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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2019

El legado subjetivo del macrismo
Un campo minado

Daniel Feierstein
Le Monde Diplomatique


La herencia perdurable del gobierno de Cambiemos supera sus efectos tangibles sobre la economa, el empleo y la pobreza. Las transformaciones sobre el sentido comn de los argentinos penetran insidiosamente sobre su manera de construir identidad y procesar los conflictos sociales, cuestionando peligrosamente los acuerdos de la posdictadura.

Al analizar el resultado de estos cuatro aos de macrismo, resulta insoslayable sealar algunas de las situaciones objetivas que han cambiado, entre las que se destacan uno de los mayores endeudamientos de la historia, el aumento de la pobreza y la desocupacin, la licuacin inflacionaria del salario, una profundizacin del descrdito de la Justicia y el aumento de la criminalizacin de la protesta.

Sin embargo, las transformaciones generadas por el macrismo en la subjetividad y en el sentido comn penetran insidiosamente en los modos de construir identidades y de procesar el conflicto. Por tanto, resultan una herencia perdurable ms all del prximo resultado electoral.

Una derecha que se presentaba a s misma como cool y progresista en la campaa presidencial de 2015 e incluso en la disputa por la legalizacin del aborto en 2018 ha ido virando hasta poner en cuestin muchos de los acuerdos generales de la posdictadura.

Los derechos humanos en la grieta

La sociedad argentina tuvo en su historia posdictatorial profundas contradicciones pero tambin algunos acuerdos transversales. Uno de los ms saludables ha sido la condena a los golpes militares y a los responsables del genocidio vivido en la dcada del 70, ms all de los matices que asumieran (desde un repudio abstracto a la violencia en la lgica de los dos demonios, hasta la reivindicacin ms abierta de la militancia, con matices intermedios).

Aunque con antecedentes que surgieron en 2008 y tuvieron amplia difusin en los medios de comunicacin hegemnicos desde 2013 (1), la llegada del macrismo ha corrido los lmites de lo enunciable y ha introducido la cuestin de la defensa de los derechos humanos en la grieta (2).

Sobran los ejemplos para dar cuenta de este giro brusco: desde la denuncia de los curros en derechos humanos hasta el intento de flexibilizar las condenas de los genocidas con el 2 por 1, la equiparacin de los organismos de derechos humanos con las organizaciones de denuncia de las otras vctimas o el llamado de Elisa Carri a la reconciliacin; desde el retorno de los desfiles militares en las fechas patrias hasta la minimizacin del carcter golpista de Aldo Rico o la participacin en el gobierno de carapintadas como Juan Jos Gmez Centurin; desde la reutilizacin por parte del presidente del trmino guerra sucia hasta las insistentes declaraciones de distintos funcionarios que relativizan el nmero de vctimas.

Si bien el alfonsinismo haba aceptado la sancin de leyes de impunidad ante la presin militar y el menemismo encar un discurso de reconciliacin con base en los indultos, en ningn caso estas iniciativas se acompaaban de la puesta en duda del carcter atroz de la ltima dictadura. Menem fue quien logr la represin de la ltima rebelin carapintada que, al incluir varios muertos rebeldes, termin definitivamente con el jaqueo a la democracia, una conquista histrica del pueblo argentino, sostenida en las valientes, reiteradas y masivas movilizaciones frente a los cuarteles ante los numerosos intentos golpistas.

El macrismo ha intentado arrasar con esta conquista histrica y llevar a su lado de la grieta a articularse con el partido militar, a demonizar a la militancia de los 70 y, en ella, a toda lucha actual contra las consecuencias del ajuste, a relegitimar la represin pasada para darle fundamento a la represin presente, generando un clima donde han vuelto a cobrar legitimidad figuras nefastas de Argentina y prcticas que creamos desterradas como el asesinato de militantes populares por las fuerzas de seguridad o las persecuciones en clave ideolgica.

Reconstruccin del macartismo

Otra conquista histrica de la sociedad argentina posdictadura fue el pluralismo poltico y el fin de la censura y la proscripcin.

Con antecedentes en la gestin educativa en la Ciudad de Buenos Aires, el macrismo encar a partir de su triunfo nacional una persecucin ideolgica sin parangn desde 1983. Las redes sociales de los empleados estatales fueron espiadas a fin de conocer sus alineamientos polticos y expulsar a lo que se llam la grasa militante de distintos estamentos del Estado. Los docentes de todos los niveles sufrieron un fuerte proceso de censura y persecucin ante la posibilidad de hacer referencia en sus clases a graves preocupaciones ciudadanas como la desaparicin de Santiago Maldonado (cabe recordar, por ejemplo, el rol de las movilizaciones en los espacios alicos con respecto al asesinato de Jos Luis Cabezas o a la desaparicin de Jorge Julio Lpez, entre otros, que fueron fundamentales para conmover y reaccionar). A diferencia del resto de los gobiernos posdictatoriales, el macrismo encar campaas de delacin contra los docentes, inici sumarios administrativos y, sobre todo, busc movilizar a la comunidad escolar para llevar el conflicto al aula denunciando su uso poltico, en un intento por quebrar reacciones fundamentales de solidaridad social. Vale la pena agregar la decisin de impedir el acceso de una Madre de Plaza de Mayo (Vera Jarach) a un evento escolar porque no contaba con autorizacin o la utilizacin en las aulas de videos negacionistas.

