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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2019

Estados Unidos contra Irn
Los mviles de una guerra sin motivo

Juan Alberto Snchez Marn
Rebelin


Empezaron por hacernos creer la mentira puesta en marcha por razones falsas, en beneficio de valores que no son ni contienen las cualidades anunciadas. Fingen una coalicin de gobiernos fariseos y de doble cara, la cual esperan movilizar con justificaciones que enmascaran las intencionalidades autnticas. Una buena cantidad de la poblacin mundial acepta que son pases los que as actan, pueblos enteros los que obran de tal o cual modo y contra otros, y que suman millones las personas que opinan e idean esto o aquello.

No es as. Unos pocos trazan el curso de los acontecimientos y vuelan a punta de falacias los cimientos de la realidad, y a travs de los medios dominantes afianzan los yerros. Sobre la estupidez, oscurantismos e infundios, descansan plcidas las equivocaciones, y en la propagacin son conviccin, cuestin de fe: la verdad.

Resolvieron convencernos, una vez ms, de que el embarque es gesta y las provocaciones de Estados Unidos a Irn justa causa, cuando la doctrina es componenda y en la aventura ni los Estados Unidos son tales. Porque este pas, adentro, engloba otros y contraindicados: la autoridad antisemita de Israel, engendro en las entraas del monstruo, y Arabia Saudita, otra pistola en la cien del dlar. Y, en los lindes, dos o tres reinos ms del Golfo Prsico y varias naciones europeas. Pero esto tampoco es cabalmente cierto. Lo que entendemos por Estados Unidos, en esencia, es slo una flor y nata reducida, autoritaria e insaciable, junto a las aristocracias an ms minsculas de varios estados devotos.

Mirado en detalle, estamos enfrente del podero de unos cuantos sujetos opuestos al mundo: una clase innombrable contra todos. En estos trminos, los Estados Unidos demonizan a Irn, Venezuela, Siria, Palestina, en fin, pero fracturan aliados y amigos, y, con toda seguridad, se destrozan ellos mismos. Ningn pas ms devastado por Estados Unidos que los propios Estados Unidos. La validez histrica termin siendo negada por la mitologa hollywoodense y los arquetipos del bandido, y sus grandes y mejores hombres renegados. Una desolacin que naci hace alrededor de cuatro siglos, desde los albores de la grandeza efectista del Destino Manifiesto.

La realidad se hace falsa

Quienes asumen la tarea de la desinformacin en nuestras sociedades, en vez de abordar aquello que circula sobre determinados hechos para confeccionar su exposicin desvirtuada, elaboran ms bien una curiosa lectura a partir de expresiones ms o menos dichas y de hechos que a medias o en parte ocurrieron. Y la trampa est armada. Nada nuevo.

La desinformacin, que hace rato extravi la acepcin de falta de informacin, con el paso de los das tiene poco que ver con acallar una comunicacin o amordazar unas voces. La generalizacin de la tecnologa y las redes empantan las omisiones planificadas con esmero.

Antes que descuadernar la noticia o deconstruir el alegato, cobra fuerza la construccin de una nueva interpretacin tendenciosa del entorno, hacer verosmil cierto discurso tergiversado de la realidad, pero, sobre todo, prevalece la prctica de suministrarle hechos a la manufactura meditica.

Montaje arbitrario o parcial, simulacin a conveniencia, ninguna premisa comienza de la nada. Puede que se recurra a los viejos entusiasmos lingsticos y retricos de tomar la parte por el todo o lo contrario, el todo por la parte, en unos casos, o de que los rboles no dejen ver el bosque, en otros. Llmense como se quiera las maas, no importa. El lenguaje siempre estar dispuesto a echarle una mano al desorden y la adulteracin.

A las viejas seducciones del cuento bien contado, el sensacionalismo grfico del ktchup y la hiperestesia de folletn se les agregan las modernas herramientas disponibles, cada da cambiantes y ms asombrosas, de las narrativas inmersivas digitales a los deepfakes y dems entornos extraordinarios que auxilian el engao.

Slo que el fundamento de las argucias utilizadas para los ensamblajes, por altisonantes que sean o lo parezcan, no deja de contener los mismos elementos que distinguen al montaje ms burdo: artificios, atiborramiento, distorsiones, desequilibrios. Si hablramos de arte, sera barroquismo. Pero no es arte. S, es un abuso, no de lo ornamental, sino de las eventualidades sembradas. El acontecimiento como tctica y recurso del relato en los medios dominantes y a su incondicional disposicin.

La desinformacin, simple y llanamente, que no precisa de retorcer los sucesos ni de malinterpretarlos porque la distorsin es constitutiva. Campaas de afn, maniobras irreflexivas, sabotajes, piratera mediante interpuestos, amenazas y rumores inherentes a la exposicin premeditada. Y aterrorizar, de paso, en el ejercicio de controlar y someter.

El incidente provocado para la accin meditica, difundido al unsono; flagrante, aceptmoslo, pero bien avenido con esa ilusin de farndula que es la libre expresin en nuestras democracias, para no perder la congruencia, desde luego, tambin aparentes, aunque cada vez ms dejados de lado los modales.

