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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-08-2019

Para un anlisis del paro docente. Notas en perspectiva histrica

Christian Matamoros Fernndez
Revista Rosa


Se ha intentado orientar la perspectiva de la movilizacin hacia la re constitucin del movimiento pedaggico. No obstante, esta perspectiva, sin una necesaria autocrtica por el rol cumplido en el desenlace de la movilizacin, puede volver a revivir el fantasma levantado en el periodo ms crtico de la conduccin de Jorge Pavez, el cual haca referencia a dos lneas de perspectiva organizativa, una enfocada en la reivindicacin economicista y otra centrada en la construccin de un movimiento pedaggico. Si algo nos puede ensear la historia de las organizaciones docentes, es que las perspectivas pedaggicas tienen margen de accin en el profesorado solamente si son ejercidas por organizaciones definidamente sindicales y en estricta articulacin con el resto de la clase trabajadora, y no separado de esta.

El teatro de operaciones

Tal como lo hemos mencionado en anteriores artculos (Matamoros 2019)[1], la extensa paralizacin docente de este ao se circunscribe dentro de un ciclo de movilizaciones docentes iniciada con la rebelin de las bases de 2014 y continuada con la paralizacin de 57 das del ao siguiente. Este ciclo estuvo caracterizado por el rechazo a la extrema subordinacin de la conduccin nacional del Colegio de Profesores, liderada por Jaime Gajardo (PC), a los intereses del gobierno de Bachelet. Esto suscit el malestar de las bases, adquiriendo la movilizacin un carcter de autoconvocada, poniendo de alguna forma en cuestionamiento al Colegio como estructura representativa del profesorado.

El mencionado cuestionamiento hizo inclinar la balanza hacia quienes apostaban a conformar una organizacin paralela, lo que adquira condiciones de posibilidad por la persistente crisis estructural del Colegio de Profesores, manifestada en: su imposibilidad de representar al creciente y mayoritario sector de profesores de establecimientos particular-subvencionados; el mayor peso adquirido por los afiliados jubilados; y, tal vez lo ms grave, su prdida de afiliados en el sector municipal. No obstante, las elecciones internas de fines de 2016 representaron un espaldarazo para quienes sostenan la persistencia del Colegio como la estructura hegemnica de representacin del profesorado. En esa ocasin, se logr frenar la cada histrica en la participacin electoral, logrando un incremento de 5 mil profesores con respecto a los escrutinios del 2013. Junto a esto, la lista Disidentes Unidos logr un aplastante triunfo (68%) por sobre la lista de la Nueva Mayora (16%), lo que gener en algunos la ilusin de que se vendran tiempos de profundos cambios en la organizacin del magisterio.

Basada en un discurso de participacin y respeto a las decisiones de las bases esta lista llev a la conduccin nacional a un experimentado Mario Aguilar, el que teido del pacifismo del Partido Humanista pretenda imponer un estilo democratizante, pero que ocultaba algunas significativas situaciones vividas en pocas pasadas, como su participacin en un importante cargo en el MINEDUC durante el gobierno de Aylwin, su rol en el acuerdo de la Evaluacin Docente a inicios del nuevo siglo, y finalmente su oportunismo poltico. Aguilar haba accedido al Directorio Nacional al ser arrastrado por la votacin del ex comunista Jorge Pavez, pero al poco tiempo se distanci de este y pas a respaldar al sector de Jaime Gajardo, debido a la alianza suscrita por el PC y el PH en lo que fue el Juntos Podemos. Esto llev a que el mismo Pavez catalogara en sus memorias a Aguilar de una actitud descaradamente oportunista () Casi no vale la pena dedicarle muchas lneas, solo decir que en mi trayectoria como dirigente social me hago cargo de haber cometido ms de un error poltico, pero quizs uno de los ms graves es haberlo defendido para integrarlo a la lista de Fuerza Social, pasando por alto los serios cuestionamientos que respecto a su persona manifestaron varios compaeros (Pavez, 306-307)[2]. En este sentido, cabe preguntarse por la evaluacin que hacen los diversos sectores de Disidentes Unidos en haber respaldado la candidatura de Aguilar el 2016, pues su desempeo durante el reciente paro no tiene nada de novedoso.