Las acusaciones que comienzan a surgir en la campaa electoral avanzan un paso ms, con declaraciones de Miguel ngel Pichetto o Jorge Macri sobre el marxismo del candidato a gobernador bonaerense Axel Kicillof. Muy cerca ya de aquellas expresiones del diario La Nacin cuando fuera ministro de Economa, que sumaban al trmino marxista la acusacin de ser bisnieto de un rabino e hijo de un psicoanalista, lo que lo colocara en el lugar del sucio judeo-bolchevique al que persiguieron primero los nazis y luego los escuadrones de la Alianza Anticomunista Argentina.

La construccin de la aporofobia

Otra novedad que ha introducido el macrismo es parte de una corriente ms global, que fuera bautizada por la filsofa espaola Adela Cortina como aporofobia (el rechazo al pobre) y que se articula con las construcciones subjetivas del neoliberalismo, pero que no haba logrado presencia en Argentina, aunque circulaba en sectores de clase media acomodada o en ciertos medios de comunicacin.

La aporofobia busca quebrar la nocin de comunidad, estableciendo una estigmatizacin global en trminos de clase. La idea de que los pobres son pobres porque no quieren trabajar no surgi con el macrismo y es parte incluso de cualquier imaginera liberal, pero la aporofobia avanza un paso ms, como en la representacin de una pirmide de la sociedad argentina que muestra a empleados de tez y pelo claros y con traje sosteniendo sobre sus hombros a un innumerable contingente de morochos que reciben planes sociales, grfico que fuera difundido por el Ministerio de Produccin para explicar que el 20% de la poblacin aporta el 99,4% de la recaudacin tributaria, sin preguntarse qu ocurre con la evasin de las grandes fortunas, por qu tanta poblacin est fuera del sistema de trabajo formal o, incluso de modo ms bsico, si no es correcto que aquellos miembros de la comunidad que estn en mejor situacin puedan aportar ms para garantizar una vida digna para el conjunto.

Otra vez: el menemismo (instancia mxima de glorificacin del neoliberalismo en Argentina) lleg a legitimar la ostentacin de la riqueza, el individualismo ms cerril y la responsabilizacin de los pobres por su pobreza, pero no lleg al punto de acusar a la propia poblacin carenciada de resultar una carga para los sectores acomodados, quizs porque no poda despegarse de sus orgenes peronistas y porque necesitaba algn nivel de conexin con esas masas a las que el macrismo desprecia y quisiera ver desaparecer.

Movilizacionismo reaccionario

Si no resultaran lo suficientemente graves las transformaciones previas, el macrismo despliega adems una estrategia que nunca antes tuvo xito en la sociedad argentina, ni siquiera durante la dictadura genocida: la apelacin a la movilizacin social reaccionaria.

Las dictaduras argentinas como expresin de las clases dominantes buscaron imponer su poder a partir de la paralizacin social. Imposibilitadas de acceder al apoyo popular, la estrategia de dominacin estuvo vinculada a la desarticulacin del movimiento popular a travs de la represin. En algunos casos alcanz con la criminalizacin de la protesta o masacres puntuales, en otros fue necesario como en los aos 70 un verdadero genocidio, que permitiera cuadricular a la sociedad con campos de concentracin que irradiaran el terror al interior de cada hogar e instalaran la desconfianza, herramienta fundamental para quebrar la articulacin poltica.

Sin embargo, a las derechas argentinas les result ms difcil movilizar activamente a la poblacin y en los casos en que lo hicieron se destacan en la ltima dictadura el Mundial de Ftbol 1978 o el desembarco en las Islas Malvinas fue a partir de consignas unificadoras y no del llamado al ataque a otro sector de la poblacin. Los subversivos fueron secuestrados, torturados y diezmados por las Fuerzas Armadas y las fuerzas de seguridad, pero nunca se intent crear batallones barriales de vecinos que fueran casa por casa a buscarlos y agredirlos, como ocurri en la Europa del siglo XX con las bandas fascistas. Es por ello que la dictadura fue genocida pero no fascista.