No vale la pena preocuparse porque una verdad sea incuestionable o falsa al descaro. La verdad apenas es legtima si corresponde al ensamblaje concertado, es decir, si encaja en la ficcin constituida. Lo restante, tolerablemente verdico, carece de sentido; ser negado, cante el gallo lo que quiera.

La realidad es circunstancial y en buena medida figurada. La narracin se esfuerza en sus funciones de soporte y el discurso crea las justificaciones con base en las vaguedades que le siembran. En auxilio de la coherencia despeada acudirn nuevas andanzas, otras infamias. Son los Estados Unidos que sabemos, por ejemplo, tratando de hacer de las suyas en Venezuela. Y, sin duda, en Medio Oriente.

Y lo falso se despea

Pero algo no marcha como es debido. Tal vez porque el otro, el enemigo que no lo es, el pas perfilado como antagonista y recreado como perverso, lee con bola de cristal los embustes mal ideados, o bien concebidos y regularmente ejecutados, o bien ejecutados y carentes de articulacin.

Quizs porque las estrategias acometidas con el armamento de ltima generacin e inteligencias de pelcula mala, y con los intensos vientos de la especulacin a favor, son las mismas de un siglo atrs en el Caribe y ms de medio en los mares del Sur. Flamantes los artefactos, desgastados los artilugios. De uso comn las claves indescifrables.

A lo mejor, porque esos adversarios menospreciados, despus de todo, no se corresponden con los informes suministrados por los agentes de las diecisis agencias registradas de la Comunidad de Inteligencia ni con los algoritmos a sueldo de Silicon Valley. Los contrarios piensan ms de lo que los ms lcidos pensaron, y, segn los cmputos, son ms astutos que la parasitaria Inteligencia.

No obstante, el guin est escrito. Fichas del poder urdieron hace rato la trama y urgen la ejecucin. Terceros dudan, detallan rubros, efectan clculos. Examinan consecuencias, no para el pueblo acorralado ni la humanidad, sino las particulares de la bolsa y del bolsillo.

Cuestiones del capitalismo y sus pautas, que tienen que ver con los procedimientos ingeniosos para que siga fluyendo a gotas el petrleo por el estrecho de Ormuz y nada con evitar que se viertan barriles de sangre en caso de confrontacin.

Irn es la regin

Los hostigamientos se sueltan como perros rabiosos hacia una zona inquieta e inquietante. Con todos los bros contra Irn, el blanco sin contemplaciones, arguyndose pretextos insostenibles. En el trasfondo, los genuinos objetivos; anchos, pero no ajenos.

Claro que Irn yace sobre un pozo de petrleo y gas, y que en su interior contiene los minerales preciados por los depredadores. Algo tentar eso. Expoliar el petrleo y descomponer al pas podra ser casi tan lucrativo como lo son los constantes amagos de incendiar el polvorn sin hacerlo, elevando unos precios que retardan el quiebre de otro fraude entre tantos: la perforacin hidrulica (fracking), que suple el petrleo requerido para hacer a "los Estados Unidos grandes de nuevo" (Make America Great Again) a costa de daos medioambientales que no fastidian, muertos de cncer que no le estorban al control demogrfico y deudas exorbitantes que apaar la Reserva Federal con su mgica maquinita de estampado de billetes.

Pero la arremetida, asimismo, es contra la seguridad regional, porque Irn ha sido el sostn de la estabilidad en un lugar que arde y constituye un freno para las filtradas apetencias de balcanizacin de Siria e Irak. Otro motivo por el que Irn desempea un papel insoportable para los Estados Unidos y los proyectos de dominio.

Irn cuenta con una ubicacin geoestratgica del mayor relieve, se configura como potencia y contrapeso militar, econmico, cientfico y tecnolgico, representando un obstculo para los nimos de expansin y control territorial de las lites elegidas de Israel y para los abusos de la violenta monarqua saudita. Y cunto pesan en esa balanza los acuerdos militares con pases como Rusia y varios de la regin?

De otra parte, como lo supuso durante la red de rutas inmemoriales, desde mucho antes del milenario Camino Real Persa de Dario I, la privilegiada superficie de Irn jugar un papel central y decisivo en la Nueva Ruta de la Seda, el magno empeo de China que involucra ms de sesenta pases y conecta a Asia y Europa.

En la antigedad, y por los siglos de los siglos, Persia fue el cruce de los caminos comerciales, el punto oriental de llegada de los mercaderes europeos y el mercado al occidente para los abastecedores procedentes de China y el resto de Asia. En el presente, la interconexin iran, partiendo de la ferroviaria, ser insustituible, y abre los derroteros al Golfo Prsico y al Mediterrneo. Una integracin y un desarrollo agobiantes para Washington.

Ms all de eso, y quin sabe en qu orden de prioridades lo dispongan los obsesos dirigentes estadounidenses, Irn es el indeseado prototipo que ha cumplido las cuatro dcadas en las narices de tanta codicia: un fuerte aliento de soberana para la regin, y, gracias a los injustificados y reiterados asedios, para el mundo.

