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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2019

Sobre la inteligencia de nuestros polticos

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Y as la ciudad nuestra y vuestra vivir a la luz del da y no entre sueos, como viven ahora la mayor parte de ellas por obra de quienes luchan unos con otros por vanas sombras o se disputan el mando como si ste fuera algn gran bien. (Platn: Repblica, libro VII)

 

En estos das por los que pasa nuestra atribulada patria, densa resaca de las ltimas convocatorias electorales, ante tanta muestra de postergacin de las luces de la inteligencia achacable a nuestros polticos y aireada en los medios de comunicacin con morbosa fruicin, me reconforta evocar la figura, aunque sea ficticia, de un personaje que debera constituir la clase ms numerosa de seres humanos dentro de la masa de ciudadanos que componen un pas como el nuestro.

El personaje al que yo acudo en rescate de mi sosiego particular, como antgeno para inmunizar mi intelecto ante tanto discurso o relato como se ha puesto de moda decir ahora txico, no es otro que Atticus Finch, un padre de familia y abogado cuya personalidad es producto de la imaginacin de la escritora Harper Lee, quien lo concibi como protagonista de su muy exitosa novela Matar un ruiseor, publicada por primera vez en 1960. Yo lo conoc a travs de su versin cinematogrfica del mismo ttulo de 1962, en la que Atticus Finch es interpretado por el grandioso Gregory Peck.

Se me dir que es hacer trampa acudir a un ser imaginario para hacer frente a las miserias de la condicin humana, que es una tctica evasiva propia de un carcter inmaduro que cree en utopas, lo que es impropio de un cincuentn como yo. Pero el caso es que se conoce que la autora de la novela original se inspir para la construccin del personaje al que nos referimos en una persona real, a saber, su propio padre, un abogado de la entonces muy racista Alabama que, como Finch, defendi a varias personas negras en varios casos criminales de notable repercusin meditica en su momento, la poca de la gran depresin del veintinueve. Adems, cmo demonios mejora el ser humano sus condiciones de vida si no es a travs de imaginar justamente lo que es posible pero no es y de conocer los medios mediante los cuales tal posibilidad deseable, por justa, se puede convertir en realidad? Es el principio de ejemplaridad, que no deja de tener su alto componente utpico, a travs del cual se plasman concretamente valores que, si no, quedan confinados al mundo ms bien abstracto de los ideales. Y lo que es peor, el ciudadano queda abocado al ms estril de los cinismos y el oficio poltico, al desinters ms desintegrador.

Por eso, me resulta moralmente reconstituyente el recuerdo de Atticus Finch, por lo mismo que utilizo de vez en cuando la pelcula de Robert Mulligan en mis clases de filosofa, porque en ella se muestra toda la honestidad e inteligencia caractersticas del personaje. Me sirve su poder conmovedor para inocular en los alumnos la preocupacin por cuestiones fundamentales, y que estn en los orgenes genealgicos de la propia filosofa; particularmente, la cuestin de los vnculos entre tica, o ms precisamente entre virtud e inteligencia, ya planteada en los albores de la filosofa hace dos mil quinientos aos por el mtico filsofo ateniense Scrates.

La filosofa es culpable, sin duda, de haber enfatizado la versin cognitiva de la inteligencia, componiendo a lo largo de la corriente ms caudalosa de su historia un modelo en exceso racionalista de la misma, quedando justificada incluso la acusacin de haber dado pbulo a un estereotipo antropolgico basado en una verdadera fantasa racionalista (se abre aqu todo un frente que nos llevara a una crtica del paradigma filosfico triunfante y sus consecuencias que dejo para mejor ocasin). Ello se percibe en la impronta reconocible en la psicologa, materializada en los procedimientos de evaluacin de la inteligencia de los ltimos dos siglos. El filsofo Jos Antonio Marina, muy dado a echar mano de la psicologa a la hora de dotar de musculatura argumentativa a sus ensayos, denomina atrincheramiento en el campo cognitivo a una reduccin engaosa de la complejidad que encierra eso que llamamos inteligencia identificndola en exclusiva con aquellas capacidades que son reconocidas en los ya tradicionales tests de inteligencia, por ejemplo, percibir, relacionar, aprender, argumentar, etc. Este filsofo, actualmente muy preocupado y ocupado activamente por los temas pedaggicos, dedica el captulo titulado la inteligencia malograda de su libro La inteligencia fracasada. Teora y prctica de la estupidez a armar todo un modelo de la inteligencia que la rescata de ese miope reduccionismo cognitivo y la coloca en la realidad de las interacciones humanas, dotndola de un significado tico.