Tras la efervescencia del triunfo de la disidencia, se abri pas a una conduccin que durante sus tres aos de gestin no mostr una radicalidad acorde a las crticas realizadas a la anterior conduccin. Tal vez en el punto donde existi mayores oposiciones fue en el rechazo a la ley de desmunicipalizacin de los establecimientos, tema ampliamente respaldado por el PC bajo el subterfugio de que ahora las escuelas volveran al Estado, lo que a todas luces no ha sido real[3]. No obstante, el rechazo de la conduccin del Colegio, no existieron mayores movilizaciones, salvo una solitaria y poco contundente marcha de dirigentes hacia Valparaso. As transcurrieron los dos primeros aos de la nueva conduccin (2017-2018), los que tuvieron su punto ms tenso con la modificacin de los estatutos del Colegio de Profesores, donde se desatac la medida que puso lmite a la reeleccin de dirigentes a un mximo de dos periodos consecutivos en el mismo nivel, situacin que dividi a la disidencia, pues impeda que Aguilar, y varios otros, pudieran volver a ir a la reeleccin, con lo cual la agrupacin Refundacin (identificada con el Partido Humanista) devel sus contradicciones respecto a su discurso de mayor democracia y respeto a las bases. Al mismo tiempo, esta tensin anticip una cuestin que se vera con mayor intensidad durante el paro de este ao: la carencia de unidad de posiciones de los militantes identificados con el Frente Amplio[4].

Antes de finalizar de escudriar el teatro de operaciones en que se llev a cabo la presente movilizacin, es necesario destacar dos hechos. En primer lugar, el mencionado ciclo de movilizaciones docentes se enmarca en un proceso de mayor duracin y participacin, como es la demanda por el derecho a la educacin, lo cual no es un hecho que haya aparecido desde la nada en este ao, sino que ha sido un proceso sostenido al menos durante 13 aos (desde la revolucin pingina de 2006). Durante este tiempo, la identidad de los docentes ha ido conformando una importante experiencia organizativa, ya sea de los noveles profesores que eran estudiantes durante estos aos o de quienes recientemente haban ingresado a la docencia y hacan sus primeras armas frente a estudiantes movilizados, los que requeran el respaldo de profesores que compartieran sus ideas de transformaciones radicales de la sociedad. Arturo Martnez, ex lder de la CUT, fue preclaro en identificar esta situacin cuando en el 2011 culp a los profesores de filosofa de ser los causantes de la radicalizacin de los estudiantes secundarios: les llenan la cabeza de porqueras, para que salgan a tirar piedras y hacer desrdenes acus Martnez en radio Cooperativa[5]. Por otro lado, junto a esta conformacin de experiencia organizativa acumulada, el paro docente recibi en los das previos a su inicio una nueva noticia que azuz al magisterio ms activista y crtico. El gobierno llevara a cabo una modificacin curricular que hara perder la obligatoriedad en tercer y cuarto medio de las asignaturas de Historia, Artes y Educacin Fsica. Rpidamente, principalmente los docentes y estudiantes de historia se articularon de diversas formas y convocaron a una masiva manifestacin frente a la Moneda tres das antes del inicio del paro, lo que tension a que este rechazo fuera incluido en el petitorio, a pesar de las resistencias de Mario Aguilar.

Bajo este contexto se llev a cabo la movilizacin ms extensa y masiva de un sector de la clase trabajadora durante los gobiernos de Piera. Por esto, sus resultados eran difcilmente predecibles y podan tener importantes repercusiones en las elecciones internas de noviembre del presente ao.