Que siga la funcin!

Los misiles se enfrentan con las bateras antimisiles, los tanques con los caones antitanque, los cazas supersnicos furtivos con la sofisticada artillera antiarea. Las patraas acomodadas delante de cmara y micrfonos, las fbulas en el teleprnter, las primicias de puesta en escena, en cambio, no se combaten con similares argucias, ni siquiera con las evidencias.

La mentira tiene ventajas tan ilustres como la relatividad de lo que afirma y cmplices tan taimados como la objetividad, una costura a la medida de los medios dominantes, y la perspectiva, el ponderado punto de vista, la norma artera con la cual el poder pretende frustrar la crtica. Y, por lo general, lo consigue.

Slo una equilibrista camina sin inmutarse por la cuerda floja de verdades amaadas y mentiras correctas: la honestidad, que es inmune a las disyuntivas de extorsin y a los falsos dilemas plantados como atadura. No es fcil, por supuesto, encarar las maniobras duales y de heterogneos tipos: blicas que son mediticas, diplomacias que son maquinacin; la mano que se extiende en zarpazo, los sosiegos fraguando la encerrona.

Quedar recurrir a los trucos certeros del Sastrecillo valiente (Grimm, 1857) para vencer al gigante, que, aparentando atenerse a sus crueles reglas de juego, las desnaturaliza; asumiendo los retos, los sortea con ingenio, y que ante lo inexorable arremete de frente con la imaginacin. Dnde caern los golpazos?

Grave, eso s, que la materializacin de la guerra termine suspensa de hilos delgados: como trampa, originada en operaciones encubiertas o de falsa bandera; como riesgo, gestada en cualquier contratiempo o malentendido, incluso, por fuera del libreto original.

La guerra, sin desatarse, ya es espectculo; soporta gigantescos negocios, provee cohesiones, esconde las afrentosas reculadas en la guerra comercial y nutre de hazaas los discursos patrioteros y vehementes. De lleno en la contienda electoral, qu ms peras pueden pedirle republicanos y demcratas al olmo?

Un da de estos aos

En las oficinas de mando se confrontan por ensima vez los argumentos de quienes defienden las conveniencias polticas de la actual administracin, y, seamos crdulos, del Estado, injerencista e imperial, sumido en una profunda crisis, y los que abogan por los rditos netamente corporativos.

Encima, por qu no, unos puos ms yendo y viniendo en el pugilato de larga duracin que libran el Estado-nacin y los Estados Frankenstein del mercado. La escena, claro est, no se registra en blanco y negro; no estn penetradas las organizaciones empresariales por agentes estatales y s lo est el Estado, cuando se refiere a contribuyentes y ciudadanos de a pie, por los burcratas corporativos.

Empatizan ambas intenciones de cpula en unos aspectos, no tanto en otros. Del equilibrio que se logre entre las coincidencias y las diferencias de esos intereses, de la activa presin de la industria armamentstica, del abanico de chantajes que invoquen los cabildantes sionistas y rabes, de las cbalas de los gurs econmicos de la Gran Manzana y sus transacciones, continuarn dependiendo la guerra y la paz en Medio Oriente. O sea, de la moneda cargada dando vueltas por los aires.

Hay que esperar que al lenguaraz pap de Boris Johnson no le falte razn y que el nuevo primer ministro del Reino Unido, la nsula de terratenientes del siglo XIX con un parlamento simblico y la reina de carne y hueso ms onerosa de cualquier imperio imaginario, que ha actuado tantas veces como cmplice de Estados Unidos en los excesos internacionales, tenga en verdad inserto en las neuronas el sentido de la historia y aprecie a los persas, y, sobre todo, que la sapiencia le alcance al hijo para discernir que aquel pueblo venido de las entraas de los tiempos ancestrales ha sido una civilizacin culta y es una cultura pacfica, pero, por igual, persistente, resistente e invulnerable.

Habr que confiar que Donald Trump, rodeado de halcones conspicuos, supremacista y racista por la gentica y por gusto, tan obediente con el poderoso judo Sheldon Adelson, jefe de jefes y casinos, le haga menos caso a su subalterno, el consejero John Bolton, pese a que eso sea tan espinoso como desobedecerle al pez gordo que se lo plant a la siniestra. El mismo seor Bolton que, en 2016, taxativamente y por escrito, recomend que "para detener la bomba de Irn, hay que bombardear a Irn". Y punto.

As las cosas, qu tristeza!, ni con Johnson ni con Trump disponen de buen crdito las esperanzas del da a da, y, quizs, tampoco se tasen mejor las del mediano plazo. Pero no tenerlas acaso fuera ceder con demasiada facilidad a la manipulacin meditica que cada tanto se pone de moda en Occidente. La que nos habita a la inevitabilidad y los mritos de las nuevas guerras.


Juan Alberto Snchez Marn. Periodista, escritor y director de televisin colombiano. Analista en medios internacionales. Colaborador del Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE). Fue consultor ONU en medios. Productor en Seal Colombia, Telesur, RT e Hispantv.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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