Por ello no puedo evitar percibir cierta vinculacin con el enfoque, ya clsico, de Carlo Maria Cipolla plasmado en su teora de las leyes fundamentales de la estupidez. Su ley tercera (de oro), tal como aparece enunciada en su delicioso ensayo titulado Allegro ma non troppo reza tal que as: Una persona estpida es una persona que causa un dao a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para s, o incluso obteniendo un perjuicio. Mucho me temo que este enunciado es perfectamente aplicable a muchas de las acciones de nuestros polticos, particularmente durante este ltimo perodo poselectoral y respecto de las negociaciones y pactos que eran su objetivo.

Coinciden, pues, Cipolla y Marina en cambiar el planteamiento terico-cognitivista, heredero seguramente de la tradicin del intelectualismo tico socrtico, por una perspectiva eminentemente prctica que define la inteligencia a partir de los resultados del comportamiento humano, alejndose as de modelos abstractos. La clave nos dice Marina de la inteligencia reside en la capacidad de un sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la informacin captada, aprendida, elaborada y producida por l mismo (p. 16). Eso s, distingue entre la inteligencia computacional, que es lo que hemos dicho miden los tests de inteligencia, por un lado, y el uso de la inteligencia o lo que es lo mismo la inteligencia en accin, es decir, lo que un sujeto hace con sus capacidades (p. 20). stas, en esencia operaciones computacionales diseadas filogenticamente, se tornan, por as decir, humanamente inteligentes cuando son operadas desde la consciencia. Quiere decirse que esos mdulos autnomos que, de manera espontnea, inconsciente e incluso contradictoria, pueden determinar en un principio nuestra conducta, deben someterse a lo que Marina llama los grandes sistemas unificadores, como son el lenguaje, la razn, la capacidad de planificar y decidir, si es que queremos comportarnos humanamente, o sea, con sentido tico.

Esto lo representa de forma luminosa el aludido personaje evocado al inicio de este artculo, Atticus Finch. Su conducta en la historia narrada en Matar un ruiseor es la ilustracin perfecta de lo que Marina etiqueta siguiendo su teora de la inteligencia como inteligencia ejecutiva, cuya misin es iniciar, dirigir y controlar, hasta donde pueda, las maquinaciones de la inteligencia computacional (p. 23). Es lo que hace Atticus Finch, dueo de s, sobreponindose a la ira cuando es provocado por un energmeno ante la mirada de sus hijos para los que sabe que nada tiene mayor poder educativo que su propio ejemplo. Congruentemente, la causa del fracaso de la inteligencia es la intervencin de un mdulo inadecuado, que ha adquirido una inmerecida preeminencia por un fallo de la inteligencia ejecutiva (ibidem). Para ilustrar esta cara perdedora de la inteligencia nos sirven muchos de los comportamientos de nuestros polticos, cuando son incapaces de controlar ambiciones, soberbias y temores que obstaculizan la consecucin de los fines propuestos.

Pero no caigamos en el error de limitar la inteligencia a mera eficacia o aplicacin de la informacin al logro de ciertas metas. Perdera la inteligencia humana un elemento esencial y su rasgo especfico si de ella excluimos la eleccin de los objetivos. Acierta de nuevo Marina cuando destaca: Inventar fines es la caracterstica ms propia de la inteligencia humana. Y si se equivoca en los fines se equivoca en todo (p. 25). Aqu se plantea el problema del marco, decisivo para hacerse una idea completa de la inteligencia humana: cmo saber qu informacin o conocimientos son relevantes en funcin del problema a resolver? Cul es el tema pertinente en cada situacin al cual atenerse a la hora de plantear los problemas para cuya solucin habr que escoger la informacin relevante? Esto, ciertamente, es lo primordial: saber en cada caso qu es lo que importa. Que sepamos, por el momento, esto es algo definitorio de la inteligencia humana que la inteligencia artificial no sabe resolver. Es lo que Marina llama principio de la jerarqua de los marcos que explicita as: los pensamientos o actividades que son en s inteligentes, pueden resultar estpidos si el marco en el que se mueven es estpido (ibdem). Es lo que tambin se conoce como buen juicio.