El paro: auge, radicalizacin y repliegue

El lunes 3 de junio se dio inicio a una paralizacin indefinida, la cual fue decidida por la Asamblea Nacional del Colegio de Profesores, tras haber realizado una consulta nacional, donde 40 mil profesores rechazaron la respuesta del gobierno a su petitorio. Sobre este punto es necesario aclarar algunas especificidades. Las Consultas nacionales son una prctica comn desde los aos 90, y no responden a una influencia de la reforma laboral del gobierno de Bachelet, la cual impuso la consulta recurrente a las bases de los sindicatos de empresas privadas respecto a la reafirmacin de las huelgas legales. Ahora bien, lo vivido en esta larga paralizacin es un hecho indito por lo reiterativo de las consultas, cuestin que da cuenta de intereses similares a los que se busc con la reforma laboral: generar ms instancias en que los trabajadores puedan desistir de continuar en huelga. La participacin en estas consultas fue abierta, es decir, se permiti la participacin de todos los docentes que quisieran hacerlo, colegiados y no colegiados. Si bien esto representa una abierta prctica de prdida de la potencialidad de estar efectivamente sindicalizado fue algo que se vena realizando desde la conduccin anterior. Es ms, cuando Gajardo quiso restringir las consultas solamente a los profesores colegiados fue acusado por la disidencia de estar limitando la participacin con fines oportunistas. Los cuestionamientos recientes de una parte de la direccin actual a las consultas dan cuenta de que el oportunismo no es algo exclusivo de Gajardo, sino que est tambin presente en la disidencia, especialmente en dirigentes nacionales electos con 40 votos.

La importancia de aclarar este punto permite entender la situacin del Colegio. Hoy en da es una organizacin que en su interior persiste una crisis de tipo estructural, pero que tiene una capacidad de convocatoria que desborda a sus afiliados. All radica su potencialidad, pero tambin sus peligros. El hecho de que haya sido reconocido por los gobiernos de la Concertacin como el nico interlocutor vlido de los docentes, lo dot de una representacin monoplica, pero lo oblig a hacer extensivos sus logros a docentes no afiliados, por lo que su capacidad de movilizacin se ve limitada, ya que una parte importante de profesores no se moviliza ni est afiliado al Colegio, pero tiene la seguridad de que las reivindicaciones obtenidas tambin sern extendidas a l. Esto nos permite entender la situacin real de las primeras semanas de paralizacin, donde muchos docentes se sumaron activamente en algunas comunas sin estar colegiados, mientras que, en otras, especialmente en la Regin Metropolitana, la paralizacin era declarativa, pues nada obligaba a los docentes a paralizar. De esta forma, al momento de votar en la consulta miles de profesores manifestaban su rechazo a la respuesta del gobierno y marcaban su opcin por paralizar, pero al momento de suspender las funciones educativas esto no ocurra. Conociendo esta situacin, en numerosos comunales y regionales se desarrollaron diversas actividades para fomentar la paralizacin, como marchas locales y jornadas culturales, de reflexin, etc. Entre estas diversas prcticas se destacaron dos, las que permitieron que la paralizacin haya sido un hito en la historia reciente de los trabajadores chilenos. La primera fue la utilizacin de creativas presentaciones, actuaciones y cnticos, siendo el Bella Ciao creado por los profesores de Pudahuel el ms representativo de todos. Esto dot de masividad al paro y de vinculacin con la opinin pblica, extendindose sus canciones por aulas, carreteras y malls, lugares todos que fueron ocupados por profesores que se enfrentaban a una ministra Cubillos, representante directo del empresariado criollo. La segunda de las prcticas, y la de mejores resultados en la negociacin, fue la convocatoria a paralizaciones nacionales en das puntuales. Si antes habamos hablado de los problemas de acatamiento del paro en las escuelas y liceos municipales, que es donde se encuentra en el grueso de los afiliados al Colegio, las jornadas de movilizacin fueron las nicas instancias donde el gremio paro de forma slida, robusta y unificada, logrando la extensin hacia los sindicatos docentes del sector subvencionado, los cuales a pesar de la persistente fragmentacin sostienen un crecimiento durante los ltimos 10 aos, con un incremento de la cantidad de huelgas legales ejercidas. Tras estas jornadas nacionales, siempre el ministerio se vio obligado a llamar a negociaciones, sin muchos resultados concretos, pero al menos dando cuenta de que el paro lograba sus propsitos. Frente a esto, de inmediato surge la interrogante Por qu la direccin nacional, conociendo esta situacin, no convoc a una ltima jornada de movilizacin antes del repliegue forzado? Por qu no fue capaz de convocar a otros sectores de la clase trabajadora, a los estudiantes, apoderados, etc. para que ejercieran su solidaridad con los docentes?

