos y exiliados. Un connotado acadmico dijo, das atrs, que la masacre de abril fue de una sobriedad ejemplar (...) muestra de un temple y una capacidad de respuesta constructiva, generosa, patritica.

Los anlisis ms serios provienen estos das de ex comandantes que han abandonado el FSLN en diversos momentos. Mnica Baltodano, Dora Mara Tllez, Luis Carrin, Henry Ruiz y scar Ren Vargas, entre los ms conocidos. Por razones de espacio me centrar slo en dos de ellos.

Baltodano considera al rgimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo como una dictadura, en artculo publicado en Brecha (https://bit.ly/2LOHStj). Asegura que la inmensa mayora de comandantes de la revolucin, guerrilleros, combatientes populares y gente del pueblo que se incorpor masivamente a la insurreccin final, repudia el orteguismo, sus atrocidades y la represin desatada, que incluye segn las conclusiones de la Comisin Interamericana de Derechos Humanos crmenes de lesa humanidad.

Denuncia la represin policial-militar y paramilitar desatada por Ortega contra estudiantes y campesinos, que no duda en calificar como masacre, perpetrada a partir de las movilizaciones populares de abril de 2018 contra los recortes en el sistema de pensiones.

Aliado con banqueros, grandes empresarios y con Estados Unidos, a partir de 2007 Ortega se convirti, segn la ex comandante, en paladn del capitalismo y del libre mercado, de las facilidades a las trasnacionales, del brutal extractivismo, de la explotacin de los recursos naturales y de la privatizacin de toda la riqueza pblica. Le indigna que algunos partidos de izquierda e intelectuales apoyen al rgimen, aun despus de la matanza que dej cientos de muertos, miles de heridos y mutilados, as como ms de 70 mil refugiados polticos.

Carrin se centra en la autocrtica, pero luego de reconocer que fue parte de lo que denuncia en un extenso artculo en la revista Envo (https://bit.ly/2Otr6lC). Se detiene en la descripcin de las realizaciones de la revolucin en la salud y la educacin, el empoderamiento de los sectores populares y la reforma agraria. La crtica comienza con el hecho de que los sandinistas asumieron un poder absoluto, que los llev incluso a colocar a la sociedad y a los movimientos bajo su control, siguiendo la lgica del partido nico.

La conversin de las organizaciones sociales en correas de trasmisin de la direccin del FSLN, en la peor tradicin estalinista, fue de la mano de la acusacin de contras (contrarrevolucionarios) a quienes no se alinearan con las decisiones de arriba. En ningn terreno se acept pluralidad, ni siquiera en las organizaciones de mujeres, de campesinos o de pobladores urbanos. Todo deba pintarse de rojinegro, reconoce Carrin.

Con el paso de los aos, podemos entender la poltica hacia los miskitos de la Costa Caribe, a quienes se les intent imponer la lgica sandinista, que sentan como una nueva colonizacin. Se trat de los tradicionales errores de una poltica centrada en el Estado, pese a lo cual los propios sandinistas intentaron corregirlos con la declaracin de autonoma, en lo que considera un mrito del gobierno revolucionario.

Diferente es el trato que recibi el campesinado, que Carrin estima clave para el descarrilamiento de la revolucin. Sostiene que la guerra entre los sandinistas y la contra apoyada por Estados Unidos, no se habra generalizado si no se hubiera producido un alzamiento masivo contra la revolucin de los campesinos del centro del pas, desde el norte hasta el sur.

En este aspecto, considera que hubo un abuso con las confiscaciones de tierras que, inicialmente, afectaban slo a los somocistas pero luego se aplicaron a las personas que no apoyaban la revolucin. Un problema adicional es que las confiscaciones las ejecutaron funcionarios y dirigentes polticos que venan de las ciudades con una visin ideolgica del campo, sin conocer la identidad de la sociedad campesina.

El sandinismo reprodujo la actitud colonial/patriarcal de los partidos de izquierda hacia los campesinos y los pueblos originarios. Segn Carrin, una incapacidad de relacionarse con el campesinado, que hablaba otro idioma, distinto al de quienes llegaron al campo representando a la revolucin.

Por ltimo, los comandantes abordan el problema de un poder revolucionario que reproduce las culturas polticas ya existentes en las sociedades pre-revolucionarias. As como Stalin (y el conjunto del partido bolchevique) reprodujo la herencia del poder zarista, Ortega se inserta en la tradicin autoritaria de Nicaragua, donde la dictadura de Somoza dur medio siglo y fue precedida por otras similares.

Cmo hacer para no reproducir y para transformar las culturas polticas hegemnicas? Este es el ncleo del debate que nos debemos y que, por ahora, slo los movimientos de mujeres y de pueblos originarios comienzan a responder.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2019/08/02/opinion/017a2pol



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