En consecuencia, evaluar una conducta como inteligente es una tarea que se lleva a cabo con referencia a un marco, aunque no se sea consciente de tal referencia. Me atrevo a decir que la mayora de las veces el marco de referencia no se explicita dando por supuesto su validez, tomndolo como premisa de partida indiscutida y hasta indiscutible. De esto tenemos un ejemplo paradigmtico en el caso de la economa, cuyo marco imperante actualmente es el definido por la teora neoclsica y el enfoque monetarista. De acuerdo con sus premisas, lo inteligente para el gobierno griego de Tsipras es hacer lo que hizo despus del referndum de 2015, esto es, no hacer caso a la voluntad popular que rechazaba las condiciones impuestas por la troika para la salvacin econmica de su pas; porque ese marco manda, por encima de todo, pagar la deuda nacional a toda costa. Claro que caban otras opciones, pero dentro de otro marco econmico-poltico con prioridades muy distintas.

Aqu reside, ciertamente, la clave de la inteligencia, en el acierto a la hora de establecer la correcta jerarqua de marcos. O como dice Marina de nuevo: Para evaluar la inteligencia de un comportamiento, tenemos que justificar previamente la jerarqua de marcos que establecemos, y evaluar desde el superior (p. 28). De este modo, entramos de lleno en el reino de la tica. Porque, en la mejor tradicin eudemonista aristotlica, Marina establece el siguiente principio: La inteligencia fracasa cuando se equivoca en la eleccin del marco. El marco de superior jerarqua para el individuo es su felicidad. Es un fracaso de la inteligencia aquello que le aparta o le impide conseguir la felicidad (p. 29).

Lo que, a mi juicio, vemos en Matar un ruiseor es justamente la historia de una persona inteligente, Atticus Finch, que parece haber resuelto el problema del marco y que juzga, an a pesar del perjuicio que le pueda causar a corto plazo, lo que debe hacer en funcin de lo que ha establecido como verdaderamente importante en su vida y que es lo que le motiva a actuar como lo hace. Ante todo demuestra ser un padre absolutamente comprometido con la educacin de sus hijos. Cuando toma la decisin de aceptar el encargo a principios de los aos treinta del siglo pasado de defender a un joven negro acusado de violar y agredir a una joven blanca en un pueblo del sur de Estados Unidos, por supuesto racista, Atticus Finch escoge como marco de referencia el mundo justo en el que l desea que vivan sus hijos, ante los que l sabe que su conducta ha de ser ejemplar.

Por ms que trato de comprender los acontecimientos polticos de nuestro pas de las ltimas semanas no detecto esa misma inteligencia en nuestros polticos. Qu uso hacen de su inteligencia? Porque son inteligentes, es decir, poseen esas capacidades cognitivas que miden los tests y que constituyen esa inteligencia computacional a la que nos hemos referido con Jos Antonio Marina (si no, cmo han logrado desarrollar su carrera poltica?). Sin embargo, parecen desnortados, como si no hubiesen resuelto el problema del marco; por eso su conducta resulta errante, ms resultado del reflejo nervioso dictado por los mdulos automticos e inconscientes de nuestra psique que por ese poder de control y direccin que otorga lo que hemos llamado aqu inteligencia ejecutiva, y que es la que puede orientarnos hacia la consecucin de los fines que importan.

Recibamos ahora la venida del mes de agosto con alegra porque se nos concede temporalmente la gracia de olvidarnos de todo y refugiarnos en el sitio de nuestro recreo, aunque ciertamente sera bien estpido convertir ese estado en permanente, pues la estupidez es como la realidad, mucha, mala y tozuda.

 

Referencias bibliogrficas:

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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