Hacia la tercera semana de paralizacin se provoc un importante quiebre en la movilizacin. No fue algo orgnico, ni divisionista, como algunos acusaron. Fue una escisin de lneas polticas. La conduccin de Refundacin daba cuenta de incapacidad o simplemente desidia para lograr mayores grados de adhesin en las regiones donde posean la conduccin, especialmente en la regin metropolitana. La conduccin del humanista Carlos Daz quedaba a la zaga de regiones como Antofagasta, Atacama, Valparaso y una parte del Biobo, lo que tambin demostraba algo que fue persistente durante toda la paralizacin y ya hemos esbozado: la divisin existente en las filas de los militantes del Frente Amplio. Si por un lado los humanistas representaron posiciones disciplinadamente moderadas, en el resto no existieron lneas comunes, como tampoco en el conjunto de la disidencia, donde sus dirigentes nacionales se subordinaron a la moderacin de Aguilar, muy diferente a lo ocurrido en una parte del Biobo o en el comunal Valparaso, bastiones de la movilizacin decidida e identificada con conducciones de izquierda. Por su parte, la izquierda revolucionaria y clasista, vivi la paralizacin principalmente desde la solidaridad del espectador, pues salvo la conduccin de Nuestra Clase en Antofagasta, las posiciones clasistas siguen siendo dbiles en el magisterio[6]. El sector clasista nucleado en el SUTE si bien han tenido un interesante crecimiento, no tuvo una participacin tan activa como en las luchas del 2014-2015. La crisis orgnica que vivi el Colegio durante estas le haba permitido sostener un visible espacio de disputa a partir de la coordinadora paralela conformada en la regin metropolitana, desplazando a varios comunales durante el paro mismo. No obstante, en esta paralizacin no existieron esas caractersticas, pues los sindicatos comunales agrupados en el SUTE esperaron sumarse a las iniciativas de las conducciones de los comunales del Colegio, los que en su mayora no lograron ejercer tales roles.

La grabacin de una profesora de Estacin Central a la funa que realiz a la ministra Cubillos represent un smbolo de las diferencias de lneas. Aguilar rechaz esa situacin, mientras las bases del profesorado y el conjunto del pueblo legitimaban la accin. Algo similar ocurri cuando el lder del Colegio se opuso explcitamente a la inclusin del rechazo a la ley Aula Segura en el petitorio o cuando tild de tontitos a los estudiantes que se enfrentaban con Fuerzas Especiales. Slo unos das despus, decenas de profesores, en ocasiones unidos con otros sectores de trabajadores, encendan barricadas y cortaban calles en diversas ciudades del pas. Aunque difcilmente se puede hablar de un actuar orgnico en estas prcticas, este contexto fue el mejor escenario para poner en tensin a los sectores de izquierda al interior de la disidencia y posibilitar el acercamiento de los sectores revolucionarios al magisterio rupturista.

En ese contexto, cuando se iniciaba la sexta semana de paro, y con un notable descenso de la movilizacin, la conduccin del Colegio, a los que no se sumaron los dirigentes de la NM (como en toda la movilizacin) llam a un repliegue, aceptando la propuesta del gobierno en la consulta nacional que se realizara el mircoles 10 de julio. Este llamado demostraba lo estrecho y limitado del discurso de respetar a las bases. En esta ocasin se hara una nueva consulta, pero para volver a preguntar algo sobre lo que el magisterio ya se haba pronunciado, inclusive con la introduccin de una tercera alternativa en la anterior consulta. Si a esto sumamos el llamado explcito a deponer la movilizacin la direccin estaba dando por desahuciada la negociacin. Con qu peso sindical se presentaran a negociar con la ministra en caso de ser rechazado su llamado. El gobierno ya conoca que la conduccin no quera mantener la movilizacin, por lo tanto, Cubillos reciba desde el mismo magisterio el mejor galn de oxigeno que poda haber esperado. La justificacin del llamado al repliegue se basa en un hecho objetivo, al llegar a la sexta semana la paralizacin efectiva haba descendido ostensiblemente, por lo tanto, la crtica a su llamado no es desde la idealizacin de la huelga indefinida. Mientras ms se extienda una huelga, ms desgaste provoca en el sindicato, por lo que la crtica se hace al llamar a un repliegue sin la estructuracin de dicha tctica. Si bien las fuerzas estaban mermadas, estas an existan, por lo que llamar al desarme cuando la batalla an se mantena fue un disparo en los pies como recurso tctico.