El macrismo, a medida que se va derechizando, comienza a esbozar una apelacin al movilizacionismo reaccionario, una autorizacin tcita (que puede transformarse en convocatoria activa) a la poblacin a circular armados o a reaccionar ante los peligros, lgica incentivada desde los medios de comunicacin ms agresivos pero que comienza a tener guios por parte de distintas figuras del elenco gubernamental. Vale la pena transcribir este exabrupto radial de Baby Etchecopar: Taxista: cuando un tipo es kirchnerista, bjelo a patadas en el culo por cmplice de los corruptos. No hay que atenderlos en las farmacias, en los hospitales, porque se robaron la plata de todos esos lugares [] Los vamos descubriendo, los vamos identificando y los vamos cazando [] adonde vayan los vamos a ir a buscar, con nombre y apellido [] Taxista, hay que pelear, hay que liberar la calle [], aguantemos argentinos, son los ltimos coletazos de un proceso de 12 aos que se quiso quedar con su vientre, con su casa, con su patrimonio y con sus hijos. Se terminaron los hijos de puta, los enemigos estn en retirada, se estn yendo. Ya corrimos a los ingleses, a los espaoles y ahora estamos corriendo a los kirchneristas. Ahora s: el pas se libera y arranca a ser una nacin. Acompeme! Taxista, remisero, camionero, gente de la calle, acompeme [] ejrcito de taxistas en la calle, ejrcito de colectiveros, ejrcito de camioneros. Esa gente con brazo de dos colores, que laburan, que se rompen el culo para que ustedes vayan a cortar la 9 de Julio. Lo hicimos con los ingleses, lo hicimos con los espaoles, lo hicimos con los franceses, ahora vamos por los K y a liberar Argentina! (3).

Bombas de tiempo

Las dificultades son graves: la deuda, la economa estancada y la situacin de pobreza, indigencia y desocupacin que se va agravando mes a mes, con sus consecuencias en problemticas sanitarias y de vivienda, entre otras. Estas sern las pesadas herencias que deja el macrismo, sea que contine en el poder o que resulte reemplazado por una nueva versin del peronismo.

Sin embargo, las marcas que deja el macrismo en la subjetividad son ms insidiosas y no se revertirn con una derrota electoral, una negociacin con el FMI o un conjunto de recetas econmicas para la reactivacin.

La relegitimacin de aquel quinto de la sociedad que particip o aval un genocidio pero que no tena voz para sentirse orgulloso de ello, la aceptacin de la estigmatizacin poltica macartista, la implementacin de campaas de delacin a docentes o persecucin a funcionarios a partir de su militancia o su posicionamiento ideolgico, la paciente construccin y atizamiento del odio al pobre y la autorizacin a su criminalizacin, persecucin y hostigamiento, la luz verde otorgada al uso letal de la violencia por parte de las fuerzas de seguridad y la movilizacin reaccionaria con atisbos fascistas son corrientes que comenzaron a instalarse en la sociedad argentina y que no ser fcil desactivar en el corto plazo, sea cual sea el resultado electoral, ya que han llegado a masas importantes de la poblacin y empiezan a ser parte de sus modos de construccin de identidad y, por tanto, de la viabilidad de sus prcticas sociales.

Quizs sea hora de pensar (ms all de los frentes electorales) en una articulacin transversal que busque desactivar estas bombas de tiempo antes de que resulte demasiado tarde, un frente antifascista que necesitar de muchos sectores que estn, aunque raleados, dentro de la alianza oficialista (remanentes de aquel radicalismo alfonsinista o quienes autnticamente creyeron en una derecha cool y progresista) y gran parte del arco opositor, desde el kirchnerismo hasta sectores del peronismo federal, el amplio abanico de la izquierda o la centroizquierda y partidos provinciales que, ms all de sus alineamientos coyunturales, fueron parte del consenso posdictatorial.

El macrismo ha incubado el huevo de la serpiente y esa herencia insidiosa continuar ms all de su derrotero electoral, porque adems cuenta con un contexto favorable a nivel regional e internacional, algo que tampoco haba tenido desde el fin de la ltima dictadura.

Notas:

1. Para este recorrido vase Daniel Feierstein, Los dos demonios (recargados), Marea, Buenos Aires, 2018.

2. Para los modos de transformacin de la grieta durante el macrismo, vase Martn Rodrguez y Pablo Touzon, La grieta desnuda, Capital intelectual, Buenos Aires, 2019.

3. Baby Etchecopar, Radio 10 (El ngel del medioda), 12-9-18: http://ar.radiocut.fm/audiocut/habla-de-fascismo-es-fascismo-incita-a-la-guerra-civil/#

Daniel Feierstein. Investigador del CONICET y profesor UNTREF/UBA.

Fuente: http://www.eldiplo.org/242-la-pesada-herencia-del-macrismo/un-campo-minado-2/



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