Independiente de que hasta el da de hoy esto no se reconozca, el llamado al repliegue no solo fue derrotado en la consulta, aunque por un estrecho margen, sino que desat dos fantasmas en la organizacin: por un lado, el carcter reaccionario de Refundacin al acusar de ultras, paralelistas, ilusos, a todos quienes hayan defendido la continuidad del paro. La situacin lleg a tanto, que se cuestion la validez de la consulta, cuando haba tenido las mismas caractersticas que en las ocasiones anteriores, lo que daba cuenta de que el discurso democratizante del respeto a las bases al parecer era mera retrica para identificarse como disidencia. Mientras que, por otro lado, con el llamado al repliegue en el video de los 8 dirigentes, nuevamente apareci el sentimiento de traicin que recurrentemente emerge en el magisterio cuando sus dirigentes no han representado fielmente sus aspiraciones.

Como el llamado al repliegue no surti efecto, una nueva asamblea nacional provoc el consenso necesario para bajar el paro por secretaria. Se volvera a realizar una consulta, ahora en vacaciones, independiente de que no existiera ninguna nueva respuesta del gobierno. Volvera a participar el conjunto del profesorado, desechando las restricciones exigidas por algunos dirigentes, pero ahora consultando explcitamente si se optaba por sostener el paro o darlo por finalizado. La primera de las opciones se impuso, aunque ms del 30% de quienes participaron se mantuvieron firmes por la opcin del paro. As, en vacaciones de invierno se terminaba una de las movilizaciones de trabajadores ms importantes de los ltimos aos. Sin grandes logros, pudiendo haberse terminado mucho antes pues no existieron nuevos ofrecimientos. La evaluacin de esta situacin debe ser realizada por el conjunto de la clase trabajadora, independiente de que de forma inminente tendr consecuencias en la organizacin del profesorado.

El momento de las evaluaciones?

Si a alguien le ha llamado la atencin el hecho de que no se hayan provocado grandes evaluaciones y autocrticas sobre la movilizacin esto tiene una indiscutible razn: las elecciones internas del Colegio que se deben realizar a fines de noviembre.

Al momento del trmino de la paralizacin se habl de continuar exigiendo las reivindicaciones por otros caminos. Pero como lo sabe todo trabajador que ha estado en huelga, un paro que se pone fin pierde toda posibilidad de lograr nuevas demandas, pues la contraparte deja de sentir la presin del paro, y retomarlo se hace una tarea imposible. En este sentido es particularmente sensible la situacin ocurrida con tres puntos del petitorio: la deuda histrica, el pago de mencin a las educadoras diferenciales y de prvulos, y el rechazo a la reforma curricular. Sobre la primera de estas, desde el Colegio se celebra la conformacin de una mesa de trabajo, como si no se tuviese conciencia histrica de lo que esto significa. Es incierta la posicin que adoptar el importante nmero de profesores jubilados con presencia en el Colegio frente a estos escasos resultados, pero puede tornarse especialmente reactivo, pues muchos consideraban que esta era la ltima oportunidad de lograr algo respecto a esta histrica reivindicacin. Respecto al pago de mencin y la reforma curricular la situacin es an ms curiosa. El 2 de agosto el Colegio emiti un dptico titulado Balance de la movilizacin, donde se pasa revista a la situacin de los puntos del petitorio y al compromiso suscrito por el gobierno. Ms all de los aires optimistas, llama la atencin la exclusin del balance del pago de la mencin y la reforma curricular. Respecto a esto y a numerosas otras prcticas, difcilmente podemos hablar de una conduccin que se diferencie de las anteriores prcticas de la Nueva Mayora.

El mencionado balance ha sido particularmente displicente con los resultados y carente de todo tipo de autocrtica. Es ms, se ha intentado instalar la idea de que ms all de los logros concretos, se habra logrado un triunfo moral, basado en el respaldo ciudadano. Esta tesis, similar a la esgrimida por Luis Santibez en el mundial de ftbol de 1982, ser poco fructfera para las bases del profesorado, quienes saben muy bien lo que significan los discursos morales en contextos de precarizacin laboral: una revitalizacin de la figura del profesor como apstol, que puede subsistir frente a las precariedades por su fuerte vocacin.

Por otro lado, tambin se ha intentado orientar la perspectiva de la movilizacin hacia la re constitucin del movimiento pedaggico. No obstante, esta perspectiva, sin una necesaria autocrtica por el rol cumplido en el desenlace de la movilizacin, puede volver a revivir el fantasma levantado en el periodo ms crtico de la conduccin de Jorge Pavez, el cual haca referencia a dos lneas de perspectiva organizativa, una enfocada en la reivindicacin economicista y otra centrada en la construccin de un movimiento pedaggico. Si algo nos puede ensear la historia de las organizaciones docentes, es que las perspectivas pedaggicas tienen margen de accin en el profesorado solamente si son ejercidas por organizaciones definidamente sindicales y en estricta articulacin con el resto de la clase trabajadora, y no separado de esta.

Es de esperar, que el proceso electoral refuerce la satanizacin hacia los sectores de izquierda llevada a cabo por la conduccin de Aguilar y compartida por una parte del resto de la conduccin. Este verdadero macartismo pondr en tensin a las diversas fuerzas de izquierda, las cuales debern optar entre hacerse parte, de forma pragmtica, de la satanizacin hacia el PC y los sectores ultras, pero sin problemas para incluir a su lista a dudosos candidatos, y, por otro lado, el sostenimiento de banderas poltico-ideolgicas intransables para quienes se posicionan desde la izquierda, como son la identificacin del profesorado con el resto de la clase trabajadora, la bsqueda de una educacin pblica bajo responsabilidad del Estado, y la perspectiva de largo plazo de contribuir a una sociedad sin clases. Bajo estas disputas, la izquierda chilena deber sacar sus mejores enseanzas.

Notas

[1] Christin Matamoros, Lo viejo y lo nuevo en el extenso paro docente. Disputas polticas y radicalizacin, Revista ROSA, una revista de izquierda, www.revistarosa.cl

[2] Jorge Pavez Urrutia, Un hombre en la multitud. Recuerdos de un luchador social (Das Kapital Ediciones, Santiago, 2010), pp. 306-307.

[3] Sin embargo, se debe sealar que existen agrupaciones de profesores vinculadas al Frente Amplio que tienen una valoracin positiva de la desmunicipalizacin, siendo este un punto en comn con el magisterio del PC.

[4] Uno de los pocos puntos donde hemos detectado una plena coincidencia del profesorado identificado con el Frente Amplio, y tambin del Movimiento por la Unidad Docente, es la aceptacin de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) como el instrumento sindical ptimo para el sindicalismo chileno. En este punto, las coincidencias con el profesorado vinculado a la Nueva Mayora son absolutas.

[5] https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/trabajo/gremios/arturo-martinez-los-profesores-de-filosofia-estan-detras-de-la/2011-08-31/065912.html visitada el 4 de agosto de 2019.

[6] El extenso paro de profes, La Intersindical, AIT, n 29, julio 2019, pp. 4-5.


Christian Matamoros Fernndez es filsofo e historiador. Es profesor de la Universidad de Santiago de Chile y miembro de la AIT-La Intersindical.

http://www.revistarosa.cl/2019/08/06/borrador-paro-docente-perspectiva-historica/



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